Descubriendo Barcelona

Un viaje con buen sabor de boca, nunca mejor dicho…

Hace ya unos días, concretamente en el “puente” de la Constitución, decidí visitar de nuevo la Ciudad Condal, y quedé encantada. La verdad, juego con ventaja, pues mi prima, Cris ,es guía turística y disfruté en todo momento de su compañía. Además, su chico, Uriol, volvió a llevarme a esos rincones gastronómicos llenos de encanto e historia y, que por mi misma, sólo me hubiera topado con ellos de casualidad.
Haré un breve resumen de mi breve e intensa visita, centrándome en aquello que más me llamó la atención y que, sin duda, os recomendaré.
El sábado 5 de diciembre, primer día después de 8 horas de autobús, y a las 9 de la mañana empezamos el tour. Fuimos al barrio gótico y de tiendas, cómo no. Y lo mejor estaba por llegar, a la 13.30 horas parada en la COVA FUMADA, desde ya, os digo que si vais a Barcelona no dejéis de ir a este sitio, me encantó.
¡La Cova Fumada, un tapeo con gancho!
Ya en el mes de Julio, sólo estuve un día en la ciudad, Uriol me dijo que tenía que volver para ir a comer a este mágico lugar, así que por eso nos plantamos allí el primer día. Uriol conoce un montón de sitios peculiares y es un gran apasionado del buen comer, un modesto sibarita gastronómico. La Cova Fumada (C/ Baluard, 56. Tel. 93 221 40 61) está en la Barceloneta, en la Plaza Poeta Boscà, y cuenta con 70 años de historia a sus espaldas. Se trata de una antigua bodega que aún conserva sus barriles y sillas de mármol, hogareña, con una pequeña y discreta entrada que pasa totalmente desapercibida. Entramos y estaba lleno, sólo disponen de 7 mesas, sin posibilidad de reservas, pero con suerte nos dijeron que en breve podríamos sentarnos, así que nos tomamos unas cañitas para ir haciendo honor a esos platos que pronto estarían con nosotros. Enfrente de la barra, la cocina vista, donde ves como cocinan todo, es genial.
Yo había estado ojeando los platos que pedía la gente y tenía todo una pinta de escándalo, pero a la hora de pedir, ya no disponíamos de muchos platos. Una de las razones por las que es conveniente ir bien temprano –desde la 9 la mañana está en marcha la cocina- y todo es del día, así que ya sabéis.
Comenzamos el pica-pica con las famosas bombas, según me contaron las mejores de Barcelona, y de verás que están buenas; yo la pedí mitad y mitad, es decir, con alioli y salsa picante.
Continuamos con calamar a la plancha y unas gambas de Barcelona
(máxima calidad y en su punto, qué rico todo).
Y no me puedo olvidar de la “cap i pota”, literalmente cabeza y pata, un guiso típico de la gastronomía de Cataluña y que me hizo disfrutar gratamente: contundente, sabroso, meloso, espectacular.
Por último, recordar el pan de ajo, presente todo el tiempo y fiel compañía en nuestro almuerzo, un guiño más al buen gusto.
La Cova Fumada, parada obligada, buenas tapas y a buen precio (15 € por barba).
Horario: de lunes a viernes de 9-15:30 h. Sábado de 9-13:30 h. Jueves y viernes de 18-20:30 h.
El primer día en Barcelona terminó con una cenita que preparé yo misma con ayuda de mi prima Cris y con unas cervecitas por su barrio “Horta”.
El domingo, 6 de diciembre, fue más tranquilito, comida en casa y, por la tarde, concierto de Alba Carmona en Horta –allí empezamos con unas cañitas que continuamos por El Borne, donde tapeamos, y terminamos la noche en El Copetín (Paseo del Born, 19). Bar con buen ambiente y que se caracteriza por 3 cosas: tanto en la barra como en las mesas hay velas, palomitas y unos pequeños sobres –yo no los vi, pero un amigo me contó que este bar era conocido, por esta mensajería entre mesas, si querías decirle algo a alguien de otras mesas, sólo tenías que entregar la notita a la camarera y decir el destinatario, jeje… hubiera sido divertido, pero nosotros disfrutamos de nuestros mojitos entre risas, aunque éstos no estaban muy buenos. La próxima vez que visite Barcelona iré a tomarme un mojitos en condiciones, ¿me aconsejáis algún sitio?
Llegó el lunes y pasé la mañana en el Parque Güell de Antoni Gaudi. Me gustó mucho, aunque ese día había muchísima gente. Me traslado a la noche el lunes, mi último día, os hablaré del Guixot (Carrer de la Riereta, 8), un bar que nos encontramos después de mucho caminar en el barrio del Raval y vaya si acertamos. Al entrar pensé, vamos a comer bien, un sitio de bocatas y crepes, discreto, sencillo, lleno de españoles, tenía que comerse bien, sí o sí. Nos pedimos crepes (el mío era de roquefort), bocatas, 2 rondas de bebidas y un postre a compartir. La cuenta 32 euros, barato, servicio rápido, buen ambiente y los camareros muy atentos y simpáticos. Horario: comida -de lunes a viernes: 13.30 a 15.30 h-/ cena: de lunes a jueves de 19.00 a 1.00 h.- /Viernes y sábados: de 19.00 a 1:45 h.
Para finalizar mi despedida, un Absenta que casi me deja del otro lado, pero había que probarlo, mejor dicho terminarlo, porque tarde 2 horas en darle fin. El lugar, Bar Marsella (C/ Sant Pau, 65), situado muy cerca de la parte baja de la Rambla del Raval y abierto desde 1820 “famoso por ser el más veterano de la ciudad”, motivo ya de visita. Sin duda alguna, el aspecto de este lugar da fe de sus años de vida, aspecto descuidado, puertas de madera, techos altos con lámparas de araña, mesas de mármol y grandes espejos vestidos de polvo. Es un lugar único, bohemio, entrañable, con gran personalidad, frente a cuidados y glamourosos bares que cada vez son más comunes.
Como he mencionado, me tomé un Absenta y es que el Marsella es muy conocido por ser uno de los pocos bares donde se sirve esta bebida, de alta graduación alcohólica (puede tener hasta 89 grados) y se suele tomar rebajada con agua y un terrón de azúcar, su sabor es parecido al anís. Aquí, te lo sirven en copa acompañado del azúcar y un botellín de agua–pinchado en boca-: Uri me lo preparó, quemó el azúcar y le quitó un poco de grados al absenta “lo flambeó un pelín” y listo.
Sinceramente, volveré al Bar Marsella, pero no para tomarme un absenta, sino unas cervecitas, me costó tomármelo y me dejó un poco tocadilla; y al día siguiente, menudo dolor de cabeza, si es que…

Horario: Lunes a Jueves de 21h a 2:30h /Viernes y Sábado 21h a 3h. Los domingos cierra.

Bueno, por fin conté mi visita a Barcelona, ya tenía ganas, pero me faltaba tiempo –estos días navideños…-. Me lo pasé genial. Una vez más, gracias Cristina y Uriol, siempre hacéis que me venga de vuestra ciudad con una sonrisa y deseando volver. Hasta pronto.
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Un día en Barcelona

La última semana de julio hice una escapadita a Barcelona, más concretamente a Villafranca del Penedés, para visitar a mi familia de allí. Pero me desplacé a la Ciudad Condal en dos ocasiones. Una para la reunión de gastroblog, que relaté en el post anterior; y otra para disfrutar de la ciudad y conocer algunos de sus encantos. En esta segunda visita estuve guiada en todo momento por una guía experta “mi prima Cristina” (nacida en Barcelona y guía turística de profesión). Toda una suerte contar con su compañía, además es muy divertida y no deja que te aburras ni un instante. Para mi sorpresa, Oriol –el chico de Cristina- es un sibarita gastronómico por afición; nos pusimos a conversar y me recomendó un montón de sitios interesantes, lástima que sólo me quedaría un día – ellos se iban a un camping a la Costa Brava. Así que os voy a contar mi día en Barcelona, sabiendo que tendré que regresar en más de una ocasión para disfrutar de la Barcelona histórica, cultural, nocturna y gastronómica.

Breve y amplia visita; “el tiempo cunde cuando se aprovecha” Hora de llegada: Jueves 23 a las 17.30 h./ De salida: Viernes 24 a las 15.00 h.

Día 1: un atardecer en la ciudad

Hice mi entrada por la Plaza de Cataluña donde quedé con mi prima Cris en un punto clave de quedadas “La Puerta del Corte Inglés”, no tuve pérdida. Primero caminamos por el Paseo de Gracia y pasamos por la Pedrera de Gaudí –impresionante-; de bajada entramos en el barrio gótico, pasando por la Catedral, la Plaza de Sant Jaime y de ahí nos fuimos callejeando hasta el barrio del Borne. Por cada sitio que pasaba mi prima algo explicaba –jeje-. En el Borne vimos la Iglesia de Santa María del Mar, una de las más reonocidas de estilo gótico en el mundo. Paseamos por la calle Argentaria, calle Montcada y, finalmente, nos sentamos en una terracita en el Paseo del Borne (Taberna del Borne) y nos reunimos con los amigos de Cris. Varias rondas de birras cayeron por allí.

Caída la noche, decidimos levantar nuestros traseros y buscar sitio para cenar algo; ¡yo dónde me lleven! –era mi lema-. Todos parecían estar de acuerdo, querían tomar pizza –menos Oriol que a lo bajito me decía “anda que… avísame para la próxima y nos planificamos una ruta gastronómica en condiciones”. Lo tendré en cuenta, jeje…

Pero esta vez fuimos al Pizza and Love (Carrer del Fonollar, 2. Tel. 932 955 491) en el barrio Gótico. Aquí la idea es tomar “pizza al taglio”, es decir “al corte”. Yo tomé la Parmigina (berenjena y parmesano) y la Tartufo (patata y trufa). Sinceramente, me gustaron mucho; acertaron llevándome allí (pensé: si no hubiera venido con gente de Barcelona, no hubiera descubierto un sitio así). Acompañé las pizzas con una cerveza catalana “Moritz”, fresquita y suave. Y cené por 8 euros, así que ni “pintao”. Este sitio merece una visita, además en verano puedes disfrutar del sabor napolitano en la terracita al aire libre. Aunque el interior del local merece un vistazo “una sola mesa alargada en el centro con bancos móviles a cuadros grises y rojos”, sin duda un local moderno y divertido para tomar pizzas y otras delicias italianas. Cris y yo nos marchamos a casa; ella vive en Horta (zona norte de la ciudad más cerca de la montaña -25 min. en bus-).

Día 2: para terminar con un mediodía de pintxos y tapas

Como siempre, este viernes 24 de julio también me caí de la cama sin querer “a las 8 ya estaba en pie”; pero no salimos de casa hasta las 10.30 h. Cogimos el metro hacia la Plaza de Cataluña. Mientras que Cris me decía “tienes que venirte un finde entero para enseñarte más cosas”, me llevaba de un “lao pa otro”, menos mal que estoy acostumbrada a caminar horas y horas. Estuvimos por El Paseo de Juan de Borbón, Las Ramblas, el Teatro Liceo, el Puerto, el barrio El Raval (al oeste de las Ramblas; histórico y con gran personalidad). También echamos un vistacillo a las tiendas de moda y zapaterías “pues los escaparates incitaban a entrar”.

Mi obsesión era ir a La Boquería (La Rambla, 90), así que allí fuimos.

Una vueltecilla rápida por el poco tiempo que me quedaba; estaba a rebosar de gente. Gran colorido y aromas varios percibe uno al entrar en este mercado donde puedes encontrar casi de todo. Me sorprendió el puesto de frutas, parecía un bodegón “tan bien colocado y con intensos colores que clavé mis mirada en él por unos instantes”.

Tenía que probar algo y opté por un jugo de papaya y coco –muy rico, contundente, pero tenía que haber estado más fresquito-.

¡Las especias también tenían protagonismo!

Volvimos a las Ramblas. Cris se acordó de un sitio muy chulo que había que ver “El Bosc de les Fades” (Passatge de la Banca, 5): desde que entras te adentras en la magia de la noche, de las hadas, los cuentos, la penumbra y la relajante música. Pensábamos que estaría cerrado –era la 1.30 de la tarde-, pero no, pude verlo. Eso sí, tengo que volver a tomarme una copa bajo el encanto de este bosque encantado.

Llegó la hora de tapear y volvimos al Borne. Primero hicimos parada en “El Golfo de Bizcaia” (Carrer de Vidriera, 12) donde nos tomamos pintxos varios y después nos pasamos por el Xampanyet (Carrer Montcada, 22), un mítico y popular bar de la ciudad, se nota nada más entrar.

Local pequeñito, agradable, bullicioso y lleno de vida y parada obligada si visitáis la ciudad. Oriol, el novio de Cris, es muy conocido allí, pues estuvo de pinche de cocina en sus años de estudiante; así que me dejé aconsejar por él. Degustamos: barcelonetas (me explicó que es como le llaman allí –en el bar- a las anchoas enteras sin desespinar, patatas con ali oli, aceitunas rellenas y pimientitos de bacalao. Para refrescar tomé un “xampanyet” (vino espumoso semi dulce).

Me explicó Oriol que aquí todo son tapas de conservas, pero de máxima calidad, y las tapas que no son conservas son caseras “pero elaboradas fuera del restaurante”, todo llega preparado, pero los proveedores son de lujo. Volveré.

Como dice el dicho “lo breve dos veces bueno”.

Un día maravilloso gracias a Cristina y Oriol que me acogieron y despidieron con una gran sonrisa. Os espero en Madrid.

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Restaurante Hisop: un AS para ganar la partida

El mayor disfrute del comer es hacerlo en buena compañía

El pasado lunes 20 de julio fue un día grande, un día que quedará en mi recuerdo. Y es que hace tiempo que le comenté a Margot de Cosas de la Vida que estaría en Barcelona por una semana y que no quería regresar sin conocerla. Poco a poco me fue desvelando que me estaba organizando algún “sarao”; yo estaba entusiasmada, deseando viajar a la Ciudad Condal y encontrarme con ella. Pensé que la sorpresa sería ir a comer a un sitio o visitar alguno de los rincones gourmet de por allí, pero ni por asomo imaginaba el gran regalo que estaba apunto de abrir. Margot y yo nos encontramos en la Plaza de Cataluña a la 1 de la tarde; nos tomamos una cervecita por la zona -el calor lo demandaba- y charlando nos dirigimos al restaurante Hisop –elección de Cristina de Garbancita-. La cita era a las 14.00 horas. Fuimos las primeras en llegar y ,en nada , apareció Lila de Comer con Lila; al instante “Garbancita” entraba por la puerta. No os puedo describir mi sensación, pero nunca viví algo similar, fue increíble. Al final de la comida se incorporó Mar Calpena de Baixagastronomía.

Gracias Margot por hacerme tan feliz ese 20 de julio, gran primer encuentro –espero que volvamos a vernos, para mí este día ya es fecha de aniversario-.

Menú degustación “un encanto para nuestros sentidos”

En Hisop puedes optar por un menú de día –con un precio de 25 € – o el menú degustación –48 €-. Nosotras nos decantamos por el menú diario, en el que se podía elegir entre dos entrantes, dos segundos y el postre o una selección de quesos.

Pasemos al tablero, las fichas son dignas de verse y la primera “el mejor acompañante”: brindamos con un blanco José Pariente -100% verdejo, vino goloso, fresco y afrutado- que nos hizo compañía durante toda la velada.

Para empezar tuvimos que elegir tipo de pan: panecillos blancos, de aceitunas, integral o nueces. Yo me decanté por el de nueces y estaba rico rico.

Aperitivo:
Ostra cruda con espuma de vodka, rábano picante y virutillas de lima.


Un bocado con personalidad, presencia de mar con amarga frescura de cítricos y un rábano que apenas podía apreciarse.

Entrante:
Sardinilla con mahonesa de fresas y toque de soja “una tapa del mar y de la huerta”.

Acertada combinación.

Primer plato:
Ravioli de gamba de Palamós y mejillones en escabeche con una sopa de tomate “más bien crema” y verde de albahaca, espinacas, piñones y brotes de rábano picante. La crema rica en textura y sabor, faltó presencia de la gamba en el paladar, se notaba levemente.

Plato Principal:
Merluza a la plancha sobre sopa de avellanas, tirabeques y paté de pescado.

El pescado en su punto, jugoso con el contraste de una corteza tostada; la sopita ideal y perfecta para la merluza, tirabeques crujientes “a pesar de estar fuera de temporada”. El paté daba sabor al plato, daba fuerza los suaves sabores de los demás ingredientes.

Para refrescar y abrir paso: “especie de mojito” muy refrescante y aromático (Sorbete de lima con Ron y hierbabuena).

Postre:
Pastel de Chocolate caliente acompañado de helado de fruta de la pasión y
aromatizado con gel de manzanilla.
Increíble este “courant” y espectacular el gel de manzanilla, aportaba el toque justo de frescura y elegancia; el helado era al amargo contrapunto, pero la combinación era, a mi paladar, muy placentera.

Llegó el café y con ellos “petit fours”: sandía a la plancha, trufas y gominota de gin tonic; además de polvo de cítricos, olivas de Aragón en azúcar glasé y tubitos de gin tonic sin alcohol.

Eso fue todo. Un placer disfrutar de tan honorable menú en una compañía de primera, dicen que las cosas son de una manera u otra en función de con quién las compartes: y esta velada la firmo con broche dorado y una de mis mejores sonrisas ¡Gracias chicas!


Enhorabuena al equipo de Hisop y a los dos capitanes de la cocina, Oriol Ivern y Guillem Plá, que apuestan –desde su apertura en el año 2001- por una cocina de autor con raíces tradicionales a un precio asequible.

Para más información:
Restaurante Hisop
Passatge Marimón 9
Barcelona
Tel. 93 241 32 33