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PASTELERÍA MARABÉ “DULCES ARTESANALES”

Recuerdos y sabores de infancia en Barcarrota, Extremadura

La niñez es una de las etapas más bonitas y anheladas que tenemos –o así debería ser, soy consciente que no todo el mundo crece en las mismas circunstancias-.

Es donde nuestros sentidos despiertan, empezamos a conocer sabores, aromas, a saber lo que nos gusta y lo que no.

Con el tiempo, vamos acumulando sensaciones y construyendo un baúl lleno de recuerdos, de aprendizaje que no deja de evolucionar. ¿Cuántas veces un sabor/aroma te ha hecho viajar al pasado? Estoy segura que haces estos viajes en más de una ocasión. Pues bien, esta es una de las cosas que me gusta de la gastronomía, nos permite “viajar a través de los sabores, no solo en el espacio, si no también en el tiempo”. Es un regalo, un juego de sensaciones.

 

En mi caso, el sabor de la infancia es bastante dulce; sí, era muy golosa –aún lo sigo siendo-, pero los pasteles de mi pueblo tienen parte de culpa. Hoy, tengo el gusto de presentarte al artífice de estos dulces, a quien tuve el placer de entrevistar hace unos días en el obrador: Aniceto Marabé.

 

Tras un mini tour por la pastelería, que me encantó, pues hacía años que no entraba más allá del mostrador, nos sentamos en la camilla y entre dulces y libros –luego te explicaré por qué- comenzamos a charlar.

 

Entrevista a Aniceto Marabé, pastelero y dueño de la Pastelería

 

¿Cuándo abrió la pastelería? En 1922, la fundo mi abuelo Juan Marabé Rodríguez, luego mis tíos Calisto y Manolo siguieron con el oficio hasta delegarlo en mí.
¿Cómo empezaste a introducirte en el mundo dulce? Estoy en el oficio desde los 9 años, pues era el negocio familiar y había que ayudar. Estudié veterinaria, pero a los 24 años aposté por seguir con la tradición y, desde 1988, regento la pastelería Marabé, junto con mi mujer Pilar.
De todos los pasteles, ¿Cuál es el rey para los clientes? Actualmente es la lengua de vaca, aunque por muchos años fue el hueso de santo ¿Y para los turistas? Uy… depende de dónde sean, por ejemplo, para los clientes de Salvaleón “los piononos”, de Higuera de Vargas “merengues”, de Valverde “huesos de santo”…
¿Qué caracteriza al sabor de tus pasteles y cuáles son los ingredientes básicos? El horno de leña – sus tiempos de cocción y los aromas que se generan-y el tiempo –sin prisas- dan a mis dulces un sabor especial. Los ingredientes de base son harina, huevo y azúcar. No utilizamos ningún tipo de conservantes ni colorantes.
Desde pequeña he saboreado los mismos pasteles ¿Alguna novedad? Las milhojas de trufa y crema, el tiramisú, la manga olivera de crema, nata y yema, las palmeras de yema, los fosquitos y las flores de hojaldre ¿Cómo aceptan los clientes los cambios? Bien, cuando ven alguna novedad les gusta y la prueban, pero luego vuelven a los tradicionales, salvo la milhoja que ha sido un triunfo.
¿Piensa incluir alguna elaboración nueva este año? No lo sé, eso es inspiración, jeje… Siendo pastelero, supongo que estará al día en cuanto a novedades se refiere ¿Alguna preferencia? No, solo acostumbro a probar los pasteles típicos de cada lugar cuando viajo.
¿Con qué nos aconsejas tomar tus dulces?  Un vaso de leche del tiempo, sobre todo, si vas a probar más de uno, te prepara el paladar para la cata del siguiente y te ayuda a captar los sabores limpiando la boca entre un bocado y otro.

 

Por último, ¿Alguna apreciación? ¿Crees que alguien de tu familia seguirá con la tradición familiar? Te diré Raquel que es muy difícil que este tipo de negocios persista, requiere mucha dedicación y tienes que sentir la profesión. Además, las exigencias sanitarias –muchas veces excesivas- complican mucho el proceso; yo ya tengo la carta de alérgenos y todas las personas pueden pedirla cuando vengan a comprar los dulces, pero no olvidemos que los primeros que deben tener el conocimiento de qué tienen o no que comer son los clientes. Nuestros pasteles son 100% naturales y los hago exactamente igual a como los hacía mi abuelo. Dos horas conversando, una tarde muy entrañable  y contenta de intercambiar opiniones con Aniceto y Pili, su mujer.
Los dulces de Marabé son únicos y, para mí, muy especiales, porque me recuerdan buenos momentos; tengo suerte de que se sigan haciendo, pues cada vez que los como saboreo “los recuerdos de la infancia” y eso es un inmenso placer.  Crecí con ellos, eran mi merienda predilecta, con ese vaso de leche y en casa de mi abuela Salvadora –que vive enfrente- y mis desayunos en esos descansos del instituto. Todos están riquísimos, cada uno a su manera, pero mis pasteles preferidos son la lengua de vaca –de pequeña el huesito- y la milhoja. También hacen bollería, destaco las Isabelas –con yema y coco- y en Navidad, su mazapán y sus polvorones no dejan a nadie indiferentes.

 

Doy fe de que todo aquel que prueba estos pasteles, repite. No faltan en cumpleaños, fiestas y encuentros familiares; en Barcarrota sabemos cuanta dulzura nos brinda Marabé ¡Un lujo que esperemos persista durante mucho tiempo! Gracias y enhorabuena amigos.
Antes de despedirme, te diré que tuve ocasión de ojear unos libros que son verdaderas joyas de la historia de la pastelería: El formulario Práctico del Pastelero (1933, edición Bolsillo), Pastelería Mundial y los Helados Modernos de Ignacio Domenech –con reseña de José Zorrilla- (1922) y La Decoración en Pastelería de Jaime Sabat Aumasque (1ª Edición, 1954).

 

Pastelería Marabé
C/ Monte, 15
Barcarrota (Badajoz)
Tel. 924 73 62 32