EL ARCOIRIS SIEMPRE VUELVE

    «El siete, un plato con mucho jugo»

Un año más que pasó, dejamos
atrás el 2012 con la tradición “las 12 de la Vid”, y damos la bienvenida al
2013 con nuevos propósitos que esperamos poner en marcha tras los Magos de
Oriente.  Como siempre, quiero empezar el
año con un post con “chispa”, con unas palabras a camino entre la Buena Mesa y
el sentir de los días “Un menú, una reflexión, un guiño y una sonrisa”. 

El 2012 me ha regalado un sabroso
menú  y, sobre todo, la técnica para
saborear mejor cada ingrediente que se presenta ante mis ojos y que quiero
compartir con vosotros. El método lo conocía, lo descubrí hace unos años, y es
algo que siempre se dice y que solemos aconsejar con frecuencia “disfruta el
momento”. Pero, ha sido mi viaje a África, lo que me ha revelado el secreto o,
mejor dicho, me ha enseñado a disfrutar de la esencia del momento. Unos cuantos
años han pasado desde que me inicié en este blog y está siendo un diario de
experiencias y matices que a fuego lento se van cocinando; cosas como, que si
quieres, realmente, quieres hacer algo, no lo debes pensar mucho, mañana puede
ser tarde; que la vida te puede sorprender cuando menos te lo esperas; que las
cosas que dejas pasar, pasan; que cambiar de aires es un gran placer y un
aprendizaje; que la gastronomía es un reflejo de la cultura de un país; que hay
que disfrutar de cada instante y, de lo importante, que es “abrir los ojos y
abrir la puerta a la sabiduría que ofrece el viajar, un libro de aventuras y
buenaventura”. 
Quiero brindar este primer post
del año a unos de los mejores Chefs de Zimbabwe, Michael Ovens, quien me enseñó
qué es y cómo se disfruta la gastronomía en Zimbabwe. Estuvimos conversando e
intercambiando opiniones, algo que reflejé en la entrevista que publiqué en el
Majao y que os invito a leer: entrevista
Desde que llegué a Zimbabwe y
visité el Hotel Victoria Falls deseé visitar su restaurante y cenar en su majestuoso
salón de baile y de historia “La Sala Livingstone”. Así que, antes de mi
marcha, fui a probar los sabores que éste ofrece, siguiendo la recomendación
del Chef, Michael Ovens, y disfruté del Menú Degustación que fue todo un “arcoíris”
para mis sentidos y que paso a detallaros: 
Kapenta
(similar a los chanquetes, pero con un sabor más fuerte y
agrio)
Sushi de salmón
Pate de cerdo con
ensalada de col y pan de nueces

Sopa de Merluza
ahumada con crujiente de mostaza

Risotto de vieras de
Escocia con guisantes, bacon, parmesano e hierbas orgánicas

Ternera de Zimbabwe
con cilindro de patatas y cebolla, salsa de tomillo y ensalada de rúcula y parmesano

Tabla de quesos
franceses, acompañados de uvas, dulce de membrillo y frutos secos

Tarta de queso y
chocolate o crepe suzettes con helado de vainilla

Petit Fours

El menú consta de 7 platos, partiendo de un aperitivo ligero “sushi”,
seguido de un entrante sabroso y untuoso como es el paté; continua con un
elegante risotto de vieiras, suave y cremoso, que deja paso a un exquisito
vasito de crema de merluza que prepara el terreno para recibir al plato de
carne, más contundente, pues consta de una buena porción de solomillo de
ternera en su jugo y aderezado con tomillo. Tras la carne, se permite al
comensal elegir entre una selección de quesos o pasar directamente al postre.
La tabla de quesos ofrece 4 variedades (gouda, blue, cheddar y brie) que
acompañan con compota de frutas, dulce de membrillo, manzana o apio, con pan
Brioche o galletitas. Hasta aquí, puedo decir que me quedó prendada el risotto
y la crema de merluza y, por supuesto, mención especial al servicio “elegante,
atento y correcto en todo momento” que, junto a la música de piano en vivo,
hizo que la escena de esta noche fuera una velada inolvidable. Comentar que el snack, en esta ocasión, fue un detalle de Michael, pues hasta este momento no había probado este plato autóctono del país. 
No tuve espacio para los petit fours y el café, pues tras probar la
tarta de queso y chocolate, no pude dejar ni tan sólo un trocito, creo que es
uno de los mejores postres que he probado en toda mi existencia.

Realmente, si os pasáis por Victoria Falls os animo a vivir esta
experiencia culinaria que ofrece el Hotel, además de disfrutar de un paseo por
los jardines, dejando que el sonido y las vistas de las Cataratas os dejen
fascinados, boquiabiertos o, simplemente, enamorados de una de las 7 maravillas
del mundo.
Agradecer con este post, la buena acogida y el tiempo que Michael me
dedicó, pues realmente fue increíble poder charlar sobre gastronomía  durante horas, en un país donde ésta está muy
lejos de ser un arte. Asimismo, no quiero dejar de mencionar y dar las gracias
a una persona muy especial, Ryan Koriya, que fue mi acompañante este día y que,
con su presencia, hizo que la magia fuera un invitado más durante la cena. Y, cómo no, a mi amiga Dionne, quien forma parte del equipo y el día a día en el Hotel Vic Falls.
Observación: el menú descrito tiene un coste de 40$ por persona, con
la posibilidad de acompañarlo con una selección de vinos, que sumarían 30$ más
al precio del menú. Realmente, es una experiencia recomendable y con excelente
calidad-precio.
Ahora sí, os digo hasta pronto con esta afirmación:
“En Europa, tú haces tus planes; en África, los planes te encuentran
a ti”
Un abrazo y mis mejores deseos para este recién estrenado
2013.

Viajando y Cocinando Nuevas formas de Vida

Desde hace mucho, sé que disfruto siendo cocinitas, inventando nuevos platos según existencias o llenando la cesta de productos, alternando los básicos con otros nuevos o de otros orígenes. Como sabéis, cuando vivía en Madrid me gustaba hacer mis escapaditas y conocer otros sabores a través de la carta internacional que ofrece la capital. Pero, ahora, y sintiéndome afortunada, estoy viviendo uno de mis sueños “vivir en otro país, con otra cultura, otra gastronomía y donde las cosas suceden a otro ritmo”.

Actualmente, Victoria Falls (Zimbabwe), como ya sabéis, está siendo mi localidad de residencia, al menos por unos meses, y estoy encantada de poder sentir cómo se respira aquí, percibir la calidad de su gente y comprender un sinfín de cosas. Definitivamente, es un acierto, siempre que se pueda y surja la oportunidad, de tomarse un tiempo para uno mismo, es una de las mayores experiencias que podemos regalarnos.
El plato del día a día
Gastronómicamente hablando, estoy comprobando que, aquí, la gastronomía no se siente igual –salvo en una minoría de la población- si no como antaño en España, pues aquí lo que importa es tener qué comer día a día. Así, la gente local se alimenta cada día de sadza, covo y carne (ternera, pollo o otras carnes autóctonas de caza, como el kudu, el impala…). Además, es habitual que tan sólo realicen una comida al día, con suerte, dos. Por poner un ejemplo, al personal de cocina, sé que hay ocasiones en las que se le ofrece cambiar su menú y no están por la labor, es una cuestión de costumbre, es cultura. Algún día se puedes tomar una hamburguesa o un plato de pasta, pero, por lo general, prefieren su plato tradicional pues les es más nutritivo y enérgico.
Por otra parte, los restaurantes de esta zona, suelen tener un menú similar, platos básicos e internacionales con una presentación adecuada y atractiva, pero nada fuera de lo común, salvo excepciones. Pero, tal y como me explicaba Michael Ovens, Chef del Victoria Falls Hotel, en hoteles de lujo pueden permitirme el “lujo”, valga la redundancia, de innovar en la carta, porque la mayoría de su público son turistas y tienen otra visión, con lo que un menú de buffet internacional y un menú más sofisticado a la carta es la mejor opción. De todas formas, tampoco es posible cambiar mucho la carta, pues no es fácil conseguir los ingredientes, así que cuando tienes un proveedor eficaz y sabes con qué productos puedes contar, es preferible trabajar sobre seguro, explicaba Michael. Por este motivo, el propio hotel cuenta con su huerto propio que le abastece de hortalizas y hierbas aromáticas.
Una comida diaria, eventos cuantos salgan 

Las barbacoas son las reinas por aquí y, casi siempre, suelen ser espontáneas, de un día para otro o en el mismo día, pero las brasas mandan. Además, es muy típico hacer festividades con motivo de algo, ya sea la fiesta del sombrero, de la pizza, del té… Los eventos son el AS de los Lodges y restaurantes, para crear atracción y diversión, tanto de la gente local como de los viajeros. Vic Falls es por ende una ciudad turística donde, cada dos por tres, se reinventan para servir una amplia oferta de ocio y bienestar. En todas ellas, no falta el ritmo de la música y el buen ambiente, condimentado con la cercanía y positividad de los Zimbabweses y la vitalidad y anécdotas varias de los viajeros que día a día dejan su huella en esta localidad.

En la próxima entrega, me gustaría hablaros de algunos sitios que visité en Harare –capital de Zimbabwe-, sobre todo, de uno en especial, ideal para una tertulia, un café o una lectura.