CENA EN LA PEPITA, BARCELONA

Ciudades que enganchan, experiencias que tintan con un “hasta la vista”

El pasado 14 de julio estuve de nuevo por la Ciudad Condal, 4 días llenos de energía me esperaban, entusiasmada por los reencuentros que me esperaban, aparte del tour por la Costa brava que nos había preparado mi prima Cristina.
Al final, fue poco tiempo, pero muy intenso, así que voy a dividir este viaje en 3 partes. Por un lado, los encuentros y las gastro experiencias en Barcelona (en dos pases), por otro, el encanto de la costa y el relax vestido de historia (un pase resumen del tour).

Día 1, jueves 14 de julio “Cena en la Pepita”

 

Sin duda, una de las ventajas que nos brindan las redes sociales es no perder de vista los pasos de quienes nos encontramos en nuestro camino, personas con las que compartimos experiencias, momentos para el recuerdo. En mi caso, gracias a un plato,  a una competición a nivel nacional pude disfrutar de una temporada en dos restaurantes de altura como son Arzak y El Bulli.

Siempre lo dije, lo mejor “las personas que conocí”, hoy grandes líderes en restauración, viajeros incansables, contactos repartidos por todo el mundo. 8 años han pasado de aquella aventura, los mismos sin ver a Nico Liebana (Bulli, verano 2008), hoy jefe de cocina en La Pepita (C/Córsega 343). Le comenté que iba a Barcelona y que me pasaría a visitarle. Había leído que había que hacer cola y que no se puede reservar. No obstante, no está de más avisar, jeje.

Antes de ir a cenar, nos pasamos por BarMut (C/Pau Claris, 192) para tomar un vino y hacer tiempo; un sitio recomendable con buenas referencias y un servicio excepcional, aunque no es precisamente económico –la copa de vino ronda los 5 €-. A las 22.00 hrs llegamos a La Pepita, hicimos cola, pero muy a gusto, pues mientras charlábamos nos fuimos tomando un aperitivo. Desde el primer momento, respiras el encanto del lugar (pequeñito, paredes llenas de grafitis, cosmopolita) y la simpatía de su personal. Finalmente, pasamos a la mesa y a saludar a Nico (la cocina es con vista a la sala). Normalmente, suelo pedir a la carta, pero, esta vez, nos pusimos en manos del chef “dijo os sacaré 9 pases y si veis que es mucho, me cortáis”, dicho y hecho.

 

Menú y Sensaciones en la Pepita: Pasaré a detallar la experiencia resumida en 12 bocados, para posteriormente dar una impresión global de la cena.

 

La Anchoa Especial de la Pepita: anchoa de calidad extra sobre pan crujiente y dulce de leche. Una fusión acertada, creativa en cuanto a sabor y que podría ser perfecto con un toque untuoso, como por ejemplo una mousse de mascarpone o un queso crema de base.
Espárrago blanco y verde con vinagreta de jengibre y cacao: magnífico, uno de mis preferidos, se deshacen en la boca, una explosión de sabor con el cacao permaneciendo al final y el toque picante del jengibre. Inmejorable.
Dorada Marinada con espinacas tiernas, fresas, piquillo y albahaca: una combinación acertada, colorida y atrevida. Nos sorprendió a todos, muy top.
Salmón marinado con manzana asada, miso e hinojo: suave y con una textura increíble, untuoso y refrescante. Aquí hubo diversidad de opinión, a algunos les encantó y a otros nos pareció más normalito.
Foie Micuit con chocolate blanco y café: un bombón para disfrutar despacio, creo que con esto lo digo todo.
La Croqueta ibérica V.I.C: croquetones de jamón envueltos por una lámina de jamón ibérico. Muy bueno, aunque especialmente para mí, nada especial pues soy de la dehesa, tierra de la bellota y donde el jamón es un AS de la zona. Entre los turistas y locales seguro que es un éxito.
Buñuelos de berenjena ahumada con queso de cabra, miel y manzana: muy buenos, los volvería a pedir, yo soy mucho de berenjenas, ahumados y queso, por tanto, estuvo entre mis favoritos.
Gambas al ajillo con judías verdes y cebolleta tierna: presentadas en cazuelita, con un contraste color brutal entre el verde intenso de las judías y el naranja de las gambas. Toque de cayena que daba alegría al plato.
Calamares a la romana con mayonesa de kimchi: algo diferente con sabor a comida “Tex Mex”, pues recordaba a los doritos.
Vieiras con crema de Alcachofas, salsa verde, lima y berros: exquisitas, una fusión qu e aunque pueda sonar chocante, queda divina, pues la alcachofa no es fácil de casar.
Pulpo a la plancha con mojo verde, puré de papas y tirabeques; una versión dinámica del tradicional pulpo a feira.
Pluma ibérica “korean Style” con ensalada de cogollos, pepino y setas marinadas: excepcional la carne, con un sabor intenso y que se deshacía en boca.

 

Disfrutamos el menú con un vino blanco en el inicio “José Galo, Rueda Verdejo” y un tinto de la casa de la D.O Montsant. Mencionar que también tienen una estupenda selección de cócteles. Acabamos la cena, brindando con una triología de orujos y charlando con Nico, un placer poder terminar la velada recordando viejos tiempos y poniéndonos al día.

 

Retrogusto: estuvimos como en casa en La Pepita, el servicio es un plus a destacar en este local, profesionales y sin esconder la sonrisa –te hacen sentir especial-. La oferta gastronómica es para tener en cuenta, cocina fusión con nombre propio y una variedad acertada, entre tapas-raciones y sus famosas pepitas –que tendré que probar algún día-. Recomiendo esta experiencia “en pases”, me explico; quien pueda, creo que merece la pena ir de vez en cuando e ir probando cositas poco a poco.

 

Yo no vivo en la ciudad, por lo que opté por el menú; en este faltó un poco de equilibrio, tan solo dos platos de carne y ningún postre. Lo ideal, ojo para mí, hubiera sido 3 platos de pescado, 3 de verduras, 3 de carnes y 3 postres. Salimos a 35 € por cabeza, pero porque fue una cena especial. Puedes cenar perfectamente por 15-20 € por persona.

 

Me despido dando las gracias a las personas “todas” que dieron luz a esta noche mágica que disfrutamos, entre los que estaban mis acompañantes –Cristina, Bailey, Victor, Miki- y todos los chicos de La Pepita. Espero volver a veros. Un abrazo, ahora, desde Badajoz.

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