domingo, 25 de abril de 2010

MESÓN CUBANO, SABROSA SENCILLEZ

Espero que algún día pueda cruzar el charco y viajar a México, Cuba, Venezuela y más muchos otros destinos que tengo en el tintero. Pero, mientras tanto, disfruto de la cocina internacional que nos ofrece Madrid; a veces la busco, a veces se me presenta ella misma como pasó con el protagonista de hoy. Sin llamar la atención, y con cierto disimulo, en el número 4 de la calle Sandoval tenemos el Mesón Cubano. Unos días han pasado desde que pasé por allí. No conocía el sitio y mira que viví 3 años por la zona; por suerte, unos amigos de mi chico organizaron allí una cena y así fue cómo descubrí el lugar.

Nada más entrar percibes la calidez del ambiente, apoyada por un estilo desenfadado, colorista, sencillo, sin pretensiones. Sin más, apetecía sentarse y pasar un buen rato con los amigos. Inés, la anfitriona y por quien nos encontrábamos allí, pidió unas cuantas raciones “típica comida cubana”, para compartir. Nos fiamos de ella, pues estuvo trabajando aquí durante algún tiempo, así que le dijimos “pide lo que quieras”.

La mesa empezó a tener ritmo; las primeras notas las pusieron la Yuca con Mojo (4 €) y la ropa vieja (9 €); algunos esperábamos la yuca frita y un cuenquito con mojo “recordando las papas arrugas con mojo canario”. Sin embargo, nos saludaron unas “patatas” gruesas de yuca, aspecto brillante, textura crujiente, intenso sabor apreciándose el cítrico del limón. Un bocado muy recomendable y que se come solo. La ropa vieja cubana no es un plato “reciclaje” del cocido sobrante; en Cuba es un plato de estreno con carne deshilachada de la falda de ternera y salsa de tomate, en la mayoría de las veces acompañada de arroz.

A continuación fueron llegando: lonjas de cerdo asado, picadillo habanera, alitas fritas… picoteo de ésos que enganchan, casi como los frutos secos, uno no sabe cuando parar.

De su cocina, pude apreciar que utilizan mucho los cítricos (limón y lima), así en se dejaba ver en la yuca y en el lomo. La verdad es que quedé encantada, porque de lo que probé no puedo ponerle pegas a nada; una carta breve, platos sencillos, pero sabrosos y contundentes. En cuanto a la relación calidad-precio es más que aceptable, raciones que oscilan entre los 4 y los 10 €, y acompañadas con arroz, ensalada y plátano frito “Tostones” a 12,50 €.

Para ir refrescando, entre bocado y bocado, nos tomamos unas cervecitas de la tierra; Palma Cristal, más suave y ligera, y Cubanero, más fuerte, ámbar, tostada y aguanta muy bien con los platos especiados y de carnes. Y de aquí a la sobrenoche con los cócteles de la casa. Habrá que regresar para probar los postres cubanos, donde la guayaba y el coco parecen ser los destacados en esta comida latina.

Y es que si bien se presentó la comida, no lo fue menos el final de la cena, pues los cócteles (6 €) hicieron que nos quedásemos allí hasta las 3 de la madrugada. Yo “aficionada y buscadora de mojitos” opté por un Daiquirí de hierbabuena y no me equivoqué. Siguiendo los pasos del clásico “ron blanco, jugo de limón o lima y azúcar” al que se suma hierbabuena fresca que tiñe de verde este combinado, dándole aroma, frescor y sabor mentolado. Me tomé tres, sólo digo eso, muy recomendable y apetecible, más ahora que ya se asoma el buen tiempo.

No puedo olvidarme de María Rosa y su equipo, sonrisas, amabilidad y atención en todo momento; te hacen sentir como en casa, realmente ellos abren sus puertas para dar buenos momentos y transmitir su cultura cubana. Así llevan unos 11 años poniendo un poco de gracia a la tímida calle Sandoval a la sombra de la transitada calle de Fuencarral. ¡Os ánimo a viajar al Mesón Cubano!

Mesón Cubano
Calle de Sandoval, 4
28010 Madrid
91 593 91 18
Precio medio: 15-20 €

lunes, 19 de abril de 2010

RESTAURANTE TEPIC, UN MEXICANO CAMUFLADO


En el barrio madrileño de Chueca y en el número 4 de la calle Pelayo, se hace notar una fachada moderna, colorida, atractiva que llama la atención de cuanto ciudadano se tope en su camino. Luce vestido de bar cosmopolita. Estamos ante el TEPIC, un restaurante mexicano que “en ropajes” no lo parece. En su interior, en la mesa del fondo, nos encontrábamos mis amigos y yo la noche del pasado 13 de marzo.


Tepic es México, pero vanguardista, muy alejado de la imagen que ofrecen los establecimientos similares. Como he mencionado anteriormente, sorprende desde la entrada y no pasa desapercibido su interior: local moderno, de diseño, con tonalidades atrevidas (fucsia, blanco y negro), y grandes imágenes del DF; muy acorde al barrio donde se encuentra. Pero, no sólo rompe tópicos en la decoración, sino también en los platos que llegan a la mesa, más cuidados y cercanos a la cocina creativa en cuanto a presentación y cantidad.


Tras estas pinceladas ambientales, paso a detallaros la oferta culinaria que nos ofrece Tepic, donde los nombres de los platos ya suenan a México. Para abrir boca, quesadillas, flautas, totopos –nachos-, panuchos, queso frito y, cómo no, guacamole; también hay ensaladas y sopas.


Como plato principal destacan los tacos (con carne, queso o vegetarianos, a los que se le añaden distintas salsas, cebolla, cilantro y, en ocasiones, fruta). Se acompañan de las típicas tortillas y se comen con la mano. “Para seguir comiendo”, las quesadillas gratinadas y las enmoladas.


Nosotros empezamos compartiendo quesadillas huitlacoche (con hongos y queso), flautas barbacoa (de cordero desmenuzado y queso envueltas en tortillas crujientes, acompañadas con guacamole) y los totopos Tepic. Lo mejor, las flautas, crujientes y sabrosas; lo demás aceptable, pero sin sorprender. Que no teman los que huyen del picante, porque tienen distintas salsas que acompañan la mesa de principio a fin, una suave y otra para los que le guste el picante.


Como plato principal opté por las enmoladas, 3 tortillas de maíz rellenas de pollo, y sólo pollo, cubiertas con mole y un poco de queso fresco. Para mi gusto, le faltaba un poco de gracia: aunque estaban ricas, el relleno resultaba un tanto pastoso, seco; falta que compensaba el baño de mole que las cubría, suave y un tanto picante.


Y llegó el turno de los postres, poca variedad, pero buena forma de terminar: milhojas de cajeta “dulce de leche” con helado de vainilla, crepas rellenas de crema de avellana, coulant de chocolate con crema irlandés o mousse de coco con coulis de mango. Confieso que yo no elegí postre, lo que no quiere decir que no los probara.


En general, y a diferencia de otros mexicanos, un aplauso para los platos dulces. No probé el mousse, pues nadie votó por él; de los demás, me quedo con el coulant, suave, cremoso, de intenso sabor a cacao y, empapado en la crema de café, una delicia. Yo los caté mientras me tomaba un margarita de fresa, combinado de tequila, cointreau y jugo de fresa natural. ¡Buenísimo!


En cuanto a la bebida, cervezas mexicanas, desde la suave Coronita hasta la potente Negra Modelo. También hay vino, aunque no lo tienen en carta. Y para despedir la comida, buen surtido de tequilas y margaritas, en cuatro versiones diferentes.


Un servicio correcto, amable y, en ciertas ocasiones rápido, lo digo porque tuve que pedir 4 veces un vaso para la cerveza; eso sí, cuando llegó, congelaito venía, como debe ser.


En líneas generales, Tepic merece una visita; es nuevo concepto de restaurante mexicano y, por lo que he leído y comprobado, bien acogido; hay dos turnos y siempre hay que ir con reserva si no quieres quedarte sin mesa. Está claro que está de moda. Pagamos 35 por barba, así que el diseño y la zona se hacen notar en la factura, porque al fin y al cabo es comida poco elaborada (aunque es un precio moderado, pues hay que tener en cuenta que tomamos postre y cóctel; eso sí, si sóis de mucho comer y buscáis un méxicano más tradicional a buen precio, reservar mesa en LaTaquería del Alamillo).


Pero lejos de las modas, si yo tuviera que elegir, me quedaría con las típicas taquerías, más acogedoras, ambientadas, con música latina, mariachis, platos de colores y hermosas cantidades, que te hacen sentir el calor de México. ¡A Tepic volvería, pero a por otro Margarita!