Sabor de vaivenes y su aderezo

De repente te percatas de que son las 7 de la tarde y Sinestesia no ha dado señas; solía escribir tras desayunar los domingos, me gustaba ese hábito. Al cambiarme de ciudad, esa costumbre se desvaneció y dejé de tener un horario fijo para ello. Ello tiene su parte buena y su parte no tan buena, como todo; lo bueno es que me levanto y, si no tengo plan de día, voy haciendo lo que quiero hacer pero con orden de apetencias. Cocinar los tuppers de la semana es algo que se presta bienvenido los domingos a primera hora –y puff- lleva su tiempo. Escribir queda abierto a cómo transcurra el día, por tanto, nada seguro que el post llegue a publicarse. Habrá que plantearse volver a la rutina matinal.

Y así, hoy, cuando ya no entra el leve fresquito de la mañana, he salido a la terraza un ratico y Sinestesia ha vuelto. Llevo dos findes muy relajados, en realidad, todo el verano; es el plan que me apetecía, ya habrá tiempo para estar movida de nuevo, pero que sea con ganas. Estuve en Extremadura en verano (mi tierra) y me escapé unos días a Barbate/Zahara de los atunes. Aún es cercano, así que, a mi modo, ya me conoces, algo contaré sobre los sabores que registré.

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