Bocados de Equilibro, cambiantes, evolutivos

Cuantas veces oímos eso de “salir de tu zona de confort te ayuda a crecer”, cierto ¿Sí? Casi dos meses sin saludaros en este espacio; hoy, retomando el hábito dominguero, aunque a deshora. Tras el parón, me gustaría reenganchar con una reflexión en línea; al paso, quizás alguna nota gastronómica, pero sin ser la guinda del capítulo.

Días atrás, el domingo, salvo imprevistos, era el día del blog, tenía mi rutina: escribir los domingos por la mañana y contar los placeres de la buena mesa u otras curiosidades apetecibles a mi parecer. Me gusta escribir cuando estoy en equilibrio, cuando puedo, a través de las palabras, regalar sensaciones, cuando estoy bien conmigo misma. Ahí va otra frase “cuando estás bien por dentro se nota por fuera”, esto es así sí o sí y, para ello, el equilibrio se lleva la palma. Me encanta esta palabra por lo que significa. No es fácil, a veces, estar en equilibrio y, sobre todo, mantenerlo, porque la vida no es una línea en paralelo, pero siendo conscientes de su importancia y su sabor, cuando lo pruebas, te engancha y, pase lo que pase, siempre vuelve.

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Sensaciones al estilo “ratatouille”

Me levanto pensando en el callejeo por las calles de Madrid. Voy a echar de menos salir sin rumbo y dejar que sus infinitos rincones me sorprendan; me encanta “mi barrio” de Chamberí, su solera y su tranquilidad, y estar a dos pasos del bullicio de Malasaña o tener todo a punto cuando quiero. Las recomendaciones o propuestas apetitosas las voy marcando en pendientes que pasarán a mi lista de viajes como turista. Pero bueno, se avecina un cambio y , aunque aún no me haga a la idea, poco a poco, llegará el nuevo asentamiento.

Esta semana estuve de nuevo en Zaragoza indagando y testando mi próxima aventura, bastantes tareas hechas y marcado comprarse un buen abrigo con piedras en los bolsillos y con doble capa de cortavientos ¡Madre mía con el airecito! Yo me quejaba y mis compis maños me decían ¿sí? Pues esto no es nada, prepárate, jajaja… Me encanta pasear pero me queda claro que, cuando haya cierzo, nanai. Sí, estoy, ahora mismo, destartalada o, lo que es lo mismo, en época de tránsito.

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Recuerdos Crujientes, Melosa Armonía

Hay secuencias que llegan sin saber por qué, solo llegan. La escena se recrea de inmediato, pudiendo ser risueña, crujiente, temblorosa, húmeda, causando, en más de una ocasión, futuribles escenas. Volvía ayer para Madrid, corto trayecto, en el bus Toledo-Madrid,  mi aventura londinense irrumpió en mi mente y sonreí; seguramente, sentí las sensaciones que los días grises y la llovizna continua de Londres me provocaban. Sonreí por la grata satisfacción que siento cada vez que recuerdo cómo llegué “sin nada”, cómo roté por las entrevistas con mi leve inglés y cómo conseguí  trabajar durante un año en la tienda Neck & Neck en Duke of York Square, en el señorial y chic barrio de Chelsea. Descubrí allí, la gran capacidad de acción y adaptación que tenemos; descubrí que siempre aparece alguien que te tiende una mano, personas que por algún motivo se cruzan, para un instante o para siempre.

El día y la noche, el sol y la luna, sonreír o llorar… Queramos o no, nos movemos entre luces y sombras y, de algún modo, somos afortunados porque, hasta en las peores situaciones, siempre caben las sonrisas. Todo pasa por algo y su porqué llega tarde o temprano. Volviendo a mis días de shop assistant, otra secuencia captó mi pensamiento “unas cervezas en The Craf Beer Co” con Eva Pardos, primera vez que nos pusimos cara, hoy compañeras de trabajo. Aquel encuentro pudo ser la causa de esta relación, así son las cosas.

Ahora sí, procederé a contarte algunas gastro-notas, no si antes, invitarte a que recuerdes el inicio; el final saciará su apetito.

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