domingo, 22 de mayo de 2011

RESTAURANTE HYLOGUI

UNA CITA CON SABOR CASERO Y ENTRAÑABLE

Actualmente, se busca sorprender con cosas nuevas, atrevidos diseños, platos creativos, ambientes “chic”... y nosotros, en parte, tendemos a esa búsqueda, intentando vivir nuevas experiencias. Está claro, que la demanda y la oferta se complementan y, hoy en día, hallamos lugares y rincones variopintos, para todos los gustos y bolsillos.

Pero, la cuestión es que algo tradicional y sencillo siempre gusta y no cansa, te puede gustar más o menos, pero llega a todo el mundo y es bienvenido. Además, las cosas novedosas son para ciertas ocasiones, para una celebración, un aniversario, una cena especial y “algo más estándar” es más ponible, digamos que es algo básico en nuestro fondo de armario y que podemos repetir y combinar más abiertamente.

En fin, dejo las conjeturas de moda, pues no es el tema de hoy; aunque supongo que ya habéis detectado por donde voy -jejeje-; y sí, hoy me centraré en el sabor de siempre, de la comida casera y el sabor tradicional. Oportunidad que brinda el Restaurante Hylogui (C/ Ventura de la Vega, 3. Tel. 914 29 73 57), donde estuve cenando el viernes.

“Platos de siempre, sin pretensiones ni exaltaciones”

De entrada, nada más entrar percibes “simpatía”, pues el recibimiento es cercano y acogedor, de primeras te sientes bien “a gusto”. Aunque, el local no ofrece un ambiente cálido, pues líneas clásicas marcan su decoración: una sala sobria, sencilla, clásica y básica, eso sí, amplio, cómodo y luminoso.

En la pasarela, toma protagonismo la carta, con una amplia colección de platos basados en la comida tradicional castellana. En esta ocasión, ante la extensa oferta, optamos por aconsejarnos y nos hicieron un menú degustación, que paso a detallar:
Aperitivo: boquerones fritosEntrantes: croquetas de boletús y jamón ibérico, berenjenas rebozadas y menestra de verduras. Todos, sin excepción, de muy buen ver, pero destaco las croquetas y la menestra, que os aconsejo pediros si pasáis por esta casa. A las berenjenas, les haría un buen homenaje un alioli de miel.
Primer plato: merluza “a la romana”, rebozado y fritura perfecto por fuera, blanca y suave por dentro, lo que delata la calidad y frescura del pescado. En mi opinión, este plato podría acompañarse de una mahonesa ligera.

Segundo plato: cabrito y cochinillo frito, con patatas fritas y acompañado de una salsa de perejil “tipo vinagreta”. Crujientes y sabrosos, que no aceitosos. A continuación, nos sirvieron un sorbete de limón, bienvenido fue, pues la cena fue contundente. Postre: Volcán de chocolate con helado de turrón y crema de natillas. Buenísimo el helado; el volcán, bien de sabor, pero le faltaba textura, ya que estaba pasado de cocción y el chocolate líquido “típico en su interior" no se presenció.

Finalizamos con un licor de madroño, que conocí este día y, la verdad, es que lo añadiré a mi lista de licores. De aspecto es parecido al pacharán, con olor a piruleta de cereza “a chicle” y, en boca, recuerda a frutos secos, a almendra con cierto toque amargo.

Grata y recomendable experiencia
Como habéis podido detectar, Hylogui nos gustó y es que, en esta casa saben lo que son y saben cómo hacerlo, pues su trayectoria les avala, ya que llevan abiertos desde el año 1930. Ahora son tres socios al mando, descendientes de los creadores, y aunque han cambiado el “look” inicial, su filosofía y cocina siguen siendo las mismas. Mencionar que es uno de los pocos sitios de Madrid que cuentan con cocina de carbón, que le da un sabor y “un modo de hacer” característicos. La carta es amplia, con buenas carnes rojas, pescados y verduras, y como nos dijo Héctor Abellan -Maestresala-, buenos productos y del país, pues trabajan con producto nacional, tanto es así, que el carbón que emplean es asturiano. Los platos más solicitados: las judías blancas con almejas, los callos a la madrileña, platos de casquería, la menestra y la sopa castellana. Por cierto, se me olvidaba, al mando de los fogones está una mujer “Chelo”, desde siempre fue así. La mayoría del equipo son de Ávila, algo que se nota tanto en la sala -trato agradable y entrañable-, como en la mesa -platos de calidad y cantidad-.

En definitiva, lo que probé me recordaba a la cocina de mi abuela y eso siempre es un buen síntoma. Sólo deciros, que de Hylogui nadie sale con hambre, os lo aseguro. Así que, si queréis comer bien, buen producto y a buen precio, Hylogui es una opción a tener en cuenta. El precio medio es de 30 euros, también disponen de menús diarios. Y desde marzo, forman parte de la Calle Sabor, proyecto en el que 9 restaurantes de la calle Ventura de la Vega han unido fuerzas para ofrecer una oferta única, gastronomía internacional en una sola calle, con descuentos, promociones y jornadas especiales. Para más información: http://www.callesabor.es/

Muchas gracias a Calle Sabor y, en esta ocasión, al equipo de Hylogui que nos hizo sentir como en casa. Por supuesto, gracias también a mi compañera de mesa, Dolly, excelente cocinera y amiga. ¡¡Esperamos volver pronto!!

domingo, 15 de mayo de 2011

CULLERA, ESCAPADA ARROCERA Y PLAYERA

Hoy domingo, al fin con cielo soleado, me dispuse a escribir nuevas notas en este rincón sinestésico; varias cosas tengo pendientes, pero llevaba varios días con antojo de algo, hasta que el sábado pasado -pues ayer estuve en la Romería, festejando San Isidro, de mi pueblo “Barcarrota, Badajoz”, en plena dehesa, debajo de una encina , con cervecitas fresquitas y un tapeo casero-, me puse el delantal y lo cociné. Ahora, quiero recomendaros un sitio donde lo hacen muy bien. Por cierto, estoy hablando de la “paella de arroz negro”.

La paella es uno de los platos más conocidos de la gastronomía española, un verdadero plato insignia de nuestro país que, junto con la tradicional tortilla de patatas, nos identifica “culinariamente hablando” en cualquier parte del mundo. Si me permitís un inciso, soy fan del ingrediente principal de esta elaboración, el arroz, ya se rodeé con amigos del mar, de la tierra o del cielo; vaya suelto, ligado o navegando, con color o sin color, de largo, corto o medio cuerpo. En definitiva, el arroz es uno de los ingredientes más versátiles de la cocina – aparte de ser el 2º alimento más utilizado del mundo después del trigo- con mil y una posibilidades en la cocina y que cada país cocina a su gusto y a su modo -cocido, caliente o frio, en preparaciones dulces o saladas-.

Casa Borrasca, un recuerdo de Cullera

Como os decía, ayer me preparé “arroz negro”, con sus calamares y su tinta. Mientras disfrutaba de esto plato, no pude evitar acordarme de Casa Borrasca (C/ Sicania 1, Cullera, Valencia.Tel. 961 74 60 32) y, si váis por la zona, os animo a que os paséis. Yo lo hice un día 27 de junio del año pasado, en una escapada de improvisto a Valencia y, desde luego, si vuelvo por la zona, será parada obligatoria.

Además, está al ladito de la playa del faro, una cala de arena fina y dorada con el único tramo de costa brava de la provincia de Valencia. Y si sóis aficionados al buceo es un buen lugar para ponerse a ello. Después de una buena jornada de sol, de calma y relax, la escapada a Casa Borrasca, para seguir animando el día y alegrar también al paladar. Casa Borrasca es un negocio familiar, que abrió sus puertas allá por el año 1914 y es muy conocido por sus paellas cocinadas a leña y sus carnes a la brasa. En cuanto al ambiente que se respira en esta casa, “cercanía y sencillez” son dos de las notas características del lugar, pues te sientes realmente como si estuvieras comiendo en casa de algún familiar: a mí me recordaba a cuando tengo alguna comida en el campo de mi abuela, no sé por qué, pero se me vino ese flashback. Desde luego, el trato del personal de sala tuvo mucho que ver, una atención correcta y muy agradable. Hay veces que no hace falta tenern sobrados conocimientos, sino que con una sonrisa y un buen trato se consigue la satisfacción del cliente.

Si la labor en la sala es un factor clave, para que una experiencia gastronómica, se recuerde como positiva; la cocina es la media naranja que logrará un resultado sabroso y dichoso. Y, en Borrasca, se han ganado este mérito con creces. Distintos arroces son los que puedes degustar en sus mesas, con pescado, con pollo y conejo, con setas... “tipo caldoso o la típica paella valenciana”, pero, eso sí, con el sabor de las brasas que los hace más aromáticos y dispuestos. Yo opté por un arroz negro, que me encanta, y he de decir, que el de aquí es de los mejores que he comido. Además, nos lo sirvieron con un alioli casero, que saludaba al arroz divinamente. No menos interesantes, fueron las Clochinas, mejillones típicos que se crían en aguas valencianas, de menor tamaño que los gallegos, pero más tiernos y gustosos.

Como no, para disfrutar verdaderamente de una buena mesa, optamos por un vino para hacernos compañía, y tomamos un vino blanco verdejo de la D.O Rueda, “Fray Germán” (2008); su frescura frutal y buena acidez, supieron marcar el ritmo en esta comida. Por cierto, es un vino que resulta fácil de beber y que podemos conseguirlo en tienda por 4´5 €, sin duda, una buena referencia.

Como casi siempre, el final suele ser dulce “si es que queda hueco, claro está”, y para finalizar este almuerzo, nos decantamos por unos crepes de avellana, que no bordaron el menú, pues se mostraron sin gracia, presentándose tímidos y cabizbajos.

Si no recuerdo mal, pagamos unos 37 € (2 personas) y, en mi opinión, un precio más que aceptable, pues Casa Borrasca es una casa donde puedes comer bien, a gusto y con un precio justo.