lunes, 1 de febrero de 2016

PASTELERÍA MARABÉ “DULCES ARTESANALES”


Recuerdos y sabores de infancia en Barcarrota, Extremadura

La niñez es una de las etapas más bonitas y anheladas que tenemos –o así debería ser, soy consciente que no todo el mundo crece en las mismas circunstancias-.

Es donde nuestros sentidos despiertan, empezamos a conocer sabores, aromas, a saber lo que nos gusta y lo que no. 

Con el tiempo, vamos acumulando sensaciones y construyendo un baúl lleno de recuerdos, de aprendizaje que no deja de evolucionar. ¿Cuántas veces un sabor/aroma te ha hecho viajar al pasado? Estoy segura que haces estos viajes en más de una ocasión. Pues bien, esta es una de las cosas que me gusta de la gastronomía, nos permite “viajar a través de los sabores, no solo en el espacio, si no también en el tiempo”. Es un regalo, un juego de sensaciones. 

En mi caso, el sabor de la infancia es bastante dulce; sí, era muy golosa –aún lo sigo siendo-, pero los pasteles de mi pueblo tienen parte de culpa. Hoy, tengo el gusto de presentarte al artífice de estos dulces, a quien tuve el placer de entrevistar hace unos días en el obrador: Aniceto Marabé. 

Tras un mini tour por la pastelería, que me encantó, pues hacía años que no entraba más allá del mostrador, nos sentamos en la camilla y entre dulces y libros –luego te explicaré por qué- comenzamos a charlar. 

Entrevista a Aniceto Marabé, pastelero y dueño de la Pastelería

¿Cuándo abrió la pastelería? En 1922, la fundo mi abuelo Juan Marabé Rodríguez, luego mis tíos Calisto y Manolo siguieron con el oficio hasta delegarlo en mí.  

¿Cómo empezaste a introducirte en el mundo dulce? Estoy en el oficio desde los 9 años, pues era el negocio familiar y había que ayudar. Estudié veterinaria, pero a los 24 años aposté por seguir con la tradición y, desde 1988, regento la pastelería Marabé, junto con mi mujer Pilar. 

De todos los pasteles, ¿Cuál es el rey para los clientes? Actualmente es la lengua de vaca, aunque por muchos años fue el hueso de santo ¿Y para los turistas? Uy… depende de dónde sean, por ejemplo, para los clientes de Salvaleón “los piononos”, de Higuera de Vargas “merengues”, de Valverde “huesos de santo”…


¿Qué caracteriza al sabor de tus pasteles y cuáles son los ingredientes básicos? El horno de leña - sus tiempos de cocción y los aromas que se generan-y el tiempo –sin prisas- dan a mis dulces un sabor especial. Los ingredientes de base son harina, huevo y azúcar. No utilizamos ningún tipo de conservantes ni colorantes. 

Desde pequeña he saboreado los mismos pasteles ¿Alguna novedad? Las milhojas de trufa y crema, el tiramisú, la manga olivera de crema, nata y yema, las palmeras de yema, los fosquitos y las flores de hojaldre ¿Cómo aceptan los clientes los cambios? Bien, cuando ven alguna novedad les gusta y la prueban, pero luego vuelven a los tradicionales, salvo la milhoja que ha sido un triunfo. 

¿Piensa incluir alguna elaboración nueva este año? No lo sé, eso es inspiración, jeje…

Siendo pastelero, supongo que estará al día en cuanto a novedades se refiere ¿Alguna preferencia? No, solo acostumbro a probar los pasteles típicos de cada lugar cuando viajo. 

¿Con qué nos aconsejas tomar tus dulces?  Un vaso de leche del tiempo, sobre todo, si vas a probar más de uno, te prepara el paladar para la cata del siguiente y te ayuda a captar los sabores limpiando la boca entre un bocado y otro. 

Por último, ¿Alguna apreciación? ¿Crees que alguien de tu familia seguirá con la tradición familiar? Te diré Raquel que es muy difícil que este tipo de negocios persista, requiere mucha dedicación y tienes que sentir la profesión. Además, las exigencias sanitarias –muchas veces excesivas- complican mucho el proceso; yo ya tengo la carta de alérgenos y todas las personas pueden pedirla cuando vengan a comprar los dulces, pero no olvidemos que los primeros que deben tener el conocimiento de qué tienen o no que comer son los clientes. Nuestros pasteles son 100% naturales y los hago exactamente igual a como los hacía mi abuelo.

Dos horas conversando, una tarde muy entrañable  y contenta de intercambiar opiniones con Aniceto y Pili, su mujer. 


Los dulces de Marabé son únicos y, para mí, muy especiales, porque me recuerdan buenos momentos; tengo suerte de que se sigan haciendo, pues cada vez que los como saboreo “los recuerdos de la infancia” y eso es un inmenso placer.  Crecí con ellos, eran mi merienda predilecta, con ese vaso de leche y en casa de mi abuela Salvadora –que vive enfrente- y mis desayunos en esos descansos del instituto. Todos están riquísimos, cada uno a su manera, pero mis pasteles preferidos son la lengua de vaca –de pequeña el huesito- y la milhoja. También hacen bollería, destaco las Isabelas –con yema y coco- y en Navidad, su mazapán y sus polvorones no dejan a nadie indiferentes. 

Doy fe de que todo aquel que prueba estos pasteles, repite. No faltan en cumpleaños, fiestas y encuentros familiares; en Barcarrota sabemos cuanta dulzura nos brinda Marabé ¡Un lujo que esperemos persista durante mucho tiempo! Gracias y enhorabuena amigos. 


Antes de despedirme, te diré que tuve ocasión de ojear unos libros que son verdaderas joyas de la historia de la pastelería: El formulario Práctico del Pastelero (1933, edición Bolsillo), Pastelería Mundial y los Helados Modernos de Ignacio Domenech –con reseña de José Zorrilla- (1922) y La Decoración en Pastelería de Jaime Sabat Aumasque (1ª Edición, 1954).

Pastelería Marabé
C/ Monte, 15
Barcarrota (Badajoz)
Tel. 924 73 62 32

viernes, 22 de enero de 2016

IZAKAYA HARAMAKI, TAPAS NIPONAS EN BADAJOZ


Una forma distinta de tapear “con palillos”, al estilo oriental

La ciudad pacense es “pro” tapeo total, pues irse de tapas es costumbre arraigada y muy practicada, sobre todo a partir de la primavera, donde las terrazas empiezan a ser protagonistas.

Las tapas más fiesteras suelen ser las de ibérico, acompañadas de los quesos de la tierra y otras elaboraciones típicas extremeñas, pero hoy –si me permites- te recomendaré un picoteo diferente y, la verdad, sorprendente.


Se trata de la experiencia que ofrece la taberna japonesa que hay en la localidad pacense, Izakaya Haramaki. Antes de entrar en detalle, haré mención a algunas cuestiones que creo oportunas en el menú de hoy. 

Las “izakayas” son bares populares en Japón, frecuentados para tomar algo tras el trabajo, digamos que son similares a nuestros bares de tapas; tabernas japonesas. 

Si nunca has ido a un japonés, nunca es tarde para probar algo distinto y aprender aspectos culinarios de otras culturas, no hay que tener reparo ni vergüenza a no saber cómo actuar en este tipo de locales, siempre hay una primera vez. Lo suyo es comer con los palillos y resulta muy divertido hasta que le pillas el tranquillo; si no, no te preocupes, también hay cubiertos, aunque, a falta de palillos, mejor tomar el sushi con las manos –en su cultura está permitido-. 

¿Qué debes tener en cuenta si vas a un restaurante japonés?

1. Los palillos jamás se pinchan en el bol, si no los estás usando se dejan en el hashioki, pequeñas piezas de cerámica donde reposan los hashi (palillos). Me llamó la atención que en Izakaya Haramaki no los pusieran, pues es algo que no falta en las mesas niponas. 

2. El sushi no se baña en el cuenquito de soja (se deshace y se llena todo de vagos de arroz); hay que pasarlo por el lado de pescado o mojar levemente antes de llevarlo a la boca. 

3. No solo hay cosas crudas, se puede comer sushi en tempura (pankomaki), además de muchas otras elaboraciones; un tapeo saludable y ligerito. 

4. Los japoneses suelen tomar el sushi con sake (licor de arroz fermentado) frío o caliente o con té verde. También es recomendable con cerveza, la japonesa Asahi por ejemplo. Yo lo tomé con un verdejo y me gustó mucho. 

Ahora sí, paso a detallarte cómo fue mi visita en Izakaya Haramaki. Te diré que fui con mi madre, que jamás había probado la comida nipona, ni comido con palillos, pero ole ole “reto superado”. 

Nuestro Menú en plan “tapas”

- Gyozas de carne (empanadillas japonesas): estaban deliciosas, aunque con poca carne, me dio la sensación de que eran vegetales. La salsa agridulce con la que las acompañan es muy rica. 2´25€/2 ud

- Pankomakis (rollos de sushi rebozado en panko –pan rallado japonés); optamos por los hosomakis de salmón y philadelphia. La presentación me hizo salivar, conquistándome desde el primer momento, y el bocado me enamoró por completo. Ese quinto sabor “umami” está presente, envuelto de texturas, cremoso y crujiente; una tapa que te recomiendo, la vas a disfrutar de lo lindo. No es necesario mojar en la salsa, es complejo. 5´40€/ 6ud


- Berenjena en salsa miso: feliz de decidirme por esta tapa, jamás había probado la berenjena –una de mis hortalizas favoritas- de tal forma. Es una explosión de sabor y realmente una delicia en boca. Hay que quitarle la piel y comerse la carne, que se deshace tanto que, en boca, recuerda a la crema de un pastel. Su sabor es peculiar debido a la salsa miso (a base de soja fermentada) y me comentaron que la hacen frita (pensé que era a la brasa, pero no, jeje). Mi error fue no pedir un cuenco de arroz gohan, imprescindible en cualquier mesa japonesa, porque hubiera sido perfecto con estas berenjenas. Si vas, no dejes de pedirlo.  2´25€/2 ud. 

No tomamos postre, pues el café nos estaba esperando en otra parte, pero he de decir que tanto mi madre como yo salimos encantadas de Izakaya haramaki, con esa sensación de querer volver para seguir probando la carta. Además, la atención del personal acompañó, nos sentimos muy cómodas y la chica que nos atendió fue muy amable. 

Por tanto, recomiendo esta experiencia al 100%; genial que en Badajoz podamos tener esta opción de viajar a Japón con un tapeo variado y de calidad. 

Observaciones: puedes comer tapas en las mesas altas o pasar al comedor-restaurante, para una comida más pausada. Por cierto, tienen la carta homologada en base a ley de alérgenos Reglamento 1169/2011 que entró en vigor el 14 de diciembre de 2014. 
 
Salud, cheers o Kanpai (brindis a la japonesa)

Izakaya Haramaki, bar de tapas
Avda. Villanueva, 5, 06001 Badajoz
Teléfono 924 238 198
Precio Medio: 10 a 12 € -tapas- 


 

domingo, 17 de enero de 2016

CHANTARELLA, TAPAS CON SABROSURA EN BADAJOZ


Buscando bares par un tapeo recomendable en Extremadura 

Ya lo sabes y, si no, te lo cuento “soy extremeña, más concretamente barcarroteña” y muy orgullosa de haber nacido en esta tierra tan rica; de calidad de gente, de buena materia prima y excelentes paisajes, siempre con nuestra dehesa como hábitat más preciado. 

Dejar atrás Madrid, pasando por Zimbabwe, Londres y regresar a mi tierra no fue fácil en un principio; una se adapta a la vida con prisas, a la oferta global de las grandes ciudades y su diversidad gastronómica. Pero, estar aquí “asentada” me ha servido para ver cómo estamos avanzado: las nuevas tendencias están llegando, la restauración está en evolución y, si seguimos así, estoy segura que vamos a conseguir que nuestra cocina esté en el lugar que debe estar. La calidad de nuestros productos es inmejorable ¡Solo nos falta creer en nosotros y saber vendernos!

Cómo no, sigo siendo una foodie en evolución, una #gastrohunter siempre en busca de nuevos sitios para comer y, en este sentido, el tapeo es uno de mis hábitos favoritos cuando entro en acción. Hoy, te contaré mi última experiencia entre tapas en Badajoz, en el Restaurante Chantarella. 

Buen hacer, buena mesa y alguna que otra sorpresa

Tengo varios sitios pendientes en la localidad y Chantarella (Av. Sinforiano Madroñero, 15) era uno de ellos. Finalmente, el pasado 9 de enero estuve cenando allí. De decoración sencilla, aspecto de taberna y con dos plantas, el local es cálido y con buen ambiente. En cuanto a su oferta gastronómica, ofrece una cuidada selección de tapas de autor con productos locales y de temporada que oscilan entre los 4 y 5 €. Tenía claro que quería probar el risotto de ibéricos –me lo habían recomendado- y, siguiendo los consejos del camarero, nos decantamos también por los creppes chantarella. Entre otras tapas de interés, el solomillo ibérico Wellington con Torta del Cásar y el atún rojo con frutas. 

El risotto de ibéricos está buenísimo, muy sabroso, cremoso, con panceta, chorizo y jamón. No le puedo poner ninguna pega; sin duda, uno de sus platos estrella que debes probar si les visitas.  


El creppe estaba bueno, pero no sorprendente; con un sabor suave a la seta que le da el nombre “chantarella”, cremosa bechamel y piñones. Le falta potencia en sabor y la presentación es mejorable, pues parecían más unos canelones que unos creppes. Eso sí, me gustó no ver la reducción de Módena en el plato; estoy aburrida de ver cómo la mayoría de los bares pacenses riegan el plato con la reducción de bote (se puso de moda y, aunque no venga al caso, en cuanto ponen algo de verde, pufff… hilo de balsámico).

En esta ocasión, queríamos una cena ligerita y dejar hueco para el postre, pero nos quedamos con ganas de probar más tapas: son de calidad, diferentes y, por supuesto, volveré para seguir disfrutando de sus platos.

Antes del postre, me gustaría hacer hincapié a la atención recibida, pues es un sitio en el que una se siente a gusto y bien atendida.

Ahora sí, llegó el turno de la sorpresa que se presentó en versión dulce, porque esa noche estábamos de celebración cumpleañera y había que sorprender al homenajeado, Gonzalo. Cuando hice la reserva, comenté que me gustaría que uno de los postres estuviera pintado con chocolate con un feliz cumpleaños o algo así. Temía que se hubieran olvidado, pero no, la tarta de tres chocolates llegó marcada y Gonzalo acabó sonrojado, jajaja… 

La tarta tipo flan (4€) estaba rica, perfecta en su elaboración, textura; si eres flanero, te la recomiendo.

 
Yo me decanté por la crema catalana (4€) y fue todo un acierto; nada más verla, me gustó mucho la presentación, en cazuelita y con una quenelle de nata montada. Tras la primera cucharada, me enamoré de su sabor aromatizado con ralladura de naranja, acompañado por el crujiente del azúcar caramelizado. Lo primero que pensé es “tengo que venir con mi madre, tiene que probar esta delicia” y es que esta versión de crema catalana es una de las mejores que he probado. 

Sin más, dar la enhorabuena al equipo de Chantarella, pues que en Badajoz tengamos un sitio así de tapas es un gustazo y estoy segura que seguirán sorprendiéndonos, está en pleno rodaje. Si quieres disfrutar de un tapeo distinto y de calidad, este es el sitio. Te aconsejo acompañarlas con un vino de la Tierra, de la Ribera del Guadiana. 

No me olvido de citar a Restaurante Gladys, dieci9 del Tesso, Izakaya Haramaki, La churrasquería… pues son pendientes que irán cayendo poco a poco y ya los tengo fichados.

Restaurante Bar Chantarella,
Av. Sinforiano Madroñero, nº 15
Badajoz. Telf. 924 47 94 81
http://www.restaurantechantarella.es/