Menos es Más; autenticidad a bocados

La sencillez es una virtud o cualidad apta a darse en personas o cosas; algunos la definen como la “celebración de lo pequeño”, así, las personas sencillas acostumbran a ser humildes, a disfrutar de las pequeñas cosas y están abiertas a la espontaneidad. Si llevamos esta virtud al ámbito gastronómico, nos centramos en el respeto al producto, en conceptos honestos, en elaboraciones sencillas. En ambos casos, los resultados suelen ser atractivos y extraordinarios, apareciendo la palabra “calidad” acompañada de armonías en equilibrio.

Al igual que una persona sencilla, segura de sí misma, no necesita de florituras que la enmascaren, tiene luz propia, el producto (ingredientes, materia prima) de calidad necesita muy poquito para ser un auténtico placer. Lo que no significa que se pueda acompañar y presentar según ambientes y gustos; hay que saber sacarle el mejor partido y, a veces, es todo un reto “mejorar la sencillez sin quitarle el protagonismo”.

Como ves, hoy la reflexión va de personalidades y cocina, no por casualidad, sino por consecuencias de dos sitios en los que estuve esta semana. Encontré parentesco en los conceptos, en la experiencia y en las sensaciones vividas. Te las resumo con la pausa justa.

De Atún, taberna especializada en Atún

Estaba en mi lista de pendientes, pero, como todo, las cosas llegan a su tiempo. De casualidad, hace unas semanas, conocí a Damián Ríos, cocinero y propietario del restaurante. Ya sí o sí, caería antes que tarde por allí. Estuve este martes al mediodía y, desde que entras, la marca “atún” está presente, en la decoración, en los colores del local (tonos blancos-negros, grisáceos y azulados). Tienen dos salones en uno, al entrar, uno con cristalera a pie de calle, otro más recogido y la barra central con cocina vista. En barra, puedes tomar tapas y platos a la carta, en mesa, solo a la carta.

Tosta de Atún con muselina de wasabi y trufa. Acompaña una salsa al curry que le da un buen contrapunto.

Era una comida informal, optamos por la barra; mola ver a los cocineros en su apogeo y cruzar palabras de vez en cuando con Damián. Pedimos Tomatún (19€), Sashimi de Tarantelo con trío de aceites (6´5€) y la Tosta de atún con muselina de wasabi y trufa (9€). Damián nos obsequió con unas tortitas de camarones, cómo no, y…estaban riquísimas.

Tomatún: carpaccio de atún con aceite de oliva, salsa teriyaki, tierra de alga wakame y tomate triturado. Canelones que te montas al momento.

Su oferta de menú es amplia y refleja todas las partes del atún directo de las almadrabas de Cádiz, en versión “tapas”, en frío, en caliente y con elaboraciones sencillas y complejas, jugando también con fusiones japonesas en técnicas y presentaciones.

Es de los sitios que sabes que todo lo que pidas va a estar bueno, la calidad es más que notable y da pie a su visita en más de una ocasión gracias a la variedad y a las sugerencias fuera de carta. Damián nos mencionó que, próximamente, volverá a poner “el rabo de atún”, una receta donde el atún lo cocina como el tradicional rabo de toro; por lo visto, es un éxito ¡Ñam Ñam, habrá que probarlo! Por otra parte, cada año, ofrece distintas jornadas con el espectáculo del Ronqueo del Atún en vivo (suelen ser los miércoles e incluye un menú de 10 platos de atún;  previa reserva con bebida incluida, 80 €).

Honestamente, creo que este concepto tal y como lo plantea de atún es único; 100% recomendable con garantías de una experiencia muy jugosa. Aquí, la calidad y la sencillez se complican para enamorarte. La aventura te espera en la calle Ponzano, 59.

La Hummuseria, tapeo saludable y sin rodeos

Entre Chueca y Malasaña, concretamente en la calle Hernán Cortés, 8, se encuentra un local que llama la atención, por su color amarillo, cálido, siempre lleno de gente. Trasmite buen rollito; cada vez que pasaba por la calle, decía, vendré. Lo que no sabía es que me iba a pasar ayer; la tarde-noche se planteó como plan sin plan, hacer lo que nos diera la gana, sin reservas, sin prisas, guiadas por las apetencias. Tras una buena caminata (Lavapiés, la latina, chueca, Malasaña…) apeteció un vino de tardeo que dio pie a un tapeo improvisado.

Pasamos por la calle y dije “uhm, qué tal un hummus y una ensaladita”, perfecto; preguntamos y estaba lleno, pero nos pusieron en lista y nos dijeron que nos llamaban sin compromiso. Dimos otra vuelta y ring, ring… en 30 minutos teníamos mesita. En la carta, 5 humus distintos (el clásico, el tímido, el ambiguo, el irresistible y la Matbuja) y 4 ensaladas. Nos decantamos por el tímido con guiso de champiñones y por la ensalada pequeñita de pepino, tomate, cebolla y perejil. El hummus lo sirven con pan pita recién horneado y guindillas en vinagre con cebolleta. De aperitivo, te ponen una mini ensaladita de lechuga, sésamo y limón.

Hummus Tímido con guiso de champiñones; acompañarlo con las guindillas es todo un acierto.

Una cena estupenda, saludable, donde el “menos es más” se deja ver en cada mesa. Comida saludable con los ingredientes justos que se combinan en recetas sencillas que derivan en un encuentro de placer y disfrute. Ah, estoy segura que también influye el cariño puesto en las elaboraciones y la exquisita atención que recibes en esta “casa”. Tienen distintos cócteles con los que puedes combinar el menú y, la parte dulce, tres postres tradicionales de oriente.

Ensaladita y Hummus, una combinación perfecta; suelen tener ensaladas de temporada.

En resumen, un vegetariano perfecto para un almuerzo-cena ligero, crujiente y sabroso. Volveré, porque el Hummus Ambiguo (con tahini verde) y el Matbuja (con salsa de tomates secos) me tientan demasiado, jeje… Me quedé pensando en que estaría genial poder pedir una trilogía de hummus, pero también es cierto, que así te invita a ir más veces y disfrutar de cada hummus en su momento, sin mezclar sabores.

Hasta aquí la sencillez del dejarse llevar, del disfrute de las pequeñas cosas, del saber estar, algo que solo se logra cuando lo que ya tienes es bueno y, con la mirada adecuada, se torna a excelente.

La compañía, ya lo sabemos, otro ingrediente que le pone sabor a cualquier momento. Con Cinti siempre es un gustazo.

PD: Este fin de semana volví a ver Eat, Pray, Love (Come, Reza, Ama), película de Julia Roberts que me encanta. Una de sus frases finales “A veces perder el Equilibrio por Amor es vivir una vida en Equilibro” ¡Attraversiamo!

2 comments

  1. No he Visto “Eat, Pray, Love”, pero lo buscare pues mi viejo concepto del “Hecho Gastronómico” se basa en nuestra alimentación anterior al Neolitico, en la que comida y amor familiar nos sentaban a la mesa abandonado la alimentación carroñera de miles de años anteriores, y nos acercó a actitudes ante la alimentación como tu sugieres cada vez. Besos

    1. Hola mi querido amigo Gonzalo; cuánto tiempo sin tus noticias y que alegría leerte. Tienes que ver la película, a mí me encantó. Deseo y espero que pronto volvamos a tener un desayuno con nuestra amiga Carmen. Me encargo de organizarlo. Un abrazo y muchas gracias por seguir ahí.

      Raquel

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