Conexiones Pragmáticas “al dente”

Nos cruzamos con un sinfín de personas a lo largo de nuestros días y solo conectamos con unos pocos en función de nuestra química y nuestra personalidad. Es curioso, pero el feeling de la conexión o “la intuición” no suele fallar, se sabe desde el primer momento –claro está, también hay excepciones-.

Honestamente, no sé por qué me puse a escribir de esto, pero este título asaltó mi despertar de forma espontánea y dije “por qué no…”. Por no perder tradición, voy a ver si puedo conectar esta reflexión con las cosas del comer.

Las conexiones se pueden dar de distintas formas y evolucionar con ritmos muy distintos. Así, puedes sentir atracción o ganas de conocer a alguien con quien coincides, sin haber entablado conversación, o cruzar palabras con una persona y “quedar pendiente un café para conocerse un poco más”. No me voy a meter en las conexiones virtuales (que están a la orden del día) ni en las clásicas que todos tenemos desde la infancia.

Vaya… pues pasa algo similar en la relación con los restaurantes ¿No? Algunos nos llaman la atención porque su oferta nos atrae; otros “probamos algo” y dejamos pendiente “volver” porque nos encanta.

De todo este rollazo, lo mejor es conservar, en ambos casos, las conexiones “al dente”, es decir, en su punto, no dejarlas antes de tiempo ni permitir “si merecen la pena” que se pasen o mejor dicho “sean pasajeras”. Al dente, vivas, en acción, en quedadas continuadas. Esos momentos son únicos e irrepetibles, no regresan, pero puedes saborearlos en el recuerdo, van formando parte de ti.

Dicho esto, te dejo algunos encuentros GastroMolones que podrían etiquetarse “al dente”.

Egeo Suvlakeria Griega

Callejeo bastante por el barrio de Malasaña y, hace unos meses, a mi paso por la calle Barco, vi que habían abierto un nuevo local, una taberna griega que, de primeras, captó mi atención. Indagué y vi que tenían dos locales en Madrid, el pionero, en la Lavapiés (C/ San Carlos, 17) y el recién llegado en el  41 de la calle barco. Dije “vendré”.

Tras quedar con mi amiga Dolly  (conexión que perdura desde que estudiamos cocina en Fuenllana y a quien veo «menos de lo que me gustaría») en un plan sin plan, acabamos cenando aquí. Cómo no, pedimos los Suvlakis, plato tradicional de Grecia que se sirve acompañado de pan tostado o envuelto en pan pita; digamos que es un bocata apto de rellenos variados donde se combina carne, verduras y aderezos al gusto. Por cierto, hago un inciso para recomendarte el Pie de Limón de Dolly ¡Tremendo!; acabo de recordar que compartí la receta aquí. 

Dolly tomó el de pollo y yo el de albóndigas de calabaza. El resultado: buenos, saludables y económicos (3´60 a 4´30€). Reconozco que el mío hubiera sido «crack top» si le hubiera añadido queso feta (me encanta y con la calabaza queda riquísimo) –olvido del directo-.

Además de los suvlakis, tienen ensaladas, platos combinados y patatas fritas en distintas versiones.

El ambiente es acogedor, informal y la atención correcta. Un sitio de los que hay que tener en registro para caer de vez en cuando.

Oliva (Av. de la Ilustración, 5. Zaragoza)

Por trabajo, voy bastante a Zaragoza y siempre «mis compis» tratan de enseñarme nuevos sitios -son tan majos, compañeros y, poco a poco, amigos-. Varias veces me han querido llevar  a un italiano que hay cerca de la oficina y donde, las pizzas, al parecer son excepcionales; aguarda el momento porque siempre nos topamos con la puerta cerrada, jajaja. Buscando otra alternativa, nos fijamos en Oliva; parecía buena opción y entramos. Local amplio, agradable y con mucha luz, mesas altas y bajas. Enseguida nos atendieron, nos entregaron la carta y explicaron el menú del día. No soy de “Menús” y la oferta de bocatas era bastante atractiva –los bocatas me van bastante, por la versatilidad que tienen, desde el pan al relleno, sin límites-.

Cierto es que aquel día mucha hambre no tenía; preguntamos por el tamaño de los bocatas y el camarero nos dijo que eran pequeños. Éramos dos personas y la idea era compartir dos bocatas o un bocata y una ensalada. Al decir, “pequeños”, marchamos los bocatas.

Bocata de Pastrami, rúcula, queso y dos salsas con pan de multicerales.

Cuando nos saludaron nos percatamos de que el tamaño varía según los ojos que los miran “eran bastante hermosos” jaja… En la foto no se aprecia muy bien, pero eran grandecitos.  Muy bien presentados y sabrosos.

Bocata de Pollo Cremoso al Curry; este me flipó bastante.

Otro sitio que tienta y conecta desde la primera toma de contacto.

Para el postre de este post, retomo la reflexión de apertura para hacer alusión a estos placeres de la vida que se resumen siempre a momentos y experiencias; mantener los vínculos sanamente y disfrutar de bocados gustosos es ganar momentos de felicidad.

Cena de primas, Pre-Navidad, años 2012.

Algunas personas tienen siempre la coctelera en movimiento, otras se quedan en copa siendo reflejos de la rutina, pero lo importante, ya sea en coctelera o en copa, es saber apreciar los estados y estar conformes con ellos. Terminé el post con la foto de mis primas; aquel momento no volverá y el viaje que allí se planeó tampoco se dará. María nos dejó pronto, pero su marcha me inyectó un cambio de aires que me da luz cada día.

2 comments

  1. Nos encanta el artículo. Nos gusta cómo escribes y te agradecemos enormemente la alusión a nuestra casa.
    Equipo Oliva

    1. Muchas gracias Yuri. Me alegro que os haya gustado. Un placer para mí.

      Saludos. Raquel

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