Destellos Palpables, Opcionales y Placenteros

Trato de mantener la mente en blanco, me cuesta. Creo que voy a marcarme ese sano reto “unos minutos en blanco cada día” ¿Tú lo haces? ¿Puedes?

Lo cierto es que es un reseteo bien bueno al igual que liberar pensamientos tontos de la mente que solo hacen gastar energía en vano, pero, todos los tenemos ¿O no?, unos les dan menos vueltas y otros más. Parto de esta reflexión, porque este finde me apunté a un retiro de Respira Pilates que vi y que se ha llevado a cabo del 19 al 21 de marzo.

Del total de clases, hice 4 y me han gustado mucho. Me vino a la mente ¡Sería curioso si, por una vez, pudiéramos intercambiar “mentes” y ver cómo fluyen las de otras personas! Cada uno de nosotros somos dos personas, nuestro mundo interior y nuestro reflejo entre los demás, a través de nuestro comportamiento. Vuelve a salir la palabra “equilibrio”, porque supongo que, lo mejor es que tu reflejo sea auténtico y natural, aunque siempre tendremos nuestro pequeño y gran mundo interior donde solo nosotros sabemos estar (es nuestra intimidad, preciada y necesaria). Tras este finde, creo que voy a hacer una lista con esos vaivenes que no me aportan nada, para intentar que resten la menor energía de mí. Es como la compañía, hay que rodearse de las personas que te aportan, que te llenan en cada encuentro, esa luz se nota y realmente alimenta. Mi aventura africana, por ejemplo, me regaló 3 meses de mente en blanco (la verdad, no sé cómo pudo ser eso, jaja…, luego, los otros tres meses en Zimbabwe, ya empezó la máquina a estar operativa aunque con otro ritmo; lo recuerdo y sonrío ¿Qué mejor prueba de la eficacia tan saludable que aporta?

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¿Aventuras a Bocados o Bocados de Aventura?

Acabo de tener un pensamiento, “yo en Londres más feliz que una perdiz” ¿Y eso? Me dije; reflexioné e hice un breve análisis de pros y contras de aquel entonces –no todo era color de rosa-. Sobre esta partida, anotando nuevas gastro-experiencias comenzamos.

En Londres, año 2014, trabajando en una tienda de ropa, viviendo con una pareja (él inglés, ella coreana), casi no tenía días de descanso, en una rutina que me estaba consumiendo con ese sin parar, pero no me daba cuenta “estaba contenta, aprendía cada día, mi inglés mejoraba”. Cada día lo vivía como un capítulo de una historia, la experiencia en sí la viví así, como si fuera una película que sabía que tenía un fin –sabía que regresaría a España, que esto era un paréntesis en mi trayectoria-.  Hoy, tuve otro pensamiento ¿No deberíamos vivir así todos los días?

Siempre lo digo, los días no son buenos ni malos (sí, salvo circunstancias ajenas a nosotros y que nos llegan), nosotros hacemos que, al caer el sol, nuestro día haya sido gratificante. Este finde se dio de otra manera a como mi mente lo había pensado, pero me siento muy contenta de cómo lo he vivido, sin grandes cosas, pero con cosas hechas. Un día menos para estar más integrada en la ciudad, un día menos para sociabilizar en actividades externas que me gustan y ya se echan de menos. Tras esta pequeña introducción, paso a comentar algunas cositas del comer.

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Idiosincrasia del Sabor

Ya queda menos, eso parece, para la vuelta. Cuántos interrogantes a su paso, cuántos matices de análisis, experiencias atomizadas en una aglomeración digitalizada… Mi espacio “Sinestesia Gastronómica” inmunizado ante las no experiencias que cada semana iban hilándose con nuevas aventuras. Para mí, escribir los domingos es un hábito, me levanto y simplemente todo se dispone para darle continuidad a la historia que recreo. He aquí que siga operativa en estos días, aportando el sentir de mi experiencia, invitándome a reflexionar sin más, a tener, de alguna manera, una conversación contigo.

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Cápsulas de Vida en grano “Cultura Café”

Si los cafés hablasen… Piénsalo, cuántas historias entre cafés entrelazan nuestras vidas, cuántos puntos de encuentros provocan, siempre hay hueco para un café. Su aroma es despertador de muchos hogares, los desayunos de bares se mueven a golpes de cafés, rematan los almuerzos o marcan la sobremesa… Forma parte de nuestras vidas y es vida en origen.

Me gusta el café, pero desconocía que estoy en la etapa del flechazo; me ha cautivado y quiero tener muchas citas con él en sus distintas facetas, para conocer sus matices, sus secretos, apreciar su esencia en la taza y dejarme sorprender. Un viaje tan inesperado como mágico a Brasil me desveló mi ignorancia cafetera y me motivó para cambiar el chic y empezar a tomar buen café o, al menos, prestar atención a la hora de la compra/consumo ¡No vale cualquiera!

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PASTELERÍA MARABÉ “DULCES ARTESANALES”

Recuerdos y sabores de infancia en Barcarrota, Extremadura

La niñez es una de las etapas más bonitas y anheladas que tenemos –o así debería ser, soy consciente que no todo el mundo crece en las mismas circunstancias-.

Es donde nuestros sentidos despiertan, empezamos a conocer sabores, aromas, a saber lo que nos gusta y lo que no.

Con el tiempo, vamos acumulando sensaciones y construyendo un baúl lleno de recuerdos, de aprendizaje que no deja de evolucionar. ¿Cuántas veces un sabor/aroma te ha hecho viajar al pasado? Estoy segura que haces estos viajes en más de una ocasión. Pues bien, esta es una de las cosas que me gusta de la gastronomía, nos permite “viajar a través de los sabores, no solo en el espacio, si no también en el tiempo”. Es un regalo, un juego de sensaciones.

 

En mi caso, el sabor de la infancia es bastante dulce; sí, era muy golosa –aún lo sigo siendo-, pero los pasteles de mi pueblo tienen parte de culpa. Hoy, tengo el gusto de presentarte al artífice de estos dulces, a quien tuve el placer de entrevistar hace unos días en el obrador: Aniceto Marabé.

 

Tras un mini tour por la pastelería, que me encantó, pues hacía años que no entraba más allá del mostrador, nos sentamos en la camilla y entre dulces y libros –luego te explicaré por qué- comenzamos a charlar.

 

Entrevista a Aniceto Marabé, pastelero y dueño de la Pastelería

 

¿Cuándo abrió la pastelería? En 1922, la fundo mi abuelo Juan Marabé Rodríguez, luego mis tíos Calisto y Manolo siguieron con el oficio hasta delegarlo en mí.
¿Cómo empezaste a introducirte en el mundo dulce? Estoy en el oficio desde los 9 años, pues era el negocio familiar y había que ayudar. Estudié veterinaria, pero a los 24 años aposté por seguir con la tradición y, desde 1988, regento la pastelería Marabé, junto con mi mujer Pilar.
De todos los pasteles, ¿Cuál es el rey para los clientes? Actualmente es la lengua de vaca, aunque por muchos años fue el hueso de santo ¿Y para los turistas? Uy… depende de dónde sean, por ejemplo, para los clientes de Salvaleón “los piononos”, de Higuera de Vargas “merengues”, de Valverde “huesos de santo”…
¿Qué caracteriza al sabor de tus pasteles y cuáles son los ingredientes básicos? El horno de leña – sus tiempos de cocción y los aromas que se generan-y el tiempo –sin prisas- dan a mis dulces un sabor especial. Los ingredientes de base son harina, huevo y azúcar. No utilizamos ningún tipo de conservantes ni colorantes.
Desde pequeña he saboreado los mismos pasteles ¿Alguna novedad? Las milhojas de trufa y crema, el tiramisú, la manga olivera de crema, nata y yema, las palmeras de yema, los fosquitos y las flores de hojaldre ¿Cómo aceptan los clientes los cambios? Bien, cuando ven alguna novedad les gusta y la prueban, pero luego vuelven a los tradicionales, salvo la milhoja que ha sido un triunfo.
¿Piensa incluir alguna elaboración nueva este año? No lo sé, eso es inspiración, jeje… Siendo pastelero, supongo que estará al día en cuanto a novedades se refiere ¿Alguna preferencia? No, solo acostumbro a probar los pasteles típicos de cada lugar cuando viajo.
¿Con qué nos aconsejas tomar tus dulces?  Un vaso de leche del tiempo, sobre todo, si vas a probar más de uno, te prepara el paladar para la cata del siguiente y te ayuda a captar los sabores limpiando la boca entre un bocado y otro.

 

Por último, ¿Alguna apreciación? ¿Crees que alguien de tu familia seguirá con la tradición familiar? Te diré Raquel que es muy difícil que este tipo de negocios persista, requiere mucha dedicación y tienes que sentir la profesión. Además, las exigencias sanitarias –muchas veces excesivas- complican mucho el proceso; yo ya tengo la carta de alérgenos y todas las personas pueden pedirla cuando vengan a comprar los dulces, pero no olvidemos que los primeros que deben tener el conocimiento de qué tienen o no que comer son los clientes. Nuestros pasteles son 100% naturales y los hago exactamente igual a como los hacía mi abuelo. Dos horas conversando, una tarde muy entrañable  y contenta de intercambiar opiniones con Aniceto y Pili, su mujer.
Los dulces de Marabé son únicos y, para mí, muy especiales, porque me recuerdan buenos momentos; tengo suerte de que se sigan haciendo, pues cada vez que los como saboreo “los recuerdos de la infancia” y eso es un inmenso placer.  Crecí con ellos, eran mi merienda predilecta, con ese vaso de leche y en casa de mi abuela Salvadora –que vive enfrente- y mis desayunos en esos descansos del instituto. Todos están riquísimos, cada uno a su manera, pero mis pasteles preferidos son la lengua de vaca –de pequeña el huesito- y la milhoja. También hacen bollería, destaco las Isabelas –con yema y coco- y en Navidad, su mazapán y sus polvorones no dejan a nadie indiferentes.

 

Doy fe de que todo aquel que prueba estos pasteles, repite. No faltan en cumpleaños, fiestas y encuentros familiares; en Barcarrota sabemos cuanta dulzura nos brinda Marabé ¡Un lujo que esperemos persista durante mucho tiempo! Gracias y enhorabuena amigos.
Antes de despedirme, te diré que tuve ocasión de ojear unos libros que son verdaderas joyas de la historia de la pastelería: El formulario Práctico del Pastelero (1933, edición Bolsillo), Pastelería Mundial y los Helados Modernos de Ignacio Domenech –con reseña de José Zorrilla- (1922) y La Decoración en Pastelería de Jaime Sabat Aumasque (1ª Edición, 1954).

 

Pastelería Marabé
C/ Monte, 15
Barcarrota (Badajoz)
Tel. 924 73 62 32