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Ciudad sin Tiempo, Copenhague y su “Hygge”

“No hay que masticar recuerdos, solo anhelarlos, haciendo nuevos, cerrando círculos, avanzando libre, sin peso”

Un impulso me llevó a reservar un vuelo a la capital de Dinamarca, en parte movido porque uno de mis mejores amigos está viviendo allí. La verdad, no hice investigación previa, marché con la maleta, mucha ilusión y ganas de desconectar. Creo que es el primer viaje en el que no llevo anotaciones gastronómicas de visita obligada, lo siento, pero, esta vez, quería dejarme llevar, no pensar, disfrutar la espontaneidad en su punto más álgido.

De vuelta en Madrid, con ganas de transmitir mis impresiones, allá vamos.

Empezamos por el tiempo y es que en Copenhague puedes vivir más de tres estaciones en un día, yo lo comprobé “el calor y el frío se combinan locamente” en el trascurso del día. Tuve  suerte porque disfruté de un finde soleado aunque, en las noches, el abrigo era necesario. Paré el tiempo en mi ser, no móvil que valga –solo al llegar a casa-, fluí en una ciudad donde el relax se respira a cada paso, será por eso que dicen que es “la ciudad más feliz del mundo”, su modo de vida y que los daneses llaman “hygge”.

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Atardecer, cóctel de sensaciones, arquitectura de cuento, belleza ante los ojos.

Ciudad plana, donde la bicicleta es uno de los medios de transporte más característicos, casas de colores llamativos, edificios emblemáticos y que llaman tu atención por su bonita fachada o por su diseño de contraste. Las personas con su especial carisma danés, altas en su mayoría, blancura en su piel, pelo rubio o cobrizo y su caminar pausado… No hace falta observar mucho para ver que obesidad hay poca en esta ciudad, gente haciendo deporte a todas horas, dieta saludable pero con cerveza incluida –es la bebida más popular y cuentan con una gran variedad de cervezas artesanas-. A pesar de ser una ciudad turística, no sientes saturación ni hay mucha aglomeración “solo en horas puntas y en días concretos”.

Si visitas la ciudad, por supuesto, no debes perderte los puntos clave de interés turístico; los Jardines de Tivoli, Nyhavn –el puerto-, la sirenita, Rosenborg Castle, El Palacio de Christiansborg, El Museo Nacional, entre otros. Todo está relativamente cerca, por lo que puedes disfrutar con calma y pasear por sus calles sintiendo su autenticidad. Hay varios Food Market tipo street food –sí, de esos que han emergido por todas partes en los últimos años- y el take away es algo muy habitual –gente comiendo a pie de calle, en los parques, frente al puerto-, heladerías con waffles en carta y muchos puestos de comida por las calles “tipo hot dog”.

Al caer el día, los bares atraen a todos los transeúntes “locales y turistas”, pues en casi todos hay música en directo; es, sin duda, una ciudad donde muchos músicos de todo el mundo hacen estancias para seguir su ritmo de vida, muchas veces nómadas y en solitario. Las danesas son muy seguras, se alzan de las sillas y bailan como si estuvieran solas, no buscan ser miradas, se nota que sienten felicidad, sus movimientos las delatan.

Voy a mencionar brevemente algunos de los sitios por los que pasé, por si algún día estás por allí y quieres acordarte de mí.

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Smørrebrød”, aquí tan solo un ejemplo de las tostas más típicas de Dinamarca, estas con gambas y crema de queso.

Copenhagen Street Food: es un mercado de comida callejera que representa gran parte de la cocina internacional, por supuesto, también encontrarás los “smørrebrød” –los bocadillos más típicos daneses que son tostas de pan de centeno con infinitud de ingredientes de cobertura-. Yo opté por un Falafel Pita en el puesto Fala Fala que fue una gozada (súper sabroso, crujiente con humus y salsa Tzatziki; me encantó y lo disfruté al compás de un chato de vino blanco La Segreta). Se escuchaba música de fondo, tumbonas frente al mar, ambiente chill out al son de los rayos de sol…

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La imagen no le rinde homenaje al sabor y la textura que envolvían este bocado entre humus, salsa de oriente y falafel. Brutal.

Un plan que no quería terminar. Sencillez a bocados, mente en blanco. Hago un inciso –no por ser comida street food es barata, el almuerzo salió por unos 14 euros con un coste de 6 euros por un chupito de vino, jaja, pero merece la pena, por el ambiente, la experiencia y las apetencias.

El mercado se inauguró en la primavera de 2014 en la zona del Papirøen, un antiguo almacén industrial que servía para el almacenamiento de papel.

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Frente al mar, tumbonas cono en la playa, música de fondo y mucho bullicio “agradable, cálido”.

Food Market Torvehallerne: otro mercado similar al anterior pero más gourmet, similar al Mercado de San Miguel de Madrid o la Bouqería en Barcelona, con tiendas especializadas por productos y con más oferta de platos locales. Recomendables los fishedeller –especie de buñuelos de pescado- y los mencionados smørrebrød –de arenques, salmón, patata con cebolla caramelizada y casi siempre acompañados de una salsa-, los panes sobre todo de centeno y, en dulces, los kanelsnegl –bollitos de canela- las galletas danesas; no hay que olvidarse de los helados –capirucho por allí, capirucho por allá-. El mercado está cerca del lago Søernes Bådudlejning donde se visiona el puente Dronning Louises y las barcas en formato cisne complementan la experiencia. Puedes comprar lo que más te apetezca y tomarlo frente a este paraje tan especial.

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Momento relax, calma y naturaleza se tiñen de gris al compás de la brisa en este enclave frente al lago.

La comida tailandesa y japonesa también están bastante presentes; me tomé unos noodles muy ricos, eso sí, no recuerdo el nombre del local, a pie de calle en la zona de las tiendas. Esta es quizás la oferta más económica si quieres optar por restaurantes, aunque, evidentemente, animo a disfrutar la comida autóctona.

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Noodles con pollo y salsa al curry, punto picante y vegetales variados. Una delicia muy liviana.

Joe & the Juice; una franquicia danesa que ofrece batidos, zumos y cafés con una corta pero perfecta selección de bocatas con pan de centeno. Yo opté por el Tunacado, un bocadillo finísimo y muy crujiente de atún, aguacate y tomate con una salsa de eneldo. La verdad, recomendable.

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La vista lo dice todo, un bocado saludable, crujiente y sabroso “tunacado bien aprovechado”.

Espresso House “Starbucks a la sueca”; pues eso, un local acogedor para tomar un café o un batido relajadamente. Si no tienes compañía, es perfecto para disfrutar de un buen libro o checkear el móvil pues tienes wifi gratis.

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Capuchino de la casa danesa; hay gran variedad de cafés y muy recomendables los ice coffee.

Picnic improvisado: hacía un día radiante, poco usual en la ciudad, perfecto para improvisar un picnic. Compramos take away (wrap de pollo en mi caso y unos chips de miel&barbacoa como contrapunto perfecto) y nos montamos un almuerzo de película en el parque de Kastellet.

El sol cae, la magia un tanto dandi y bohemia te atrapa, te entusiasma, te contagia “Ruta de Bares”

Si la ciudad es bonita de día por su colorido, la felicidad y el aire puro que se siente de noche, una se deja embaucar por los ritmos y el bullicio leve de la gente –cenas al compás de las velas en las terrazas, parejas confidentes, turistas que ríen y conversan, cervezas gigantescas al alza-. Es aquí donde la música es protagonista, pues casi todos los bares ofrecen música en directo, bandas o en solitario; la verdad es que la velada invita a quedarse hasta altas horas de la madrugada. Es una ciudad destino de músicos; lo sé de buena tinta pues mi amigo lo es y me contó que una infinidad de artistas pasan por allí cada año por temporadas, buena remuneración y público agradecido.

Los bares por los canté y hasta reí son:  Vesterbro Bryghus, Fisken Pub, McJoy´s Choice, Streckers Pub & Brasserie.

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Streckers Pub & Brasserie, ambiente envolvente para tomar una buena cerveza y escuchar música variada.

Hasta aquí mi aventura, mi historia en Copenhague, una ciudad que no vislumbré en mi destino, pero que ya forma parte de mis vivencias; recomendable, de ensueño, pero donde el bolsillo debe dejarse agujerear sin que duela.

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Paseando por las calles del centro, día de shopping, pose de gracia e interés para la posteridad, jaja

Más libertad de persona, más sentirse uno mismo, romper las reglas del juego, vivir como si no existiera un mañana, píldoras de vida en realidad escondidas por la sombra de la sociedad.

Despido mi escrito dando las gracias a mi amigo Ryan Koriya, quien me enseñó la ciudad, alma libre que disfruta con su música, sigue su sueño mientras regala sonrisas y locura a base de fantas y zumos de manzana, sé por qué lo digo.

8 comments

  1. Precioso,vital,interesante,alegre,cercano…
    Sin duda tus post son alimento para el alma
    cada vez mejor,trasmites felicidad,enseñas a amar la gastronomia,disfrutas de los sitios,los pequeños grandes placeres de la vida…
    Sigue saboreando tus sueños preciosa
    Un besazo

    1. Hola David; me alegra que te guste, más viniendo de ti -que escribes tan divinamente-. Muchas gracias!!!!
      Un abrazo

      Raquel

  2. Excelente como siempre Rachel! Se ve que disfrutaste de la experiencia y de la visita, tomo buena nota ya que Copenhague es una espinita que todavía tengo clavada. Un fuerte abrazo desde Hispalis!

    1. Hola Paco; qué bien que te guste. Seguro que algún día te dejas caer por allí y otro comentaremos con un brindis por el encuentro.

      Gracias por dedicarme tiempo.

      Un abrazo

      Raquel

  3. Que bonito Raquel, me ha encantado!!. El reportaje refleja tanto tus vivencias y sentimientos que te hace sentir que estas alli. Gracias por compartir tus momentos.

    1. Gracias Ascen; me alegra que te haya gustado. Me encanta escribir, escuchar las emociones y ponerles ritmo en un escrito.
      Un abrazo.
      Raquel

  4. Hermosa ciudad, trasmites tus vivencias con mucho cariño, cada lugar y cada experiencia vivida es siempre una lección de supervivencia y aprendizaje, vie est belle, mi dulce dama, mis felicitaciones por este crecimiento personal

    1. Hola Rabea,
      Me alegra que te haya gustado; la verdad, en este crecimiento “tus oportunos consejos” me han ayudado mucho mucho esta etapa en la que ando y avanzo cada día.

      Seguiremos viajando, viviendo y compartiendo.

      PD: gracias por este mensajito, qué ilusión 🙂

      Un abrazo.

      Raquel

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