CartaelCrisol

Restaurante El Crisol, cocina de vanguardia en Badajoz

Un tapeo creativo, de calidad y en un ambiente más que
apetecible

Increíble pero cierto, la
esperada primavera ya se aproxima y prueba de ello son estos días enérgicos y
soleados que nos está regalando. 
Personalmente, soy una persona muy afín al
tiempo y lo que peor llevo son esos días nublados que no saben lo que quieren;
por eso, estoy feliz de que el buen tiempo ya nos esté saludando, jeje… Aunque,
también he de decir, que a todo se acostumbra uno y, en Londres, no me quedó
más remedio que vivir como si hubiera sol cada día durante un año. 
Eso sí, no hay que olvidar que somos nosotros quienes
pintamos nuestros días, así que, siempre podemos disfrutar de un día soleado,
aunque sea un trampantojo emocional. En España, el tapeo nunca está de
vacaciones, pero, lógicamente, al buen tiempo más tapeo y más cerveceo; podríamos decir que es un estilo de vida que nos caracteriza y se agudiza en
primavera y verano. 
En Badajoz, también somos fieles seguidores del tapeo, pero
de una forma más campechana, adaptada a la oferta culinaria que nos rodea, que
está evolucionando plácidamente. Buen ejemplo de ello, lo encontramos en El
Crisol
(Pl. de la Molineta, 4. Tel. 924224120) un restaurante más en la línea de los llamados gastrobares, situado en
el barrio de Valdepasillas y un lugar idóneo para tapear con gusto y
estilo. 
Tras varias recomendaciones, por
fin, pasé por este gran rinconcito. Ofrece un local dinámico con dos plantas, la primera en
la planta baja, perfecta para un picoteo al mediodía, un afterwork o un
amigable tapeo; la segunda, arriba, presenta un salón abierto para comidas y
cenas más serenas, aptas para la Buena Mesa. Me gustó mucho la decoración,
entre rojos, blancos y negros y la atención, profesional y cercana. En cuanto “al
papeo”, decirte que es perfecto para tapear, pues cuenta con una atractiva
carta que puedes disfrutar a modo de tapas o de raciones (medias o enteras). 
Puedes
elegir entre sus platos fríos como sus variadas ensaladas, el tabulé o los
rollitos de salmón, sus crujientes de morcilla y cebolla caramelizada o las
bolsitas de queso y manzana; deleitarte con sus arroces melosos y risottos (de
pulpo, de setas) o probar sus carnes y pescados, cocinados –muy recomendable la
mini hamburguesa de retinto y los canelones de rabo de toro– o marinados como
los distintos carpaccios que oferta. Nosotros tomamos el Teriyaki de atún rojo, acompañado de ensalada con un toque de estragón, cebolla caramelizada y creo recordar que el toque crujiente eran nachos triturados.
En mi tapeo Crisol tuve el placer de estar
acompañada por un buen vino de la tierra (De Bodega Pago de Balancines) y por mi
buen amigo Gonzalo, así que disfruté de un interesante menú pausado y regado de
buena conversación.  Fue una cenita
ligera, por lo que tendré que ir más veces, para conocer mejor su cocina y poder
extraer más gastro-conclusiones. Mis primeras impresiones ante su gastronomía son
buenas, una apuesta por tapas de diseño, con producto de calidad y atractivas. Pero, quizás añoré más personalidad ante la decoración de los platos, un toque
de distinción lejos de las líneas de reducción de vinagre de Módena, que se
pusieron de moda y muchas veces resultan monótonas y aburridas. Otro punto a tener
en cuenta es el precio medio de El Crisol que ronda en torno a los 14 € por
barba, las tapas están entre los 2 y 4 € y, teniendo en cuenta la
calidad-cantidad, está bastante ajustado. 
Mi noche de “entre tapas” acabó con
un Gin Tonic en el Touareg Lonuge Bar (Pl. de la Molineta,10. Tel. 666026700) a tan sólo unos pasos de El Crisol.
Disfruté de un combinado con ginebra Puerto de Indias –de fresas-, en su copa
de balón, decorado como corresponde con fresas y especiado con bolitas de
enebro. Un placer acabar la noche en un ambiente que recuerda a las mil y una
noches. ¡Repetiré!
CalderodeArroz-9

¿Con o sin Levadura?

Recetas
de Vida 

¿Con o sin Levadura? ¡Sí! Pero… ¿El qué? Podría ser un
bizcocho, un pan, un bollo o unas magdalenas, pero, noooo; vamos a ver otras
cuestiones, desde otra perspectiva, quizás como si de estos microorganismos se  tratara. 
 Caldero de Arroz, receta tradicional
Vamos a partir de una palabra que
a todos se nos presenta el “cambio”, eso que muchas veces llega sin avisar y
que nos monta una buena en nuestras vidas. He elegido este tema para
reflexionar  contigo y, cómo no, para
“cocinar palabras” con y sin las manos en la masa. 
De primeras, los cambios nos
suelen provocar inquietud, cierto pánico, nerviosismo, pero estos son sólo
sensaciones efímeras e irreales provocadas por la incertidumbre que nos atrapa
cuando decidimos salir de nuestro entorno, de nuestra “rutina”. 

Juego de Palabras, nuevos
contrastes
Imagina que las levaduras son “lo
habitual, la costumbre, lo estable”; de hecho sabemos su función cuando la
empleamos en nuestras masas: por ejemplo, en el pan, son las responsables de su
volumen, de su sabor y su aroma. Pero, ¿Qué pasa cuando las ignoramos? Puede ser por olvido o por
decisión propia, pero en ambos caso, está claro que algo cambiará. Pensemos
en los populares Brownis –originados ante el olvido de la levadura en un
bizcocho- y ahora mundialmente conocidos. Otras veces, los cocinillas más
curiosos y atrevidos cambian las recetas para innovar y buscar nuevos sabores; me
identifico con ellos, aunque me defino a mí misma con una “enreilla de los
fogones”, donde la improvisación me caracteriza. 
Una vez más, en este escrito me
encuentro con la similitud entre los ingredientes de la vida y los de cualquier
otra receta
, donde “la creatividad y la felicidad” son dos utensilios  imprescindibles, para vivir con sabrosura.
Todo cambia, los imprevistos se siguen presentando, pero, al final hay resultados, esperados
o no, siempre hay opciones si te muestras abierto a ellas.
Como en todo “para gustos los
colores”, pero si puedo probar un cocido tradicional –me encanta, sobre todo el
extremeño, el de mi madre- y un cocido versionado o deconstruido, mucho mejor y
así en todo. Probar e intentar son dos ingredientes de éxito, acompañados de un
proceso de aprendizaje y éste será lo que, al fin y al cabo, te saciará y te
hará evolucionar.  
Florcaccia, foccacia pero con pan de coliflor
Por supuesto, hay que respetar
todos los gustos, eso siempre, pero lo que no vale es un “NO ME GUSTA”, eso que
tanto decimos cuando somos peques y no nos gustan la mayoría de los platos; entonces nuestras madres solían decir ¿lo has probado? Pues así, ¡Con todo! Si no sales
de las lentejas, los huevos fritos, los macarrones con tomate… no pasa nada. Ahora bien, lo que sí te puedo asegurar que estás dejando de probar muchas cosas ricas,
diferentes, que, aunque sean eventuales, te van a dejar recuerdos más que
satisfactorios y eso alimenta el alma, vaya que si alimenta, jejeje…

Hasta aquí, mi reflexión de hoy;
espero que te animes a probar a hacer las cosas sin levadura 
¡Buen provecho!
La-Broche.-Exterior

La Broche

Excelente puesta en escena: “el lujo de un buen servicio”

Ángel Palacios y Jesús Cobo recrean cada día una obra donde el comensal es el principal protagonista

El pasado jueves tuve el placer de ir al prestigioso restaurante La Broche (C/ Miguel Ángel, 29. Tel. 91 399 34 37. Madrid). Desde que llegué a Madrid, visitar este restaurante era uno de mis sueños, ya que Sergi Arola (director de la obra durante toda una década) era uno de mis cocineros favoritos. El tiempo pasa, todo se renueva y La Broche también ha evolucionado. Mis sentidos estaban entusiasmados, inquietos y maravillados por descubrir las sensaciones que esta renovada obra ofrecía.

Eran las 21.20 h. cuando Carmen y yo nos adentrábamos en el restaurante. La elegancia y luminosidad nos dejó perplejas; el sol ya se había puesto, había caído la noche, pero el escenario irradiaba luz por doquier, el blanco estaba presente en todas partes. Nos recibió Jesús Cobo, maestro de la sala, y nos acomodó en nuestros asientos; una mesa al fondo y frente a la ventana, buena elección. Antes de abrirse el telón pasamos a saludar a Ángel Palacios, chef del restaurante, sencillo, amable, encantador. Le dijimos que nos fiábamos de él, que nos preparara un menú, pero nos aconsejó que viésemos la carta por si había algo que no quisiéramos dejar de probar.

Regresamos a la mesa y nos dejamos llevar. Mientras leíamos la carta todo se ponía a punto, nos presentaron las sales y un exquisito aceite de Toledo, los aperitivos –canutillos de cerdo adobado, esponja verde de queso, crujiente de pistacho y chips de tortilla-, sin olvidarnos de la selección de panes que ponen a tu disposición. Pasados unos minutos, Jesús nos tomó la comanda: “lo que nos ponga Ángel”, dijimos, incluyendo el taquito de atún que nos recomendó Jesús. Y en función del menú la bebida, nos hicieron un perfecto maridaje; cava de cosecha familiar para comenzar.



Enseguida empezamos con los entrantes, “efecto sorpresa” como si de un huevo kinder se tratara. Iniciamos el menú con un carpaccio de atún con sorbete de pepino; curiosa combinación y confusa para mí “el intenso sabor a pepino quitaba demasiado protagonismo al carpaccio”. A continuación, habitas verdes en texturas “exquisita presentación, increíble textura, sabor con falta de gracia”. Cerramos los entrantes con una escalibada -podíamos decir que “desconstruída”- donde predominaba la suavidad de los flanes en diversas formas y colores, de berenjena, pimiento y el toque de bolitas de nieve “tapioca” con sabor a cebolla.

Pasamos al primer acto y comenzamos con un gazpacho de fresas y langostinos; elegante plato, un tanto aburrido, que debía haber estado más frío. Hasta aquí la introducción y un aplauso al equipo.



Vista, oído, tacto, gusto y olfato estaban ya entrenados cuando dábamos paso al segundo acto “el taquito de atún nos saludó”; elegimos bien, estaba en su punto, jugoso, sabroso y la guarnición de hortalizas la hacían buena compañía, además, el jugo de atún potenciaba aún más su sabor. En el tercer acto hizo la reverencia el “Foie con remolacha en texturas”; perfectamente cocinado estaba este hígado de pato, pero un toque de flor de sal no le hubiera venido nada mal. Os aconsejo que probéis el Foie con reducción de oporto o Pedro Ximénex, glorioso bocado. Sabor que suplió el estupendo vino que nos sirvieron, un blanco dulce de uva pasa.



El tercer acto estaba reservado para el dulce. En este caso con marcado sabor a chocolate, puesto que se componía de una combinación de cacao: variantes texturas, sabores y colores de este placentero producto. Buena presentación: esfera de manteca de cobertura sobre migas de bizcocho de chocolate, que nos sorprendía con un interior de crema de trufa. Un postre para los amantes del chocolate.

Contentas, comentando la obra y con la panza llena estábamos las dos espectadoras, cuando entraron los “petit fours” y a todo dar: nos presentaron un carrito lleno de tentaciones dulces y nos dieron a elegir Probamos peta zetas de chocolate, trufas de jengibre –las más ricas- y choco kikos. Ahora sí, un aplauso por favor.

Y así fue mi experiencia en La Broche, una combinación de elementos bien dirigida, donde instrumentos, iluminación, sonido, personajes, diálogo y contenido recrean una experiencia única para sentarse, acomodarse y disfrutar de tan satisfactorio espectáculo.

¡Gracias Carmen por brindarme esta oportunidad y disfrutar de tu compañía!