sábado, 23 de mayo de 2009

La Broche

Excelente puesta en escena: “el lujo de un buen servicio”


Ángel Palacios y Jesús Cobo recrean cada día una obra

donde el comensal es el principal protagonista


El pasado jueves tuve el placer de ir al prestigioso restaurante La Broche (C/ Miguel Ángel, 29. Tel. 91 399 34 37. Madrid). Desde que llegué a Madrid, visitar este restaurante era uno de mis sueños, ya que Sergi Arola (director de la obra durante toda una década) era uno de mis cocineros favoritos. El tiempo pasa, todo se renueva y La Broche también ha evolucionado. Mis sentidos estaban entusiasmados, inquietos y maravillados por descubrir las sensaciones que esta renovada obra ofrecía.


Eran las 21.20 h. cuando Carmen y yo nos adentrábamos en el restaurante. La elegancia y luminosidad nos dejó perplejas; el sol ya se había puesto, había caído la noche, pero el escenario irradiaba luz por doquier, el blanco estaba presente en todas partes. Nos recibió Jesús Cobo, maestro de la sala, y nos acomodó en nuestros asientos; una mesa al fondo y frente a la ventana, buena elección. Antes de abrirse el telón pasamos a saludar a Ángel Palacios, chef del restaurante, sencillo, amable, encantador. Le dijimos que nos fiábamos de él, que nos preparara un menú, pero nos aconsejó que viésemos la carta por si había algo que no quisiéramos dejar de probar.


Regresamos a la mesa y nos dejamos llevar. Mientras leíamos la carta todo se ponía a punto, nos presentaron las sales y un exquisito aceite de Toledo, los aperitivos canutillos de cerdo adobado, esponja verde de queso, crujiente de pistacho y chips de tortilla-, sin olvidarnos de la selección de panes que ponen a tu disposición. Pasados unos minutos, Jesús nos tomó la comanda: “lo que nos ponga Ángel”, dijimos, incluyendo el taquito de atún que nos recomendó Jesús. Y en función del menú la bebida, nos hicieron un perfecto maridaje; cava de cosecha familiar para comenzar.



Enseguida empezamos con los entrantes, “efecto sorpresa” como si de un huevo kinder se tratara. Iniciamos el menú con un carpaccio de atún con sorbete de pepino; curiosa combinación y confusa para mí “el intenso sabor a pepino quitaba demasiado protagonismo al carpaccio”. A continuación, habitas verdes en texturas “exquisita presentación, increíble textura, sabor con falta de gracia”. Cerramos los entrantes con una escalibada -podíamos decir que "desconstruída"- donde predominaba la suavidad de los flanes en diversas formas y colores, de berenjena, pimiento y el toque de bolitas de nieve "tapioca" con sabor a cebolla.


Pasamos al primer acto y comenzamos con un gazpacho de fresas y langostinos; elegante plato, un tanto aburrido, que debía haber estado más frío. Hasta aquí la introducción y un aplauso al equipo.



Vista, oído, tacto, gusto y olfato estaban ya entrenados cuando dábamos paso al segundo acto “el taquito de atún nos saludó”; elegimos bien, estaba en su punto, jugoso, sabroso y la guarnición de hortalizas la hacían buena compañía, además, el jugo de atún potenciaba aún más su sabor. En el tercer acto hizo la reverencia el “Foie con remolacha en texturas”; perfectamente cocinado estaba este hígado de pato, pero un toque de flor de sal no le hubiera venido nada mal. Os aconsejo que probéis el Foie con reducción de oporto o Pedro Ximénex, glorioso bocado. Sabor que suplió el estupendo vino que nos sirvieron, un blanco dulce de uva pasa.



El tercer acto estaba reservado para el dulce.

En este caso con marcado sabor a chocolate, puesto que se componía de una combinación de cacao: variantes texturas, sabores y colores de este placentero producto. Buena presentación: esfera de manteca de cobertura sobre migas de bizcocho de chocolate, que nos sorprendía con un interior de crema de trufa. Un postre para los amantes del chocolate.


Contentas, comentando la obra y con la panza llena estábamos las dos espectadoras, cuando entraron los “petit fours” y a todo dar: nos presentaron un carrito lleno de tentaciones dulces y nos dieron a elegir Probamos peta zetas de chocolate, trufas de jengibre –las más ricas- y choco kikos. Ahora sí, un aplauso por favor.


Y así fue mi experiencia en La Broche, una combinación de elementos bien dirigida, donde instrumentos, iluminación, sonido, personajes, diálogo y contenido recrean una experiencia única para sentarse, acomodarse y disfrutar de tan satisfactorio espectáculo.


¡Gracias Carmen por brindarme esta oportunidad y disfrutar de tu compañía!

domingo, 10 de mayo de 2009

Con amigos y un buen vino éxito seguro


“Cenar en buena compañía, un ingrediente gourmet”


Ayer fue una noche especial: momento de reencuentros y la mesa lista para comenzar una linda velada. Esto sucedía anoche en casa.

Pasadas las 22.00 h. tocaban al timbre mi amigo Manuel y su mujer, no me lo podía creer, habían pasado 4 años desde la última vez que nos vinos. 10 minutos más y din don, “comida china” dicen por el telefonillo; indudablemente eran Pablo y Marisa, la sal de la vida. Hice la presentaciones correspondientes y me volví a la cocina, quedaban algunas cosillas por ultimar. Mientras nos organizábamos llegó Mario, mi chico.

El menú lo ideé esa misma mañana, invenciones que iba a plantar en la mesa en primicia, quizás estaba arriesgando demasiado, pero esto es algo habitual en mí. Aquí os dejo los platos que degustamos:

Para abrir boca
Guacamole “a mi manera” con nachos


Embutido ibérico de la Dehesa Extremeña
Cestitas de trigueros, setas y jamón con mahonesa de ajo

Pasta de Italia
Ensalada de tagliatelle con trucha ahumada, detalle de caviar y salsa de yogurt


De mi tierra
Montaditos de solomillo y patata regados con salsa agridulce

De postre un regalo de Uruguay


Mousse de dulce de leche “regalo de Sole”
con helado de yogurt griego y anacardos

Tengo que decir que esta vez me organicé mejor que otras veces y tenía todo a punto, mi única inquietud era saber si había acertado con los platos. El embutido habló por si sólo, digo yo que les gustaría porque desapareció en un periquete (siempre es un acierto, no hay buena despensa sin embutido). Al igual que el Guacamole: los nachos encantados de vestirse de verde. Llegó la hora de servir las cestitas ¡no me quedaron tan vistosas como esperaba!, pero de sabor estaban buenas, eso me pareció.

Entre plato y plato, dos compañeros de la barra estaban triunfando, la cerveza y el vino. Cerveza “la mahou de siempre” y el vino a elección de mis amigos, puesto que lo pusieron ellos. Una cosa me quedó clara, el Ribera del Duero gustaba a todos. Manu y Sole nos trajeron un EMINA 05 “tinto reserva y excelente en boca”; Marisa y Pablo optaron por MANTRUS “tinto de crianza que no tenía envidia alguna a su compañero".

Nos reímos mucho “lo temas de conversación no daban cabida al aburrimiento, variopintos donde los haya”, aunque yo me descolgaba a ratos –no se me olvidaba la cocina estaba en mis manos-. Lo pasamos en grande y creo que las cositas que hice les gustaron, aunque yo mejoraría cosas “de mis propias recetas”, siempre pongo pegas, pero estaba rico.

El postre nos atrapó y despidió con dulzura

Días antes de la cena hablaba con Manu y me dijo que su mujer hacía un dulce de leche exquisito. Yo en postres ando un poco coja, así que le dije “no estaría mal probar dulce de leche de Uruguay, además de ser ideal para acompañar con helado –es lo que iba a comprar-“. Ese fue el postre. Pero, no os lo podéis ni imaginar, todos repetimos más de una vez, estaba increíble “un vicio muy peligroso”; la misma Sole nos decía “está muy rico, pero es una bomba”. Nos daba igual, seguimos endulzándonos hasta darle fin. Ya le dije que quiero la receta de esa mousse, es todo un AS para guardarse, estaba realmente deliciosa.

Una cosa más, ¿sabéis qué es el Merkén?


Hasta ayer desconocía este producto. Un regalito de Marisa y Pablo que me habían traído de su viaje a Chile el pasado mes de enero. Me encantó la funda donde venían estas especias: una bolsita de rayas perfecta para usar como monedero, jejeje. Aún no lo he probado, pero no tardaré en hacerlo. El merkén es un aliño chileno picante y aromático, hecho a partir de ají cacho de cabra seco y ahumado, que se muele junto a otras especias(semillas de cilantro) y sal. “Como el pimentón de aquí, pero picante” me decía Marisa. Lo probaré y os contaré.

Ésta fue mi gran noche de ayer. Sin duda, cenar en buena compañía es un lujo al alcance de todos los bolsillos.

Gracias a todos por venir, ¡espero veros muy pronto!

domingo, 3 de mayo de 2009

RESTAURANTE JAPONÉS NAOMI

Sentirse en casa “a la nipona”,
hogareño para visitar y disfrutar


Primer domingo del mes de mayo, día de la madre, sol radiante, terrazas a rebosar, tapa y caña que no falte. En este contexto os contaré mi experiencia de ayer noche. Teníamos reserva para cenar en Naomi (C/ Ávila, 14. tel. 915 722 304) y allí estábamos con puntualidad inglesa a las 11 de la noche. He de decir que este restaurante cumplió en septiembre 34 años desde su apertura en la capital, siendo pionero en introducir el sushi en Madrid.

Llevaba días con “antojo” de comida japonesa, además, hace ya unos meses que me hablaron del restaurante Naomi. Me dijeron que había un restaurante típico nipón por el barrio de Tetuán y que merecía la pena visitarlo. Lo que no me podía ni imaginar era que a diario pasaba por la puerta del susodicho, ni me había percatado de que eso era un restaurante, ¡a dos pasos de mi casa lo tengo! La fachada pasa totalmente desapercibida, parece el portal de una casa, a excepción del cartel que se vislumbra en la puerta –por lo visto, estos carteles son el DNI de los restaurantes japoneses-.

Al abrir la puerta “de la casa” pasas a un pasillo muy pequeño, como un recibidor, la segunda puerta te adentra en el restaurante. Sorprende por su sencillez, es como las casas de comidas de antaño –un tanto cutre se puede decir, pero ahí está su encanto-. No hay lujos, ni casi espacio y tres posibles formas de sentarte: en la barra con taburetes, al más puro estilo oriental “mesas bajitas con cojines y sin zapatos” y en mesas a lo español. Nosotros tuvimos suerte, no tocó la zona vip, frente a la barra en las mesas japonesas, ya estaba emocionada y aún no había comenzado la aventura.


Para en empezar nos trajeron una tapa de atún macerado en soja, que disfrutamos con unas cervezas japonesas; yo me pedí la más suave “Asahi” y Mario optó por una más fuerte “Kirin”. Ojeamos la carta teniendo claro que sashimi teníamos que pedir. Así que al final nos inclinamos por unos tallarines de soba al curry, sashimi variado, temakis y de postre , helado de judía roja acompañado con infusión de té verde. Bueno, nuestro viaje oriental comenzaba con el manejo de palillos “menos mal que en casa acostumbramos a comer con éstos cuando el plato lo merece”, pero había que comer tallarines, uy uy… Prueba superada. Estaban buenísimos, intenso sabor a curry y un tanto picantes, poca cantidad. A continuación, llegó el esperado sashimi: pescado crudo cortado finamente de salmón, atún rojo y lubina acompañados con wasabi, jengibre, rábano rallado y salsa de soja. Excelente el sabor del pescado, se deshacía en la boca. Después llegaron los temakis de toro (el rey de los atunes); éstos se comen con la mano, son una especie de cucuruchos de alga rellenos de arroz y otros ingredientes (atún en este caso). Nos dijeron “comer con mano y mojar en soja” y así hicimos. De postre probamos el helado de judía, queríamos probar el de sésamo pero estaba agotado; muy bueno el sabor, pero no estaba bien conservado, tenía algunos trocitos de hielo, aunque al ser casero pudiera ser que no le añadieran glucosa “ésta evita la cristalización del helado”.

La carta de Naomi es suficientemente amplia “ya que todos los platos son tradicionales y al más puro estilo japonés” –otros restaurantes de la capital introducen recetas más novedosas, toques más creativos e introducen otras influencias orientales-. Cuenta con pescados y carnes cocinados: tonkatsu (lomo de cerdo empanado), tendon (langostinos en tempura con arroz), magret de pato en soja semidulce, etc. Me llamaron la atención entrantes como requesón de soja frita en salsa, nabo macerado y atún crudo en soja fermentada. En cuanto los sashimis y el sushi (makis, yasaimakis, temakis, futomakis, niguiris…) la oferta es similar a la que encuentras en otros restaurantes de este tipo, claro la presentación no tiene nada que ver. Y es genial ver cómo el sushi man elabora los sushis allí mismo tras la barra de la sala.

No puedo dejar de comentaros cómo es la vajilla en este lugar, platos pequeñitos con dibujos japoneses, sencillos, poco glamourosos, sin duda, un distintivo más de este restaurante. Eso sí, los postres son muy limitados, sólo ofrecen helado de té verde y judía roja, mousse de maracuyá y flan de café.


Os resumo mi visión: Naomi un sitio que descubrir, comida excelente, buen servicio, acogedor, diferente sin lujos ni tapujos, limpieza, grata experiencia. Volveré para probar otras platos nipones, me dejé muchos en el tintero y teniéndolo debajo de mi casa es una tentación irresistible. Además el precio es otro punto favor, la cena nos salió por 43 €, es decir, unos 20 eurinos por barba. Por lo que he leído, en los últimos años ha encarecido sus precios, pero de todas formas creo que es de los más económicos de Madrid.

Observación: hay dos turnos en la cena, a las 9 ó a las 11, mejor ir con reserva previa, si no probablemente os quedéis con las ganas. Y os aconsejo ir mejor en el primer turno, la soja, el wasabi, y otros condimentos son fuertes y pesados, mejor cenar prontito, el estómago y tu digestión te lo agradece. Ah, también es aconsejable terminar la comida con una jarrita de sake, por lo visto se sirve caliente y es suave y digestivo.

Restaurante Naomi
Dirección: Ávila, 14 Madrid
Tel. 915 72 23 04
Horario: cerrado sábados a mediodía y domingos
Precio medio: 20-30 €