miércoles, 17 de agosto de 2016

Encuentros y Buena Mesa, GastroTour por la Costa Brava


Ciudades que enganchan, experiencias que tintan con un “hasta la vista”

Madre mía, en nada decimos adiós al verano y yo aún pendiente de publicar la segunda parte de mi viaje a Barcelona –justo hace un mes que me encontraba allí-.

En la primer post, me centré básicamente en la cena en La Pepita, que también enmascaraba un encuentro muy especial. Esta vez, dividiré el post en dos partes, muy resumidas, la primera acontecida en la Ciudad Condal y, la segunda, en un tour por la Costa Brava “breve y contundente”.

Almuerzo en Barcelona con reminiscencia africana

Un día antes de marchar a Barcelona, mi amiga Sudafricana Adele compartió en Facebook su estado “viajando a Barcelona” ¡No lo podía creer! ¿Sería posible que tras 4 años sin vernos, ambas nos encontráramos volando al mismo lugar y al mismo tiempo? Pues sí, increíble pero cierto. Dije, tenemos que vernos sí o sí. Solo tenía libre, el lunes 15 de julio, viernes y perfecto para un almuerzo. Tras varias conexiones, finalmente, quedamos para comer. Mi prima Cristina –gran anfitriona, natal de Barcelona y con un derroche de energía que la caracteriza- nos sugirió un lugar en la Barceloneta, para un tapeo rico “Filferro” (29, Carrer de Sant Carles) y allí nos dirigimos. 


Me sentí afortunada con tener la posibilidad de comer con tanta buena gente y hacer posible un encuentro que no pintaba nada fácil. Sí, allí estábamos, personas que compartimos vivencias en Zimbabwe –Adele y Gonzalo con su niña Zoe y Patricia, la mamá de Gonzalo- casa y muchas historias, disfrutando de un momento único y que no olvidaremos.

Ya sabemos que cuando la compañía es buena, lo demás queda en segundo plano, pero en esta ocasión, además, la Buena Mesa acompañó y estuvimos encantados con el menú. Compartimos un tapeo a base de una Ensalada de Humus –exquisita-, Ensalada de Burrata –auténtica- y un Bocata de Jamón, queso Brie y Aguacate en pan de chapata, -sabroso y crujiente bocado-. Yo me decanté por una sangría al cava, buena opción. Contenta con la experiencia que brinda Filferro, platos muy ricos y a un precio bastante aceptable (13 € por persona). Tras el lunch, fuimos a tomar un café a la playa y concluimos la velada igual que la empezamos “con una sonrisa compartida”.


Tour en la Costa Brava, libertad en el mar

El itinerario marcaba 4 paradas: Figueras/visita al Museo Dalí, L´Escala, Roses y Cadaqués “la niña bonita”. Así procedimos con paradas gastronómicas improvisadas, cómo no, jeje… ¡Allá vamos!

Paradas para tomar nota y abrir boca

La Punta, L'Escala (Girona): tras indagar por la zona, nos paramos aquí y quedamos encantados con el trato y con la comida. Pedimos una paella marinera que estaba buenísima y un carpaccio de pulpo que no se quedaba atrás. Acompañamos el almuerzo con un vino blanco Baleta, de la D.O Empordá (macabeo y garnacha blanca), la verdad, equilibró perfecto con el ambiente y el menú elegido. Un restaurante frente al mar, altamente recomendable. Cris quería llevarme a tomar el vermut con anchoas en el bar de referencia de L´Escala "Anxoves El Xillu", pero no tuvimos suerte, estaba cerrado.


Gozos  Mundanos, Roses (Girona): ya hacía tiempo que Cris me había hablado de este sitio "una tienda de vinos que te va a encantar", me decía; hoy, convertida en un restaurante-tienda “al estilo de bistró”, con aires desenfadados y mucha personalidad”. Entramos en su mundo, miramos con detenimiento los vinos –ellos mismos los producen y distribuyen, también aceites y otros placeres culinarios-. Reservamos mesa para la cena, por supuesto.


La carta es perfecta para un “pica pica” compartido, así se pueden probar más cositas –y es que en este sitio todo suena bien, además, en boca, también-. Hay 3 claras referencias: pintxos, tapas y arroces, todo al son de sus vinos, que son claros protagonistas en su escena. 

Probamos: croqueta cremosa de queso azul y nueces (1´50€), boquerón del cantábrico (1,60€), el MiniBabybel trufado, los rollitos vegetales, rollito vegetal de aguacate y pepino con vinagreta de mango (5,90€), Canelón de pollo con bechamel de almendra, crumble de parmesano y galleta (9,90€), Galtas de Buey con Bolchevique (9,90 €), Judías Verdes a la plancha con Fórum Merlot y escamas de sal, (5,90 €)

Todo exquisito, tanto la presentación como la combinación de sabores, platos originales respetando el producto y perfectos al compás de los vinos que amenizaron el menú. Fue una cena-cata, por lo que tanteamos unos cuantos para después pasar a la tienda y llevarnos en la mochila los más apropiados según gustos y preferencias. Me sorprendió el Riesling Von Der Mancha (2€ por copa) y el tempranillo Bolchevique (2´50€ por copa). Las botellas tienen un etiquetado atractivo, curioso y que de por sí te invitan a una copa. No podíamos dejar de probar los postres; el mejor y que recomiendo el “Pa amb oli i Xocolata”, exquisita mousse de chocolate con pan y aceite, sabor tradicional con untuosidad actual, vestida de noche.

La música del local fue sin duda el servicio, personas encantadoras, con dedicación y pasión por la profesión. No recuerdo el nombre del camarero, pero el joven tuvo una atención impecable, amable, con detalle, brindando la excelencia en todo momento.  Gozar así da gusto y, en Gozos Mundanos, saben servir placer bocado a bocado.

El tour por la Costa Brava acabó con la visita a Cadaqués, un lugar para visitar  y sentir sin prisas; hicimos parada en La Notta para tomar un Vermut, todo un acierto, aquellas vistas mirando al mar, la buena compañía… Qué mejor sintonía, jeje. De ahí, fuimos a darnos un baño a la playica, nos tumbamos, perdimos la noción del tiempo, tuvimos que salir corriendo para no perder el barco, así que bocatas al canto. Un imprevisto que fue el mejor broche para este tour “nos compramos unos bocatas en la panadería y los disfrutamos a bordo mientras regresábamos a Roses”. 


El domingo 17 de julio ya estábamos en Barcelona; Bailey, embajadora 2016 de Bradenton en Barcarrota y yo fuimos a ver la Sagrada Familia, cenamos por ahí y nos dimos un homenaje entre cócteles y mucha cháchara. 

Feliz de que la vida brinde estos momentos, cada minuto cuenta y respirar felicidad es un ingrediente crucial para disfrutar de una vida sana. ¡No lo olvides, ser feliz depende de ti! Gracias a todas la personas que hicieron posible este viaje, en especial, a mi prima Cristina a quien es un orgullo visitar cada año, es como el verano, cuando estás con ella, las pilas se autorecargan.

lunes, 1 de agosto de 2016

CENA EN LA PEPITA, BARCELONA


Ciudades que enganchan, experiencias que tintan con un “hasta la vista”

El pasado 14 de julio estuve de nuevo por la Ciudad Condal, 4 días llenos de energía me esperaban, entusiasmada por los reencuentros que me esperaban, aparte del tour por la Costa brava que nos había preparado mi prima Cristina. 

Al final, fue poco tiempo, pero muy intenso, así que voy a dividir este viaje en 3 partes. Por un lado, los encuentros y las gastro experiencias en Barcelona (en dos pases), por otro, el encanto de la costa y el relax vestido de historia (un pase resumen del tour). 

Día 1, jueves 14 de julio “Cena en la Pepita”

Sin duda, una de las ventajas que nos brindan las redes sociales es no perder de vista los pasos de quienes nos encontramos en nuestro camino, personas con las que compartimos experiencias, momentos para el recuerdo. En mi caso, gracias a un plato,  a una competición a nivel nacional pude disfrutar de una temporada en dos restaurantes de altura como son Arzak y El Bulli.

Siempre lo dije, lo mejor “las personas que conocí”, hoy grandes líderes en restauración, viajeros incansables, contactos repartidos por todo el mundo. 8 años han pasado de aquella aventura, los mismos sin ver a Nico Liebana (Bulli, verano 2008), hoy jefe de cocina en La Pepita (C/Córsega 343). Le comenté que iba a Barcelona y que me pasaría a visitarle. Había leído que había que hacer cola y que no se puede reservar. No obstante, no está de más avisar, jeje. 

Antes de ir a cenar, nos pasamos por BarMut (C/Pau Claris, 192) para tomar un vino y hacer tiempo; un sitio recomendable con buenas referencias y un servicio excepcional, aunque no es precisamente económico –la copa de vino ronda los 5 €-. A las 22.00 hrs llegamos a La Pepita, hicimos cola, pero muy a gusto, pues mientras charlábamos nos fuimos tomando un aperitivo. Desde el primer momento, respiras el encanto del lugar (pequeñito, paredes llenas de grafitis, cosmopolita) y la simpatía de su personal. Finalmente, pasamos a la mesa y a saludar a Nico (la cocina es con vista a la sala). Normalmente, suelo pedir a la carta, pero, esta vez, nos pusimos en manos del chef “dijo os sacaré 9 pases y si veis que es mucho, me cortáis”, dicho y hecho. 

Menú y Sensaciones en la Pepita 

Pasaré a detallar la experiencia resumida en 12 bocados, para posteriormente dar una impresión global de la cena. 

La Anchoa Especial de la Pepita: anchoa de calidad extra sobre pan crujiente y dulce de leche. Una fusión acertada, creativa en cuanto a sabor y que podría ser perfecto con un toque untuoso, como por ejemplo una mousse de mascarpone o un queso crema de base. 

Espárrago blanco y verde con vinagreta de jengibre y cacao: magnífico, uno de mis preferidos, se deshacen en la boca, una explosión de sabor con el cacao permaneciendo al final y el toque picante del jengibre. Inmejorable. 

Dorada Marinada con espinacas tiernas, fresas, piquillo y albahaca: una combinación acertada, colorida y atrevida. Nos sorprendió a todos, muy top. 

Salmón marinado con manzana asada, miso e hinojo: suave y con una textura increíble, untuoso y refrescante. Aquí hubo diversidad de opinión, a algunos les encantó y a otros nos pareció más normalito. 

Foie Micuit con chocolate blanco y café: un bombón para disfrutar despacio, creo que con esto lo digo todo. 

La Croqueta ibérica V.I.C: croquetones de jamón envueltos por una lámina de jamón ibérico. Muy bueno, aunque especialmente para mí, nada especial pues soy de la dehesa, tierra de la bellota y donde el jamón es un AS de la zona. Entre los turistas y locales seguro que es un éxito. 

Buñuelos de berenjena ahumada con queso de cabra, miel y manzana: muy buenos, los volvería a pedir, yo soy mucho de berenjenas, ahumados y queso, por tanto, estuvo entre mis favoritos.

Gambas al ajillo con judías verdes y cebolleta tierna: presentadas en cazuelita, con un contraste color brutal entre el verde intenso de las judías y el naranja de las gambas. Toque de cayena que daba alegría al plato. 

Calamares a la romana con mayonesa de kimchi: algo diferente con sabor a comida “Tex Mex”, pues recordaba a los doritos. 

Vieiras con crema de Alcachofas, salsa verde, lima y berros: exquisitas, una fusión qu e aunque pueda sonar chocante, queda divina, pues la alcachofa no es fácil de casar.

Pulpo a la plancha con mojo verde, puré de papas y tirabeques; una versión dinámica del tradicional pulpo a feira. 

Pluma ibérica “korean Style” con ensalada de cogollos, pepino y setas marinadas: excepcional la carne, con un sabor intenso y que se deshacía en boca. 

Disfrutamos el menú con un vino blanco en el inicio “José Galo, Rueda Verdejo” y un tinto de la casa de la D.O Montsant. Mencionar que también tienen una estupenda selección de cócteles.
Acabamos la cena, brindando con una triología de orujos y charlando con Nico, un placer poder terminar la velada recordando viejos tiempos y poniéndonos al día. 

Retrogusto: estuvimos como en casa en La Pepita, el servicio es un plus a destacar en este local, profesionales y sin esconder la sonrisa –te hacen sentir especial-. La oferta gastronómica es para tener en cuenta, cocina fusión con nombre propio y una variedad acertada, entre tapas-raciones y sus famosas pepitas –que tendré que probar algún día-. Recomiendo esta experiencia “en pases”, me explico; quien pueda, creo que merece la pena ir de vez en cuando e ir probando cositas poco a poco. 

Yo no vivo en la ciudad, por lo que opté por el menú; en este faltó un poco de equilibrio, tan solo dos platos de carne y ningún postre. Lo ideal, ojo para mí, hubiera sido 3 platos de pescado, 3 de verduras, 3 de carnes y 3 postres. Salimos a 35 € por cabeza, pero porque fue una cena especial. Puedes cenar perfectamente por 15-20 € por persona. 


Me despido dando las gracias a las personas “todas” que dieron luz a esta noche mágica que disfrutamos, entre los que estaban mis acompañantes –Cristina, Bailey, Victor, Miki- y todos los chicos de La Pepita. Espero volver a veros. Un abrazo, ahora, desde Badajoz.

miércoles, 20 de julio de 2016

BIZCOCHO DE HIGOS SAN ANTONIO


Inventando, improvisando y cocinando de Temporada

Mucho, mucho calor hace en Extremadura, de este que no te deja pegar ojo por las noches, del que, tras la comida, te deja fuera de combate y, en donde, el agua y lo fresquito se convierten en tus aliados de trabajo. En este contexto, los productos de temporada se quitan el sombrero y te dan gozos inmensos, al natural o versionados ¡Tú decides, pero la calidad está servida, es garantía de sabor, de placer!

Entretanto y en base a ello, te presento otro de mis enredillos culinarios, esta vez, con unos Higos de San Antonio, variedad autóctona de mi tierra, junto a los Tiberios y De Rey.

Un bocado jugoso que sorprende y un dulce peligro que enamora


Ingredientes

8 o 10 higos Tiberios
3 huevos
3 tazas de harina
2 tazas de azúcar
1 taza de aceite vegetal
50 grs de mantequilla
½ taza de leche
1 chorrito de vino amontillado (Ron u otro destilado)
1 sobre de levadura Royal
Pizca de sal

Glaseado:  zumo de ½ limón y azúcar glass hasta espesar.

Elaboración

1.- Pelar los higos, trocear y poner en un bol grande, donde iremos echando todos los ingredientes. Añadir el resto de ingredientes y mezclar con la túrmix. Al final, añadir alguna especia si se desea.

2.- Cocer en el horno, previamente calentado, a 180º durante 40 minutos aproximadamente. Ya sabes, el truco del palillo, cuando pinchemos y salga limpio, tendremos nuestro bizcocho listo. Yo cuando está casi casi, apago el horno y lo dejo ahí un poco más, con la puerta entreabierta, así se termina de hacer sin que se me pase o quede seco.

3.- Tras esto, desmoldar en templado y esperar a que se enfríe para cubrirlo con el glaseado.

Finalmente, destacar que el higo es un producto con mucha proyección y que está en plena expansión. En Extremadura hay tres grandes zonas donde el cultivo de la higuera es protagonista desde hace décadas. En la comarca de Badajoz, la producción se concentra en Salvaleón-Barcarrota-Higuera de Vargas. Por su parte, en la provincia de Cáceres hay dos grandes zonas productoras: La Vera y del Jerte, centradas en la variedad Cuello de Dama, y la Villa de Almoharín, principal zona de producción de higos secos.

Nada más, solo animarte a que pruebes este bizcocho; es de los inventos que improviso y me sorprenden gratamente. A mis invitados les encantó, el bizcocho desapareció en un pis pas. Por eso, lo anoté, para que puedas disfrutar tú también de este bocado de temporada que no te dejará indiferente.

Un abrazo #bizcocholovers,

Raquel  

lunes, 11 de julio de 2016

TAPAS-WORK EN ZARAGOZA

La ciudad de la Pilarica es un menú completo en todos los sentidos 

Estuve en Zaragoza hace años, de paso, finalizando el viaje de fin de curso de octavo - creo recordar-. A finales de junio, tuve la oportunidad de volver a esta ciudad y me sorprendió gratamente; es, sin duda, un lugar con mucho encanto y muy buenas tapas. Fueron 4 días muy intensos de trabajo, de puesta en marcha de nuevos proyectos, de encuentros y, por supuesto, también hubo tiempo para disfrutar de la Buena Mesa. 


Mis nuevas aventuras las descubriréis pronto, de poquito a poquito; de momento, os contaré mi experiencia gastronómica en Zaragoza. 

Diversidad culinaria con estilo propio y un sinfín de bares por descubrir 
 

Antes que nada, te diré que este viaje no hubiera sido igual sin la presencia de Eva Pardos, una zaragozana que sabe de muchas cosas, pero me quedó impresionada con el tour que me hizo y todo lo que dejamos en el tintero. Vamos… que si me dice que es guía turística y gastrónoma me lo creo; se sabe cada rincón a la perfección, con su historia, cada bar “con su mejor pincho, su mejor cóctel”, afortunada de que alguien como ella me mostrara la ciudad. 

Bar MR Dumbo, auténtica comida Siria: nada más entrar supe que es de los sitios que se conocen porque alguien te lleva, de los que pasa desapercibido para los turistas. Mi primera cena en la ciudad “un viaje de especias y cultura” a través de las tapas sirias que tomamos: Falafel con salsa de yogurt, Humus, Ugarit (papas con cilantro y mousse de pimiento rojo) y Arayes (pizza picante de carne con tomate y queso). 

Te diré que aquí probé los mejores falafel “croqueta de garbanzo” de mi vida, el hummus también es para anotar. Mr. Dumbo abrió sus puertas en 1985 y es un clásico de comida árabe en Zaragoza, regentado por Nines, su fundadora, y su esposo Abdul. Te sientes como en casa al mismo tiempo que viajando gracias a su auténtica comida siria. Me sorprendió el precio, cenamos 4 personas con bebida incluida por 20 € ¡Increíble! Visita obligada. 

“Mercado Gourmet” Puerta Cinegia Gastronómica: espacio ubicado en pleno centro de Zaragoza, construido sobre una de las cuatro puertas que daba acceso a la ciudad romana, justo frente a la Plaza de España y al lado de El Tubo, zona de tapeo por excelencia. Una propuesta que une gastronomía y ocio al más puro estilo neoyorkino, mezclando la calidad de los productos con el dinamismo que ofrece el Street Food tan de moda en todos los rincones del mundo. 

A destacar los croquetones de Doña Casta, selecta variedad de croquetas, fritas al momento de ordenarlas: costó decidirse, probamos la de rabo de toro con puré de calabaza y la de arroz negro con alioli, riquísimas. Volveré para seguir croqueteando con calidad extra y a probar sus huevos rotos que también son muy sonados. Otro de los puestecitos curiosos es Cervino, donde mis acompañantes pidieron el pimiento rebozado relleno de manitas y una tosta de solomillo –una pinta estupenda y, según mis amigos, un bocado exquisito-. 

Ambos bares participan en Cinegia con sus tapas, pero son establecimientos con solera en la ciudad, referentes del tapeo entre los zaragozanos. Me gustó mucho este mercado; cuenta con una oferta nacional e internacional “todo en versión tapa” que ordenas y van cocinando mientras vas acomodándote en la mesa y ordenando la bebida en la barra central. 

Otros bares míticos y obligados en la ruta de la tapa: solo me dio tiempo a pasar por dos templos del tapeo “de los de siempre en Zaragoza”. No obstante, el tour por la ciudad y las recomendaciones de Eva me han dejado claro que Zaragoza cuenta con un montón de sitios para perderse entre tapas e historia. Además, es una gozada callejear por la parte antigua. 

Hicimos una parada en el Bar el Circo (Calle de Don Jerónimo Blancas, 4), uno de los más antiguos de la capital aragonesa, conocido por sus especialidades entre las que destacan el pincho de tortilla, la ensaladilla rusa, las madejas, los pimientos de bacalao y los huevos rellenos con bechamel –los mejores que he probado, por eso los llamo huevos sorpresa-. 


También nos dejamos ver por el Bar Artigas (Pamplona Escudero, 31), bar familiar fundado en 1967 y que aún sigue elaborando los mismos platos, ofreciendo comida casera de calidad. Tiene una carta bastante amplia de raciones y tapas; nosotras pedimos una ración de pechugas al roquefort, exquisitas, aunque un poco pasadas de sal.

Por otra parte y para acabar con la Buena Mesa que me he marcado estos días, tengo que mencionar a Cristina Mena, a quien conocía desde hace tiempo gracias a los Social Media y a quien tuve el placer de conocer en persona en este viaje. Ella es vegana; yo tenía muchas ganas de compartir una cenica con ella en alguno de sus restaurantes favoritos. Nos llevó a conocer Birosta (C/ Universidad, 3), un bar vegetariano ubicado en el barrio de la Madalena, donde puedes comer tanto vegano como vegetariano. Su cocina es casera, natural y ecológica, además de deliciosa “sabores puros sin filtros” con ingredientes de calidad y cocinados con creatividad. Todos sus alimentos están libres de transgénicos y proceden de agricultura ecológica. 

Cuentan con una carta muy apetecible y entretenida que te obligará a pasarte más de una vez, pues todo no solo suena sino que sabe muy bien. Nosotros comenzamos dippeando con una salsa de champiñones Shitake al vermú y otra de anacardos con olivas, ambas muy ricas, aunque me gustó más la de anacardos. Seguimos con el que fue mi plato favorito “bocaditos de nuez“, unas croquetas exquisitas con parmesano y salsa de cebolla a la canela y con patatas a los dos pestos “rojo y verde”, sabrosas y crujientes.

Yo hasta aquí pude degustar, pero mis acompañantes siguieron con un plato principal, todo con una pinta estupenda: Falafel Kebab en pan libanés con salsa raita, Burger de soja con salsa veganesa y catsup y Tosta Birosta de Otoño con oaté de champiñón, tomate seco y olivas negras. 

También hicimos una visita al obrador Toque de Canela, con los que babeo literalmente desde que les sigo a través de las redes sociales. Sandra y David son los artífices de la magia dulce que emana de esta pastelería, en San Vicente de Paúl (centro de Zaragoza). Se definen como una “pastelería artesanal creativa” y merecen una mención especial; otro día os hablaré más de ellos, porque tengo que regresar para perderme entre sus creaciones y su buena energía.


Como habrás visto, si no has estado en Zaragoza, merece mucho la pena y, como en cada viaje, la compañía es un plus a tener en cuenta. Feliz de haber pasado unos días estupendos, con mucho aprendizaje y lleno de nuevas experiencias gastronómicas. Como es habitual en mí, siempre que viajo, vuelvo con algún recuerdo comestible en la mochila. No hay nada que más me guste que volver a saborear destinos desde casa; esta vez, cómo no, el paquete vino marcado con garantía de calidad alimentaria, pues me traje una Trenza de Almudévar, de la pastelería La tolosana. Es uno de los dulces más representativos de Aragón, es única, una delicia en boca y una experiencia inolvidable. 

Para terminar, agradecer a todas las personas que me han acompañado durante mi visita en Zaragoza, en especial a Eva, por mostrarnos sus rincones favoritos y explicarnos todo con tanto detalle, se nota que está encantada y orgullosa de su ciudad. 

Seguimos viajando y cocinando nuevas ideas. 

Un abrazo a todos gastrolovers :)