Plan Invertido con «espuma» agradecida

Tarde gris, gotas dudosas que refrescan o más bien empolvan la atmósfera. Llegas a casa y las apetencias de encontrarme con las teclas me llaman ¡No lo dudo, me dispongo a ello!

Hoy lo tengo fácil, no gastronómicamente hablando, ahí el finde fue un tremendo cabrón “perdóname la expresión”, pero sí con la reflexión que traigo en función de mi maravilloso plan de fin de semana. Para empezar, no tenía pensado escribir este domingo, pero ya ves, aquí me tienes; como todo, mi plan se dio al revés y parece que sigue su curso.

Como no tenía pensado escribir, no te voy a hablar de mis rutas pendientes (ya te las contaré con esmero), pero voy a dar paso a la gracia del plan invertido y a su porqué, si es que lo tiene.Planea, Planea que la marea a su antojo juega

El sábado se preveía ocupado, mi madre me visitaba y mi idea era darle un buen día de shopping con paradas de ricos bocados al paso. Tenía más o menos todo planificado con algunas cositas abiertas a la improvisación. Comida “tapas por el centro en donde cayéramos”, merienda en Aliter Dulcia (¡Tengo unas ganas tremendas de probar sus tartas!), cena en un sitio de nuevo concepto (tenía ya la reserva) y cóctel en el recién inaugurado Hotel Riu Plaza España (antes Edificio España) para ver las vistas desde la azotea  -De Madrid al Cielo Sky Bar-. Al final, ya verás la tortilla de papas deconstruida que nos marcamos.

La comida, al final, fue en casa, preparé algo rápido para descansar un poco e ir a merendar a Aliter Dulcia (fuimos, pero estaba cerrado; por vacaciones ¡Ay!). Acabamos tomando un café con una pasta en el mítico bar RocaFría que estaba cerquita. Para la cena, llamé al restaurante  a las 20 hrs para confirmar (omito el nombre porque no considero necesario indicarlo) y todo ok. Pero… cuando íbamos de camino, me llaman del restaurante para informar que, por un problema de gas en la cocina, se ven obligados a cancelar todas las reservas. Nada, caminar y a lo que surja.

En sábado noche, sin reserva en Madrid, no es misión fácil. Dijimos, pues unas tapitas en La Jauría; había estado ahí  antes y siempre suele estar a rebosar de gente. La primera vez que fui –para un vinito- me sorprendió la comida  y repetí un par de veces.

Los ravioles que una vez me conquistaron, de rabo de toro y salsa de eneldo.

Preguntamos y, tras unos minutos, nos pasaron a una mesita ¡Tuvimos suerte! Pedimos 2 platos que anteriormente me habían gustado mucho, los ravioles de rabo de toro con crema de eneldo y la tortilla con trufa. Nada que ver con lo que recordaba; la salsa de los ravioles aguada y no tenían mucho sabor, la tortilla “al punto” estaba buena, pero el huevo crudo y con la trufa jugando al escondite. Pedimos los buñuelos de bacalao pero estaban agotados y, viendo lo visto, decidimos no pedir más cosas. Una de dos, o cambiaron de cocinero, el “usual” está de vacaciones o, simplemente, no era el día (también puede ser oye).

La Tortilla de papas; la pinta es rica y lo estaba, pero no sabía a Trufa y el huevo «en partes» crudo crudo.

Es curioso cómo va todo en esta vida; si la primera vez que pisé La Jauría, hubiera tenido la experiencia del sábado noche, quizás no hubiera vuelto por recuerdo nefasto. Pero, cómo de tres o cuatro veces, la negativa ha sido una vez, habrá que volver para comprobar si fue algo puntual. Me gusta este bar para empezar con un vino por el centro. La primera impresión siempre cuenta, pero, aunque no es lo usual, deberíamos dar segundas oportunidades ¡A veces funciona!

Tras la cena, nos fuimos a Plaza España y tachín tachan, cola para el acceso al Riu; iba rápido pero había que pagar entrada de 10 €, que da paso a la zona de la azotea y la discoteca (sin consumición). Solo queríamos estar un ratito y decidimos que era plan para otra ocasión, con más tiempo, para bailar y danzar al son del cielo de Madrid.

La Gran Vía y el centro están petados de terrazas en las alturas (lo que se pone de moda… ya sabes). Una de las últimas en incorporarse y a la que le tengo ganas es “Picalagartos”; fuimos, cola sin movimiento. La obviamos pues, jajaja… Probamos el Círculo de Bellas Artes y tuvimos suerte. Yo ya he estado un par de veces, pero quería que mi madre viera las vistas desde las alturas y, sin duda, este ofrece las mejores. Pillamos un Piña Colada y nos tumbamos en una de las camas a ras del suelo ¿Se puede estar mejor? Pues en ese momento ¡No! Por cierto, la piña colada estaba de vicio, un buen copón (Precio 10 €; entrada 4 €) y el coctelero muy simpático.

Algunas foticos by Cinthia Saenger; cómo le gusta que hagamos de modelo… nada fácil eh, jajaja

El domingo quería ir a desayunar a la pastelería Formentor que han abierto en Chamberí (Santa Engracia, 62), pero no abre hasta las 10 y estábamos listas a las 9 hrs. Las ensaimadas de crema tostada son para hacerle la ola…

Inmediatamente, pensé en la Panadería-Cafetería Chez Firmin (Santa Engracia, 57). Suelo comprar el pan aquí, me cae de camino a casa y, de momento, todo lo que he probado está muy bueno y con una buena relación calidad precio. Nunca había estado desayunando, pero siempre veo la terraza y el salón con gente, tanto a la hora de desayunar como de merendar ¡Eso suele ser buena señal!

Los croissants de una u otra manera, riquísimos. El café de especialidad muy bueno también.

Pedimos dos cafés y croissants, a la plancha y con crema de almendras (total: 6€); la verdad, disfrutamos el desayuno en una de las mesas altas que tienen (soy muy de estas), buen café y buena bollería.

Hasta aquí la visita de mi madre, un sábado exprés que ponía fin tras el desayuno dominguero. Llego a casa y me digo ¿Todo el domingo aquí, día soleado…? Me hago un tupper de ensalada, pillo unas papas fritas y me piro a la piscina de Franco Rodríguez. Desde casa, a pie, 45 minutos. Llego, cerrado ¿Por qué? Porque se ha caído un árbol y están reparando los daños causados. Dios… Me dicen, puedes ir a la piscina de canal ¡Allá que voy! ¿Por qué no fui nunca? Ni idea, pero la de Canal está a 15 minutos de mi casa y oye no está nada mal. Dije, mira, por esto se dio, ya sé cómo es para próximas ocasiones. Tumbada todo el día, con mis idas y venidas, bailando levemente sobre la toalla y con idea de estar hasta las 18 hrs. Inoportunas gotas que me echan a las 17 hrs, jajaja… Cómo está el señor Murphy por favor.

Me pongo los cascos, camino bajo el agua  y ¿Sabes qué? Me vine riendo sola, pensando en que este finde nada fue como está previsto y “su espuma” de contrastes me dio plenitud, tanto o más que si hubiera rodado según lo planeado.

Mi reflexión: hay que hacer planes, claro que sí, pero, a veces, salen y, otras, se salen por la tangente. Y esto no es otra cosa que “lo que se va a dar, se da y jai como yo digo”. Yo… sigo riéndome de mi fin de semana… ¡Qué cosas!

 

2 comments

  1. Un gusto leerte como siempre, como habrás comprobado, en el tiempo que compartimos vagón y recorrido, no me gustan los planes, hago planes porque no queda de otra, pero siempre que puedo me dejo llevar abro agenda y la dejo en blanco, escribiendo mi trayectoria a mi llegada, Madrid te invita a perderte, a descubrir nuevos lugares y rincones.

    Espero que tu mami haya disfrutado de su parada por la capital y de su peque y viceversa, hoy me acorde mucho de tu persona y estaba apunto de ofrecerte un plan de comida, pero como bien dices, los planes se truncaron, pero queda pendiente para otra. Un abrazo

    1. Holi Rabea,
      Sí, lo sé. A mi me gusta hacer planes y también deshacerlos y dar paso a la improvisación.
      Hemos disfrutado mucho y ha cundido el tiempo «a pesar de ser solo un día y medio».
      Esa comida, cuando quieras 🙂 Por cierto, tengo que volver a probar tu cuscús o tu pastela… Esos sabores no los olvido.

      Un besito y muchas gracias por seguirme y por darme tu feedback 🙂

      Buena semanica. Raquel

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