Refrescando Sabores y Tradiciones

Cayó el sol y acabo de darme cuenta que Sinestesia volvió a romper la rutina de los domingos, escribir tras el desayuno. Con luz tenue me siento frente al teclado, sin libreta repleta de visitas para contarte. Hoy tocó desayunar fuera y la mañana la pasé al aire libre, el día estuvo fresquito pero con un solazo que invitaba a dejarse llevar.

Por lo que voy viendo, en Zaragoza, las buenas pastelerías abundan y hay montón de opciones para desayunar/merendar plácidamente. Iré contando, de a poco, los sitios que voy conociendo, pero me encantará tener una lista top ten de desayunos en Zaragoza (hay muchas, pero buscaré la mía propia, jeje).  El caso es que hoy no creas que la cosa va ir de desayunos, si no que voy a tirar de la técnica del refrito sin precedentes.

Casa El Laurel, casa de comida y vinos

Como es habitual, cuando paso por Badajoz, siempre cae algún sitio nuevo. Haciendo una búsqueda en google, me llamó la atención la oferta de El Laurel. Día de compras y parada para el almuerzo en esta casa de comidas. El sitio es bastante acogedor, con dos plantas y terraza. De primeras, gusta la bienvenida, atención cálida y profesional. La carta es breve pero sugerente. Ganas de probar uno de los platos más recomendados por los clientes “el risotto de langostinos y pesto”. No hubo suerte, aquel día no había. Siendo uno de sus platos estrella me extrañó que no lo tuvieran, más con una oferta cortita de sugerencias.

Optamos por las croquetas de jamón con salsa de mermelada de melón (otro de los clásicos); cremosas, crujientes y muy sabrosas ¡Vaya todo un acierto! Y por el bacalao “dorado el laurel”, una versión que sorprende ya que le dan la vuelta a la receta tradicional del país vecino: finas patatas crujientes sobre migas de bacalao cubiertas con huevo poché rebozado. Exquisito.

De postre, pedimos la mousse de polvorón que ni fú ni fa, prácticamente era nata y, para mi gusto, demasiado dulce y con poca presencia del polvorón. Una idea muy chula que acepta, a mi parecer, nuevos aires para ser memorable.

Y, cómo no, el vino también estuvo presente. Desde hace ya años, la copa de un buen vino es siempre compañera en mis comidas fuera y, últimamente, es amiga mientras cocino para abrir apetito y finalizar los días con buena armonía. Me gusta tomar los vinos de la tierra que piso, así que pedimos un tinto de la DO Ribera del Guadiana, FLOR, 100% tempranillo de Bodegas Orán (Almendralejo).

Contenta de ver como en Badajoz va habiendo sitios como El Laurel, donde el detalle marca la diferencia y la buena atención te invita a repetir experiencia. En Badajoz, por lo general, se come bien y barato, pero los sitios con nuevas propuestas algo más refinados están llegando por fin y están encontrando su hueco más rutinario. Los pacenses son más del tapeo dejando estas propuestas para días especiales; está cambiando el chic y ello hace que la restauración pacense vaya siendo más atrevida y variada.

Eso sí, algo que me pone mala, las webs “no webs” de los restaurantes de Extremadura. La mayoría aún no tienen web ni instagram. El sitio web es la página de Facebook. En este sentido, mucho por hacer. Espero que la digitalización les llegue, como sabemos es vital hoy día y estoy segura que los que están activos en las redes sociales lo notan en sus locales.

Para dar broche al escrito de hoy, haré mención de dos manjares que se elaboran en la pastelería de mi pueblo, Marabé; Teculorum y el mazapán. Seguramente, te suene más la Técula Mécula, postre tradicional extremeño a base de almendras, yemas y hojaldre. Es una delicia, muy contundente, pero un vicio rico rico. La Técula es típica de Olivenza. En mi pueblo, elaboran el Teculorum y es básicamente igual. Por otro lado, el mazapán de Marabé es otro clásico, con cabello de ángel y crema. Ambos dulces los replican cada año y no falta en los hogares del pueblo.

La pastelería está enfrente de casa de mi abuela y es increíble el entrar y salir de gente que vi estas navidades. Mucha gente de fuera viene a Barcarrota solo para llevarse los dulces de Marabé, es una tradición con mucha historia y con recetario de tres generaciones que se mantiene en horno de leña. Para mí “comer un dulce de marabé”, siempre lo digo, es volver a la infancia; recuerdo mis meriendas en casa de mi abuela como algo especial, creo que tenía hasta brillo en los ojos cuando me plantaba ante el mostrador y, no creas, aún resplandecen mis pupilas, jajaja… ¿Cuál es tu dulce de la infancia? Con esta pregunta, invitándote a tu dulce pasado, te digo ¡Hasta la próxima lector!

6 comments

  1. ¡Ay los dulces de la infancia! En mi caso, torta de leche con chocolate o Nocilla. Recuerdo las tortas de mi pueblo, que desgraciadamente hoy ya no hacen. Pero bueno las tenemos en del recuerdo, mira a Proust si el tema le dio de sí.

    1. Ay esas tortas de un castillo, seguro que estaban de vicio. Qué pena que ya no las hagan.

      Gracias Eva por compartir 😊

      Un abrazo

  2. Después de este repaso….habrá que ir a Badajoz (cuando nos dejen movernos , claro): esas croquetas deben estar de muerte. Yo, como ya sabes, no soy muy de dulces pero sí que tengo mi dulce de la infancia: los Miguelitos de La Roda.
    Feliz noche de domingo!!

    1. Hola compi,

      Ya veo que los dulces no son lo tuyo ☺️ los miguelitos, buen manjar de la infancia el tuyo. Tú sí que sabes jeje

      Un abrazo

      Raquel

  3. Las compotas de higos, el dulce de leche, el suspiro de españa.
    El aroma de los hijos dulces me llevan directamente a la navidad, en la cristalera de mi abuela, en un jarrón de cristal, allí estaban para aromatizar la casa e ofrecer a las visitas con queso fresco. Eran dulces de adultos, y era un amor platónico. Porque el día que lo probé no me gusto su sabor particularmente.
    Ya que en comparación con los dulces para niños ( dulce de leche) la compota de higo era sosa, al paladar juvenil. Pero su aroma continua me hipnotizado, hasta cuando paso cerca de una higuera.

    1. Hola Josiana,
      Me encanta tu amor platónico con los higos y me alegro que esté escrito te haya llevado a ese aroma y recuerdo.

      Gracias por compartir

      Un abrazo

      Raquel

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