domingo, 31 de julio de 2011

EL QÜENCO DE PEPA

DE la HUERTA al QÜENCO: BM² 2FC
La primera vez que visité el Qüenco de Pepa fue en el 2008, justo antes de terminar restauración, restaurante que me recomendó Aurora Pimentel, ex profesora mía –aún recuerdo sus exámenes continuos en 4º de carrera, donde me dio Relaciones Públicas- y sus excelentes clases, donde una no podía ni parpadear- ahora amiga y anfitriona de aquel almuerzo, que disfrutamos en compañía de Carmen Calvo, directora de comunicación de La Escuela de Hostelería Fuenllana, donde estudiaba en aquellos momentos.
Aurora solía ir por el Qüenco, digamos que era cliente habitual, así que conocía también a la maestra de los fogones “Pepa”; y es que era una de las casas de comidas de su barrio, ya que vivía a dos pasos de este restaurante de la calle Henri Dunant nº 21-23. Más de una vez me comentó que tenía que conocer el sitio, así que allí nos plantamos. Al entrar, me llamó la atención el bodegón natural que decoraba el salón y es que, en función de la temporada, así es la imagen; esta vez fueron berenjenas, calabacines y cebolletas los protagonistas que ponían un toque de color y frescura a la sala. El local es amplio, cómodo, luminoso con amplios ventanales y mesas espaciadas; de sobria decoración, con tonos claros, blanco en las paredes y gris en el mobiliario, que se contrarrestan con el color parquet pardo oscuro del suelo.
En aquella ocasión, la velada fue casi perfecta, exquisita conversación, platos con buen producto y agradable sabor, pero el servicio no estuvo a la altura. Por supuesto, me dejé aconsejar por Aurora y tomé arroz cremoso con foie y gurumelos; desde aquel día, he mencionado en más de una ocasión que este plato me quedó prendada, con carácter, suavidad y contundencia deja un notable recuerdo difícil de olvidar.
BM² 2FC
Buena Materia y Buena Mesa conllevan a una doble fidelidad, tanto por parte del cliente como por parte del cocinero, ya que el buen producto hace habitual a un cliente, al mismo tiempo que el cocinero que respeta la materia prima de calidad es fiel a una cocina de producto, manteniendo las recetas, porque sus clientes las quieren y las esperan.

Esto es lo que he observado en el Qüenco, tras encontrarme con él después de cuatro años sin vernos.
Y es que el jueves pasado, 28 de julio, volví a por el arroz con gurumelos, pero esta vez fue con mis compañeros de trabajo, para empezar las vacaciones de Buena Manera. El local sigue tal y como entonces, con un bodegón más atractivo, pues inmensos tomates de la huerta de Pepa –en Ávila- lucían en varias partes del salón, así como unas hermosas sandías que reposaban en el descansillo de los ventanales. Digamos que el Qüenco basa su decoración en productos de temporada.
Era jueves, al mediodía, finales de julio y no había sillas vacías –menos mal que habíamos reservado-. Casualmente, nos habían reservado la misma mesa en que estuve sentada la vez anterior, así que, la cosa prometía. Nos atendió una chica muy maja, pero un tanto despistada, pues a lo largo de la comida, más de una cosa se le olvidó. Nos recomendó, amablemente, algunos platos fuera de carta, como la tortilla marinera con almejas, la ensaladilla rusa con ensalada de pimientos asados, las chuletitas de cordero… Nos decantamos por la ensalada de tomate con cebolleta y ventresca y la tortilla marinera como entrantes.
La ensalada viene a lo campero, en un cuenco que me recuerda a los que tiene mi abuela en el campo, rústico; al igual la presentación, sin florituras. Nos gustó, pero los tomates, aunque estaban buenos, no tenían demasiado sabor ni eran de color intenso. El aliño en su justa medida, buen aceite y buen vinagre del Mediterráneo. La tortilla, poco hecha como a mí me gusta, pero le faltaba más toque marinero, un poco más de simpatía, más sabor.
Como plato principal, mis compañeros optaron por platos de la huerta: Pisto con huevo empanado –no hizo mucha gracia a su contrincante- y Huevos de campo estrellados con papa, padrón y jabugo –que sí complació a quien lo disfrutó; aquí la que escribe, volvió a encontrarse con los gurumelos y el foie del cremoso arroz de Pepa.
Todos los platos son tradicionales con algún factor que les distingue y les actualiza, se muestran sencillos y sin ser escuetos. El arroz estaba igual que lo recordaba, pero diría que un poco más dulce; le puse un poquito de sal y quedó perfecto “a mí gusto”. Sin duda, es uno de los platos estrella de la casa. Pero, he de decir que me choca un poco que este arroz esté todo el año, pues los gurumelos nos abandonan en marzo. Sería buen aporte que la misma base de arroz cremoso fuera cambiando el ingrediente en función de la temporada. Las carnes y pescados son otra apuesta segura en el Qüenco. Como postre, tomamos un helado artesano de café con leche, muy logrado en sabor y cremosidad. Unas tejas crujientes y tostadas pusieron el toque dulce al momento.
En la mesa no faltó Mantel Blanco de Bodegas Álvarez Díez, un blanco de variedad verdejo –D.O Rueda- que con su fruta, su frescura y su acidez justa, nos hizo oportuna armonía en este almuerzo. Respecto a la carta de vinos, sí que nos sorprendió que nos entregaran unas fotocopias con grapa, parecían unos apuntes en vez de una carta, más cuando cuentan con vinos de hasta 1.200 €; la oferta no es muy extensa, pero ofrece una buena selección con vinos nacionales y extranjeros y con variedad de precio, ya que hay vinos a partir de 12 €. También cuentan con vinos por copas.
En esta segunda visita, el servicio ya no está tan lejos de lo que se busca, sólo tienen que cuidar un poquito más la atención y así ganarse al comensal.
En general, nos gustó, es un sitio recomendable, aunque no es precisamente barato, pues aunque salimos a 35 € por barba, hay que tener en cuenta que no tomamos café ni infusiones y sólo pedimos un postre para compartir. Suele rondar entre los 40-50 € por persona.
¡Qué sigan teniendo buena cosecha y coloridos bodegones! El arroz cremoso seguirá en mi recuerdo. Hasta la vista amigos/as.
Qüenco de Pepa
C/ Henri Dunant, 23
28036 Madrid.
Tel. 913 451 084

domingo, 17 de julio de 2011

“GASTROPIZZADA”

El Secreto está en la Compañía
El almuerzo de ayer, sábado 16 de julio, fue especial. Tuvo lugar en Pizza Sana (C/ del Clavel, 7. Tel. 91 129 12 02). Para empezar, la base la puso el encuentro, y es que a las 14.00 hs, cinco bloggers –apasionados de la gastronomía- se pusieron cara, tras su amistad cibernética. Tuve la oportunidad de asistir, gracias a la amabilidad de Ana y Víctor, de Caminar sin Gluten, quienes me comentaron que habían quedado con unos amigos con quienes tenían relación desde hace mucho, pero que aún no habían tenido la oportunidad de conocerse en persona. Así que, de primeras, muchas gracias, por hacerme partícipe de este encuentro, al que también se sumaron “de imprevisto” Helen y Antonio, de Círculos de Fuego.
La base, de calidad y con mucho que contar
Ya teníamos la base que, tras la presentación, se pudo ver que prometía –sonrisas y predisposición avisaban una apetitosa velada-. A ello hay que añadir, que en Pizza Sana, puedes optar por una masa especial (con harina de trigo, integral, sin gluten y sin lactosa).
Ahora, había que condimentar el momento y nada menos que 28 sensaciones distintas para hacerlo: con toque internacional (thai, marroquí, nórdica, veneto, Piamonte, toscana…), regionales, como la segoviana o la cantábrica, vegetales, divertidas, sanas y enérgicas, o a tu elección “al gusto”. Me apetecía viajar, como siempre, así que opté por la Marroquí (pollo con miel, pimiento rojo, cebolla caramelizada y comino); de paso, compartí viaje con Carmen, de la Buena Mesa con Carmen Ybarra, con el sabor de la nórdica (Salmón, anchoas y cebolla). La base muy fina y crujiente, ligeras de equipaje con oportunas y acertadas combinaciones. En la marroquí, invitaría a un queso tipo feta o rulo de cabra, contrastaría muy bien con su dulzura.
Las pizzas tienen un aspecto curioso y distinto, ya que vienen sobre bandejitas de mimbre que le dan otro aire; eso sí, mejor comerla con la mano –ya sé que esto es cuestión de gustos-, porque al no ser lisa la base, es más complicado con cubiertos. Pero, aparte de la especialidad, tienen ensaladas, nachos “especiales” (puedes elegir los ingredientes), o platos como el Lomo de Buey (gratinado con patata y queso) o los daditos de pollo (con ensalada de frutos secos, salsa de mostaza y miel).
En Pizza Sana les gusta comer contigo, ése es su lema y su experiencia; realmente, disfrutamos comiendo Pizza, no sólo por lo ricas que estaban, si no por el ambiente y el trato recibido. El local es amplio, luminoso, joven, fresco, colorido, con un verde intenso y un rosa fucsia que dan un toque divertido y alegre a la sala. Nos atendió Raka, una chica encantadora y que estuvo pendiente de que no nos faltara de nada en la mesa.
Pizza Sana para todos, con independencia de la dieta que debas seguir
Sin duda, un nuevo concepto, sano y nutritivo es el que ofrece este restaurante. A todos nos gusta comer pizza, pero lo bueno es que todos podamos ir a comer pizza. Ana y Víctor están encantados con pizza sana y gracias a ellos hemos estado aquí, tal y como nos dijeron, para ellos es un placer poder salir a tomar una pizza con total seguridad de que es 100% sin gluten, más si están tan ricas como las de Pizza Sana. Además, tienen cerveza Ámbar para celíacos, así como postres sin gluten (flan de café, de chocolate) y helados 0 gluten.
Además de ser un apoyo para los celíacos, Pizzasana se caracteriza por su compromiso social, así, aparte de la colaboración con la Asociación Madrileña de Celiacos, colaboran con Intermon Oxfam, la Fundación de Esclerosis Múltiple y la Fundación Síndrome 5p.
La compañía, la sal de la vida
Está claro que disfrutamos de un momento redondo, gracias a:
Elena, de Cuatro Especias
Helen y Antonio, de Círculos de Fuego
Ana y Víctor, de Caminar sin Gluten
Raka y equipo de Pizza Sana
Sin más, espero seguir disfrutando de momentos como el de ayer: a través de Sinestesia Gastronómica, mi rinconcito on line, estoy conociendo gente estupenda, de distintas partes del mundo, diferentes, pero con un punto en común “la afición por la cocinan y la Buena Mesa”. Y lo mejor de todo, es que no sólo se queda en la red, si no que en muchas ocasiones se vive con mucho sabor: por eso, ser blogger, entre muchas otras cosas, es una puerta abierta a un mundo de sensaciones. La gastronomía sabe mejor si se comparte; el brindis está asegurado.

jueves, 7 de julio de 2011

¿CONOCÉIS LA PALMERA DE VERANO?

ÁCIDA, DULCE, FRESCA Y BIENVENIDA

Por fin, estamos en verano, una de las estaciones más esperadas del año, nos encantan las cañitas, pasar las tardes en la terracitas, la playa, las vacaciones y, mientras llegan, la jornada intensiva, que en mi caso empecé en julio.


En Madrid, a falta de playa, piscina; escenario más visitado en estos días en la capital. Y, en las mesas, las ensaladitas, las sopas frías, las verduras, las frutas... son los protagonistas indiscutibles. En todos los sentidos ¡Apetece lo fresquito!

Más sed, más mezcla, más color

Cómo no, en esta época del año se bebe más agua -es el quita sed por excelencia y lo más saludable. Pero, las cervecitas bien fresquitas son las reinas, las claritas -con limón o soda-, el tinto de verano, los cócteles tipo mojitos, caipiriñas, piña colada, daiquiris, margaritas... Y, cómo no, los granizados, los helados, la horchata y un sinfin de variedades y combinaciones. Hoy os voy a presentar a la “palmera de verano”, una mezcla curiosa y acertada:

Sí, sí... sé que estaréis pensando en el caribe, en el agua cristalina, el ritmo latino al son de la cumbia y la bachata, las palmeras tan caraterísticas... Pero, hoy, nos quedamos en España, con la palmera fresquita y veraniega. La conocí el año pasado, aunque fue hace unos días cuando descubrí cómo la llamaban. El caso es que me indigna pedir un granizado de limón -o de cualquier otra cosa- y que dé dos sorbos y se quedé sólo hielo, es como pagar por agua congelada, y lo peor “te quedas con más sed”. Son pocos los lugares donde te puedes tomar un granizado de verdad, sin que se quede enseguida sin limonada. De pequeña, pensaba que era así, pero un día “hace ya bastantes años” en mis vacaciones en Barcelona - en Villafranca del Pénedes- tomé mi primer granizado de verdad, sin que tuviera que esperar a que se derritiera y dije "uauuuu".

Así que, siempre que quiero un granizado, primero pregunto ¿es un granizado para esperar o para disfrutar? Eso es lo que hice el año pasado en el Café&Té (Avda. General Perón, 10): la camarera respondió "pues no lo sé, pero si te apetece, puedo ponerte “mitad horchata, mitad granizado de limón”. Y a mí que me encanta probar cosas distintas, dije: “vale”. Desde entonces, suele ser mi elección favorita. La chica me comentó que ella lo había probado en Valencia, donde se suele tomar así.

Pues bien, palmera es como llaman a esta mezcla “granizado de limón con horchata”, en Cataluña y Valencia, de donde es característico. También, se conoce como “canario”. La verdad, os recomiendo que la probéis, refrescante y muy rica -un contrapunto ácido y dulce perfecto-. Eso sí, hay que mezclarlo bien, porque, si no la mezclas, puede parecer que se ha cortado, sobre todo cuando la horchata es casera. Otra opción rápida, y para estar a punto en casa, es tener en el congelador granizado o sorbete de limón y horchata, y cuando os apetezca “en un pis pas” lo tienes listo.

Sin más, era una curiosidad que me apetecía contaros, así podéis probarlo y darme vuestras opiniones.

Por cierto, os recomiendo también los helados de la Romana (Santa Engracia, 155. Tel. 915 331 495), o los yogures helados y los smoöthies de Ö!mygood (C/Sagasta, 32. Tel. 91 594 28 01).

¡BUEN VERANO!