La genialidad del “sabor creativo”

La lluvia no da tregua en estos días; aún así, sales a la calle y vislumbras una mar de paraguas creando coloridos mosaicos instantáneos, dinámicos… Madrid no duerme, ya haga frío, llueva o truene.  Bullicio, vaho en las ventanas, gentío en los bares, farolillos navideños … Pasear en invierno en estas fechas es un gustazo (sí, lo sé, la aglomeración de gente no mola tanto, es un coñazo ¡Todo no puede ser molón!) y, por cierto, me alegra ver que los puestos de castañas “han revivido” y se ven por más esquinas de la ciudad.

No iba a escribir hoy, no tengo visitas a restaurantes ni cafés que contarte.  Sin darme cuenta, tomé una copa y la llené del  carmenere chileno que aclamaba ser acabado. Pasados unos segundos, me hallaba tecleando. ¿Sobre qué te apetece hablar? Me pregunté. La creatividad llamó a mi mente y, con ella, en torno a ella, divagaré, invitándote, cómo no, a dar rienda suelta a tus pensamientos.

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