Deseo Bocado Andaluz; entre Tapas y Tejeringos

Solo dos días para iniciar el último mes del año, parece increíble que, en nada, diremos ¡Hola Diciembre! Si no fuera por las luces navideñas, la bajada de temperatura y el continuo carrusel de películas navideñas en la TV y, porque sí o sí, sabemos en qué día vivimos, creería que aún estamos a mitad de año. La sensación que tengo es esa, hace nada hacía cierre para vacaciones de verano y ya toca, en breve, dejar todo listo para “volver a casa por Navidad”. ¿Te pasó lo mismo? Ya me contarás. Por mi parte, en este día de pleno invierno, donde la luz ya ha cesado y el frío se acentúa, daré algo de calorcito volviendo al sur y a las ricas tapas andaluzas.

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Sinestesia Speakeasy

Si algo suena apetecible, es desconocido y parece tentador, la mejor opción suele ser “probarlo”. Ser curiosa y amante de los sentidos que despierta la gastronomía me da la oportunidad de estar viviendo aventuras continuamente.

Instagram es una de las redes sociales más activa y eficaz para el sector de la restauración/gastronomía, es un gran escaparate que continuamente está captando la atención de sus clientes y creando otros nuevos. Así, por ejemplo, en mi caso, ver unas bolitas de color vino tinto de mazapán con el nombre de garnachicos, es marcar en agenda un plan para ir en su búsqueda. Las vi en el perfil de la tienda El Colmado Con Luz y Alma (C/ El Carmen, 24) y no me resistí.

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Conexión Desconexión, anhelos efímeros

Visitar Madrid sintiéndome de vuelta, sin quedadas, sin planes establecidos, perdiéndome por las calles, esa era la idea, acompañada de la desconexión más absoluta. Si a ello sumas que cuentas con una amiga donde su casa es tu casa, sentirse de vuelta es un plan sumamente fácil. Y, así, con esta entradilla daré paso a cómo disfrutar de un viaje de la manera más sencilla.

Madrid, cómo lo echo de menos, esa fue mi primera sensación al pasar por Chamberí, me encantaba vivir en este barrio, sentí cierta nostalgia con gusto (señal de que estaba contenta donde estaba, un capítulo bonito de recordar). El tiempo decía “no salgas sin paraguas”, pero dio algo de tregua y, a pesar de la lluvia momentánea, no hacía nada de frío y pasear era buena opción. Como indiqué, no había plan, solo quería disfrutar y, en mente, intentar probar los cubos de croissant rellenos de Panem (es uno de mis pendientes más irresistibles). 

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Sabor a destiempo o contratiempos al punto

La mente y sus cosas. Somos capaces de montar un banquete, recorrer París o hacer la maleta en un pensamiento; seguro que, más de una vez, te vas a dormir con unos ideales para el día siguiente o inicias la semana con un calendario de actividades y, en realidad, no pasa nada o pasa pero de otra forma. El caso es que, siempre hay un porcentaje de probabilidades de que los imprevistos entren en escena. Al final, lo importante es que puedas contar la historia, da igual la trama y el cómo. Esta semana, los imprevistos me han dado capítulos diferentes y, he aquí, que inicie así el post de hoy.

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Sueña, Visiona, Saborea

Domingo otoñal con luz estival, temperatura más propia de primavera, donde seguir el estilo de capas de una cebolla es más que oportuno (frío en las mañanas y al atardecer; calor durante las horas de sol). A medida que pasan las horas empecemos a quitarnos abrigo. Este finde ha sido idóneo para pasear y disfrutar de la ciudad de Zaragoza. Se están celebrando las “no fiestas del Pilar”. En tiempos sin COVID, hubiera sido mi primera vivencia de celebración del 12 de octubre en la ciudad; ya me han comentado que este finde hubiera alucinado con el gentío que se forma en las calles. Habrá que esperar al próximo año para vivir el festivo en todo su esplendor, mientras, pues a saborearlo en forma relajada pero con las mismas ganas. Quizás, de haber habido las “sí fiestas”, no estaría escribiendo justo ahora. En este capítulo, hablaré del sabor de la visualización y la fidelización.

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«Otoño, dulce y cítrico»

Primer domingo de octubre, otoño da la cara hoy, cambio brusco del tiempo, bajada de las temperaturas, sonido de hojas, gotas de agua. Abro la ventana y el frescor que siento me invita a saber que el mejor plan es estar en casa, tomando un café, un trozo de tarta y estar de relax, ver una peli y hacer una pausa para conectarme con sinestesia. De hecho, me gustan los días caseros donde te dejas llevar y no miras el reloj para nada, tan solo te mueves por apetencias y disfrutas de ello. Me temo que, a medida que el frío vaya dando la cara, acompañado del cierzo, estos días caseros (de finde) van a ser más usuales, por ello, he estado aprovechando haciendo quedadas y alguna excursión mientras la calidez del tiempo se daba propicio.

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El sabor del Sí, siempre al Dente

El fin del verano nos acaricia levemente, el juego del tiempo comienza, la caída de hojas anuncia el otoño y, por estos lares, dicen los maños, que del bikini al abrigo, esa etapa de chaquetillas son de apariencias más que necesarias. En medio del cambio, hoy, sinestesia empieza a sentir un sabor de estabilidad en la ciudad, cierto disfrute especial y sensaciones variopintas que se atrapan con gusto. No me olvido del pendiente del último post, empezaremos por ahí y, luego, ya veremos.

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Sensación Efecto Levadura, gozo mundano

Levantarme temprano un domingo, sentir el fresco de la mañana, el silencio de la ciudad, desayunar y sentarme con ganas para escribir; grata sensación. Vivo cerca del Pilar, visualizo las torres mientras la música de los pajarillos me acompaña, es una gozada. Poco a poco, estamos volviendo a retomar planes, visitas a restaurantes, viajes, quedadas en grupo… A la hora de viajar, echo de menos estar en Madrid, tenía mucha más facilidad para cualquier destino (creo que esto va a limitar un poco mis salidas a media/larga distancia, pero aprovecharé para conocer los lugares cercanos, desconozco Aragón y me consta que es todo un espectáculo en todos los sentidos) ¡Habrá que ponerse a ello! Como siempre, inicio con un poco de esto que yo llamo gastrosofía… Desde pequeña, me invento palabras y sonaba raro, ahora está incluso de moda. Hoy voy a hacer un mix propio de una curiosa del Hecho Gastronómico, variado, salpimentado con reflexiones de auto conocimiento ¿Cómo te suena esto? ¿Apetecible? Pues dale, allá vamos.

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Rompiendo el Hielo “de vuelta a lo sinestesia”

Partir de cero, sea de lo que sea, reconectar tras la desconexión o volver a la rutina van anticipados de un suspiro de reflexión unido a cierta pereza. Para romper el hielo, nada mejor que empezar, comprando un billete, haciendo los tuppers de la semana o poniéndose frente a un folio en blanco. Al hilo de los tuppers, será posible… Aún estoy como un pato mareado cuando me dispongo a cocinar para la semana ¡Apetencias cero patatero! Tendré que pillar el ritmo porque con ganas soy mucho más efectiva y todo me sale más rico. Cocinar sin ganas es, en mi caso, una pérdida de tiempo… En realidad “las ganas” podríamos decir que causan ese efecto en todo a lo que acompañen, ya que vamos a hacer algo, hagámoslo disfrutando y con ganas –sí, no siempre las circunstancias ni el contexto son los más adecuados.- Y todo este rollo ¿Para qué? Para volver a retomar las sinestesias domingueras; aunque falte algo de inspiración, no quiero perder el hábito, quiero reenganchar ya que confío que, desde ahora, habrá muchas aventuras que contar o eso espero.

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Melancolía y Sabor ¿Hay tema aquí?

El sábado se inició con una mañana con plan a medias, quedada para desayunar y, luego, lo que diera de sí la mañana. Tocó cierzo en Zaragoza y este día de verano se sentía casi otoñal con la diferencia de la vestimenta veraniega. Al mediodía, el cielo se tornó a gris, avecinaba tormenta. Por un momento, la luz y el entorno no parecían estivales. Otoño, sobre todo noviembre, creo que es un mes donde la melancolía suela acariciar muchas vidas. Entonces, ante este cambio busco del tiempo, recordé una frase de la escritora británica Amelia Barr que afirmó que “todos los cambios están más o menos teñidos con la melancolía porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos”. Personalmente, en mi caso, cuando me salpica la melancolía, la creatividad se dispara. Por lo visto, están relacionados y hay estudios que confirman que el estado de melancolía estimula la creatividad.

Partiendo de aquí, como soy un poco enreda, pues me apetece liarme y buscar algunas sinergias entre este estado de ánimo y el mundo de los sabores culinarios ¿Qué conexiones podemos encontrar? ¿Cómo expresar la melancolía con un plato? ¿Cómo armonizar un sabor melancólico?

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