Paella en la Dehesa, Sinestesia Gastronómica, Familia Contador

Expectativas, ingrediente fantasma y decisivo

Soy inquieta, lo reconozco,  más si hablamos de hechos con sabor o notas con aroma. Normalmente, no puedo evitar indagar, estar al día de los sitios de moda, consultar opiniones y hacer un muestreo de sitios antes de decidirme y marcarme una gastro-experiencia. Me gustan los sitios míticos, auténticos, las pequeñas tascas, los bares de la esquina, las pastelerías con historia, los obradores que huelen a “pan pan”, los ultramarinos de barrio, el bullicio de los mercados “con el canto de pescaderos, carniceros y fruteros”. También me gusta lo nuevo, lo que marca tendencia de buena manera; me rechinan las imitaciones y las réplicas de lugares sin alma, todos cortados por el mismo patrón y que se limitan a seguir la moda.

Por otra parte, me fascinan las sorpresas, descubrir “puntos de interés” a pie de calle y salir sin plan alguno. Me dejo llevar por las apetencias para optar por la vía de búsqueda anticipada o in situ, al ritmo del callejeo y la espontaneidad.

¿Qué papel juegan las expectativas? ¿Cómo determinan la experiencia?

Pues eso, toda esta palabrería para entrar en materia y comentar un tema que me gusta mucho “las expectativas”, pequeñas hadas que no palpamos y, sin embargo, son determinantes en la percepción de nuestras experiencias. Siempre lo digo, si te dicen que una película es impresionante y vas pensando en que te va a maravillar, probablemente acabes diciendo “no era para tanto”; si no sabes nada de la peli, quizás te sorprenda y opines “anda, qué buena”. ¿Lo habías pensado? Pues si trasladamos esto a la práctica del yantar, estamos en lo mismo, solo que, aquí, las sensaciones nos llegan por los cincos sentidos con aplicación del sexto “donde entran en juego las expectativas, los recuerdos, la opinión, la subjetividad…”. Me gusta llamar al Sexto Sentido el ingrediente cognitivo de la receta, porque aparece cuando entra en juego la razón y el comer deja de ser un hábito para transformarse en una diversión que alimenta.

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En Madrid Me Mata, buen sitio para tomar una copa, charlar o bailar.

La reflexión de hoy no es momentánea, he pensado en ello muchas veces, solo que se volvió a activar tras la noche de ayer “salida sin plan, abierta a la improvisación”. Cinthia, mi compañera de viaje de finde en finde, y yo decidimos ir a la Calle Espíritu Santo, en el castizo Barrio de Malasaña; me encanta el espíritu que se respira en esta calle, hay vidilla en cada rincón, lo antiguo se mezcla con lo moderno en cada paso, infinitud de opciones para el disfrute, mucha gente, mucho bullicio. Paramos en La Dominga, en el número 15, para empezar con un Vermut y unas olivas; seguimos en la Blanca Paloma (nº 21) donde nos tomamos un vino de la Ribera del Duero y quedamos atónitas con el ambiente y su oferta. Nos dijeron “con el vino no podéis elegir ración gratis, solo con la cerveza”; a los 5 minutos nos traen el aperitivo “4 platos, 2 huevos fritos con pimentón y yema apta al moja moja”, salchichas con patatas fritas y papas con mojo”.

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Huevos, Salchichas y papas con Mojo en la Blanca Paloma ¡Menudo aperitivo!

¡Creíamos que se habían equivocado de mesa! Pagas 2´50 € por una copa de vino y cenas, además, las tapas estaban ricas. Así, es de entender que el sitio esté repleto de gente. El servicio es rápido y atento; las raciones grandes, sin coste y a elegir ¡Qué más se puede pedir!

Salimos contentas, no hubo expectativas incipientes, hubo sorpresa y, evidentemente, no es una cocina de primera, pero la calidad-precio inmejorable-recomendable. Luego, nos tomamos un Gin & Tonic en Madrid me Mata (Calle Corredera Alta de San Pablo, 31) y este puso fin a una noche redonda, dejándome un mensaje claro “no puedo mezclar ni tomar Gin&Tonic; lo sé, pero sigo mezclando y tomando este combinado” ¡Caramba!

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Visita al Mercado de San Antón, inicio del Tour enfrentado con entusiasmo.

Finalizo mi escrito, matizando que las expectativas son un condimento intrínseco y determinante en la percepción que tenemos de nuestras experiencias, las marcan y definen sin que nos demos cuenta. Son parejas a las apetencias, a la actitud con la que nos aventuramos a probar un menú; por ello, para juzgar certeramente un restaurante hay que ser honesto con nosotros mismos y saber cómo y con qué inyección partimos. Puedes probar el mismo plato dos días distintos “el mismo” y que un día te sepa mejor que otro: influye el hambre, el apetito, la compañía, la predisposición… Pequeños detalles que suman y regentan el gusto de nuestro paladar.

Y tú ¿Cómo afrontas tus experiencias de la Buena Mesa?  

PD: La foto principal es de una paella hecha por mi padre, en la hoguera, y su disfrute en medio la dehesa extremeña, en familia, la condimenta de matices que se transforman en un bello recuerdo, un acto de ocio comestible.

6 comments

  1. Gracias Chary 🙂 Qué bueno que te guste.
    Mi padre hace unos arroces estupendos.
    Abrazos,
    Raquel

  2. Con curiosidad aprendiendo a descubrir lo nuevo, disfrutando lo conocido y satisfacho de lo compartido.

    1. Hola Francisco,

      Eso es! Bien resumido.

      Gracias como siempre.

      Abrazos.

  3. La verdad la paella tiene un aspecto increible 🙂

  4. Hola Verónica,
    Muchas gracias por las palabras y por pasarte por aquí; se me pasó contestarte con antelación.
    Un abrazo. Raquel

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