CULLERA, ESCAPADA ARROCERA Y PLAYERA

Hoy domingo, al fin con cielo soleado, me dispuse a escribir nuevas notas en este rincón sinestésico; varias cosas tengo pendientes, pero llevaba varios días con antojo de algo, hasta que el sábado pasado -pues ayer estuve en la Romería, festejando San Isidro, de mi pueblo “Barcarrota, Badajoz”, en plena dehesa, debajo de una encina , con cervecitas fresquitas y un tapeo casero-, me puse el delantal y lo cociné. Ahora, quiero recomendaros un sitio donde lo hacen muy bien. Por cierto, estoy hablando de la “paella de arroz negro”.

La paella es uno de los platos más conocidos de la gastronomía española, un verdadero plato insignia de nuestro país que, junto con la tradicional tortilla de patatas, nos identifica “culinariamente hablando” en cualquier parte del mundo. Si me permitís un inciso, soy fan del ingrediente principal de esta elaboración, el arroz, ya se rodeé con amigos del mar, de la tierra o del cielo; vaya suelto, ligado o navegando, con color o sin color, de largo, corto o medio cuerpo. En definitiva, el arroz es uno de los ingredientes más versátiles de la cocina – aparte de ser el 2º alimento más utilizado del mundo después del trigo- con mil y una posibilidades en la cocina y que cada país cocina a su gusto y a su modo -cocido, caliente o frio, en preparaciones dulces o saladas-.

Casa Borrasca, un recuerdo de Cullera

Como os decía, ayer me preparé “arroz negro”, con sus calamares y su tinta. Mientras disfrutaba de esto plato, no pude evitar acordarme de Casa Borrasca (C/ Sicania 1, Cullera, Valencia.Tel. 961 74 60 32) y, si váis por la zona, os animo a que os paséis. Yo lo hice un día 27 de junio del año pasado, en una escapada de improvisto a Valencia y, desde luego, si vuelvo por la zona, será parada obligatoria.

Además, está al ladito de la playa del faro, una cala de arena fina y dorada con el único tramo de costa brava de la provincia de Valencia. Y si sóis aficionados al buceo es un buen lugar para ponerse a ello. Después de una buena jornada de sol, de calma y relax, la escapada a Casa Borrasca, para seguir animando el día y alegrar también al paladar. Casa Borrasca es un negocio familiar, que abrió sus puertas allá por el año 1914 y es muy conocido por sus paellas cocinadas a leña y sus carnes a la brasa. En cuanto al ambiente que se respira en esta casa, “cercanía y sencillez” son dos de las notas características del lugar, pues te sientes realmente como si estuvieras comiendo en casa de algún familiar: a mí me recordaba a cuando tengo alguna comida en el campo de mi abuela, no sé por qué, pero se me vino ese flashback. Desde luego, el trato del personal de sala tuvo mucho que ver, una atención correcta y muy agradable. Hay veces que no hace falta tenern sobrados conocimientos, sino que con una sonrisa y un buen trato se consigue la satisfacción del cliente.

Si la labor en la sala es un factor clave, para que una experiencia gastronómica, se recuerde como positiva; la cocina es la media naranja que logrará un resultado sabroso y dichoso. Y, en Borrasca, se han ganado este mérito con creces. Distintos arroces son los que puedes degustar en sus mesas, con pescado, con pollo y conejo, con setas… “tipo caldoso o la típica paella valenciana”, pero, eso sí, con el sabor de las brasas que los hace más aromáticos y dispuestos. Yo opté por un arroz negro, que me encanta, y he de decir, que el de aquí es de los mejores que he comido. Además, nos lo sirvieron con un alioli casero, que saludaba al arroz divinamente. No menos interesantes, fueron las Clochinas, mejillones típicos que se crían en aguas valencianas, de menor tamaño que los gallegos, pero más tiernos y gustosos.

Como no, para disfrutar verdaderamente de una buena mesa, optamos por un vino para hacernos compañía, y tomamos un vino blanco verdejo de la D.O Rueda, “Fray Germán” (2008); su frescura frutal y buena acidez, supieron marcar el ritmo en esta comida. Por cierto, es un vino que resulta fácil de beber y que podemos conseguirlo en tienda por 4´5 €, sin duda, una buena referencia.

Como casi siempre, el final suele ser dulce “si es que queda hueco, claro está”, y para finalizar este almuerzo, nos decantamos por unos crepes de avellana, que no bordaron el menú, pues se mostraron sin gracia, presentándose tímidos y cabizbajos.

Si no recuerdo mal, pagamos unos 37 € (2 personas) y, en mi opinión, un precio más que aceptable, pues Casa Borrasca es una casa donde puedes comer bien, a gusto y con un precio justo.