PERDIÉNDOSE EN LA GRAN MANZANA #NYC

Let´s find some beautiful place to get Lost (Travel Lovers) 

Aventuras de una extremeña foodie en América: capítulo 3

 

En mi calendario decía “del 25 al 29, viaje a NYC”; desde que lo supe, tenía claro que me encantaría perderme por la ciudad, toparme con sitios curiosos y saborear cada paso, grabando las sensaciones, anotándolas, para no perder rastro ni detalle de este viaje. Entre los consejos que me dieron, me gustó el de la periodista y gastrónoma Yanet Acosta, literalemente “Nueva York es foodie, hagas lo que hagas; qué la disfrutes con Amor”.  Eso sí, desde España, ya tenía algo en mente “probar los Cronuts en el sitio donde fueron inventados”.
Tras esta pequeña reflexión-introducción, pasaré a detallarte, sin aburrirte o eso pretendo, mis paradas en la ciudad global de los Estados Unidos.

 

Día 1, 25 de febrero: Asentándonos en Rooselvet Hotel (Manhattan) 
Eran las 12 de la noche cuando entramos en este emblemático hotel, situado en la Madison Avenue con la calle 45 de la zona “Midtown”, que abrió sus puertas el 22 de septiembre de 1924. Dejamos las maletas y nos fuimos a ver Time Square, un espectáculo de luces, colores y gente por todas partes en la noche. Hacía bastante frío con lo que dimos una vuelta y regresamos al hotel, intentando captar un trozo de pizza en el camino para cenar. No tuvimos suerte, así que entramos en un súper “abierto 24 hrs” y pillamos algo para picotear. En mi caso, un burrito al estilo griego y unos snacks de arroz con paprika (la verdad, estaba delicioso, no sé si tuvo que ver que estaba hambrienta jejeje). Tras cenar y charlar en el hotel, las protagonistas de este viaje, Bailey (Princesa de Hernando de Soto, 2015), Ellie (Reina de Hernando de Soto 2015), Karsen (Embajadora de Bradenton 2015) y yo (Embajadora Hernando de Soto, Barcarrota 2015), decimos apagar la luz y descansar.

 

Día 2, 26 de febrero: Callejeo, MoMA Museum  y Japanese Dinner  
No hubo prisas por madrugar, pero a las 9.30 Karsen y yo estábamos desayunando en el café Manhattan, listas para empezar el día. He de decir que los cafés americanos no consiguen agradarme mucho –al menos por ahora-. Una mañana de callejeo, shopping y tour en bici-taxi por Central Park (me encantó este paseo) hasta nuestra visita al Museo MoMA; afortunadas, porque los viernes a partir de las 4 es gratis. Lo recorrimos con calma y me encantó visitar este emblemático Museo del Arte Moderno, viendo en directo obras como La noche estrellada de Van Gogh, Las señoritas de Avignon (1906) de Pablo Picasso o La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, entre otras.

 

La cena fue en una taberna japonesa –otra de las cosas que no me quería perder en NYC-, Sake Bar Hagi. Un rincón escondido de estos que pasan desapercibidos y de los que anotas tras conocerlo. Al entrar, bajas unas escaleras y voilá “una gran salón en la parte de abajo”, lleno de japoneses –buena señal- y con un ambiente de taberna que mola mucho. La carta es inmensa, en japonés e inglés, y una no sabe muy bien qué pedir. Probamos el Okonomiyaki “japanese pancake”, servido en sartén, de extraño sabor –salsa barbacoa con jengibre-, pero con una textura muy grata, mientras más comes más te gusta; y el arroz frito con kimchi y cerdo (buenísimo).
Tras la cena, fuimos al hotel. Sobre las 11pm, llegó Eva, otra barcarroteña que se unía para disfrutar de la experiencia neoyorkina durante el finde.

 

Día 3, 27 de febrero: Brooklyn Bridge, Memorial & Museum y Pizza
El sábado fuimos felices desde que pusimos un pie en la calle; hacía un día soleado y la temperatura mucho más alta que el viernes, con lo que nuestro plan de cruzar el puente de Brooklyn y caminar largo y tendido seguía en marcha. Eso sí, el metro de NYC  es un tanto confuso y nos perdimos hasta llegar al destino, jeje… Pero, al final, allí estábamos, disfrutando de las vistas, cruzando el puente y y dirigiéndonos hasta el Memorial Museum.
Hicimos una parada para el lunch en Pronto Pizza (114 Liberty St); sitio de paso, con dos plantas y pequeñito. Por lo visto, estos locales son los buenos para probar la típica pizza neoyorquina y, sea cierto o no, el caso es que disfruté con la porción de pizza de pollo y paprika que me pedí. Estaba riquísima, cremosa, de fina masa y muy sabrosa.

 

Tras reponer fuerzas, tomamos un Uber –servicio de transporte que usamos con frecuencia, pues resulta más fácil y económico que un taxi, solo hay que tener la aplicación instalada en el android- y nos fuimos a Soho. En nuestro camino, se nos antojó un cóctel en Jack´s Wife Freda; un bistró con encanto, muy cool y de visita agradecida, donde la comida lucía deliciosa, con buenas presentaciones y de aspecto saludable. Nosotras, un cafelito, un cóctel y buena charla. Caminamos hasta llegar a uno de los sitios que más me gustó “Chelsea Market”, un lugar para pasar unas cuantas horas, curiosear y llenar la cesta con cosas maravillosas. Todo tipo de tiendas gourmets, supermercado internacional, restaurante italiano, papelerías, tiendas de ropa y joyas. Un ambiente que te hace pensar que estás en Navidad o en un cuento de hadas; sin duda, merece la pena pasarse y disfrutar de su oferta. Gracias Eva por recomendar este sitio. 
Partimos al hotel para descansar un poco y salir a tomar algo en la noche. Yo soñaba con tomar un Manhattan o un cosmopolitan al estilo de la conocida serie Sexo en Nueva York, algo que había comentado. Allí estábamos en Rudy´s Bar, como sardinas en lata, porque no se cabía. Karsen con su buena voluntad me pidió un Manhattan y mi cara al probarlo no podía ser más penosa –no me gustó nada, era puro whisky-. Así que, con un poco de incertidumbre, pues parecía ser un sitio para pedir cervezas, pedí un Margarita: tuve suerte porque estaba delicioso. El local tenía un jardín con mesitas y bastante espacioso: estuvimos allí un par de horas y lo pasamos muy bien. Mencionar que es un sitio histórico de copas en la ciudad, barato y recomendable, aunque el Manhattan no me gustara. Además, con cada bebida te daban gratis un mini hot dog puesto en el vaso, al estilo de nuestras tapas.

 

Día 4, 28 de febrero: Reencuentro, Eataly place y Magia
Un día muy especial para mí, pues iba a ver a Irma, después de 4 años en Nueva York; alguna vez lo dijimos bromeando y, ahora, es un recuerdo de un grato reencuentro. Nos encontramos a eso de las 11 y teníamos todo el día por delante. Tras un café y casi dos horas de charla, no paseamos por el barrio de Manhattan e hicimos algunas compras. Le comenté que tenía en mente llevarla a un lugar que mi amiga Kelly me había recomendado y, que si era gustosa, iríamos caminando, pues hacía un lindo día y solo estaba a unos 25 minutos a pie. Irma dijo “vamos donde tú quieras, yo encantada”.
El destino era Eataly, una pequeña gran muestra de gastronomía italiana en NYC. Llegamos a las 3.30 pm y no habíamos comido aún. Al entrar, nos maravillamos del ambiente y la infinitud de cosas delicatesen que llenan sus estanterías. No sé casi ni describirlo, es de las cosas que uno tiene que vivir en directo; chocolates, tés, galletas, quesos, aceites, fruta, carne, buen café, mini bares y restaurantes, panaderías, pasta fresca, entre más detalles y utensilios culinarios, así como libros o cervezas de lo más variopintas.
Había que almorzar o mejor dicho “hacer el drunch” allí (dinner + lunch = drunch), es decir, una merienda-cena. Tras hacer un tour, decidimos parar en uno de los bares de pasta –nos costó elegir, entre tanta oferta atractiva-. Sentadas en barra, degustamos la mejor ensalada de mozzarella que he probado, sobre espinacas salteadas y aderezada con pesto de nuez; un bocado suave, de distintas texturas y lleno de sabor.
 
También compartimos unos Gnocchis, con champiñones y crema; estaban buenos, pero le faltó más salsa y quizás un poco de parmesano rallado. Mejoraron con el chorrito de aceite, un poco de sal y pimienta que le pusimos. Eso sí, la textura y el punto de cocción perfectos.
Feliz de compartir este día con Irma y añorando sus hermanas, el clon Saenger es siempre bienvenido.

 

Día 5, 29 de febrero: madrugón, cronuts y despedida

 

Lunes, último día, pero no menos interesante. Probar los cronuts de Dominique Ansel Bakery era una meta en este viaje. Me enamoré de este concepto desde el primer día que supe de ellos, los probé en Londres e incluso los hice en casa, pero era un sueño probarlos en el lugar que fueron inventados. Los de Londres me decepcionaron y esperaba que aquí no me pasara lo mismo. Para conseguir los cronuts hay que estar una hora antes de que abra y hacer cola, además, solo puedes adquirir 2 por persona. Todo un éxito, teniendo en cuenta de que cada cronut cuenta 5 $. Nosotras llegamos a las 7.30 de la mañana y ya había gente esperando. Mientras esperábamos, una camarera nos fue obsequiando con una mini madalena recién horneada ¡Todo un detalle!
Por fin, entramos y estábamos listas para pedir. Comenté que había leído que el DKA merecía mucho la pena, así que pedimos el Cronut de Febrero y el DKA.   
El Cronut de febrero luce con un glasé de fambruesas y está relleno de chocolate y mermelada de cassis: realmente bueno, el primer bocado te explosiona en la boca, saliendo todo el chocolate y sí “nos pusimos verde” pero fue un momento brutal. El DKA es un croissant redondo y caramelizado, simple que no atrae al ser visto, pero que está riquísimo. Un lugar que espero volver a visitar, os lo recomiendo sí o sí; están inventando conceptos constantemente, entre el mundo dulce y salado, también ofrecen almuerzos.
De Washington me fui con el sabor dulce de la mejor cupcake de mi vida; de Nueva York, saboreando los cronuts ¿Cuál será la siguiente? No te pierdas mis aventuras, algún día las vivirás en directo.

 

Seguimos sumando ingredientes, construyendo nuevas recetas.

4 comments

  1. Fantàstica experiencia Raquel, apetece coger el avión e irse a probar todo esto! Sigue con tus gastroaventuras! Besos

  2. Gracias Aida 😉

    Me alegra que te haya gustado.

    Algún día haremos gastroaventuras juntas, no me cabe la menor duda.

    Un abrazo.

    Raquel

  3. Q idola raquel siempre dije que nunca iria pero por lo que veo es muy distinto a lo q pensaba
    exitos

  4. Bienvenido 😉

    Gracias por visitar mi blog y si algún día vas a NYC, espero que la disfrutes y descubras sitios para perderse.

    Un saludo.

    Raquel

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