EL QÜENCO DE PEPA

DE la HUERTA al QÜENCO: BM²₌ 2FC

La primera vez que visité el Qüenco de Pepa fue en el 2008, justo antes de terminar restauración, restaurante que me recomendó Aurora Pimentel, ex profesora mía –aún recuerdo sus exámenes continuos en 4º de carrera, donde me dio Relaciones Públicas- y sus excelentes clases, donde una no podía ni parpadear- ahora amiga y anfitriona de aquel almuerzo, que disfrutamos en compañía de Carmen Calvo, directora de comunicación de La Escuela de Hostelería Fuenllana, donde estudiaba en aquellos momentos.
Aurora solía ir por el Qüenco, digamos que era cliente habitual, así que conocía también a la maestra de los fogones “Pepa”; y es que era una de las casas de comidas de su barrio, ya que vivía a dos pasos de este restaurante de la calle Henri Dunant nº 21-23. Más de una vez me comentó que tenía que conocer el sitio, así que allí nos plantamos. Al entrar, me llamó la atención el bodegón natural que decoraba el salón y es que, en función de la temporada, así es la imagen; esta vez fueron berenjenas, calabacines y cebolletas los protagonistas que ponían un toque de color y frescura a la sala. El local es amplio, cómodo, luminoso con amplios ventanales y mesas espaciadas; de sobria decoración, con tonos claros, blanco en las paredes y gris en el mobiliario, que se contrarrestan con el color parquet pardo oscuro del suelo.
En aquella ocasión, la velada fue casi perfecta, exquisita conversación, platos con buen producto y agradable sabor, pero el servicio no estuvo a la altura. Por supuesto, me dejé aconsejar por Aurora y tomé arroz cremoso con foie y gurumelos; desde aquel día, he mencionado en más de una ocasión que este plato me quedó prendada, con carácter, suavidad y contundencia deja un notable recuerdo difícil de olvidar.
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Buena Materia y Buena Mesa conllevan a una doble fidelidad, tanto por parte del cliente como por parte del cocinero, ya que el buen producto hace habitual a un cliente, al mismo tiempo que el cocinero que respeta la materia prima de calidad es fiel a una cocina de producto, manteniendo las recetas, porque sus clientes las quieren y las esperan.

Esto es lo que he observado en el Qüenco, tras encontrarme con él después de cuatro años sin vernos.

Y es que el jueves pasado, 28 de julio, volví a por el arroz con gurumelos, pero esta vez fue con mis compañeros de trabajo, para empezar las vacaciones de Buena Manera. El local sigue tal y como entonces, con un bodegón más atractivo, pues inmensos tomates de la huerta de Pepa –en Ávila- lucían en varias partes del salón, así como unas hermosas sandías que reposaban en el descansillo de los ventanales. Digamos que el Qüenco basa su decoración en productos de temporada.
Era jueves, al mediodía, finales de julio y no había sillas vacías –menos mal que habíamos reservado-. Casualmente, nos habían reservado la misma mesa en que estuve sentada la vez anterior, así que, la cosa prometía. Nos atendió una chica muy maja, pero un tanto despistada, pues a lo largo de la comida, más de una cosa se le olvidó. Nos recomendó, amablemente, algunos platos fuera de carta, como la tortilla marinera con almejas, la ensaladilla rusa con ensalada de pimientos asados, las chuletitas de cordero… Nos decantamos por la ensalada de tomate con cebolleta y ventresca y la tortilla marinera como entrantes.
La ensalada viene a lo campero, en un cuenco que me recuerda a los que tiene mi abuela en el campo, rústico; al igual la presentación, sin florituras. Nos gustó, pero los tomates, aunque estaban buenos, no tenían demasiado sabor ni eran de color intenso. El aliño en su justa medida, buen aceite y buen vinagre del Mediterráneo. La tortilla, poco hecha como a mí me gusta, pero le faltaba más toque marinero, un poco más de simpatía, más sabor.
Como plato principal, mis compañeros optaron por platos de la huerta: Pisto con huevo empanado –no hizo mucha gracia a su contrincante- y Huevos de campo estrellados con papa, padrón y jabugo –que sí complació a quien lo disfrutó; aquí la que escribe, volvió a encontrarse con los gurumelos y el foie del cremoso arroz de Pepa.
Todos los platos son tradicionales con algún factor que les distingue y les actualiza, se muestran sencillos y sin ser escuetos. El arroz estaba igual que lo recordaba, pero diría que un poco más dulce; le puse un poquito de sal y quedó perfecto “a mí gusto”. Sin duda, es uno de los platos estrella de la casa. Pero, he de decir que me choca un poco que este arroz esté todo el año, pues los gurumelos nos abandonan en marzo. Sería buen aporte que la misma base de arroz cremoso fuera cambiando el ingrediente en función de la temporada. Las carnes y pescados son otra apuesta segura en el Qüenco. Como postre, tomamos un helado artesano de café con leche, muy logrado en sabor y cremosidad. Unas tejas crujientes y tostadas pusieron el toque dulce al momento.
En la mesa no faltó Mantel Blanco de Bodegas Álvarez Díez, un blanco de variedad verdejo –D.O Rueda- que con su fruta, su frescura y su acidez justa, nos hizo oportuna armonía en este almuerzo. Respecto a la carta de vinos, sí que nos sorprendió que nos entregaran unas fotocopias con grapa, parecían unos apuntes en vez de una carta, más cuando cuentan con vinos de hasta 1.200 €; la oferta no es muy extensa, pero ofrece una buena selección con vinos nacionales y extranjeros y con variedad de precio, ya que hay vinos a partir de 12 €. También cuentan con vinos por copas.
En esta segunda visita, el servicio ya no está tan lejos de lo que se busca, sólo tienen que cuidar un poquito más la atención y así ganarse al comensal.
En general, nos gustó, es un sitio recomendable, aunque no es precisamente barato, pues aunque salimos a 35 € por barba, hay que tener en cuenta que no tomamos café ni infusiones y sólo pedimos un postre para compartir. Suele rondar entre los 40-50 € por persona.
¡Qué sigan teniendo buena cosecha y coloridos bodegones! El arroz cremoso seguirá en mi recuerdo. Hasta la vista amigos/as.
Qüenco de Pepa
C/ Henri Dunant, 23
28036 Madrid.

Tel. 913 451 084

9 comments

  1. Se suele comer de cine, Pepa es fantástica como todo el equipo. Me parece raro lo de los tomates, pues es de los pocos sitios de Madrid donde saben porque Pepa los trae de su finca. Tienes que venir a verme a Valladolid y vamos a comer a sitios interesantes: El rincón del Labrador en La Espina, la Espadaña en San Bernardo… Te espero, Raquel, NO ME FALTES!

  2. Hola Aurora,

    La verdad es que se come bien y el que no haya sillas vacías en estas fechas lo justifica. También me extrañó el sabor de los tomates; estaban buenos, claro que sí, pero no excelentes, seguro que en Madrid es de los pocos sitios donde los tomates saben. Pero, recuerda que soy extremeña, que los tomates que tomo son de la huerta de mi padre y están de lujo. Eso sí, no todos los años, ni todos los tomates salen igual de lindos. Cuenta con ello, me tendrás por Valladolid y me tienes que sorprender, jejeje… besos

  3. Hola, Raquel.
    Muchas veces, una carta de vinos presentada en folios impresos de ordenador o similar, suele deberse a una carta interesante y que se renueva a menudo, lo cual a su vez suele ser sinónimo de experiencias vinícolas interesantes.
    Suena muy bien ese arroz cremoso.
    Saludos.

  4. Hola Smiorgan,

    Pues si es como dices, buena aportación, pero de todas maneras, se puede presentar mejor, ya que esas fotocopias se pueden poner en un soporte. Un beso y si puedes visita el Qüenco y no dejes de pedir el arrocito. jejeje…

    Raquel

  5. Pero bueno….si hago y como todo lo que nos pones no tendré ropa para ponerme y ¿que hago entonces?

    El viernes 12 llegaré a Madrid y tal vez podamos comer el sábado o bien tomar un café el propio viernes por la tarde. voy a hablar con el resto y te dejo el movil: 666 398 798 y estamos en contacto.
    un beso

  6. ¡Hola Raquel! Como siempre una gran recomendación que apuntare a mi gran lista de sitios, por que últimamente salgo muy poquito :-(.

    Besos

  7. Holaaaaa Carlos,

    Muchas gracias!!! Pero claro,,, con lo cocinitas que eres,,, como en casa en ningún sitio, jejeje…

    Un beso y a ver si nos vemos.

  8. La calidad de la comida es excelente, sin ningún lugar a dudas, directamente proporcional y lo deficiente que es la atención. Tardan más de lo razonable en prácticamente todo, traer la carta, tomar los pedidos, proporcionar la cuenta. Algo imperdonable en un restaurante de esta categoría.

    1. Hola Isabel; gracias por la lectura y por dejar tu opinión.
      La verdad, hace un par de años que no voy por el Qüenco y cuando fui, en su momento, estuve muy bien atendida.

      Un abrazo

      Raquel

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