¡Un Guiño a la Pasión, brindis en mano!

Día 14 de febrero, un día más, un día menos, un día, por cosas del destino, de celebración; un guiño al color rojo, donde se entregan corazoncitos por doquier, floridos, dulces, metálicos y latentes. Para mí, un día especial, como todos, cada día lo es y, la verdad, con o sin mariposas, nunca he sido de bailar San Valentín ni de concederle un banquete en su honor.

En estos tiempos raros donde las quedadas, más cuando no conoces a casi nadie en tu nueva ciudad, son complicadas, mi día, hoy, ha sido fabuloso. ¿Con quién? Con el amor que nunca se pierde, el amor y el compartimiento del buen hacer con uno mismo. Me levanté con intención de dar un largo paseo, sol radiante y cielo de un azul enigmático, pero con el propósito de hacer lo que fuera saliendo, sin plan ni norma. Así, hice tuppers para toda la semana, ordené parte de las cosas que me quedaban de la mudanza y me dejé fluir.

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La Sin Receta, sin Algoritmos 

Un domingo más, podría ser un día cualquiera, pero es un día lleno de matices significativos y, por eso, es aún más especial. Primer domingo de mayo “Día de la madre y primero con piloto en amarillo, ya que, aunque con restricciones y precaución, está permitido salir a pasear o hacer deporte». Además, el cielo luce con un azul intenso y la temperatura es propia de un día estival. Me he levantado, he cocinado varios tuppers para la semana, me dispongo a escribir y, por la tarde, me pondré encantada las zapatillas para perderme por las calles. Este será más o menos mi domingo, seguramente, en otras circunstancias, estaría en el pueblo, iría a comer al campo en familia y me marcaría un bizcocho con las existencias de la despensa de mamá.

Estos días, mi blog, evidentemente, se ha adaptado a la situación y, a falta de experiencias de movidas de aquí  y de allá, se ha cocinado con lo que había  y con lo que me salía. Hoy, honestamente, no sé muy bien qué contarte, incluso pensé en no publicar, pero el ímpetu de Sinestesia me pudo y me puse a teclear. Hablaré pues de sensaciones intercaladas con lo que se interponga. Podría recordar, como me sugirió una amiga, recetas de la infancia (de mamá, de la abuela…), pero hoy no tengo ganas de anhelos ni melancolías.

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Plan Invertido con «espuma» agradecida

Tarde gris, gotas dudosas que refrescan o más bien empolvan la atmósfera. Llegas a casa y las apetencias de encontrarme con las teclas me llaman ¡No lo dudo, me dispongo a ello!

Hoy lo tengo fácil, no gastronómicamente hablando, ahí el finde fue un tremendo cabrón “perdóname la expresión”, pero sí con la reflexión que traigo en función de mi maravilloso plan de fin de semana. Para empezar, no tenía pensado escribir este domingo, pero ya ves, aquí me tienes; como todo, mi plan se dio al revés y parece que sigue su curso.

Como no tenía pensado escribir, no te voy a hablar de mis rutas pendientes (ya te las contaré con esmero), pero voy a dar paso a la gracia del plan invertido y a su porqué, si es que lo tiene.

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