domingo, 30 de octubre de 2011

LA CESTA DE RECOLETOS

“UNA COMPRA FRESCA, VARIADA Y GUSTOSA”
Cuando hablamos de "la cesta", instintivamente nos trasladamos al supermercado, pues todos –unos más que otros- no vemos con la cestita en más de una ocasión: ir al súper es un hábito necesario, claro que, siempre hay quien por falta de tiempo o entusiasmo realiza la compra al modo contemporáneo “utilizando la cesta o carrito on line”. En mi caso, sigo siendo de las que prefiere hacer la ruta tradicional e introducir, en la cesta, alguna que otra cosa “rara”, novedosa, para curiosear y probar suerte.
Otra cosa, es la cesta de Recoletos y, ésta, sólo puede llenarse si uno se acerca al número 10 de la mencionada calle pasando a descubrir a qué saben sus productos y qué tal llevaderos son. Estuve por allí el pasado 19 de octubre y quiero comentaros qué tal fue la “compra”.
Como siempre, hago hincapié en la “compañía”, sin la cual, un almuerzo o una cena o lo que el momento ofrezca, no sería lo mismo. Esta vez, sin duda, me sentí afortunada, pues disfruté de una entrañable “charla”, interesante y simpática, junto a Gonzalo Sol, periodista especializado en gastronomía y director del programa Comer, Charlar y Beber (sábados de 13.00 a 14.00 hs en radio intereconomía) y nuestro amigo Jaime Noain, quien nos brindó la posibilidad de conocer La Cesta. -Gracias-
Tras esta parodia de presentación, me centraré en La Cesta, un restaurante que abrió sus puertas hace casi un año, pues comenzó su aventura en noviembre de 2010. Así que, primero, darle la enhorabuena y bienvenida, pues es todo un propósito, iniciar un nuevo proyecto en estos tiempos que corren. Dicho esto, vamos a ver qué hay en La Cesta.
Fresca, divertida y juguetona se ve de primeras y, ello, es debido a los ingredientes aportados por Pascua Ortega, conocido interiorista español, a quien se debe el estilo y decorado del local. Éste permite la posibilidad de disfrutar de la “oferta” en función del tiempo que se disponga. Un primer espacio, la entrada, propuesto para tomar algo rápido o un aperitivo, así como para participar en su take away, pues también ofrecen comida para llevar. En la zona central, el restaurante propiamente dicho, para comer o cenar tranquilamente, sin prisas; y, finalmente, al fondo, unas barras altas con taburetes frente a la cocina vista: un ambiente idóneo para “tapear” o tomarse una copa.
El picoteo y la temporada, en cocina y en la mesa
La carta de la Cesta, al igual que su decoración, es versátil y abierta al gusto de los comensales que se dejen ver por allí. Desde la cocina, Adolfo Santos marca el ritmo, basándose en una cocina tradicional con diseños contemporáneos y algún toque de autor, siempre teniendo en cuenta los productos de temporada, con los que se estrenan platos en carta. Por otra parte, sigue el concepto del tapeo, en el sentido de que los platos están pensados para compartir, aunque, si lo que se desea es pedir platos individuales, se puede optar por las medias raciones.
Nosotros optamos por el picoteo, a modo de menú degustación, y consistió en:
Tapita de boquerones en vinagre con aceitunas aberquinas, aperitivo, y Tartar de Ternera Blanca, entrante. A continuación, crema de coliflor, vieras salteadas y croquetas de jamón.
Después llegaron los chipirones con cebolla confitada y mostaza, para concluir con un guiso de garbanzos con migas de bacalao. Todo aceptable, en línea de una cocina sencilla, destacando las croquetas, la crema de coliflor y el guiso.
El postre no podía faltar en la cesta, así que, disfrutamos de una mousse de chocolate –mejor sin avellanas decorativas, tarta de queso –suave, cremosa y gustosa- y sorbete de fresa.
Los vinos que tomé con este menú fueron Casal Novo Godello (D.O Valdeorras) -2.80 la copa- y Domaine Rémi Jobard Bourgogne Blanc 2007, 100% Chardonnay (AOC Meursault). La carta de vinos es otro de los ases de La Cesta, pues muestra una selección de añadas bajo la elección del sumiller de Sant Celoni, David Robledo. Para los amantes del Gin tonic, cuentan con ginebras de 5 destilaciones, sin olvidar los maltas, para quienes prefieran tomar whisky.
Sin duda, La Cesta muestra su espíritu joven en todas sus facetas, siendo un honor que el equipo que llena de satisfacciones el día a día, cuente con el apoyo de Óscar Velasco, en cocina, Abel Valverde, en sala, y David Robledo en vinos, quienes dirigen el restaurante Sant Celoni, uno de los referentes de la capital, que cuenta con 2 Estrellas Michelín. No me olvido de Antonio Lima, maestresala de La Cesta y todo un profesional, con un trato atento y agradable.
Os animo a intentar llenar vuestra propia cesta con los productos de la calle Recoletos nº 10, cada uno según sus gustos, pero, eso sí, espero que la disfrutéis con gusto y os quede un grato recuerdo. (Precio Medio: 35 €)

La cesta: C/ Recoletos, 10. Tel. 91 140 06 96

martes, 18 de octubre de 2011

Restaurante Chileno: 8 de Mayo

Una parada “a la chilena” en Madrid
Quienes vivimos en la capital, sabemos que Madrid registra una “carta” internacional ofrecida por todos los restaurantes y bares, de distintos ambientes, con un sinfín de especialidades culinarias y, lo mejor, con una gran diversidad de sabores y matices culinarios: asiáticos, tan de moda ahora, peruanos, brasileros, italianos, mexicanos, marroquíes, etíopes… y chilenos, cuya cocina será hoy protagonista de estas líneas. Desconocía que los platos chilenos se incluyeran en la "carta" de Madrid, pero encontré algunas sugerencias: El Regreso del Winnipeg Chile, San Wich y el 8 de mayo. De momento, he probado el 8 de mayo, así que, pasaré a mostraros sus ingredientes y su retrogusto.
¡Aquí no hay minimalismo que valga!
El pasado martes 11 de octubre, víspera del día del Pilar, fui a cenar a este rinconcito de Chile en Madrid, ubicado en el 53 de la calle Fernando El Católico. La fachada pasa casi desapercibida y, en su interior, un ambiente cálido y familiar espera al comensal: una pequeña barra que hace de pasillo al comedor, pequeño con apenas 5 o 6 mesas, con fotos del país andino y su “Estrella Solidaria” -bandera nacional-.

Como siempre digo, la compañía es ya un buen sazonador y, esta vez, tenía toque latino, pues estaba acompañada de 5 estupendas paraguayas. El resto de ingredientes no demoró en llegar, abriendo camino “El Gato Negro” -Vino Blanco Sauvignon Blanc de Bodegas Viñas San Pedro- que nos concedió el brindis inicial. En nada, llegó el pan amasado con salsa pebre, la reina de chile -a base de cilantro, cebolla, ajo, ají verde y un poco de tomate- que nos acompañaría durante toda la cena, pues nos conquistó de inmediato.
A continuación, hicieron una reverencia especial “las empanadas chilenas” que, horneadas o fritas, con distinto relleno (o “pino” como le dicen en Chile), de marisco, carne o queso, son una de las elaboraciones típicas de esta cocina criolla. Aquí, en el 8 de mayo, las de pino de carne, cebolla y huevo duro, son las damas de la mesa y, así, se hicieron sentir ante nosotras.
¡Miradas de asombro y sin reparo!
De la gracia y salero de las empanadas, pasamos a quedarnos boquiabiertas con los platos principales, pues el tamaño de tales elaboraciones nos dejó perplejas. Decidimos poner todo en el centro y compartir, así probaríamos de todo sin saturarnos. Optamos por las siguientes especialidades:
Pastel de choclo: a base de maíz o “choclo”, carne de pollo, cebolla, huevo, pasas y aceitunas. Es como una especie de soufflé de maíz, también parecido al chipa guazú paraguayo, suave y contundente. Estaba un poco dulce, pero lo combinamos con pebre –atrevida mezcla, pero acertada-.
Chorillana: receta originaría de Valparaíso que consiste en un plato a base de patatas fritas con cebolla, carne y huevos fritos. Se suele pedir para compartir, aquí nos dijeron para 2 personas. En realidad, era para cuatro. Sencillo, pero gustoso, eso sí, más patata que otra cosa. Y muy similar, el lomo a lo pobre, plato básico que todos los restaurantes chilenos y peruanos suelen tener y, en realidad, en cualquier lugar, pues es un filete de ternera con patatas, cebolla y huevos fritos, nada en especial “un combinado de siempre”.
Ostiones a la parmesana: ostiones “nuestras finas vieiras” en su concha, con gambas, salsa blanca “bechamel” y queso, acompañado de papas fritas. Una buena opción, suave, cremosa y elegante.
Jardín de mariscos: una de las opciones más acertadas si se quiere probar la mayor cantidad de frutos del mar de Chile y que variará en función del lugar donde se pida. Está claro que si viajo a este país, pediré este jardín con sabor a mar, pero en el 8 de mayo es una de las elaboraciones más acertadas: ostiones “vieiras”, gambas, almejas, machas “navajas”, choritos “mejillones” y un cebiche de corvina al centro. Exquisito y bienvenido.
Hasta aquí llegamos, pues no quedó lugar para las delicias andinas, que eran bastante tentadoras, entre ellas: panqueque de dulce de leche, pie de limón, papayas al jugo con crema, brazo de reina y mote con huesillo, siendo este último uno de los postres más característicos y que se consume sobre todo en verano (“huesillos”, lo que nosotros conocemos como melocotones). Sin duda, tengo que volver a disfrutar de los sabores de chile, pues es toda una aventura para los sentidos, una gastronomía poco ensalzada y conocida, pero que tiene todas las cartas para conquistar a quien se preste a intimar con ella.
Cómo no podía ser de otra manera, terminamos con un chupito de Pisco que nos sentó de maravilla; por cierto, lo desconocía, pero el 15 de mayo es el Día Nacional del Pisco Chileno. Además también tienen cócteles, otra asignatura que nos quedamos pendientes.
No quiero cerrar este escrito sin antes, dar las gracias al personal del 8 de mayo; no recuerdo el nombre de la chica que nos atendió, pero nos hizo sentir como en casa, amable y atenta en todo momento. Aparte que el lugar, pequeñito, pero cálido y coqueto invitaba a ello.
PD: si queréis acercaros a la “Buena Mesa” chilena, anotaros el número 53 de la calle Fernando El Católico; eso sí, tener en cuenta que, a la hora de pedir, las platos son para más de una persona, por lo que os recomiendo pedir varias cositas y disfrutar de los sabores a modo de tapeo, así podéis probar más variedad. Salimos a 18 € por persona, lo que quiere decir que en el 8 de mayo puedes comer por la mitad. No podéis iros sin probar su empanadas, apuesta segura y con gancho. (Bar 8 de Mayo. Tel. 91 543 74 52)