Receta Vitamina con infusión de Magia

Me he saltado algunos domingos pero con causa justificada y, Sinestesia, además de tiempo, necesita ganas y contenido para poder dejar fluir. Tras varios puntos de encuentro y Pilares de por medio, una no solo quiere sino que tiene unas ganas tremendas de escribir y revivir los momentos pasados ¡Allá vamos!

Clásico Tapeo por el tubo en plena festividad

El último finde de pilares tenía la visita de mi prima Cris; muchas ganas de que me viniera a ver a Zaragoza. Intención de llevarla a algunos sitios típicos y que me encantan, pero con libre albedrío de dejar todo al azar del ambiente «sin reserva no es la mejor época para tapear en los más tradicionales». Empezamos el tour por donde a mí me gusta, tomando un vino en Bodegas Almau (no te olvides de su tapa de anchoa reina) e hicimos otra parada en terraza Libertad, donde casi siempre hay buen ambiente para tomar algo (alguna vez he cenado aquí y, la verdad, es que se come muy bien, sorprende ya que, de primeras, es más un sitio de tardeo, de copas). Nos lo pasamos genial ya que las mesas de al lado nos dieron grata conversación y nos encanta conocer gente. De ahí, queríamos ir al Meli Melo del tubo, pero había mucha gente y nos metimos en el restaurante de enfrente 7 golpes, ya estuve y no me llevé muy buena sensación, pero aún estando a rebosar encontramos una mesita y no lo dudamos. Se unió mi amiga Eva para la cena.

Tomamos las papas hojaldradas, un obligado aquí, están buenísimas; bao de panceta, huevo de carrilleras y langostino flamenco (apodo que le puse yo por la apariencia, jaja). Nos gustó todo mucho, además de lo bien atendidas que estuvimos con alguna que otra sorpresa (magia de la noche) que no acontece contar.

A partir de aquí, tocaba dejarse llevar y fue un no parar, de un concierto a otro hasta acabar en un garito (allí donde se podía entrar, jajaja… fuímos evitando colas). He de decir que, en Pilares, la ciudad, no descansa, actividades por doquier, por todas partes y para todos los gustos y edades. Es una pasada. Quien esté pensando en venir, como si no, sin duda, merecen la pena.

El sábado al mediodía volvimos al tubo, aquí ya sí que era una locura poder picar algo, así que nos salimos del gentío y, justo al salir, vimos que había un bar y parecía despejado, El rincón de Sas. Dentro estaba todo llevo, pero en los barriles de fuera había hueco, no lo dudamos ¡allí mismo! Pedimos la ensaladilla revolcona, la “joya” y el huevo a baja temperatura con patata roca y crema tartufata.

Oye pues todo un acierto, estaba todo muy rico, lo único que no pedimos muy variado (las cabezas no estaban para pensar mucho jajaja), ambas raciones con patata y huevo a baja temperatura, no sabíamos que la ensaladilla traía huevo en este punto de cocción. El rincón de Sas tiene una carta cortita pero muy creativa y con gastronomía local al cargo del chef Daniel Fernández y, en la barra, Eva María, una chica majísima que nos hizo sentir como en casa.

Tras la comida nos vimos obligadas a ir a casa a reponer fuerzas «vamos, a dormir la siesta». A las 19 hrs habíamos quedado para continuar la marcha. Entre encuentros variopintos, pudimos cenar en otro clásico, Doña Casta; sus croquetas son una pasada, están buenísimas, tomamos la de arroz de tinta de calamar y la de rabo de toro. Luego hicimos otra parada en La Ternasca, este lo tenía en mi lista de pendientes y me gustó mucho.

En la Ternasca, probamos el bao de carne al cilindrón, el torrezno sobre tosta con base de tomate natural) y la tosta de queso batido con jamón. Aquí también tenían muy buena pinta las croquetas, las bombas y los burritos de ternasco que hacen. Un sitio recomendable para tapear con chica jejeje… los bocados son contundentes. La verdad es que en Zaragoza se tapea muy bien, cuando vivía en Madrid y venía una vez al mes siempre me iba con esa sensación, de lo bien que se comía por aquí. Ya siendo extremaña, lo ratifico.

Fueron dos días espléndidos, donde además de pasármelo súper bien, volví a bailar, encontré un combinado para pedir en los bares «sin gas» gracias al camarero del bar Borneo (Ron, zumo de piña y un chorrito de Malibú) y saboreé el dejarse llevar, la improvisación al máximo. De los garitos, me quedo con el Tony Wilson, me gustó mucho el ambiente y la música.

Había una cosa que tenía en programa si cabía, probar el baturro, el croissant en honor  a las fiestas de la Petit Croissant, con los colores (rojo y negro) del cachirulo y relleno de avellanas y chocolate. Antes de partir mi prima, nos acercamos a por uno. Está rico, es un especial  “una obra gastronómica” con una presentación muy elaborada y de ahí su precio 3,80 €, más que merecido. Mi valoración, no repetiría, porque hay cosas en la petit que me gustan más, pero, sin duda, recomiendo probarlo, está bueno y su hojaldre es perfecto.

Para finalizar, como siempre, hago alusión al título ¿Lo recuerdas? Hablaba de vitamina, de magia… Es la sensación que me quedó tras saborear estos pilares y no tengo otra palabra mejor para definirlo “magia”, eso que se da cuando una está bien  a gusto, contenta y pasan cosas curiosas que te hacen estar aún más despierta. No sé si fue el buen rollo que llevábamos, el combo Cristina+Eva, el buen tiempo… pero recordaré Pilares 2022 como un cóctel de vida con vitamina C.

Termino este post, haciendo alusión a que, aunque no siempre se puede estar eufórica, pero tampoco triste, somos pura emoción y las situaciones van llegando con alegrías y con penas y cada vez tengo más claro que hay que disfrutar el momento (más o menos feliz), pero disfrutarlo, al igual que es una ecuación muy cierta que cuando algo tiene que pasar pasa y, en ocasiones, es cuando menos te lo esperas, y esto es magia ¿no te parece?

1 comment

  1. Total… magia cuando estás con actitud de que las cosas sucedan.
    Supiste elegir las cajas mágicas para reponer y seguir…
    Guapas en las fotos.
    Vivan los Pilares 22.

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