Tiempo al dente; Bocados a tiempo

Qué importante es el tiempo ¿Verdad? Pasa muy rápido y, sin embargo, a veces, las prisas o el piloto automático hacen que no lo disfrutemos como merece. Aprender a vivir con consciencia plena, en tiempo presente, es algo que debería ser ingrediente base en nuestro día a día y el mindfulness focaliza en ello. Tener el hábito de ese disfrute hace que el momento gane en calidad y sea muy reconfortante. Hoy, comentaré algunas vivencias donde prima la plenitud, entre tapas, entre compañeros y amigos.

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Receta Vitamina con infusión de Magia

Me he saltado algunos domingos pero con causa justificada y, Sinestesia, además de tiempo, necesita ganas y contenido para poder dejar fluir. Tras varios puntos de encuentro y Pilares de por medio, una no solo quiere sino que tiene unas ganas tremendas de escribir y revivir los momentos pasados ¡Allá vamos!

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Entresijos culinarios y su toque empático

Esta semana ha sido prácticamente un kit kat, cuando me di cuenta era viernes y no un viernes cualquiera, un viernes power de vitamina, así que tenía aún más ganas de que llegara. Es cierto que esta semana añadí a mi rutina de trabajo, un miércoles de micro teatro y un jueves de acción respira vida tras la sesión de g-mind. Romper la rutina de vez en cuando, la verdad, sienta muy bien y debería ser un deber en nuestro diario. Esta semana taché dos pendientes de mi lista y, cómo no, siempre que son merecedores de visita, tienen protagonismo en mi espacio de los domingos.

Bar Heroísmo, un bocado retro actualizado

La primera vez que paseé por la calle heroísmo me trasladé en el tiempo, incluso en ese que ni siquiera respiré, calle estrechita llena de bares, unos clásicos, tabernas pequeñitas con muebles que son auténticas reliquias, otro modernos como la bambita de Alberto Brosed (Tasca Fusión) o el bar Ramen Senbazuru como culto al ramen con mesas altas y totalmente ambientado en la oferta que ofrece. Además, también se alza en Heroísmo, la taberna Saputo, un imprescindible como clasicazo que espero visitar pronto. No voy a citar todos, pero no quiero dejar de hacer mención a la panadería La Magdalena y la Casa del cuscús (take away de comida árabe artesana). En fin, una calle gastronómicamente hablando muy curiosa.

El bar heroísmo (C/Heroísmo, 22) tiene una decoración sobria y peculiar, su fachada es rosa y, en su interior, es como si no hubiera pasado el tiempo, suelo a rombos y amplio local con mesitas bajas de madera. Los viernes son de Ramen, por lo visto de los mejores de la ciudad y yo le tenía muchas ganas al cachopo trufado. Tocaba “cita” con mi ex equipo del turno comedor y propuse cenica en el bar heroísmo. Pedimos el cachopo, una ensalada y patatas a las tres salsas.

Cachopo de Ternera, relleno de queso Raclette y jamón, con huevo a baja temperatura y trufa, acompañado de aros de cebolla. Un dame más que no quiero terminar, impresionante.

Estaba todo delicioso, bien presentado y exquisito. La verdad es que desde que entré y vi los platos que tenía la gente, dije “menuda pinta tiene todo”. El bar estaba a rebosar de gente, tanto las mesas de la terraza como en el comedor y, a pesar de ello, el servicio fue bastante rápido. Es de estos sitios que sabes que vas y es un acierto, con carta cortita pero donde sabiendo que, pidas lo que pidas, no defraudará. Lo único que no acompaña es el servicio del vino, solo puedes pedir botellas y, de querer una copa, solo optas al vino de la casa (al menos era uno que me gustaba, Borsao).

Patatas fritas a las tres salsas, barbacoa, sriracha y queso. Buenas pero no espectantes, pensaba que serían tipo bravas en su forma de corte.
Ensalada de perdiz escabechada, con champiñones, cebolla roja encurtida, fresa lifiolizada y polvo de pistacho. Realmente soprende, nos encantó.

Un bar así «retro con una carta divertida y jugosa» pide jolgorio al compás de una carta acorde de vinos por copa, aunque tuviera dos blancos, dos tintos y algún espumoso en una pizarra, pero le daría un rock and roll muy oportuno. Cabe mencionar que los jueves hacen juepincho y es buen día para visitarles y probar su selección de baos que tientan a cualquiera. Por lo visto estas trascendencias asiáticas se deben a que Soraia Ejea (hija de quienes abrieron el local y quien está ahora al mando de la cocina) pasó una temporada en Japón y de ahí la fusión gastronómica que les caracteriza.

Salto ahora al jueves, no solo fue distinto por la tarde estilo Zen que me pegué, también porque tocó analítica a primera hora. El día de antes estuve indagando a ver si había churrerías en la zona, me topé con Churrería Ulzama en la red y la describían muy bien: buenos churros, porras y un delicioso chocolate. Me llamó la atención los churros glaseados que tenían. La churrería está en el número 1 de la calle Fueros de Aragón. Es un mini sitio, con apenas dos mesas en el interior.

Pensaba desayunar allí, pero no me tentó y decidí pillar los churros para llevar. Compré 2 porras y un churro de canela. La verdad, quizás mis expectativas se elevaron o el día que fui no estaba el mostrador como debería (como había visto en algunas fotos, repletito de opciones para no saber qué llevarte y bollería). Apenas había churros con cobertura, solo uno de chocolate blanco y los de canela. Y las porras que compré, las dos que quedaban en el mostrador, ni siquiera recién hechas. Por eso, decidí comprarlos para llevar, total… He de decir que las porras estaban bien, pero nada que ver con las que suelo comer en Badajoz (seguiré visitando churrerías en Zaragoza, me quedan unas cuantas clásicas y queda largo invierno para su disfrute). Eso sí, el churro con canela estaba muy rico.

Churro de canela; a una mitad, llámame loca, pero le puse crema de cacahuete, ricotta y chocolate negro, una bomba tremendamente deliciosa, se me antojó esta mezcla jajaja

 

Está claro que la apetencia y la empatía son claves en el grado placentero cuando vivimos experiencias gastronómicas. También está claro que no todos los días comemos experiencias gastronómicas, cubrimos una necesidad básica y nos nutrimos, pero para mí, entusiasta de los sabores, comer es siempre un placer y, como tal, intento que sea nutritivo y experiencial en la mayoría de las veces; mi querido tupper quien me espera cada día en el turno de las 3 también es una diversión.

Acabo este post, agradeciendo a mis compis de las 3 en punto su alegría y su buena vibración, son geniales y es un gustazo que, aunque ya no coma a diario con ellos, alarguemos esa rutina en los bares ¡Os espero en la próxima!

Autenticidad Contemporánea

Inicié el domingo poniendo a prueba una de esas recetas del rollo, rápida y saludable con solo tres ingredientes que hoy en día son ya virales en las redes, a mí me saltan por todas partes, pero claro, los algoritmos ya me conocen. Mi desayuno fue una tortita japonesa a base de harina, huevo y leche vegetal, que acompañé con queso fresco y mermelada de albaricoque. Estaba buena, pero no salió lo gordita que debería porque dejé la clara a punto de nieve y el toque era más cerca del merengue (con varillas eléctricas quedará perfecto). Me gustan los domingos porque es uno de los días donde mi agenda suele estar en blando y me dejo llevar por completo, si no busco plan ni surge, pues hago esa rutina de los domingos pero descolocada. Escribir no estaba previsto hoy, no lo sentía como tal, pero decidí ir a conocer un obrador que tenía pendiente y las ganas afluyeron.

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Sabor de vaivenes y su aderezo

De repente te percatas de que son las 7 de la tarde y Sinestesia no ha dado señas; solía escribir tras desayunar los domingos, me gustaba ese hábito. Al cambiarme de ciudad, esa costumbre se desvaneció y dejé de tener un horario fijo para ello. Ello tiene su parte buena y su parte no tan buena, como todo; lo bueno es que me levanto y, si no tengo plan de día, voy haciendo lo que quiero hacer pero con orden de apetencias. Cocinar los tuppers de la semana es algo que se presta bienvenido los domingos a primera hora –y puff- lleva su tiempo. Escribir queda abierto a cómo transcurra el día, por tanto, nada seguro que el post llegue a publicarse. Habrá que plantearse volver a la rutina matinal.

Y así, hoy, cuando ya no entra el leve fresquito de la mañana, he salido a la terraza un ratico y Sinestesia ha vuelto. Llevo dos findes muy relajados, en realidad, todo el verano; es el plan que me apetecía, ya habrá tiempo para estar movida de nuevo, pero que sea con ganas. Estuve en Extremadura en verano (mi tierra) y me escapé unos días a Barbate/Zahara de los atunes. Aún es cercano, así que, a mi modo, ya me conoces, algo contaré sobre los sabores que registré.

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Sabor Neutro, Sabor Umami

Conectar con el presente, conectar de verdad no es tarea fácil, al menos eso creo yo. Tras las vacaciones de verano, consciente de que llegan menos horas de sol y los días (con las mismas horas) se nos vuelven más cortos, e inducida por el cambio de estación, en mi caso, suelo estar más tocada, en el sentido de reflexiva/pensativa. Estas vacaciones y el relajado finde que llevo, me han invitado a pensar sobre esa conexión. Estuve en Badajoz, en Cádiz, descansando y disfrutando de la buena mesa como siempre, notas memoriales para ir contando, quizás no hoy, quizás hoy solo a modo de alusiones, pero todo tiene su momento y fluir y dejar fluir es algo que, a veces, echo de menos y hoy, apetecible, hago trato con ello.

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Ruleta de Sabores; ADN Personal

Con este calor, dormir es complicado y ponerse delante del ordenador tampoco apetece mucho la verdad, pero, si mínimamente me tienta la apetencia, me cuesta poco ser la sinestesia de los domingos.  Desayuné poniendo en práctica una idea que pasó por mi mente recientemente y, a partir de ahí, el fluir de este texto, entrelazando recuerdos y reflexiones. ¡Bienvenidos a la ruleta mágica de tu memoria gustativa!

Ayer, cenando una ensalada de arroz integral con anchoas y falsa mahonesa, mi mente atrapó este pensamiento “uhm, tengo que hacer algo con anchoas y chocolate blanco, me da que juegan bien juntos”. Compré cobertura de chocolate blanco con la intención de hacer unas cookies de matcha, aún pendientes  y, mientras tanto, he ido dándole uso en otras partidas. Siempre tengo Msemen, también llamado Rghaif, en el congelador (pan árabe tipo tortitas o panqueques cuadrados y que son exquisitos) y lo suelo tomar para desayunar, con dulce o salado, según me plazca. Lo primero que hago es meterlo en la tostadora, queda doradito y crujiente ¡Puro vicio!

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Trampantojos Gluten Free

Ya sabéis, un trampantojo, término que tiene su hueco en las cosas del comer para referirse a simular algo que no es, por ejemplo, ver una manzana y estar realmente ante una tarta de queso envuelta en gel de lima. Gluten free, el anglicismo molón que utilizamos para referirnos a la comida sin gluten. En el capítulo de hoy, unifico ambos términos con una connotación distinta, para referirme a la solidaridad enmascarada de la oferta gastronómica apta para celiacos. ¿Por qué? Pues quédate hasta el final y lo descubrirás.

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El sabor del libre albedrío planificado

Seguimos por aquí, contando historias vividas en primera persona, esas que contamos a nuestros conocidos y que, para mí, es un placer compartir con quienes me leéis. Hoy arranco el domingo con un pop up mental “viajar, viajar, playa, naturaleza”, tanto es así que me puse a mirar escapadas a primera hora, las vacaciones se acercan y la mente es como los buscadores de google, no se despista. ¿Qué traigo hoy? Tocó viajar por el levante esta semana y os contaré las paradas gastronómicas al paso.

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Diálogos en Búsqueda de la Cocina Tradicional

Hace calor, mucho, el clima se respira denso… Es domingo y tengo recuerdos que contar; vamos en este escrito a hacer el intento de reflexionar sin calentamiento. Esta semana ha sido intensa, eventos varios que me han sacado de mi rutina diaria. No es de extrañar que todo haya estado ligado a la gastronomía ¿Verdad? Desde pequeña, mi inquietud por ella no disminuye, crece cada día y es que, en el Hecho Gastronómico, el hambre nunca cesa.

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