BULGARIA, SABOR “COSMOPOLITA”

El domingo pasado, disfruté de un aperitivo búlgaro que me permitió acercarme a este país del Sur de Europa; y, hablo de “aperitivo”, porque dentro de la diversidad de platos que conforman su gastronomía, tuve la oportunidad de probar una selección de los platos más representativos, que, de momento, me adentran en su cultura culinaria. Así que, hoy, lunes de Semana Santa, quiero hablaros de esta comida, entre otras cosas, porque unos huevos pintados me llamaron la atención y, es que, ellos son unos de los protagonistas en estos días, donde los búlgaros preparan la Resureccion de Cristo, que concluirá el próximo domingo con el Velikden -el Día Grande- (Domingo Santo). Empezaré diciendo que el viaje fue un regalo de Mariela, una chica encantadora de Bulgaria y, además, cocinera, que vive en Madrid-. Nos invitó a conocer a qué sabe Bulgaría con un grandioso almuerzo en su casa.

Las ensaladas, anfitrionas de la mesas en Bulgaria

Nada más entrar nos dimos cuenta de una cosa, del cariño con el que estaba preparado todo, no faltaba detalle; una mesa con ensaladas, embutido búlgaro, pan…; otra, con dulces tentaciones. Todo elaborado de forma artesanal y cuidada presentación. De forma liviana, os contaré las cositas que probé, de una cocina llena de influencias, pues muchos de los platos búlgaros tienen influencias griegas, turcas, balcánicas, incluso árabes, italianas y húngaras.

Entrantes variopintos y con color:

Ensaladas varias: son muy famosas y abundantes en Bulgaria, y suelen aparecen acompañando casi cualquier plato. Probamos tres variedades; la ensalada de yogur, llamada “Blanca Nieves”, de textura y aspecto, parece más una salsa que una ensalada. Está hecha a base de yogur -sin agua-, eneldo fresco, pepino cortado, nueces, entre otras cosas. Ensalada de repollo, con zanahoria, apio y pimiento y la ensalada Shopska, de las más conocidas, y que se elabora con pepino, tomate, cebolla y queso Sirene (queso blanco de vaca, parecido al queso feta). Seguimos con el embutido -que me quedo con el ibérico-, el queso con pimentón y digamos que una especie de brazo gitano salado, pues era igual, pero con jamón dulce y queso blando.

Tras esto, llegó el Sarmi, uno de los platos más típicos y conocidos de Bulgaria. Son rollitos de hojas de dol, rellenos de carne de cerdo, ternera o cordero, con verduritas, comino y arroz. Es un bocado diferente, sobre todo por la textura, la col -fermentada- parece pasta y me recordaba un poco a los dinsun, por lo que los tomaría con salsa de soja. Cómo no, todo ello acompañado por el pan que siempre está presente en las mesas “a lo búlgaro”; el pan sorprende, por la forma y por la textura. Parece como una flor y se acerca más al brioche, que al pan que estamos acostumbrados en España; como curiosdidad, aparece con las porciones marcadas, así que, en un momento, lo cortas con las manos fácilmente y listo.

La consistencia y el postre

Cuando ya estábamos repletas, aparece la moussaka; desconocía que en Bulgaría tuvieran un plato llamado así, sólo conocía la versión griega. La diferencia es que Bulgaria, se hace con patata en lugar de Berenjenas y no lleva bechamel, sino que se cubre con una salsa de yogur y huevo. Es más pesada que la griega, pero es un bocado sabroso y para tenerlo en cuenta. Se condimenta con especia de Ajedrea -hierba del Mar Negro y del Mediterráneo Occidental, muy aromática-.

Como postre, tomamos croissant con chocolate y un bizcocho tipo brioche que llaman la atención por su forma. Además, había tarta de yogur con cacao (como la típica tarta de galletas de chocolate, pero con queso quark y nesquik -las capas eran con galletas “lenguas de gato”-; y Banitsa, un postre a base de huevos, leche, queso sirene y finas láminas de hojaldre -está delicioso, pero no es dulce, en España, lo pondríamos como entrate, es muy parecido a los tiropitas griegos, empanadas de queso feta-. Estos dos últimos, son obra de Petya, amiga de Mariela.

Ah, no me quiero olvidar de la guinda final, aportación de nuestra próxima chef –Ikram-, café artesano marroquí y pastas libanesas; el café es todo un personaje, que se presenta cargado de aromas y matices, pues el jengibre, la canela, la pimienta y otras especias no pasan desapercibidos en él. Algo distinto que te despierta de golpe, jejeje….. En resumen, Bulgaria cuenta con una cocina variada, que cogiendo influencias de sus “visitantes”ha ido adquiriendo su personalidad; sin duda, el yogur es fundamental, presente en muchos de sus platos.

Tal y como me dijo la anfitriona, “he querido mostraros un poquito de lo que hacemos, de las cosas más típicas, pero luego cada pueblo tiene sus recetas, sus guisos, sus productos…” Además de todo esto, Mariela nos contó su tradición en la Pascua “Choque de huevos”; durante la Semana Santa, el jueves o sábado Santo, en las casas pintan huevos (con color comestible) y el Domingo Santo “juegan” al choque; el huevo más resistente es salud de hierro y buena fortuna, así que lo guardan hasta el año próximo, donde lo sustituyen por el nuevo ganador.

Le pregunté a Mariela dónde podíamos disfrutar de todo esto y me dijo que en la Taberna Búlgara que hay por Vallecas (Avda. de Peña Prieta, 82. Tel. 91 551 56 00).

¡Buen Provecho y Buena Semana Santa!