domingo, 19 de octubre de 2014

TARTA DE GALLETAS "by YOU"

Un sabor, una textura, un color... "Hazla como TÚ quieras" 

En este penúltimo domingo de octubre, jornada de descanso para muchos, habitual día de encuentros en familia o entre amigos, quiero rendir homenaje a un dulce con mucha tradición en nuestro país “la tarta de galletas”. Sobre todo, si pensamos en los cumpleaños, donde es la anfitriona por excelencia, porque.... ¿quién no la recuerda?

Me atrevería a afirmar que en todos los hogares de mi pueblo, la típica tarta de cumpleaños es la tarta de galletas – con sus esponjosas capas entre crema y chocolate-, ésa con la que todos, al menos, los de mi quinta hemos crecido. Si mal no recuerdo, fue el primer dulce que aprendí a hacer –tendría yo unos 6 o 7 años- con mi tía Angélica, que la hacía riquísima; cómo no, tuvo que enseñarme, porque siempre estaba a su alrededor, queriendo mojar las galletitas en la leche –se me hacía un mundo aquello-. Desde aquí, mi relación con este dulce se ha ido consolidando y, con experiencia e ingenio, he ido modificando la receta; conservando siempre su chispa. Y es que eso es lo que me encandila de ella, su “carta blanca”, es decir, su buena disposición para recibir a cuantos sabores quieran lucirse con ella.

Mi versión normalmente es crujiente por fuera, pues la última capa me gusta con chocolate negro de cobertura; en el interior, varías colecciones han pasado entre sus capas, desde los 3 chocolates, moka con nata y chocolate, fresas, dulce de leche y coco…  Se aproxima el cumple de mi hermano, así que, en nada, estoy haciendo una tarta de galletas; ya tengo en mente la que “soplará” en su 21 aniversario –por supuesto, te la mostraré :) - 

Hoy te dejo la receta de la “la Tarta cielo de Nata” 
 
Ingredientes:
1 paquete de galletas cuadradas o redondas (según la forma que quieras darle)
150 ml leche condensada (un bote pequeño)
200 ml de nata para montar
2 vasos de leche semi o entera (1/2 l)
Cáscara de limón y una ramita de canela
50 grs. de coco rallado (1/2 taza)

Elaboración: primero, infusiona la leche con la canela y la cáscara de limón (llevar a ebullición y dejar templar). A continuación, monta la nata –bien fría-; poco a poco, incorpora la leche condensada, mezclando con movimientos envolventes hasta tener una crema homogénea. Monta la “mise en place”: un plato con la leche aromatizada, las galletas, la crema de nata y el recipiente donde vayas a montar tu tarta. 

Moja las galletas en la leche (yo le añadí un chorrito de ron, también, anís le quedaría muy bien) y cubre el recipiente con las galletas empapadas –no mucho, pues luego, quedaría demasiado blanda-.
Napa (cubre) con la crema y, así, ves incorporando una tanda de galletas, una de crema, hasta que las galletas se te terminen. Yo la hice finita en esta ocasión, de tres pisos.
Para terminar,  una tanda de crema y coco rallado espolvoreado. Déjala reposar en la nevera unas horas y estará lista para su disfrute.

He de decir que el nombre viene del postre Cielo de Nata, que una amiga me contó en una comida campera. Se trata de una mousse de nata y leche condensada con polvo de galleta. Partiendo de esta sugerencia, hice esta tarta que, incluso, podríamos llamar “Nevadita”, pues recuerda a un paisaje nevado. Decir que es un postre delicioso, delicado, sencillo y muy dulce, por lo que es perfecto para acompañar a un buen café sólo o un cortadito ¡Es el bombón perfecto!

Sin más, anímate a hacer “tú tarta de galletas”, porque tan sólo necesitas galletas y, a partir de ahí, lo que más te guste…. Seguro que te queda deliciosa y, eso sí, cuanto más reposadita más rica, jeje… Además, es una receta de fácil elaboración, ideal para hacerla con los más peques.

Antes de finalizar, una pequeña observación: nunca probé una tarta de galletas igual, aunque esta fuera la misma (galletas, crema y chocolate). Señal, sin duda, de que podemos hacer la misma receta, sí, pero la energía y el amor con que la elaboramos es muy personal y ello se nota en cada bocado.

lunes, 6 de octubre de 2014

RECETA DE PAN Y ALGO MÁS


Amasar, sentir y disfrutar la Vida 

Una vez más, tengo que aplaudir a esos planes que, un tanto inesperados, llegan sin más y que no pasan desapercibidos. Justamente, ayer, disfruté de uno de ellos, y todo, gracias al PAN

“Vamos a hacer Pan”, así fue como se inició mi tarde del domingo, tras aceptar la invitación de mi prima María, entusiasmada con aprender a hacer pan y disfrutar de un almuerzo, en casa de una gran anfitriona, Rocío. Tres colores definen la tarde de ayer: el Verde, el Naranja y el Azul. Así que, no sólo voy a dejaros la receta del Pan, voy a contaros cuál es su secreto, ése que hizo que mi desayuno de hoy fuera tan especial. 

Todo empezó con un almuerzo con D.O “verde que te quiero verde”, ya que, juntas, cocinamos un menú que, además de saludable, fue delicioso: ensalada de col y manzana, con una vinagreta de miel, sésamo, nueces y pasas; tofu a la plancha con soja; humus “Rocío Style” y, de postre, galletitas de arroz y té verde. Tras éste, dimos paso a la esperada Sobremesa, esta vez, activa y productiva, pues llegó el momento de amasar y de tomar nota: 

Receta de Pan de Centeno:
  • 60% harina integral de trigo (3 partes)
  • 40% harina integral de centeno (2 partes)
  • 25 grs. de levadura fresca
  • ½ taza de aceite de oliva
  • 1 l. de agua tibia
  • 10 grs. de sal (1 Cda.)
En esta ocasión, la harina es de Rincón del Segura, empresa que practica una agricultura  ecológica, totalmente natural, sin abonos químicos ni pesticidas.

Elaboración: calentar el agua en un cazo (30º) y añadir la levadura hasta diluir. Añadir el aceite y el agua. Por otro lado, mezclar las harinas en un recipiente e ir añadiendo el agua, poco a poco, mezclando al mismo tiempo, hasta que quede una pasta homogénea sin grumos. Amasar bien y, si es con música mejor -eso nos decía Rocío-; a medida que se va trabajando la masa, va creciendo, señal de que la levadura está haciendo su trabajo –fermentación-. A continuación, colocar la masa en un molde (previamente engrasado y enharinado), cubrir con un trapo y dejar reposar a Tª ambiente  (25º/30º) hasta que suba su volumen, al menos, durante 1 hora. Finalmente, hornear a 180º hasta que esté listo (30 minutos). 

Así, se hizo el pan, en un ambiente cálido, con música de fondo e intercambio de opiniones de las allí presentes (Rocío, su hermosa hija, Raíz, mis primas María y Belén y Sinestesia). A todo esto volví esta mañana, cuando me dispuse a desayunar: tostadas con miel de mi tierra "Extremiel", D.O Villuerca Ibores”, y queso crema, también le añadí un poquito de aceite de Castillo de Canena. Sin duda, un bocado delicioso, esponjoso y gratificante. 

Sin más, sólo puedo decir, que el secreto está en el Amor que ponemos en nuestras obras; la energía y las buenas vibraciones no se las lleva el viento, forman parte de nosotros. Antes de cerrar este escrito, mencionar también que reunirse para, charlar, almorzar y cocinar es una tradición que deberíamos potenciar e inculcar ¡Nuestra salud nos lo agradecerá!

PD: la receta del Pan es de Rocío Martín, terapeuta de Sonido y Doula, quien nos enseñó mucho ayer, no sólo esta receta. Entre otras cosas, comentamos un video de la conferencia de Odile Fernández, sobre alimentación anti cáncer, que es más que recomendable y que os animo a ver. Al igual que la labor de Rocío que, a través de su espacio ayuda a sanar los procesos de la naturaleza femenina. Para más información: http://terapiasonidofemenina.wordpress.com/ 

¡A comer sano y hasta la próxima! :)

sábado, 30 de agosto de 2014

DULCE REMINISCENCIA


Pestiños Extremeños 

Supongo que todos tenéis, en vuestro baúl de la infancia, dulces y salados recuerdos, más o menos similares, según tradición, localidad, época… Así, el típico bocata de nocilla, las galletas con mantequilla, las rosquillas… Aquellas esperadas meriendas que,  tras la escuela, nos daban energía para no parar en toda la tarde. Nos olvidamos de muchas cosas, pues son muchas experiencias, que están ahí, forman parte de nosotros y es fascinante como los sabores pueden trasladarnos a ellas. Así que, los sabores son buenos compañeros de viaje, desplazándose en tiempo y espacio. 

Todo esto viene porque, hace unas semanas, volví a comer los típicos pestiños de mi pueblo ¡me encantan! Cada zona los elabora de una manera y, como soy golosa, todos me suelen gustar, pero éstos son mis favoritos. Comerlos me trajo dulces reminiscencias, entrañables tardes en familia, yendo aquella orza del altillo, para pillar uno más.

Y, he aquí, este escrito, esta apreciación sobre el poder de los sabores. Afortunada fui, porque, no sólo los comí, sino que, esta vez, también pude aprender a hacerlos, en familia y a la antigua usanza, en la casa del campo. Hay muchas recetas en la red, pero todas distintas y con sus matices, así que, hoy, por si queréis entrar en faena, aquí os la dejo:

Receta Pestiños Extremeños (Barcarrota, Badajoz)

Ingredientes
3 kg de harina
1l de aceite de oliva y otro de girasol
1 paquete de canela en rama
60 grs. de matalauva (2 botecitos)
60 grs. de clavo
2 vasos de Anís
½ l de miel
200 grs. de azúcar
1 litro de agua
Cáscara de 2 naranjas y un limón

Elaboración

Infusión aromática: en un cazo, añadir el litro de agua, junto con un bote de clavo y el de matalauva, 2 ramas de canela, y la cáscara de una naranja y medio limón. Llevar a ebullición y retirar sin dejar que hierva, reservar hasta enfriar. Haremos lo mismo con el litro de aceite de oliva, es decir, lo pondremos al fuego con las especias (1 bote de matalauva y de clavo, canela en rama) y las cáscara de naranja y limón. En este caso, no se debe llevar a ebullición, si no que se calienta a una temperatura media hasta que la cáscara de naranja esté tostada. Retirar y dejar que atempere un poco.

Jarabe de miel y anís: calentar el anís junto con la miel hasta que empiece a hervir. Retirar y reservar para enmelar los pestiños.

Masa de pestiños: en un bol grande o mejor un baño, incorporar el harina y añadir el aceite infusionado aún caliente (ya colado), mezclando con cuchara de madera. A continuación, añadir, poco a poco, el agua aromatizada, para ir trabajando la masa. Hay que amasar bastante hasta que la masa no se nos quede pegada en las manos, para poder formar los pestiños fácilmente y evitar que se abran al freírlos. Cuando esté, nada más queda darle formas y, ya sabéis, según os guste, pero aquí, en mi pueblo, son como tirabuzones.

Finalmente, freír los pestiños en abundante aceite de girasol. Una vez fritos, enmelar, escurrir y pasarlos por el azúcar.

Os animo a hacer esta receta y mejor en compañía; pasaréis un buen rato y los haréis mucho más rápido, porque una vez que os ponéis, es aconsejable hacerlos con estas cantidades (con los 3kg de harina, salen unas 8 docenas). Los pestiños se conservan muy bien, es más, a los 3 o 4 días estarán mucho mejor, pues están más rendidos y todo le sabe mejor.

Observación: hay a quienes les gustan muy hechos y a quienes, como es mi caso, nos gustan un poquito “cruditos” por dentro. Pues bien, no es cuestión de que estén más o menos fritos, si no que el truco está en la forma que tengan. Si nos gustan más jugosos, hacerlos más gorditos; más secos, más aplastados y finos.

Me gustó volver a comer pestiños, volver a recrear en mi mente aquellas tardes de verano, en el campo, revoloteando con mis primos y yendo con la sonrisa a pillar uno de aquellos pestiños. Un brindis por las dulces reminiscencias, siempre tan bienvenidas y apetitosas. 

PD: curiosamente, encontré una receta de pestiños en inglés, en su versión jerezana.

Y nada más, no seais pestiños y sonreír a la vida. 

miércoles, 20 de agosto de 2014

COCINAR Y VIVIR, DOS CARAS Y UN DESTINO


Recetas de vida

Días, muchos días han pasado desde mi último post, sintiendo nostalgia, echando de menos contar mis aventuras, ésas que solían brindarme un agradable retrogusto y que tanto me gustaba transmitiros. Obviamente, no he dejado de caminar, pero, con distinta pauta.

Como sabéis, un día decidí dejar Madrid y darme la oportunidad de vivir una experiencia  distinta, dejando todo para irme una temporada a Zimbabwe. No sabía por qué, pero, no quise pensármelo mucho y, sin darle más vueltas, compré el billete, así ya, no habría vuelta atrás. Simplemente, sentí  que tenía que ir y, ahora, sé cuánto bien me ha hecho. Los aventureros  viajeros suelen decir que “cuando empiezas, no paras, es como un vicio”, algo así, vino a decirme mi amigo Paco en una ocasión y, vaya, sí que es cierto.

Después de vivir en África, me fui a Londres y, tras un año en Inglaterra, decidí pasar una temporada en mi tierra, Extremadura, y, es aquí donde estoy, en mi pueblecito, Barcarrota. En uno de mis ratos al sol, me vino a la mente una reflexión “Raquel, será que te gusta vivir como cocinas…” y acto seguido estas palabras; 

Cocinar y vivir, dos caras y un destino,
sin receta, sin pausa,
con un mismo fin “disfrutar sin más”
y la indecisión del toque final, que, 
habrá que probar y comprobar.

Y, he aquí la conexión, vivo y cocino de la misma manera, sin receta, despejando la mente, para que la creatividad me guíe, dejando cabida a la espontaneidad y disfrutando del Mágico sabor que ésta nos suele dejar. Siempre hay unas bases, unas reglas, por supuesto, pero, a veces, es muy positivo salirse del “camino” y aprender a mirar desde otra perspectiva. 

A lo largo de nuestra vida, se nos presentan muchas bifurcaciones y, constantemente, estamos tomando decisiones y, la duda, nos suele chinchar de vez en cuando, pero, ahí es donde me acuerdo de eso de “conectar puntos”, esa manera de ver que nos mostró  Steve Jobs, cofundador de Apple, y que como él mismo decía “No puedes conectar los puntos (las experiencias significativas de tu vida) mirando hacia delante, tienes que hacerlo mirando siempre hacia detrás”. Confío en esto y, mientras voy avanzando, voy entendiendo las conexiones. 

Mi próxima aventura está por llegar, aún es un misterio y estoy entusiasmada con hacerle frente; mientras, disfruto cada día, con mi gente, mis enredos culinarios y mis sueños.
 

Sin más, dar las gracias a Sinestesia Gastronómica, por las alegrías y la compañía que me ha dado, por la gente que me ha presentado. Quiero seguir fusionando los sentidos, perdiéndome entre especias y haciendo amigos. A ellos, les dedico esta pequeña reflexión, pero, sobre todo, a una  chica entusiasta y soñadora, cuya fortaleza y alegría, hacen frente, día a día, a un nubarrón que se le ha plantado en el camino. Admirada y afortunada me siento de ser tu prima. No dejes de soñar, por muy loco que pueda parecer ¡tu sueño se cumplirá! Porque, otra cosa no, pero, lo cierto es, que la realidad es consecuencia de nuestros pensamientos. Así que, puede ser, que Tempo Music sea ese primer punto.

PD: las dos primeras fotos son productos Extremeños, preciosa puesta de sol y los dulces de Marabé, la pastelería más antigua de Barcarrota y autora de dar dulzura a nuestra infancia. La última imagen encierra alegría, aventura...todo, es de una de mis últimas noches en Victoria Falls.


Sed felices