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¿Por qué no? Cuestiones Palpables, Garbo de la rutina

Si pasa es por algo, si no pasa, también, de todo se saca algo, todo va sumando. Es inevitable planificar, es amable no hacerlo, la rutina se va dando entre la programación y la improvisación. Quieras o no quieras, las circunstancias son las dueñas, las reglas del juego; la mente, el manantial, siempre fluye, a veces se controla, otras te descontrola.

Madre mía, cómo empezamos hoy ¿No? El cóctel Baranoa de anoche creó su garbo y he aquí los resultados, jajaja… La reflexión estará acompañada, como siempre, de una buena tajada de experiencias, variadas, de aquí y de allá, pero tienen lo suyo ¿Me prestas 5 minutos? Venga, acompáñame.

Antes de comenzar, te pongo en situación de las secuencias, esparcidas en tiempo y espacio, con distintas connotaciones. Las he categorizado en 3 versiones: al vuelo, en solitario y Homeopáticas.  

Encuentros “Al Vuelo” sin aterrizaje previo

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Llamó así a esas oportunidades que llegan, una llamada para quedar, un mensaje con un plan… Abiertas al sí y al no. No siempre podrás decir que sí, obvio, pero adoptar la actitud del “por qué no” es, sin duda, una de las mejores cosas que puedes hacer. Yo me lo asigné hace tiempo y agradecida ando con las consecuencias. El sábado pasado se dio gracias a un sí; feliz de poder compartir la experiencia que viví, sencilla, liviana, con mucho ritmo.

Fran, un almeriense muy majo, tras pasar 45 días por Nepal, avisó que pasaría por Madrid, me invitó a unirme a su plan de sábado. Gente variopinta, a nadie conocía, punto de encuentro en Casa Julio, mítico lugar de tapeo por Malasaña; destino, el Perro de la Parte de atrás del Coche, concierto de los grupos Wibouz y Jack Bisonte. Tomé un vino, unas croquetas (muy buenas por cierto), disfruté de la música en directo, charloteé. Tras el concierto, un DJ recreó tal ambiente que hizo mover mi esqueleto como si en los 18 anduviera, bueno, salir con deportivas ayudó, jejeje…

Lo pasamos genial, hubiera seguido un poco más, pero el plan llegó a su fin, nos despedimos, caminé con un chico muy majo, Borja, hacia Bilbao, taxi para él, 5 minutos a pie para mí; en casa, con la sonrisa, con nueva gente entre mis contactos y, además, sin la mirada nublada.

Sabes por qué ¿No? Porque también hay que saber decir no “no a esa copa que sabes que no te va a caer bien, que te invita al ibuprofeno antes de dormir o saludar al zumo de tomate en la mañana” ¡Bendita madurez!

Desayunos “espejo”, solitarios, complacientes

Esta semana, en mi ruta de viajes con la Escuela de Hostelería y Turismo MasterD, tocó Granada. Estaba todo listo, bien planificado y no te voy a contar todo lo vivido, me voy a detener en el momento “desayuno”. Para mí, de siempre, es mi momento, me encanta desayunar, en mi rutina, en casa, sola, con mis movidas; fuera, sola con anhelo de compañía.

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Cuando viajo, en ocasiones, toca cenar y desayunar solita, a veces, con suerte, tengo amigos en la ciudad y provoco los encuentros. Pues bien, en Granada, desayuné los dos días en la Cafetería Madrid, bar de esquina, a 2 minutos del Hotel Leonardo donde me hospedaba, así que perfecto. Variedad de tostadas, servicio muy atento y rápido. El primer día tomé media de jamón york y queso con base de tomate, buena, generosa, pan de mollete. El segundo, de atún con tomate y, esta vez, el pan era barra rústica. El café, Catunambú, no lo conocía o quizás lo he tomado anteriormente sin taza serigrafiada; me llamó la atención el nombre, me gustó el aroma, el sabor. Ahora veo que es el café de Andalucía, que lleva despertando a muchos hogares y bares desde 1897. Registrado, recomendado.

Qué deciros, que si no me hubiera gustado, no hubiera repetido experiencia, es más, pensaba ir antes de marchar a la Churrería Jorge –puerta con puerta- pero aquella mañana no me apetecían churros, suelo escuchar a mi cuerpo, a mis apetencias, clamaba de nuevo por unas tostadas en la Cafetería Madrid. Como detalle, la servilleta y su mensaje “Sonría Siempre”, algo que pone en práctica el propietario-camarero, te saluda con una sonrisa, te despide con “buen día”.

La suerte del Balcón, de Lavapiés a Chueca

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Camino a la estación de Granada, a mi paso, una pastelería, leí “hay Piononos de Santa Fé”, no pude evitarlo, el aroma y el mensaje me indujo a entrar. Olía a anís. Pregunté que de qué era ese aroma, el pan de aceite que está en el horno dijo la señora –cachis, no estaba listo aún-. Compré empanada de chocolate, salaillos (tortas redondas, tipo pan, con textura de bollito de leche) y los piononos. Acto seguido, mandé audio a mi amiga Cinthia “mañana, si te ape, merendamos juntas y recordamos la dulce tradición granaina”.

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Así fue, ayer, merendamos en casa, tomamos los Piononos, charlamos largo y tendido; salimos rumbo a Lavapiés.

La idea era pasear, un poco de tiendeo y poco más. Al final, tocó tapa-vino con balcón incluido en el Rincón del Cabo. Siempre que pasaba por ahí me quedaba pensando “tengo que venir”, a Cinthia le pasó lo mismo, así que cenamos ahí. Lugar acogedor, tranquilo, peculiar, carta justa y atractiva. Pedimos un vino Malbec argentino y unas empanadas, de espinacas-ricotta y de carne, buenísimas.

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No quería irme a casa, planteé un cóctel en un sitio guay y Cinthia no puso mucha resistencia; recordamos que, entre los pendientes, estaba Lakama; allí que fuimos. Estaba petado. Buscando sitio, una chica me da en la espalada y me dice que se marchaban, jolines, qué guay, de nuevo, mesa en un balcón ¡Toma ya! Es un bar gay, sí, todos los camareros parecen sacados de una revista, perfectos como el Ken de la barbie, mimetizados con el ambiente, sonrientes, más majos que “na” la verdad. Pedimos el Melón Bowl, refrescante, delicioso y el Baranoa, más potente con vodka y jengibre.

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La presentación es ideal, en distintos vasos; la carta, extensa con sugerentes combinaciones, además de los clásicos. Si quieres tomar unos buenos cócteles por el centro, déjate caer por aquí, es un acierto a buen precio -8 euros la mayoría de ellos, con algunos “especiales” a 11.

Sin más, así se dio la tarde noche del sábado, sin plan, con soltura, guiada por las apetencias y el callejeo, retro alimentada con el ambiente gentil de la ciudad, murmullo, grupos eufóricos ante la victoria de los merengues, despedidas de soltera, la vida misma… Esta versión la llamé homeopática, porque los pequeños detalles en buena compañía son la mejor terapia que una puede aplicarse; al menos, a mí, me funciona.

La movida madrileña sigue su curso, sinestesia, su anestesia y ¿Tú? ¿Con o sin garbo?

PD: Mi reflexión final de este encuentro con el teclado no es otro que trasmitir lo importante que es estar abierto a vivir sin más, a darte caprichos, a conocer gente, a sonreír frente a desconocidos, a caminar con Garbo, o séase, con gracia, desenvoltura y brío. Es la mera consecuencia de abrir los ojos ¿Por qué no?

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