Pétalos de Terciopelo; Conexiones, caricias palpables

Irse a dormir sin sueño es jugársela a disfrutar de un rico insomnio, más si has conversado con algún galán en copa. Turbiamente abres los ojos, sensación de haber entre dormido; da igual, apetece teclear y el aliento de que puede darse una siesta es buena cafeína jajaja…

Sí, pétalos de terciopelo ¿Por qué? Sin más, palabra que se me presentó en la mente a las 5 de la madrugada, puede ser porque sentí caricias sobre mi espalda (vagas ilusiones o efecto de la uva fermentada, jajaja)… En cualquier caso, las buenas conexiones son como caricias de terciopelo, recuerdan (o a mí me lo parecen) al aroma de los pétalos de rosas y, de eso, lector, hablaré a continuación. ¿Te conectas? ¡Allá vamos!

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Pío Pío entre Palomitas destartaladas

La espontaneidad, crunchy momento, chispeante, sorprendente a veces…   Si no te has percatado aún, te lo cuento. Antes de escribir, primero me miro a mí misma, me paro 5 minutos y dejo ver qué pasa por mi mente, qué aflora en mí en ese instante. Salió de nuevo la palabra “espontaneidad” que yo comparo con las texturas crujientes, por su efecto, porque, de alguna manera, vicia sanamente. Aquí, podría sumarse la intuición, en ocasiones, causa del efecto. ¿Te dejas llevar por la intuición? ¿Y yo? Venga, reflexiona un poquillo mientras me permites  unos minutitos de lectura. Ah sí, el título es espontáneo, pero tiene su porqué ¡Quédate y ya veras! jaja… La sorpresa también tiene cabida aquí; refresco experiencias basadas en la espontaneidad, la intuición y la sorpresa.

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¿Vino o Café? Reflextesia

A ver si nos vemos ¿No? ¿Cuántas veces oímos o decimos eso? Estoy segura que en más de una ocasión, tanto como estoy segura que “sí sí…” solemos decir y ahí se queda. “No tengo tiempo” es otra de las grandes alabanzas. Fuera florituras, para un vino o un café siempre hay hueco, otra cosa es que realmente quieras quedar e invertir tu tiempo en ese plan.

De un tiempo a esta parte, en mi caso, tomar un café o vino es la excusa perfecta para ver a personas con las que me gusta estar, compartir, charlar… Ojo, antes era de las del “sí sí… o no tengo tiempo” y me quedaba tan pancha.

Esta semana han caído unos cuantos cafés y vinos de excusa y, mientras, el Tiempo ha sido protagonista de 2 charlas a las que asistí y hoy me está dando pie para este inicio. No me voy a enrollar más, solo te dejo esta ecuación “Gastar Tiempo VS Invertir Tiempo” y te invito a que hagas tu propia relfextesia “sí, también me permito el lujo de crear palabras, jaja”.

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La Palabra y su efecto Mariposa

El otro día me dijeron, Raquel, te imagino cuando te dispones a escribir los post de Sinestesia y digo “será su momento de parar y desconectar”. Reí. Es cierto que no paro, soy inquieta y no sé cómo lo hago pero siempre, aunque no tenga un plan, se presenta. Me encanta escuchar historias, hablar (no qué va, jajaja), pero también me gusta estar sola (supongo que como a todos); uno de los momentos es, precisamente, el de los domingos por la mañana. Una ducha, desayunar y ponerme a teclear sin importarme nada más “mi mente y yo, a solas”. Entonces todo fluye y las palabras se dejan ver.

Lo primero que hago es preguntarme a mí misma, ver mis apetencias y buscar la aventura para empezar la historia. Hoy, lo tengo fácil, esta semana ha sido muy movidita por trabajo, también gratificante. Me quedé con las palabras, los actos, la comunicación. A modo de piscolabis contaré los matices que captaron mi atención.

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Recuerdos Crujientes, Melosa Armonía

Hay secuencias que llegan sin saber por qué, solo llegan. La escena se recrea de inmediato, pudiendo ser risueña, crujiente, temblorosa, húmeda, causando, en más de una ocasión, futuribles escenas. Volvía ayer para Madrid, corto trayecto, en el bus Toledo-Madrid,  mi aventura londinense irrumpió en mi mente y sonreí; seguramente, sentí las sensaciones que los días grises y la llovizna continua de Londres me provocaban. Sonreí por la grata satisfacción que siento cada vez que recuerdo cómo llegué “sin nada”, cómo roté por las entrevistas con mi leve inglés y cómo conseguí  trabajar durante un año en la tienda Neck & Neck en Duke of York Square, en el señorial y chic barrio de Chelsea. Descubrí allí, la gran capacidad de acción y adaptación que tenemos; descubrí que siempre aparece alguien que te tiende una mano, personas que por algún motivo se cruzan, para un instante o para siempre.

El día y la noche, el sol y la luna, sonreír o llorar… Queramos o no, nos movemos entre luces y sombras y, de algún modo, somos afortunados porque, hasta en las peores situaciones, siempre caben las sonrisas. Todo pasa por algo y su porqué llega tarde o temprano. Volviendo a mis días de shop assistant, otra secuencia captó mi pensamiento “unas cervezas en The Craf Beer Co” con Eva Pardos, primera vez que nos pusimos cara, hoy compañeras de trabajo. Aquel encuentro pudo ser la causa de esta relación, así son las cosas.

Ahora sí, procederé a contarte algunas gastro-notas, no si antes, invitarte a que recuerdes el inicio; el final saciará su apetito.

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Venus y Su Constante Elixir

La rutina es inevitable, el descoloque y las sorpresas también. Mantener el equilibrio, un reto continuado. Los rayos de Venus están permanente activos, tanto en su acepción como planeta o como diosa del Amor en la mitología Romana.  Siempre cabe la sorpresa, la luz inesperada.

¿Se te fue la pinza hoy? Puede ser o puede ser que Sinestesia esté de nuevo en su mundo piccasiano.

Honestamente, pensaba hacer un post sobre la dieta vegana y su mar de términos en alza, lo healthy es tendencia y “lo vegano” se ha mimetizado en esta línea. De repente, la palabra «sorpresa» saltó a mi mente y recordé que tengo una experiencia “por sorpresa y en su efecto continuo” en el baúl de los pendientes.

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Plan Invertido con «espuma» agradecida

Tarde gris, gotas dudosas que refrescan o más bien empolvan la atmósfera. Llegas a casa y las apetencias de encontrarme con las teclas me llaman ¡No lo dudo, me dispongo a ello!

Hoy lo tengo fácil, no gastronómicamente hablando, ahí el finde fue un tremendo cabrón “perdóname la expresión”, pero sí con la reflexión que traigo en función de mi maravilloso plan de fin de semana. Para empezar, no tenía pensado escribir este domingo, pero ya ves, aquí me tienes; como todo, mi plan se dio al revés y parece que sigue su curso.

Como no tenía pensado escribir, no te voy a hablar de mis rutas pendientes (ya te las contaré con esmero), pero voy a dar paso a la gracia del plan invertido y a su porqué, si es que lo tiene.

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La Comanda, prospecto testado de satisfacción

Vuelve a ser sábado, cinco horas benditas de sueño, añoras  apagar la alarma, despertar con los rayos de luz y esas cosas que en fines de semana son gloriosas… Te jodes un poquito (por eso de ser las 7 de la mañana y estar despierta sin cita previa, reunión o estación en la que estar) y te preguntas ¿Qué hago hoy? De momento, dije ¡Vamos a escribir! Aquí estoy “lista para dar rienda a mis pensamientos y ligarlos al gusto”.

Camino mucho, soy andarina y me encanta perderme por las calles sin importar destino; en mi ruta diaria al trabajo, zona Chamberí y atravesando la calle Ponzano, plegadita de restaurantes, he podido observar, en estos tres últimos años, cómo restaurantes se lavan la cara en un pis pás “hoy eres Pepito, mañana San José”. Esto es un activo en la restauración; muchos locales abren y a los dos años están cerrando. Aquí influyen muchas cosas en las que no me voy a meter “daría para una sinestesia que necesitaría anestesia, jajaja”, pero, sin duda, es cuestión de reflexión.

Ya me conoces, divago entre emociones y suelo entremezclarlas con los sabores del hecho gastronómico. En la actualidad, lograr identidad es un lujo al que se accede con llave de oro ¿Será tan difícil? En ello, en ese logro, la honestidad es pilar de base, contigo mismo, con lo que quieres dar, con lo que quieras transmitir; el cómo nunca es fácil pero, si se parte con un concepto claro, con ganas e ilusión, encontrará su mejor camino. Extrapola esto donde quieras, a un negocio, a tus relaciones, a tu proyecto… porque es aplicable en todos los casos.

¿Y la comanda? No oigo hablar mucho de ella y es tan importante como la carta. La comanda influye directamente en el grado de satisfacción de los clientes. Un camarero formado y la elección “más o menos apropiada” por parte del cliente van a determinar su experiencia de buena mesa. Es el prospecto para el chef y es la “medicina” de la felicidad del comensal “in situ”. Aquí, la comunicación es clave para llegar un mayor grado de disfrute, para dar cabida al éxito.

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Receta Encrucijada a golpe de Bitter Kas

El reloj marca las 8, no suena ni mu en Chamberí, sentí  ganas de reencontrarme con Sinestesia. Entre semana,  el cacharreo de cubiertos, el olor a café, a tostadas y alguna batidora son la música matinal de las mañanas; la ventana de mi cuarto da al patio interior donde muchas cocinas son vecinas. Los fines de semana, la rutina se alterna, el patio y el ruido del ascensor tiene vida en la noche. Me encanta ir a la contra, madrugar y disfrutar de la tranquilidad que la ciudad “siempre viva” te regala.

Quienes me seguís, quizás me habéis echado de menos; más de un mes y medio sin pasar por aquí. Escribo por apetencia y, cuando algo pasa y te bloquea, mi sinestesia no puede ser la misma, se aísla, espera paciente; el reencuentro siempre llega. Retomo, ahora, con ganas el blog, aunque “de gastronomía” voy a hablar más bien poco; esto será un aperitivo de bienvenida y ya vendrán las aventuras de mesa y mantel.

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Conexiones Pragmáticas “al dente”

Nos cruzamos con un sinfín de personas a lo largo de nuestros días y solo conectamos con unos pocos en función de nuestra química y nuestra personalidad. Es curioso, pero el feeling de la conexión o “la intuición” no suele fallar, se sabe desde el primer momento –claro está, también hay excepciones-.

Honestamente, no sé por qué me puse a escribir de esto, pero este título asaltó mi despertar de forma espontánea y dije “por qué no…”. Por no perder tradición, voy a ver si puedo conectar esta reflexión con las cosas del comer.

Las conexiones se pueden dar de distintas formas y evolucionar con ritmos muy distintos. Así, puedes sentir atracción o ganas de conocer a alguien con quien coincides, sin haber entablado conversación, o cruzar palabras con una persona y “quedar pendiente un café para conocerse un poco más”. No me voy a meter en las conexiones virtuales (que están a la orden del día) ni en las clásicas que todos tenemos desde la infancia.

Vaya… pues pasa algo similar en la relación con los restaurantes ¿No? Algunos nos llaman la atención porque su oferta nos atrae; otros “probamos algo” y dejamos pendiente “volver” porque nos encanta.

De todo este rollazo, lo mejor es conservar, en ambos casos, las conexiones “al dente”, es decir, en su punto, no dejarlas antes de tiempo ni permitir “si merecen la pena” que se pasen o mejor dicho “sean pasajeras”. Al dente, vivas, en acción, en quedadas continuadas. Esos momentos son únicos e irrepetibles, no regresan, pero puedes saborearlos en el recuerdo, van formando parte de ti.

Dicho esto, te dejo algunos encuentros GastroMolones que podrían etiquetarse “al dente”.

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