“COCINA” y “SALA” by COQUE

Una pareja sabrosa, sigilosa y elegante

En este domingo tan primaveral, quiero hablaros de mi última experiencia en el Restaurante de la Familia Sandoval, COQUE (Humanes, a unos 25 Km. al sur de Madrid), donde estuve el pasado 25 de febrero. Había estado anteriormente, en un evento celebrado por Tapas & Blogs, hace ya casi dos años –madre mía, cómo pasa el tiempo- y realmente fue una experiencia más que satisfactoria, por la cocina, la sala y el cariño con que nos acogieron. El pasado verano terminó la reforma del local y, por fin, tuve la oportunidad de volver. ¡Allá vamos!
Un recorrido de sensaciones “sorprendente, tradicional, emotivo y de vanguardia”
En la Bodega: aperitivo de Bienvenida
Nada más entrar, Rafael Sandoval, quien dirige la bodega, te recibe y te guía hacia la bodega, que se encuentra en la parte baja, un espacio singular con suelos de cristal y vitrinas que muestran algunas de “las excelencias” de la carta; donde te agasajan con una copa de vinos-según preferencias-. Nosotros optamos por un cava, en concreto, Casa Sala, uno de los Cuveés de Prestige de freixenet. Y, para su disfrute, te presentan una campana de cristal con una especie de árbol metálico con “frutos” delicados que resultan ser el tentempié inicial: teja de pipas y sésamo, uva moscatel con crema de queso y pistacho, buñuelo de bacalao –suave y delicioso- y un bombón de foie –un salado goloso que sorprende-.
Verdaderamente, es un placer tal recibimiento, por lo que el aperitivo resulta galante y seductor, creando grandes expectativas.
En la Cocina: el sabor de la huerta
A continuación, te redirigen hasta el ascensor que lleva a la planta de arriba, y de ahí, se pasa a la cocina, segundo escenario del tour, donde Mario Sandoval y su equipo reciben al cliente para darle la bienvenida y desearle un feliz almuerzo. Esta vez, no estaba Mario, pues se encontraba dirigiendo un evento en la Finca Romanée –espacio donde acogen diferentes celebraciones-. Pero, su equipo nos atendió estupendamente y, en honor a su huerta, te brindan unos aperitivos, en maceta, con su tierra y con la gracia de que tú mismo tienes que recolectar el “fruto” para disfrutarlo: encurtido de zanahoria, rábano en tierra de remolacha y puerro en tierra de cebolla tostada. Crujientes, naturales y originales… las sensaciones van en aumento, mientras nos vamos acercando a la trama central.
En la Sala: un “pasodoble” cercano y agradecido
Tras este cordial y agradecido recibimiento, nos adentramos en la sala, donde nos espera Diego Sandoval, que con una sonrisa y gratas palabras nos acomoda en la mesa y nos presenta la carta: cuatro menús, cuatro experiencias “clásico, de mercado, degustación y gastronómico”. Optamos por el menú clásico. Antes de comenzar, cómo no, Rafa nos consultó si queríamos tomar vino en el almuerzo y, claro está, sí y, por supuesto, nos dejamos aconsejar. Disfrutamos de Coto de Hayas 2008 (tinto crianza de la D.O Campo de Borja) que acompañó perfecto a la selección de platos del menú.
Un Menú clásico y contemporáneo
Antes de comenzar, la tercera secuencia de aperitivos llegaba a la mesa: comenzamos con un árbol con unas galletitas crujientes de semillas; seguimos con un soufflé de queso –textura suave, sabor intenso- y continuamos con los esféricos de frutos secos (pistacho, piñones y nueces), ligeros y fugaces, pero no emotivos, siendo el de pistacho el que más se dejó notar.
Como primer plato, cromatismo de verduras a la parrilla con hojas verdes orgánicas, acompañados por una copita con su caldo: todas al dente, en su justo punto de cocción, respetando su color y formando un colorido mosaico, sobre crujiente de su “tierra”. Un bocado natural, limpio y crujiente.
Tras la huerta, nos introducimos en el monte, con unas setas con foie y puré de castañas; un bocado meloso y salvaje, pero de sabor delicado y agradable.
Y, cómo no, el plato principal, y que no se puede dejar de probar en Coque, fue cochinillo, de su propia granja y cocinado en la parrilla de horno, en su jugo, con su piel crujiente… un deleite.
El postre de chocolate, con diferentes texturas, impecable, cremoso, justo punto dulce y amargo. Me encantó la presentación: sutil, lineal y cromática. Además, con el café, no faltó a creatividad en los petit fours –me quedo con la pastita de maracuyá, de textura cremosa, casi como la de un helado-.
Esta experiencia se la debo a mi amiga Carmen Calvo -Directora de Comunicación y Relaciones Públicas de la Escuela de Hostelería Fuenllana, donde tuve el placer de estudiar Restauración hace ya algunos años- quien me hizo este regalo para los sentidos: un almuerzo con grata e interesante charla, que se vio engrandecida con cada bocado. Me hubiera gustado saludar a Ruth Vila Conejo, alumna que está realizando sus prácticas en Coque y que, por casualidades de la vida, conocí hace poquito en unas cata dirigida por Alejandro Rodríguez (Segundo Sumiller de Santceloni y amigo), donde me comentó que estaba encantada de estar realizando aquí sus prácticas.
Sin duda, quienes aún no hayáis visitado Coque, os recomiendo que hagas una escapadita, para un día especial, será un acierto y, si no, su visita hará el día especial.
Desde que llegue, hasta la salida, hasta hoy mismo en que estoy escribiendo, tuve la sensación de sentir el lujo del detalle, con una atención correcta, educada, a la vez que cercana y cálida; donde la cocina encuentra en la sala la fusión perfecta, no sobresale una sobre otra, van al compás, paso a paso, logrando un balada para el disfrute de quienes se presten a su goce.
Un aplauso para los hermanos Sandoval, por hacer del hecho gastronómico un homenaje y una experiencia.
Muchas gracias a todo el equipo, por ofrecer una melodía llena de sensaciones para presenciar y recordar.

2 comments

  1. Ole! Maravillosa redacción! Desde luego que apetece mucho conocerlo! Saludos

  2. Hola Mis Maridajes!!! Pues seguro que a ti te encantaría!!! Y, si no me equivoco, optarías por el menú gastronómico.

    Gracias por tus palabras.

    Un abrazo.

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