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Ganges, viaje a la India en el Centro de Madrid

Experiencia comestible, llena de matices con dotes de honestidad y autenticidad

Pensar en positivo, sonreír, preservar la ilusión, respirar profundo y ser consciente del valor de los pequeños detalles son, sin duda, actos que llenan de luz a la persona que los practica. En ocasiones, con bastante frecuencia, ello deriva en sorpresas maravillosas, experiencias únicas que te llenan sanamente. Mi último regalo fue la experiencia en Ganges y hoy lo abro para ti ¿Te enrollas conmigo? Será un viaje distendido, abierto… ¡Allá vamos!

Ganges es el restaurante de comida India más antiguo de Madrid, abrió hace 30 años cuando sus dueños Ramón y Conchi decidieron lanzarse con esta aventura con el fin de brindar lo mejor de la cultura hindú en todos los sentidos. Tiene una ubicación céntrica (C/Bolivia, 11), cerca del Estadio Santiago Bernabeu y Avenida de América. No puedo creer que no lo conociera, pero me alegra que inesperadamente acabara cenando en este lugar.

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Ciudad sin Tiempo, Copenhague y su “Hygge”

“No hay que masticar recuerdos, solo anhelarlos, haciendo nuevos, cerrando círculos, avanzando libre, sin peso”

Un impulso me llevó a reservar un vuelo a la capital de Dinamarca, en parte movido porque uno de mis mejores amigos está viviendo allí. La verdad, no hice investigación previa, marché con la maleta, mucha ilusión y ganas de desconectar. Creo que es el primer viaje en el que no llevo anotaciones gastronómicas de visita obligada, lo siento, pero, esta vez, quería dejarme llevar, no pensar, disfrutar la espontaneidad en su punto más álgido.

De vuelta en Madrid, con ganas de transmitir mis impresiones, allá vamos.

Empezamos por el tiempo y es que en Copenhague puedes vivir más de tres estaciones en un día, yo lo comprobé “el calor y el frío se combinan locamente” en el trascurso del día. Tuve  suerte porque disfruté de un finde soleado aunque, en las noches, el abrigo era necesario. Paré el tiempo en mi ser, no móvil que valga –solo al llegar a casa-, fluí en una ciudad donde el relax se respira a cada paso, será por eso que dicen que es “la ciudad más feliz del mundo”, su modo de vida y que los daneses llaman “hygge”.

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Atardecer, cóctel de sensaciones, arquitectura de cuento, belleza ante los ojos.

Ciudad plana, donde la bicicleta es uno de los medios de transporte más característicos, casas de colores llamativos, edificios emblemáticos y que llaman tu atención por su bonita fachada o por su diseño de contraste. Las personas con su especial carisma danés, altas en su mayoría, blancura en su piel, pelo rubio o cobrizo y su caminar pausado… No hace falta observar mucho para ver que obesidad hay poca en esta ciudad, gente haciendo deporte a todas horas, dieta saludable pero con cerveza incluida –es la bebida más popular y cuentan con una gran variedad de cervezas artesanas-. A pesar de ser una ciudad turística, no sientes saturación ni hay mucha aglomeración “solo en horas puntas y en días concretos”.

Si visitas la ciudad, por supuesto, no debes perderte los puntos clave de interés turístico; los Jardines de Tivoli, Nyhavn –el puerto-, la sirenita, Rosenborg Castle, El Palacio de Christiansborg, El Museo Nacional, entre otros. Todo está relativamente cerca, por lo que puedes disfrutar con calma y pasear por sus calles sintiendo su autenticidad. Hay varios Food Market tipo street food –sí, de esos que han emergido por todas partes en los últimos años- y el take away es algo muy habitual –gente comiendo a pie de calle, en los parques, frente al puerto-, heladerías con waffles en carta y muchos puestos de comida por las calles “tipo hot dog”.

Al caer el día, los bares atraen a todos los transeúntes “locales y turistas”, pues en casi todos hay música en directo; es, sin duda, una ciudad donde muchos músicos de todo el mundo hacen estancias para seguir su ritmo de vida, muchas veces nómadas y en solitario. Las danesas son muy seguras, se alzan de las sillas y bailan como si estuvieran solas, no buscan ser miradas, se nota que sienten felicidad, sus movimientos las delatan.

Voy a mencionar brevemente algunos de los sitios por los que pasé, por si algún día estás por allí y quieres acordarte de mí.

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Smørrebrød”, aquí tan solo un ejemplo de las tostas más típicas de Dinamarca, estas con gambas y crema de queso.

Copenhagen Street Food: es un mercado de comida callejera que representa gran parte de la cocina internacional, por supuesto, también encontrarás los “smørrebrød” –los bocadillos más típicos daneses que son tostas de pan de centeno con infinitud de ingredientes de cobertura-. Yo opté por un Falafel Pita en el puesto Fala Fala que fue una gozada (súper sabroso, crujiente con humus y salsa Tzatziki; me encantó y lo disfruté al compás de un chato de vino blanco La Segreta). Se escuchaba música de fondo, tumbonas frente al mar, ambiente chill out al son de los rayos de sol…

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La imagen no le rinde homenaje al sabor y la textura que envolvían este bocado entre humus, salsa de oriente y falafel. Brutal.

Un plan que no quería terminar. Sencillez a bocados, mente en blanco. Hago un inciso –no por ser comida street food es barata, el almuerzo salió por unos 14 euros con un coste de 6 euros por un chupito de vino, jaja, pero merece la pena, por el ambiente, la experiencia y las apetencias.

El mercado se inauguró en la primavera de 2014 en la zona del Papirøen, un antiguo almacén industrial que servía para el almacenamiento de papel.

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Frente al mar, tumbonas cono en la playa, música de fondo y mucho bullicio “agradable, cálido”.

Food Market Torvehallerne: otro mercado similar al anterior pero más gourmet, similar al Mercado de San Miguel de Madrid o la Bouqería en Barcelona, con tiendas especializadas por productos y con más oferta de platos locales. Recomendables los fishedeller –especie de buñuelos de pescado- y los mencionados smørrebrød –de arenques, salmón, patata con cebolla caramelizada y casi siempre acompañados de una salsa-, los panes sobre todo de centeno y, en dulces, los kanelsnegl –bollitos de canela- las galletas danesas; no hay que olvidarse de los helados –capirucho por allí, capirucho por allá-. El mercado está cerca del lago Søernes Bådudlejning donde se visiona el puente Dronning Louises y las barcas en formato cisne complementan la experiencia. Puedes comprar lo que más te apetezca y tomarlo frente a este paraje tan especial.

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Momento relax, calma y naturaleza se tiñen de gris al compás de la brisa en este enclave frente al lago.

La comida tailandesa y japonesa también están bastante presentes; me tomé unos noodles muy ricos, eso sí, no recuerdo el nombre del local, a pie de calle en la zona de las tiendas. Esta es quizás la oferta más económica si quieres optar por restaurantes, aunque, evidentemente, animo a disfrutar la comida autóctona.

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Noodles con pollo y salsa al curry, punto picante y vegetales variados. Una delicia muy liviana.

Joe & the Juice; una franquicia danesa que ofrece batidos, zumos y cafés con una corta pero perfecta selección de bocatas con pan de centeno. Yo opté por el Tunacado, un bocadillo finísimo y muy crujiente de atún, aguacate y tomate con una salsa de eneldo. La verdad, recomendable.

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La vista lo dice todo, un bocado saludable, crujiente y sabroso “tunacado bien aprovechado”.

Espresso House “Starbucks a la sueca”; pues eso, un local acogedor para tomar un café o un batido relajadamente. Si no tienes compañía, es perfecto para disfrutar de un buen libro o checkear el móvil pues tienes wifi gratis.

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Capuchino de la casa danesa; hay gran variedad de cafés y muy recomendables los ice coffee.

Picnic improvisado: hacía un día radiante, poco usual en la ciudad, perfecto para improvisar un picnic. Compramos take away (wrap de pollo en mi caso y unos chips de miel&barbacoa como contrapunto perfecto) y nos montamos un almuerzo de película en el parque de Kastellet.

El sol cae, la magia un tanto dandi y bohemia te atrapa, te entusiasma, te contagia “Ruta de Bares”

Si la ciudad es bonita de día por su colorido, la felicidad y el aire puro que se siente de noche, una se deja embaucar por los ritmos y el bullicio leve de la gente –cenas al compás de las velas en las terrazas, parejas confidentes, turistas que ríen y conversan, cervezas gigantescas al alza-. Es aquí donde la música es protagonista, pues casi todos los bares ofrecen música en directo, bandas o en solitario; la verdad es que la velada invita a quedarse hasta altas horas de la madrugada. Es una ciudad destino de músicos; lo sé de buena tinta pues mi amigo lo es y me contó que una infinidad de artistas pasan por allí cada año por temporadas, buena remuneración y público agradecido.

Los bares por los canté y hasta reí son:  Vesterbro Bryghus, Fisken Pub, McJoy´s Choice, Streckers Pub & Brasserie.

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Streckers Pub & Brasserie, ambiente envolvente para tomar una buena cerveza y escuchar música variada.

Hasta aquí mi aventura, mi historia en Copenhague, una ciudad que no vislumbré en mi destino, pero que ya forma parte de mis vivencias; recomendable, de ensueño, pero donde el bolsillo debe dejarse agujerear sin que duela.

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Paseando por las calles del centro, día de shopping, pose de gracia e interés para la posteridad, jaja

Más libertad de persona, más sentirse uno mismo, romper las reglas del juego, vivir como si no existiera un mañana, píldoras de vida en realidad escondidas por la sombra de la sociedad.

Despido mi escrito dando las gracias a mi amigo Ryan Koriya, quien me enseñó la ciudad, alma libre que disfruta con su música, sigue su sueño mientras regala sonrisas y locura a base de fantas y zumos de manzana, sé por qué lo digo.

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Receta Única e Intransferible

Abrí el fin de semana con una hoja en blanco, dejé entrar a la espontaneidad, me apetecía estar sola, anhelaba la compañía… Dotes de una géminis “no podía ser de otra manera”. Ahora, me siento, reflexiono y pongo por escrito cuanto mi mente transmite, sin filtros; en este sentido, orgullosa de no haber hecho de mi blog algo comercial, me permite flexibilidad y personalidad. Eso sí, gracias a él, lo paso de vicio y conozco gente muy afín a mí.

Aprovechando que es el Día de la Madre, felicito a todas las madres del universo; son únicas, ellas lo saben y tú también. Mi madre ahora tiene whatsapp y lee mis escritos –nunca lo imaginé, pero ya hasta hace recetas con los videos de youtube-, así que, este post va por ti, por poner toda tu voluntad para que hoy sea quien soy –lo sé, muy muy castigosa-caprichosa que he sido, jeje-. Me he ido puliendo, curtiendo, he aprendido a ser yo “evolucionando cada día; ahora, una mirada distinta me acompaña, con matices dados de la experiencia, las aventuras, los años”. Hoy voy a ser muy breve, no quiero enrollarme, te dejaré una reflexión y espero que disfrutes mucho este día en familia o con amigos.

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Cafeteria

Entre Gofio, Mojos y Papas Arrugás

Está claro ¿No? Pasé por las Islas Canarias, por Santa Cruz de Tenerife y por Las Palmas. Un viaje exprés, por trabajo, pero que siempre resulta sabroso, además de toda una experiencia; nuevas gentes, nuevas sensaciones.

Me gusta lo desconocido, esa investigación previa, callejear mientras curioseo todo lo que está a mi paso y avanzar preguntando. Llegar a lugares nuevos es siempre un regalo, pues abres la caja desde que pisas el nuevo territorio y las sorpresas las saboreas hasta el regreso.

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Los Nuevos Foodies

¿Apasionados o imitadores de modas?

Ya sabéis ¿No? Los foodies, y no me refiero al monstruo de las galletas jeje, si no a ese término que como todo lo cool que viene de fuera “mola y se queda”. La palabra fue creada en 1984 –anda, justo un año más tarde de mi aparición en este mudo- por Paul Levy, Ann Barr y Mat Sloan para su libro The Official Foodie Handbook (El manual oficial para los foodies) para designar a las personas aficionadas a la comida y a la bebida. Con el boom de la cocina, los chefs estrellas y, cómo no, los shows televisivos, el foodie salió del baúl para pegar fuerte y ser hasta cansino –foodie por allí, foodie por allá-. Así que, vamos a gastrosofear un poquito sobre ello y a ver dónde nos lleva la mente en esta ocasión.

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Por mi parte, según las connotaciones designadas por el término, resulta que soy una foodie empedernida ¡Dios mío, qué castaña! Si ya de por sí soy reiterativa, imagínate con los asuntos del comer “pasión, conocimiento y experiencia en una coctelera”. Eso sí, si eres de los que le apasiona el tema, puedo resultar hasta maja y que, tras el café, la cena o el gin tonic, hasta me piropees.

Bajo mi punto de vista, hay que hacer un alto a este anglicismo; los que realmente son apasionados y los que son corderitos fieles a las modas y, cómo no, quieren estar a la última y, para ello, frecuentarán los restaurantes más punteros, tomarán los baos a pie de calle, visitarán los Street Food Market, asistirán a cenas clandestinas-talleres de cocina y hasta se harán bloggeros con delantal si hace falta, todo por ser el más TOP del Trending Topic gastronómico.

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Fatayer de Carne de una tienda muy especial en los alrededores de la Mezquita de la M-30, SHAM

Pero, y los apasionados ¿Dónde quedan en esta burbuja? Siguen su rumbo, su sentir, son auténticos, objetivos, saben lo que quieren y les importa un pimiento lo que esté de moda: ellos son gastrónomos practicantes aunque no acudan al rezo diario ni practiquen el foodismo propiamente dicho. Ellos se caracterizan por ser curiosos ante el Hecho Gastronómico: se emocionan ante los nuevos sabores y las cocinas de otras culturas, se pierden en las tiendas de barrio, disfrutan en los supermercados, son investigadores en evolución, les gusta cocinar, buscan el mejor momento para el disfrute de los placeres del comer, sienten con el sexto sentido cada bocado y suelen ser creativos, viajeros y detallistas. ¿Te identificas aquí? Bienvenido pues.

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Supermercado árabe “Amana” aunque todos los vecinos lo conocen como “Carrefood”

Muchas de las dotes son innatas, otras se van forjando con la experiencia. En mi caso, no lo puedo explicar, siento devoción por la gastronomía, los productos frescos y elaborados, lo desconocido al paladar… Desde bien pequeña recuerdo la chispa que me producía todo esto, una chispa que me contenta mantener viva y en efervescencia.

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Nidos de Pistachos y Anacardos de la Pastelería SHAM, dulces artesanales de Siria

Precisamente, hoy, volví a ser una niña, me perdí por los alrededores de la Mezquita de la M-30, entrando en cada tienda con el fin de curiosear; sentí que viajaba, porque es una de las primeras cosas que hago cuando viajo, pero, además, volví a la infancia, a sentir que no sabía nada, que tenía que preguntar para que me explicaran que era El Halva (especie de turrón típico de la India, Pakistán y Persia) que parecía delicioso, especialmente, el de pistacho.

Salí a correr sin tener ni idea de que acabaría viajando a Oriente Medio, imaginando cómo será mi próxima vez “con monedero en mano” y la cesta de la compra –el pan árabe, varias especias, delicias turcas, halva y un tajin vendrán conmigo sí o sí-. Además, descubrí una pastelería que hace todo tipo de elaboraciones dulces y saladas típicas de Oriente Medio “Sham” -C/ Antonio Calvo, 3-; el propietario, muy amable, dialogó conmigo y me regaló un par de dulces para mi merienda.

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Me despedí del barrio, volví a ponerme los auriculares, vuelta a casa, escuchando música y cocinando las reflexiones foodies que acabo de soltarte. A todo esto, tú ¿Cómo te ves? ¿Eres apasionado, no tiene por qué ser en gastronomía, o eres imitador de modas? Si eres del segundo bando, te animo a que seas original y, para ello, solo tienes que ser TÚ.

Vermut Reus, Tapas MAdrid, Bodegas Rosell, Sinestesia Gastronómica

Paladar Maduro, salpimentado de Connotaciones

Una de mis frases favoritas es “todo pasa por algo” o lo que es lo mismo “todo tiene un porqué”, algo que de pequeños no solemos entender, algo que la vida, con la experiencia, te va revelando. En mi camino, ya no tan corto, han ido trascurriendo muchas cosas, algunas maravillosas, otras no tanto, pero aquí seguimos, paso a paso, cultivando recuerdos, llenando el baúl de sabores espontáneos y programados. El paladar siente también el paso del tiempo, se hace más fino, más exigente, tiene más memoria.

¿Qué nos traes hoy señorita sinestésica? Eso te estarás preguntando ¿A qué sí?

Pues un resumen del día de ayer, siempre con connotaciones de relleno, para que pienses conmigo, mientras te dejo alguna que otra recomendación de mis últimas andanzas.

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Paella en la Dehesa, Sinestesia Gastronómica, Familia Contador

Expectativas, ingrediente fantasma y decisivo

Soy inquieta, lo reconozco,  más si hablamos de hechos con sabor o notas con aroma. Normalmente, no puedo evitar indagar, estar al día de los sitios de moda, consultar opiniones y hacer un muestreo de sitios antes de decidirme y marcarme una gastro-experiencia. Me gustan los sitios míticos, auténticos, las pequeñas tascas, los bares de la esquina, las pastelerías con historia, los obradores que huelen a “pan pan”, los ultramarinos de barrio, el bullicio de los mercados “con el canto de pescaderos, carniceros y fruteros”. También me gusta lo nuevo, lo que marca tendencia de buena manera; me rechinan las imitaciones y las réplicas de lugares sin alma, todos cortados por el mismo patrón y que se limitan a seguir la moda.

Por otra parte, me fascinan las sorpresas, descubrir “puntos de interés” a pie de calle y salir sin plan alguno. Me dejo llevar por las apetencias para optar por la vía de búsqueda anticipada o in situ, al ritmo del callejeo y la espontaneidad.

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EL churrasco córdoba, tapas córdoba, carnes a la brasa, sinestesia gastronómica

Paladar Efímero, Subjetivo y Camaleónico

Soñé que viajaba, ahora sueño viajando, creyendo cada vez más en la ley de la atracción, en la actitud del positivismo, en los hechos pensados que se trasforman en recuerdos. Muchos ejemplos tengo, muchas conexiones inexplicables que llegan a su debido tiempo. Empiezo con esta alusión reflexiva porque es lo que me he traído de mi reciente viaje por el Sur “De Córdoba a Málaga”.

Un viaje por trabajo que una disfruta como si no fuese trabajo, un viaje que te conecta con amistades, unas, con solera, otras, con crianza  y, otras, cómo no, en incipiente evolución.

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Cocina PAraguaya, Kumanda, Sinestesia Gastronómica

Sensibilidad Culinaria, Calidad de Producto y Tradición

Día del Padre, soleado, lejos de casa, finde de puesta al día y relax en el que recupero la rutina de teclear. Los que me conocéis ya sabéis mi filosofía y el por qué de mi blog: la realidad de mi pasión compartida “la escritura y la gastronomía” sin ninguna pretensión más allá del disfrute y de compartir experiencias con mis lectores. Recientemente, he estado en algunos sitios, pero no tengo suficientes argumentos para hacer un post completo; por ello, me limitaré a recordar y a mencionar aquello que ha dejado huella en mi paladar y en esta cabecita que no para de maquinar.

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Taverna la Vicenta, Vermouth Yzaguirre, Ponzaning, Tapas Madrid, Raquel Contador, Sinestesia Gastronómica, chamberí

Barrios que molan, modas que enganchan “Ponzaning”

Cada lugar, cada zona tiene su encanto, aunque a veces hay que mirar 2 o 3 veces para apreciarlo. Otras zonas despuntan y llaman a ser descubiertas, barrios de siempre, con sus rincones míticos, fachadas intactas que de repente se actualizan e invitan a que fenómenos como “ponzaning” le den vida a una de sus calles más concurridas. Trabajo en el barrio y quizás es por ello que mi ponzaneo sea leve, aunque es una suerte tenerlo a pie de oficina. Poco a poco iré recorriendo los lugares.

Algunos ya están entre mis favoritos, Sangara Café, El Chambi de la Chispería de Madrid, Trattoria Manzoni, Sylkar Bar, La Mercería También pasé por La Sala Despiece –buena experiencia pero con ir un par de veces es suficiente-. Hice stop en La Malcriada y me quedé con ganas de volver –fue un vinito al terminar la jornada, tapas con cada ordenanza, ambiente fresco, cálido, positivo-. En fin, Chamberí  es más que la calle Ponzano y es para disfrutarlo con calma, todo a su tiempo.

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