“Entrenador profesional, cocinero vocacional”
Hace unos días, Mario me comentó que su amigo Alberto nos invitaba a cenar el viernes. Además, me informó de su afición por la cocina, que le gustaba hacer elaboraciones creativas y que le encantaba probar cosas nuevas, diferentes. Así que, por mi parte, pensé en llevar algunos aperitivos que luego veréis.
Llegó el viernes, la hora de cenar, Mario y yo apunto de tocar el timbre de la casa de Alberto y Valle. Din, don… la puerta se abrió y allí estaban todos los invitados, nosotros fuimos los últimos en llegar. Se hicieron las presentaciones correspondientes y yo me adentré en la cocina –tenía que terminar de montar mis aperitivos. Alberto ya tenía todo listo, sólo le quedaba emplatar. Yo estaba sorprendida, el “chef” tenía todo organizado, toda clase de artilugios culinarios y un perfecto menaje. Dedicación, perfección y entusiasmo podían verse al observar al anfitrión.
Todo un festín para disfrutar y saborear
Pasados unos minutos, todo estaba listo y nosotros bien acomodados. No faltaba detalle, una mesa muy sonriente y apetecible nos estaba saludando. Como entrantes, disfrutamos de una jugosa tortilla de patatas, saludables brochetas de mozzarella, melón con tomate cherry y rollitos de tortilla rellenos de philadelphia y caviar con salsa agria (una de las aportaciones de la que teclea).

Seguimos con los entrantes calientes, mis dos últimas notas culinarias, unas tostas de morcilla extremeña con cebolla caramelizada y cestitas de patata al roquefort. Creo que acerté con los inventos, porque a todos los comensales les gustó mucho, ¡qué alivio!: como siempre ando haciendo “experimentos”, siempre espero la respuesta del que lo prueba.
A continuación, llegaba el primer plato “tartar de atún rojo sobre guacamole”. Muy buena presentación y un agradecido sabor, delicioso, impecable elaboración. Sinceramente, disfruté mucho con este plato, dos de mis alimentos preferidos combinados a la perfección, sin duda, todo un acierto.
Cuando nuestros estómagos ya estaban casi saciados, llegó el plato principal “mini hamburguesa con falsas patatas y crujiente de queso”. Un bocado tradicional e innovador que tuvo mucho éxito, sobre todo las aparentes patatas fritas –era plátano frito-.
Nuestros rostros pasaron del asombro a la felicidad, tras los manjares que desfilaron ante nuestros sentidos, y llegó el turno de los postres. Alberto nos avisó que aún nos quedaban dos jugadas dulces –madre mía, si algunos ya estábamos repletos-, así que había que hacer hueco. El tiramisú hizo el saque de honor y fue muy aplaudido: cremoso, suave y ligero. Y unas “brevas” con chocolate pitaban el final de esta amigable cena; reinas morenas y del tiempo lucían elegantes, pero me resistí a probarlas, mi cena acabó con el tiramisú.
Como habréis podido observar, la comida excelente y un servicio de agradecer “Alberto se preocupó de que no faltara nada, estaba pendiente de todo”.
Y no me olvido de la bebida, pues también estuvo a la altura del menú: un vino blanco “un tanto achampanado” , cuyo nombre no consigo acordarme, acompañó al tartar de atún; mientras fueron los tintos quienes permanecerían hasta el fin de la velada. Nos iniciamos con un tinto joven con crianza “Pétalos del Bierzo
Continuamos con un Rioja “Viña Valoria crianza
Finalmente, sólo me queda dar las gracias a Alberto y Valle por acogernos en su casa y brindarnos esta espléndida velada. ¡Quedamos gratamente sorprendidos!
































