lunes, 26 de septiembre de 2011

EL RESTAURANTE LÁGRIMAS NEGRAS PRESENTA SU MENÚ MÁS INTERACTIVO

Hoy en día, la distancia ya no es un problema. Podemos comprar sin salir de casa, hablar con nuestros amigos frente a frente “aunque sea a través de una pantalla”, asistir a conferencias celebradas en la otra punta del mundo, conocer gente de otros países o de la misma ciudad sin necesidad de tropezarse con ella y un sinfín de cosas más. Todo ello, gracias al medio que hoy nos mantiene interrelacionados las 24 horas del día: Internet, siendo las “redes sociales” su plato más comunicativo y consumido.
Centrándonos en el sector de la restauración, cada vez son más los restaurantes que tienen su perfil en Facebook, Twitter, Tuenti… Sin duda, una forma de estar más cerca de los clientes y amigos, una forma de promocionarse “gratuita” y con respuesta inmediata. Y, no nos olvidemos de los Blogs, una herramienta al alcance de todos y a la que se le puede sacer mucho jugo.
Curiosidades, anécdotas, experiencias… “TRES en UNO”
Es lo que nos propone el nuevo plato que recientemente ha estrenado el Restaurante Lágrimas Negras, ubicado en el Hotel Silken Puerta América (Avda. América, 41). Tuve la suerte de asistir a la presentación, que tuvo lugar el pasado jueves 22 de septiembre, donde coincidí con otros compañeros y amigos.
La nueva obra fue presentada, como no podía ser de otra manera, por sus creadores que serán los ingredientes principales de la receta: un chef, un maestresala y un sumiller. Habrá que ir viendo la evolución; pero, de momento, parece que estamos ante un plato equilibrado, con una armonía más que acertada, garantizado por la experiencia, profesionalidad e ilusión del magnífico equipo de Lágrimas Negras.
He terminado con la “Mise en Place”, ahora os invito a que descubráis el menú, sólo tenéis que hacer Clik aquí, para comenzar y disfrutar de “la Buena Mesa”.
De los Aplausos a la Mesa
Tras la presentación del Blog Restaurante Lágrimas Negras, la cocina, el vino y el buen servicio se dieron cita en el almuerzo posterior, donde pudimos disfrutar “en directo” de un menú “ahora sí” con textura, sabor, olor… acompañado de una grata conversación y compañía.
Eso sí, durante el acto, los aperitivos de bienvenida nos tuvieron bastante entretenidos: piruletas de Parma, jamón con pan tumaca, steak tartar elaborado in situ, changurro con espuma de patata, y una brandada de bacalao que se hizo notar de forma especial –estaba en su punto, suave, sabrosa y ligera-.
IVÁN SÁEZ, Jefe de Cocina, junto a JUAN ANTONIO HERRERO, Sumiller, agradecieron su presencia a los invitados, con un menú diseñado para la ocasión; y, cómo no, de la mano de RAFAEL LOMAS, Maestresala del Restaurante, quien se encargó de que en la puesta en escena no faltara detalle.
El menú consistió en un primero un "sandwich" de Foie Gras, anguila y manzana con crema de cebolleta (armonizado con el vino “Ariyanas 2007, DO Málaga). Atrevida mezcla, contundente, pero que a mí personalmente no me convenció, quizás porque “el foie y la anguila” son dos sabores con mucha personalidad que juntos no se llevan del todo bien, quizás porque a mí la anguila no me cae muy simpática que digamos.
El segundo en llegar fue un plato de mar y montaña, representado con unos lomos de salmonetes con cristales de escama y rabo de toro glaseado con espuma de chocolate blanco. La verdad, el bocado de mar “crujiente, sabroso y jugoso” ganaba en majestuosidad, pero el estofado de rabo supo mantener el tipo y jugó bien su papel, tierno, meloso y untuoso. En esta ocasión, le acompañó cordialmente un Reserva de Gassac 2010, Languedoc Francia.
El último plato “un guiño a la estación otoñal”, con un Pichón de Bresse asado acompañado de un rulo de pasta de setas y crema de trufada. Un acierto que tuvo como aliado a un vino de la Ribera Sacra “Algueira barrica 2007”.
Es tradición acabar con algo dulce y yo soy de las que prefiero dejar hueco para el postre, así que disfruté la guinda final: milhoja de texturas crujientes de chocolate “base de galleta tipo cookie abajo, lámina fina de cobertura en la parte superior”, unidas por la cremosa crema de avellanas y la suave mousse trufada. Para refrescar y poner y realzar el sabor, quenelle de helado -chocolate blanco con aroma de café- sobre granizado de whisky de malta. El PX 2007 de DO Montilla Moriles supo guiar plácidamente esta delicia.
Sin más, agradecer tanto al equipo de comunicación del Hotel como a los nuevos blogueros –Iván, J. Antonio, Rafael y todo el equipo de Sala y Cocina- el compartir este momento con nosotros y hacernos sentir especiales con su dedicación y tiempo. A vosotros “Lectores y Comensales” os animo a “catar” su menú, tanto en la mesa como en la pantalla.
PD: No puedo ni quiero cerrar este post sin mencionar que, personalmente, me hizo mucha ilusión asistir a la presentación del Blog de Lágrimas Negras, pues hacía tiempo que no veía a Iván, quien fue mi tutor de prácticas en Zorzal, donde estuve 3 meses en cocina, junto a Ernesto y Sergio; ambos también en los fogones de Lágrimas Negras. De hecho, le pregunté por 3 platos -que era delito no pedir si ibas a Zorzal- “el arroz cremoso de chipirón, el rabo de toro y la torrija”. ¡Tenéis suerte! lo tienen en carta, así que, si no tuvisteis la oportunidad por aquel entonces, aún estáis a tiempo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

RECETA DE VIDA

LA VIDA, ¿NOS COCINA O SE COCINA?

Tras un periodo de desconexión total y un verano "a punto de sal", retomo hoy mis andaduras por estos lares, pero hoy os presento una receta especial de espíritu libre, una reflexión, un momento, una ocasión. Es un texto que escribí hace ya unos meses y me gustaría compartirlo con vosotros mis lectores. ¡Espero que os guste! Bon Appetit!!!

En ocasiones, hay cosas "sabores, olores, texturas, paisajes..." que te atrapan, te cautivan, difíciles de sustituir. Están en el mundo, pero a todos no nos llegan por igual; somos distintos, con variopintas preferencias... y en función de nuestro ser, nuestra forma de sentir, así percibimos lo que acontece a nuestro alrededor.


Mi infancia la recuerdo dulce, cálida, pues siempre estaba riendo y, a eso, hay que unirle que de todos los productos culinarios, los dulces eran mis preferidos y no faltaban en mi dieta diaria “golosa por naturaleza” -sí, sí... tenía que haber comido más fruta, pero qué le vamos a hacer...-. Eso sí, las mandarinas me pesaban en los bolsillos, porque en temporada, no salía de casa sin ellas, eran mi golosina callejera.


A medida que uno crece, empieza a probar cosas, a descubrir que le gustan, por ejemplo, "las coles" -eran mi enemigo en el terreno de las verduras-; así el foie, que probé siendo ya más mayorcita, me repugnaba su textura y, ahora, me encanta-; el carpaccio ¡Uf, algo crudo, no podía con ello!; ahora más de lo mismo -¡carpaccio por favor!-, y así, los vinos, la cerveza... He de decir, que el vino me ha ido seduciendo poco a poco y cada vez me gusta más; siempre que me quiero dar un homenaje gastronómico, tres protagonistas se sientan a la mesa "buena comida, buen vino y buena compañía".

Y qué decir de la cerveza “esa rubia con corona de espuma”; recuerdo mi viaje a Praga, cuando aún no me gustaba este líquido de cebada, me perdí esas trapistas tan bien presentadas. Ahora me gustan tostadas, rubias, morenitas, negras, con soda, con limón... quién me lo iba a decir. Podría seguir con un sinfín de cosas más, ejemplo de cómo vamos probando la vida, descubriendo sabores -aún se me resiste la tónica, por lo visto el sabor amargo es el que se desarrolla más tardíamente, será por eso que aún los gin tonic "tan de moda" no van conmigo. Y eso que mi amiga Marta está convencida de que esto cambiará cuando me prepare ella un Gin Tonic de su cosecha.

En fin, en mi caso, la gastronomía, la pasión por las sensaciones que de ella despierta, y mi vida, son una misma receta; receta que sigue buscando ingredientes qué añadir, para irse cocinando a fuego lento y lograr equilibrio, firmeza y templanza.

Hace tiempo se cruzó un sabroso y fogoso ingrediente que modificó la receta tradicional, digamos que le dio un aire más fresco “el resultado fue un plato difícil de olvidar”. Ahora está en plena desarrollo; no olvidemos que la cocina evoluciona, los protagonistas cambian; pero, hay que tener presente las raíces, saber respetar la materia prima y saber vestirla adecuadamente. Al igual, las personas tenemos que respetar nuestro ser, conocer nuestro sabor, para poder después encontrar la mejor armonía, que haga de la experiencia, una fusión perfecta.

La duda es si, en la vida, la receta la podemos cambiar o es la vida quien la cocina a su modo.

PD: la imagen es de un amanecer frente al Puerto de Roquetas de Mar -Almería-; siempre quedará en mi memoria este crepúsculo salino, libre y rosado.