sábado, 9 de junio de 2012

RESTAURANTE LÚA


DÓNDE LA PASIÓN SE BIFURCA EN MIL Y UNA EMOCIONES 
Han pasado ya unos meses desde mi visita al restaurante Lúa (Paseo de Eduardo Dato, 5. Madrid), donde estuve disfrutando, junto a otros duendecillos gastronómicos, del TapasBlogs que tuvo lugar el pasado 28 de marzo. Todos y cada uno de estos encuentros tienen un condimento especial que convierten estas “quedadas” en verdaderas “fiestas”, con un entorno único y recomendable, para cualquier apasionado de la Buena Mesa. Si bien es cierto, que tenía muchas ganas de asistir a este evento y descubrir Lúa, pues había oído muy buenas referencias de su cocina, siendo Carlos Noceda –de ¡a ver qué cocinamos hoy! el primero que me habló de este sitio, en uno de los primos Tapas&Blogs, aunque, por aquel entonces, Lúa se encontraba en el nº 85 de la calle Zurbano. Ahora, regenta un local más amplio, dividido en dos plantas, luminoso, sobrio en la decoración, a la par que elegante, conservando el estilo de su antecesor, Zaranda, el restaurante que dirigió Fernando Pérez Arellanos. 

“El placer de la buena mesa se disfruta con los cinco sentidos”
Esta frase es la esencia que, día a día, hace que, en Lúa, las ideas se conviertan en experiencias, gracias al equipo que dirige el joven chef Manuel Domínguez. Una de las mayores verdades en la vida es que "lo que haces con cariño da buenos resultados" y, en cocina, es una actitud imprescindible, pues "si cocinas con amor, todo sabe mejor". Esto es lo que sentí en Lúa, donde cada plato trasmite delicadeza, pasión, entusiasmo y encanto, algo que se dibuja a primera vista, en su presentación y aroma, se disfruta en boca, dónde el sabor de cada plato era justo el equilibrio de todas esas sensaciones, a las que se les suma una materia prima de calidad. 

La magia y el encanto de la cocina de Lúa van tornándose semana tras semana, pues he de deciros que no dispone de una carta convencional, sino que la oferta se basa en un menú degustación que cambia semanalmente y se presenta a través de un aperitivo y cinco platos, siendo el último el que pone el toque dulce. La armonía gastronómica se completa con una acertada bodega, que ofrece más de 30 referencias a precio de coste (con un precio de descorche por persona de 5´5 €) y que es asesorada por David Villalón, del Restaurante el Padre. Hago un paréntesis, para felicitar a David por su bien hacer en El Padre, ya que tuve la suerte de conocerlo, gracias a las “catas a ciegas” que organiza Raquel Pardo, periodista especializada en el mundo líquido (os recominedo entrar en su su blog "Raquel Líquida") en el restaurante, donde David nos da su opinión acerca de las referencias catadas. El Padre es, sin duda, una buena opción para almorzar, tapear o cenar cualquier día de la semana, algo más cotidiano que Lúa, pues es un concepto diferente, pero, con el mismo espíritu que caracteriza a las cosas bien hechas, con estusiasmo. Volviendo al eje central de este post, no puedo dejar de mencionar el servicio, pues es otro de los ingredientes sin los cuales sería imposible esta armonía; una atención cuidada, cercana en su punto justo y, sobre todo profesional, y con buen gusto. 

El deleite para cualquiera que se preste a su “juego”: El MENÚ
Cómo no, no podía dejar de comentaros el menú con el que, Manuel Domínguez, nos sorprendió en este encuentro, al que dio paso nuestro amigo Carlos Noceda, con unas palabras de bienvenida que, aunque breves, fueron merecedoras de un gran aplauso.

El punto de partida vino de la mano de Estrella de Galicia Selección 2012, una cerveza tostada que, según Manuel, éramos los primeros en probar. Le siguió un sugerente aperitivo: Irlandés de lentejas y boletus, precedido de un vino blanco de Rueda “Bianca” (verdejo 2010). A continuación, un tartar de atún con guacamole de wasabi y lima, polvo de nachos y vinagreta de frambuesa (no tengo palabras, fue uno de los platos más aplaudidos, así que, sólo una cosa ¡tenéis que probarlo!)

El toque tradicional se dejó ver en la Sopa de ajo “a lo Lúa”, presentada con huevo escalfado, palomitas de arroz rojo y carpaccio de trufa negra. La calidad mostraba su baza en la Merluza al vapor sobre sopa de maíz, crudité de verduras y praliné de cacahuete, un pescado blanco y con frescura, acompañado de un contraste dulce y salado protagonizado por las verduras y los frutos secos. En este punto, abrimos paso al tinto “Tres Matas”, de la Ribera del Duero. 

El plato de carne se presentó en forma de Mini albóndigas de venado en reducción de teriyaki sobre un puré de yuca, nabo y falsa guindilla con rabanitos. Para su disfrute, nos sirvieron un Rioja, Ontañón (crianza 2008). 
Hasta este momento, todo fue sobre ruedas, pues cada plato era una obra singular, de tamaño justo y con un sabor equilibrado, donde cada aroma se hacía sentir, pasando a ser un componente más del "cuadro" final. El buen hacer continuó hasta el final, concluyendo con una Crema de queso San Simón sobre sopa de violetas y cristal de miel que, personalmente, me sorprendió, me encantó; textura “densa, casi como una esponjita-nube”, intenso sabor “queso de vaca ahumado de la zona de Lugo”, que encontraba en las violetas el toque justo y exótico de frescor y dulzura.

Hasta aquí os puedo contar, pues Lúa se presta a dar experiencias y lograr emocionar a su espectadores “comensales de aventuras bien contadas” día tras día y visita tras visita, así que, sin duda, os recomiendo que no dejéis de pasar por el nº 5 del Paseo de Eduardo Dato. 

Finalmente, darle las gracias al equipo de Lúa (por su atención y dedicación), a TapasBlogs (quienes convierten los eventos y la buena mesa en un “juego” que engancha y mucho) y a Cristina Lancha, de Acción y Comunicación, quien hizo posible esta velada. 

PD: Este día comuniqué a mis compañeros de TapasBlogs mi marcha, no sé por cuánto, de Madrid, pues me marcho a otro continente, a otra cultura, pero no quiero dejar de agradecer tantos buenos momentos, brindis y risas compartidas con todos ellos. Os seguiré la pista desde el Sur de África. Un fuerte abrazo compinches del tapeo, los fogones y la Buena Mesa.