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Día Deconstruido con Espuma Invertida

Domingo, sol, manta azul de cielo… mi realidad, cueva, pantalla, teclado –vivir en un primero tiene su punto, aunque a veces te sientes como un champiñón, jaja-.  Me pongo a escribir a destiempo, con las neuronas algo perjudicadas pero con una pizca de picardía y mucha motivación para contaros cómo es un día deconstruido que acaba en una chistera azul. Antes que nada, quédate con el toque de la chistera, no tiene desperdicio.

Receta de un sábado con salsa de Murphy

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Paraguay, Sevilla y Extremadura en una copa de charla y puesta al día en algún bar de lavapiés.

Sabes eso de cuando algo se inicia mal todo se trastoca o sí sí, todo pasa por algo. El viernes 23 de febrero, estaba todo listo, había un plan molón para la noche de chicas del sábado. Habían llegado a nuestras manos 4 entradas para una sesión de Jamming en el Teatro Maravillas, grata noticia por circunstancias no tan buenas para la persona que nos las rebotó. La sesión era a las 23 hrs y estaba al lado de casa, dije, preparo una cenica, esa primera cena guay en casa que se está haciendo rogar, estreno el Verdejo de Javier Sanz, con pasta a los cuatro quesos, tostas de cecina “unas con foie, otras con aguacate” y todo listo. Salgo a pasear por la mañana con la intención de comprar ropa deportiva para cubrir ese pendiente de ir al gimnasio –ojo que estamos casi en marzo-. Mensaje al móvil, Raquel, las entradas eran para el viernes, what???? Joder ¡Qué rabia!

De pasear, a un banco, yo y mis búsquedas de restaurantes, entre pendientes, sugerencias… Indecisión, maquear nuevo plan. Nos decantamos por ir a tomar algo fuera y, tras una pensada, nos decidimos por “Las Chicas, los chicos y los Maniquís”. Hasta las 20 hrs no logré contactar con el restaurante, llamo y nada, estaba lleno. Opción B: Celso y Manolo, lleno también. Opción C; Más al Sur que era otro de los que estaba por la zona y también lo había barajado, además, Macarena ya venía de camino. Allí nos dirigimos Cinti y yo, pero nada, cola en la puerta, increíble. Buscamos un garito para un vino mientras llegaba Macarena, “Casa Pachuco” y Puff, panda de hombres con alcohol en sangre y cánticos que te agrietaban las orejas, ni relax ni charla. Qué día, qué día.

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Rabo de toro, estaba aceptable, pero un imprevisto le quitó la gracia, cosas que pasan

Dijimos, pues venga, en cualquier sitio picamos algo. Al final, acabamos en un bar de la calle Torrecillas del Leal que es donde había algo de hueco, no recuerdo el nombre, vaya por dios. Pedimos un vino y unas tapas “croquetas de jamón y rabo de toro”.

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Croquetas de Jamón Caseras “eso dirá el paquete”, pero de con lo que el término conlleva nanai

Lo mejor del local, el camarero, muy majo y atento, el vino, creo que era Torero, de la Ribera del Duero, también cayó bien. Las tapas “pa salir del paso, precocinadas prácticamente” y con algún imprevisto que no me apetece contarte. Eso sí, lo pasamos genial y nos pusimos al día. Macarena se tenía que marchar en el tren a las 12; la acompañamos.

Caminata a casa, topping de la noche

Mi actitud andarina convenció a Cinthia para que fuéramos juntas hasta la zona de Bilbao. ¿Crees que llegamos? Pues no. Subiendo la calle Atocha, pasamos por el Hotel Axel y le dije a Cinthia, mira aquí trabaja César Valarezo. De repente, tras la cristalera, vaya, mira si es César, vamos a saludarle. Nos dice, tomaros algo y no tuvo que insistir mucho, allí sentadas en una barra al estilo de los años 80, copa de vino, aceitunas esferificadas y trufas de cacao y baileys. César me trajo la carta para que la viera y yo otra vez whatttt???? Las Chicas, los chicos y los Maniquís. Madre mía, si estuve visitando el hotel, el restaurante y no había caído al reservar que este lugar era el del hotel Axel, lo asocié vagamente el otro día cuando me lo recomendaron, pero… Tela, telita, tela. Sale el chef, Pedro Gallego a saludarnos y grata charla que tuvimos. Si lo llego a saber, llamo a César y seguro que algún huequito hubiera habido. Esperamos a que César acabara el turno para tomar una copa en el lounge bar en la zona de abajo –yo cambié la copa por agua-, pedazo de sitio, me encantó el rollo clandestino que tiene.

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Barra de Las Chicas, los chicos y los Maniquís, con el chef César Valarezo, barra molona.

Parecía que ya estaba bien, día del revés, nada salió como estaba previsto, con la controversia de que, al final, acabamos donde quisimos empezar, de pura casualidad. Nos disponemos a seguir la ruta hasta Bilbao y no sé qué hicimos, pero nos desviamos, hablando como cotorras con un sombrero azul que no percibí hasta esos instantes. Cinthia pilla el metro, yo sigo caminando, pensaba que venía a casa y, tras 30 minutos andando, a las 3 de la madrugada caigo en la cuenta de que no sabía dónde estaba. Sinceramente, estaba cuerda, algo evaporada, pero me perdí en Madrid, aún sigo preguntándome cómo, jaja… Taxi Taxi y pa casa.

Esto ha sido la historia de un día deconstruido, donde la textura, la presencia, el color… todo cambió, conservando la esencia del concepto, el buen rollo, las risas… el pasarlo bien se dio aunque en otro escenario, con otro sabor. Un día para guardar en la chistera, esa que con su azul y su brillantina dio un toque de inversión a la espuma de la diversión.

Esto es todo por hoy, espero que, al menos, te haya sacado alguna sonrisa o alguna reflexión; yo he sacado una nueva expresión entre la deconstrucción y la perdición, confirmando que cuando las cosas se descolocan hay que ajustarlas al molde y, simplemente, dejarse llevar. Bueno, ahora ya sabes lo que es un día deconstruido. Ya me contarás si Murphy te regala uno ¡Suerte!  

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