La “Cazuela” de Mi Recreo

Si miro atrás, veo mi sombra y, levemente me cobija… Ha dado paso a un recreo que me gusta más y, a veces, hasta me asombra. Hace años, quizás, bailar sola, tomar una copa de vino contigo misma o salir de casa “a tu rollo” podría parecerme algo loco o raro. Quizás porque no lo había probado, jaja… El caso es que los viajes en soledad, los retos por ti misma y algunas ostias (hablemos claro) que te da la vida, te dan un chute que te conecta mágicamente contigo misma  y te hace, además,  relacionarte  más sanamente con tu entorno y con quienes compartes experiencias. Esto no es otra cosa que vivir el ahora dejando las preocupaciones futuras (que probablemente no lleguen o lleguen de otra forma, a saber…) y abriéndote a saborear lo que pasa en el momento de apertura.

Asimismo, le hago una ola a la nostalgia, a los recuerdos bonitos que vamos acumulando y que, cuando se presentan, te dan como un suspiro de calma y hasta pueden provocarte una sonrisa. Hoy, los recuerdos me están contando que tengo un cúmulo de gastro-aventuras a mí espaldas y que es hora de permitirles un presente o futuro para quienes “de algún modo” me dais rollito para que siga escribiendo. Sin orden cronológico, voy a darle paso a algunas recomendaciones apetecibles y que pueden ser parte de tu recreo.

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Sabor Intermitente; Umami Natural

Con este título, lo sé, estarás pensando, la sinestesia hoy irá con temas asiáticos o algún restaurante japonés. Eso sería la vía fácil, pero no sería Sinestesia. Así que, permíteme una dosis de reflexión para iniciar las aventuras de hoy ¡Tómalo como el aperitivo!

Desde pequeña, sin saber por qué he tenido una conexión especial con los sabores, siempre preguntando los ingredientes de las recetas y enredando cuando mi madre me dejaba. Ya te lo conté en alguna ocasión (mi evolución); no es extraño que constantemente “mi creatividad” crezca en las cosas del comer, en todo aquello que guarde relación  con el Hecho Gastronómico. El motivo, fácil; la pasión es siempre palpable, memorable.

¿Te has parado a reflexionar sobre tu trayectoria, tu evolución? Yo sí y, para variar, las etapas son identificables con los sabores. En general, los comienzos suelen tener un sabor neutro y ácido con altas cargas dulces; te falta experiencia, en muchos casos, demasiado ignorante o dormido/a, cualquier pequeño problema te causa acidez y las chuminadas te dan alas “carga dulce extra”. Creces o despiertas y empiezas a apreciar el sabor de la intermitencia: este podría ser el sabor de la sorpresa, seguramente, el más sabroso, el umami natural.

Llamo sabor intermitente a la etapa en la que tienes cierta madurez, has vivido cosas muy buenas y cosas muy malas, has crecido, evolucionado, vives al día siendo consciente de la importancia de cada minuto, te ríes porque sí y te dejas llevar ante el encanto de la incertidumbre. Dejas las expectativas a un lado, vives con ilusión pero no te ilusionas vagamente. Este aditivo puede o no estar siempre, ahora es la etapa en la que me muevo y la disfrutaré con esmero. Dices sí y te contentas hasta que dé luz roja o verde.

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El Sabor de Tu Mirada “bocado al habla”

Último domingo de marzo, se adelanta el reloj, cierras los ojos a las 3am, amaneces a las 8, puff… Mientras la cafetera hace su trabajo, preparo un improvisado para desayunar a base de pan marroquí “msemen o rghayef” (me enganchó desde el primer momento) con plátano, membrillo, mascarpone, toque de sal y pimienta, chispas de AOVE Bardomus Canetera –variedad autóctona de Castellón, es brutal este aceite- … Puedes decir “vaya mezcla”, pero te aseguro que está rico rico, jaja, al menos, a mí me encantó. Con este pan, lanzas la creatividad y «con intuición y sentido común» difícil negar el disfrute.

Seguramente, Sinestesia no volverá hasta la vuelta de Semana Santa, no habrá tiempo los próximos findes, yuhuuu ¡Vamos inspiración, no me falles!

Gastronómicamente hablando, mis comidas caseras (Tuppers de mamá, vorí vorí paraguayo by Cinthia y mis enreillos varios) han sido los tops de la semana y, en esto, no me voy a meter, tampoco a criticar sitios visitados que no me han dicho nada, no es mi estilo “si hay ocasión, me preguntan, doy mi opinión de buenas maneras –ojo, no tiene por qué ser la correcta, simplemente, trasmito mi experiencia-.

Los encuentros se han llevado la palma esta semanica, sigo tachando cafés pendientes, provocando reencuentros, vidas perdidas, puestas al día, el tiempo que vuela y el tic tac que sigue su frenético ritmo. También te digo que hay encuentros que quiero que lleguen y nunca se dan, jaja… No tendrá que ser, o, será, a su tiempo. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡Ilusión, no te vayas!

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¿Qué hay de Umami en ti?

Antes de sentarme y enfrentarme con el teclado, he desayunado, y te importe o no, banana bread que hizo mi compi Steffi, lo que llamamos bizcocho de plátano y chocolate que, por la textura, podría decir que se acerca al brownie.

Tomé, un trocito solo, y, otro, “llámame doña mezclita” con un poco de crema agria, pimienta y canela (quería ver el contraste; buenísimo en ambos casos). Acto seguido, me pregunté y… de qué escribo hoy.

De los sitios visitados últimamente, de dos –me gustaron- quiero contarte; más allá de eso, el fondo, el viaje de la felicidad con o sin umami. ¿Compartes unos minutos conmigo? Toma asiento.

Antes de pasar a lo gastronómico, me gustaría hacer un pequeño inciso de reflexión; viajar conlleva a un “open your mind” (primera frase que oí al aterrizar en Zimbabwe), pero esto no llega solo ni con los viajes, si, primeramente, no das el primer paso: el viaje contigo misma, el abrirte a tu interior y saber qué quieres. En mi caso, mi sonrisa se vio perjudicada o, mejor dicho, evolucionó, se adaptó, pasó a cobrar sentido ¿Por qué? Si llegas al final, lo sabrás, jajaja… Curiosidades.

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LA SIMPLE Y COMPLEJA EFECTIVIDAD DE LA PASIÓN: BOCADOS DE CORAZÓN

Domingo tarde y una se pone a escribir sin tener la más remota idea de lo que va a contar, pero no me será difícil, me apetece teclear y reflexionar sobre qué tentaciones he tenido estos últimos días, qué vitaminas se han transformado en sonrisas.

Ya sabes que la gastronomía es mi pasión, da igual el formato, pero me encanta todo lo que esté ligado al hecho gastronómico; ha sido así desde que tengo uso de razón. Me encanta indagar e ir probando nuevas cosas e ir tachando de mi lista sitios que me recomiendan “esos clásicos” que sí o sí tienes que visitar. Suelo registrarlos y sé que, tarde o temprano, caerán.

Vamos céntrate un poco; ah, sí, yo quería hablar hoy sobre la pasión entremezclada con la atención y el detalle. Cuándo alguien se acuerda de ti ¿Cómo lo sientes, qué sientes? ¿Qué sabor tendría o con qué lo compararías?

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Menos es Más; autenticidad a bocados

La sencillez es una virtud o cualidad apta a darse en personas o cosas; algunos la definen como la “celebración de lo pequeño”, así, las personas sencillas acostumbran a ser humildes, a disfrutar de las pequeñas cosas y están abiertas a la espontaneidad. Si llevamos esta virtud al ámbito gastronómico, nos centramos en el respeto al producto, en conceptos honestos, en elaboraciones sencillas. En ambos casos, los resultados suelen ser atractivos y extraordinarios, apareciendo la palabra “calidad” acompañada de armonías en equilibrio.

Al igual que una persona sencilla, segura de sí misma, no necesita de florituras que la enmascaren, tiene luz propia, el producto (ingredientes, materia prima) de calidad necesita muy poquito para ser un auténtico placer. Lo que no significa que se pueda acompañar y presentar según ambientes y gustos; hay que saber sacarle el mejor partido y, a veces, es todo un reto “mejorar la sencillez sin quitarle el protagonismo”.

Como ves, hoy la reflexión va de personalidades y cocina, no por casualidad, sino por consecuencias de dos sitios en los que estuve esta semana. Encontré parentesco en los conceptos, en la experiencia y en las sensaciones vividas. Te las resumo con la pausa justa.

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Experiencias entre panes y algo más

Vuelve  a ser domingo y Sinestesia me reclama. Quedé en la tarde, sigo tachando encuentros  pendientes, apetecibles. Me olvidaré del precioso día que hace que me está diciendo “callejea, callejea, piérdete por las calles de Madrid y sal a curiosear”.  Intentaré salir antes de que el sol se esconda y asunto arreglado.

Esta vez, voy a hacer un mix de momentos con buena miga que reflejan tradición, innovación, autenticidad y emprendimiento. Me dejaron sensaciones parejas a la historia de aroma que te cuenta un buen pan recién salido del horno. Hoy, tú, lector, estarás compartiendo un trocito de pan conmigo y yo encantada con ello ¡Bienvenido!

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El Azar ¿Umami o Frenesí?

Nada pasa porque sí o, al menos, es mi filosofía de vida; llegan cosas sorprendentes que nos hacen vibrar, de alegría, de tristeza a veces, pero así es esto y así va a seguir siendo. Personalmente, me acompañan un cúmulo de “casualidades” bastante considerable: azar, destino, deseos cumplidos… Un mix diría yo. 

Mi historia con mi amiga Steffi es debido al azar y a mi instinto –no te la voy a contar, si algún día te tomas un café conmigo y te acuerdas, pregunta, jaja-. El caso es que gracias a ella, ayer, tuve la oportunidad de celebrar el Año Nuevo Chino 2019, en un encuentro muy cosmopolita; una neoyorkina, dos de California, otra de Philadelphia, Steffi de Indonesia y yo, la extremeña.

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A contraluz, historias en taza o cuenco

Domingo, no entran rayos de luz, el atardecer se avecina; el frío, en parte, perfiló mi fin de semana y, satisfecha, lo cierro con un café y una milhoja de dulce de leche y almendras. Hacía un día espléndido, decidí aislarme en la tarde y pasear sin rumbo en la mañana.

Llegó Febrero y quiero que más cafés pendientes se den. En estos tiempos, todos corremos, vamos acelerados, el día a día nos aisla, en muchas ocasiones, de nosotros mismos, de ratos amenos con amigos o incluso llamadas de larga conversación. El whatsapp, un mensaje, no es la solución, eso es lo fácil.

Caramba Raquel ¿Qué haces? ¿Estás rallada? Quizás estés pensando eso, jajaja… Estaba reflexionando en alto, pensando en las últimas experiencias, entre cafés, pizzas surrealistas y ramen de rebote. Dicho esto, comienzo mi narrativa dominguera.

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Esencia en Restauración ¡Tu mejor baza!

Aquí estamos, de nuevo en domingo, tecleando y, hoy, sí voy a hablar de gastronomía con mis incisos habituales, llamémoslos reflexiones, cuando me plazca. Me centraré en dos nuevos sitios que visité en diciembre aplicando la visión de 360º -o esa es mi intención, jeje-.

El gigante de la restauración sigue creciendo, nuevos sitios emanan constantemente como champiñones, unos, réplicas de modelos importados de la gran manzana neoyorkina u otras ciudades cosmopolitas “si allí triunfa, triunfa aquí” (suele ser así, salvo excepciones); otros, en línea con las tendencias (lo healthy, el trash-cooking, poke & Buddha bowl, neotabernas, locales de barra y un largo etc) y, cómo no, entre los clásicos, también aparecen nuevos conceptos o simplemente “casas” que tienen personalidad.

Cuando conoces a una persona auténtica se nota y decimos eso de “que crack, qué chico/a tan peculiar” y eso mola ¿No? Pues en los restaurantes pasa lo mismo; si tiene esencia y lo sabe trasmitir, se siente, cala y si lo logras, da por seguro que el cliente-comensal se convertirá en tu mejor prescriptor, no solo volverá, te recomendará.

Personalmente, me gusta ir probando sitios de todas las categorías; puedo salir la mar de contenta tras comer un bocata de calamares en un bar a pie de calle, y salir con cara de póker de mesas con “en teoría” más caché. Influyen muchas cosas… y ya sabemos todos “esas dichosas expectativas” el papel que juegan en todo esto. Por eso, cuenta lo que eres y actúa en consecuencia. Esto es lo que hacen en La Despensa y en Palo Cortado y, a continuación, resumo mi experiencia.

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