Un día en Barcelona

La última semana de julio hice una escapadita a Barcelona, más concretamente a Villafranca del Penedés, para visitar a mi familia de allí. Pero me desplacé a la Ciudad Condal en dos ocasiones. Una para la reunión de gastroblog, que relaté en el post anterior; y otra para disfrutar de la ciudad y conocer algunos de sus encantos. En esta segunda visita estuve guiada en todo momento por una guía experta “mi prima Cristina” (nacida en Barcelona y guía turística de profesión). Toda una suerte contar con su compañía, además es muy divertida y no deja que te aburras ni un instante. Para mi sorpresa, Oriol –el chico de Cristina- es un sibarita gastronómico por afición; nos pusimos a conversar y me recomendó un montón de sitios interesantes, lástima que sólo me quedaría un día – ellos se iban a un camping a la Costa Brava. Así que os voy a contar mi día en Barcelona, sabiendo que tendré que regresar en más de una ocasión para disfrutar de la Barcelona histórica, cultural, nocturna y gastronómica.

Breve y amplia visita; “el tiempo cunde cuando se aprovecha” Hora de llegada: Jueves 23 a las 17.30 h./ De salida: Viernes 24 a las 15.00 h.

Día 1: un atardecer en la ciudad

Hice mi entrada por la Plaza de Cataluña donde quedé con mi prima Cris en un punto clave de quedadas “La Puerta del Corte Inglés”, no tuve pérdida. Primero caminamos por el Paseo de Gracia y pasamos por la Pedrera de Gaudí –impresionante-; de bajada entramos en el barrio gótico, pasando por la Catedral, la Plaza de Sant Jaime y de ahí nos fuimos callejeando hasta el barrio del Borne. Por cada sitio que pasaba mi prima algo explicaba –jeje-. En el Borne vimos la Iglesia de Santa María del Mar, una de las más reonocidas de estilo gótico en el mundo. Paseamos por la calle Argentaria, calle Montcada y, finalmente, nos sentamos en una terracita en el Paseo del Borne (Taberna del Borne) y nos reunimos con los amigos de Cris. Varias rondas de birras cayeron por allí.

Caída la noche, decidimos levantar nuestros traseros y buscar sitio para cenar algo; ¡yo dónde me lleven! –era mi lema-. Todos parecían estar de acuerdo, querían tomar pizza –menos Oriol que a lo bajito me decía “anda que… avísame para la próxima y nos planificamos una ruta gastronómica en condiciones”. Lo tendré en cuenta, jeje…

Pero esta vez fuimos al Pizza and Love (Carrer del Fonollar, 2. Tel. 932 955 491) en el barrio Gótico. Aquí la idea es tomar “pizza al taglio”, es decir “al corte”. Yo tomé la Parmigina (berenjena y parmesano) y la Tartufo (patata y trufa). Sinceramente, me gustaron mucho; acertaron llevándome allí (pensé: si no hubiera venido con gente de Barcelona, no hubiera descubierto un sitio así). Acompañé las pizzas con una cerveza catalana “Moritz”, fresquita y suave. Y cené por 8 euros, así que ni “pintao”. Este sitio merece una visita, además en verano puedes disfrutar del sabor napolitano en la terracita al aire libre. Aunque el interior del local merece un vistazo “una sola mesa alargada en el centro con bancos móviles a cuadros grises y rojos”, sin duda un local moderno y divertido para tomar pizzas y otras delicias italianas. Cris y yo nos marchamos a casa; ella vive en Horta (zona norte de la ciudad más cerca de la montaña -25 min. en bus-).

Día 2: para terminar con un mediodía de pintxos y tapas

Como siempre, este viernes 24 de julio también me caí de la cama sin querer “a las 8 ya estaba en pie”; pero no salimos de casa hasta las 10.30 h. Cogimos el metro hacia la Plaza de Cataluña. Mientras que Cris me decía “tienes que venirte un finde entero para enseñarte más cosas”, me llevaba de un “lao pa otro”, menos mal que estoy acostumbrada a caminar horas y horas. Estuvimos por El Paseo de Juan de Borbón, Las Ramblas, el Teatro Liceo, el Puerto, el barrio El Raval (al oeste de las Ramblas; histórico y con gran personalidad). También echamos un vistacillo a las tiendas de moda y zapaterías “pues los escaparates incitaban a entrar”.

Mi obsesión era ir a La Boquería (La Rambla, 90), así que allí fuimos.

Una vueltecilla rápida por el poco tiempo que me quedaba; estaba a rebosar de gente. Gran colorido y aromas varios percibe uno al entrar en este mercado donde puedes encontrar casi de todo. Me sorprendió el puesto de frutas, parecía un bodegón “tan bien colocado y con intensos colores que clavé mis mirada en él por unos instantes”.

Tenía que probar algo y opté por un jugo de papaya y coco –muy rico, contundente, pero tenía que haber estado más fresquito-.

¡Las especias también tenían protagonismo!

Volvimos a las Ramblas. Cris se acordó de un sitio muy chulo que había que ver “El Bosc de les Fades” (Passatge de la Banca, 5): desde que entras te adentras en la magia de la noche, de las hadas, los cuentos, la penumbra y la relajante música. Pensábamos que estaría cerrado –era la 1.30 de la tarde-, pero no, pude verlo. Eso sí, tengo que volver a tomarme una copa bajo el encanto de este bosque encantado.

Llegó la hora de tapear y volvimos al Borne. Primero hicimos parada en “El Golfo de Bizcaia» (Carrer de Vidriera, 12) donde nos tomamos pintxos varios y después nos pasamos por el Xampanyet (Carrer Montcada, 22), un mítico y popular bar de la ciudad, se nota nada más entrar.

Local pequeñito, agradable, bullicioso y lleno de vida y parada obligada si visitáis la ciudad. Oriol, el novio de Cris, es muy conocido allí, pues estuvo de pinche de cocina en sus años de estudiante; así que me dejé aconsejar por él. Degustamos: barcelonetas (me explicó que es como le llaman allí –en el bar- a las anchoas enteras sin desespinar, patatas con ali oli, aceitunas rellenas y pimientitos de bacalao. Para refrescar tomé un “xampanyet” (vino espumoso semi dulce).

Me explicó Oriol que aquí todo son tapas de conservas, pero de máxima calidad, y las tapas que no son conservas son caseras “pero elaboradas fuera del restaurante”, todo llega preparado, pero los proveedores son de lujo. Volveré.

Como dice el dicho “lo breve dos veces bueno”.

Un día maravilloso gracias a Cristina y Oriol que me acogieron y despidieron con una gran sonrisa. Os espero en Madrid.

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