Viajando y Cocinando Nuevas formas de Vida

Desde hace mucho, sé que disfruto siendo cocinitas, inventando nuevos platos según existencias o llenando la cesta de productos, alternando los básicos con otros nuevos o de otros orígenes. Como sabéis, cuando vivía en Madrid me gustaba hacer mis escapaditas y conocer otros sabores a través de la carta internacional que ofrece la capital. Pero, ahora, y sintiéndome afortunada, estoy viviendo uno de mis sueños “vivir en otro país, con otra cultura, otra gastronomía y donde las cosas suceden a otro ritmo”.

Actualmente, Victoria Falls (Zimbabwe), como ya sabéis, está siendo mi localidad de residencia, al menos por unos meses, y estoy encantada de poder sentir cómo se respira aquí, percibir la calidad de su gente y comprender un sinfín de cosas. Definitivamente, es un acierto, siempre que se pueda y surja la oportunidad, de tomarse un tiempo para uno mismo, es una de las mayores experiencias que podemos regalarnos.
El plato del día a día
Gastronómicamente hablando, estoy comprobando que, aquí, la gastronomía no se siente igual –salvo en una minoría de la población- si no como antaño en España, pues aquí lo que importa es tener qué comer día a día. Así, la gente local se alimenta cada día de sadza, covo y carne (ternera, pollo o otras carnes autóctonas de caza, como el kudu, el impala…). Además, es habitual que tan sólo realicen una comida al día, con suerte, dos. Por poner un ejemplo, al personal de cocina, sé que hay ocasiones en las que se le ofrece cambiar su menú y no están por la labor, es una cuestión de costumbre, es cultura. Algún día se puedes tomar una hamburguesa o un plato de pasta, pero, por lo general, prefieren su plato tradicional pues les es más nutritivo y enérgico.
Por otra parte, los restaurantes de esta zona, suelen tener un menú similar, platos básicos e internacionales con una presentación adecuada y atractiva, pero nada fuera de lo común, salvo excepciones. Pero, tal y como me explicaba Michael Ovens, Chef del Victoria Falls Hotel, en hoteles de lujo pueden permitirme el “lujo”, valga la redundancia, de innovar en la carta, porque la mayoría de su público son turistas y tienen otra visión, con lo que un menú de buffet internacional y un menú más sofisticado a la carta es la mejor opción. De todas formas, tampoco es posible cambiar mucho la carta, pues no es fácil conseguir los ingredientes, así que cuando tienes un proveedor eficaz y sabes con qué productos puedes contar, es preferible trabajar sobre seguro, explicaba Michael. Por este motivo, el propio hotel cuenta con su huerto propio que le abastece de hortalizas y hierbas aromáticas.
Una comida diaria, eventos cuantos salgan 

Las barbacoas son las reinas por aquí y, casi siempre, suelen ser espontáneas, de un día para otro o en el mismo día, pero las brasas mandan. Además, es muy típico hacer festividades con motivo de algo, ya sea la fiesta del sombrero, de la pizza, del té… Los eventos son el AS de los Lodges y restaurantes, para crear atracción y diversión, tanto de la gente local como de los viajeros. Vic Falls es por ende una ciudad turística donde, cada dos por tres, se reinventan para servir una amplia oferta de ocio y bienestar. En todas ellas, no falta el ritmo de la música y el buen ambiente, condimentado con la cercanía y positividad de los Zimbabweses y la vitalidad y anécdotas varias de los viajeros que día a día dejan su huella en esta localidad.

En la próxima entrega, me gustaría hablaros de algunos sitios que visité en Harare –capital de Zimbabwe-, sobre todo, de uno en especial, ideal para una tertulia, un café o una lectura.

GASTRONOMÍA EN ZIMBABWE

Sadza, mucho más que una comida

Hace relativamente poco tiempo
que estoy en el continente africano, pero, el pasado viernes, 13 de julio, fue
uno de los días para archivar en la memoria y poder recordar siempre, en donde
quiera que esté. Y es que tuve la gran suerte de ir al Village Ndembele y estar
toda la mañana con Mpisi, el gran chief de la tribu, que nos acogió como si
fuéramos de la familia, todo gracias a José Luis, quien lleva aquí 3 años y que
es muy querido en el Village. Además, fui con un grupo de españoles (Cris, Ana,
Fidel e Iván) que conocimos en el Lola´s Tapas and Bar y que estaban en su
penúltimo día de viaje –llenos de emoción y sin ganas de alejarse de este lado
del mundo, jeje…-. 

Sabiduría, reflejo de la Naturaleza

Llegamos al poblado y allí estaba
Mpisi, esperándonos con una sonrisa radiante y pausada. El Village se compone
de unos cuantos chozos, donde vive con la familia. Todo en armonía, limpio,
impecable y con las cataratas Victoria perdiéndose en su horizonte, sensación
con la que empecé el recorrido, pues hicimos un tour, en el cual el chief nos
mostraba su casa y su forma de vida (las habitaciones, la cocina, su
despacho…). A todo esto, Mpisi es el chief desde 1974 y tiene 68 años, que no
aparenta en absoluto “el secreto de mi juventud es que es todo natural –reía-“.
Os contaré, a modo de resumen, algunas de las características de su forma de
vida, para pasar a relataros el almuerzo ofrecido, reflejo de la vida africana
–en cuanto a gastronomía se refiere- en Zimbabwe.

Deciros que es asombroso como
viven, no quiero decir “sin lujos” porque quizás el lujo realmente es como
viven ellos, son felices y hacen y viven como quieren. Las casas las construyen
ellos, el suelo es gratis, no pagan facturas –ni de luz, ni de agua…- y su
único compromiso es mantener el medioambiente, con una filosofía de vida “si
respetas la naturaleza, ella te respetará a ti”. Como curiosidad, deciros que
la cocina es el lugar de reuniones, donde se llevan a cabo la toma de
decisiones, al igual, es el lugar indicado, para curar a los enfermos o, en
caso de fallecimiento, el lugar donde el cuerpo reposará unos días antes de partir rumbo a
otra vida. Su moneda de cambio, es el trueque, mayormente con animales, y su
medicina es natural, nunca toman medicamentos; por ejemplo, para aliviar
dolores estomacales, emplean el polvillo que quedan las avispas alfareras en
sus nidos –formados en el interior de sus chozos-. 
Comida tradicional zimbabwesa

Tras el recorrido, nos dirigimos
al templo de las celebraciones, donde nos esperaba todo un convite, su hija
y el yerno del Chief. Al entrar, primero, has de lavarte las manos en la
entrada, pues es su ritual diario, ya que se come con las manos. Una mesa
“característica”, con repisas, se mostraba repleta de cazuelas que aguardaban
el menú. Mpisi, se acercó a mí y me mandó deberes “te explicaré el menú, para
que se lo trasmitas a los demás” y así hice. Pollo a la brasa con tomate natural
y arroz (ambos platos los suelen poner cuando tienen invitados, pero, sólo lo
hacen en días especiales), estofado de ternera, covo con cacahuetes y sadza.

Pero, antes de servirse el plato combinado, nos sirvieron crema de calabaza y
estaba exquisita, creo que la mejor que he probado; calabaza y agua, a fuego
lento, en la hoguera, sin más añadidos, con una textura suave y algo rugosa
–pues no está triturada- en platos de madera –tallados por ellos mismos-, sin
duda, un sabor auténtico.  

La calabaza es un producto muy consumido en Zimbabwe
y, por tanto, en crema o a la brasa, suele ser otro de los ingredientes más consumido.
El pollo, otro manjar, a la brasa, en su jugo, riquísimo (mi primo Mario
disfrutó con el pollo, decía “el mejor que he comido”, jaja). Y llega el turno
del sadza, el covo y el estofado, los 3 pilares de la dieta diaria de la
mayoría de los habitantes en Zimbabwe, pues es su plato más tradicional. De
hecho, cada día suelen comer esto, ya que es una comida muy nutritiva y barata,
cambiando la carne del estofado, según existencias (ternera, impala, kudú…); sólo comen una vez
al día, pero en cantidad abundante.

El sadza es como si fuera el pan
(insípido, como unas gachas de maíz blanco) y se va moldeando con las manos
“formando bolitas” que acompañan con la carne y el covo (una verdura similar a
las acelgas, que cocinan con ajo, cebollita y crema de cacahuetes). Personalmente,
el menú me encantó, el ambiente “singular y saludable” me enamoró y la
experiencia para no olvidar y para repetir –todos estábamos encantados,
extasiados con las anécdotas del chief y queriendo detener el tiempo por unos
momentos-.

También hubo postre, un
puñado de cacahuetes tostados 
–más sano imposible, jaja-. 

Aún, me queda mucho por ver y por
probar (sobre todo, las carnes exóticas, que son deliciosas), así que, os
seguiré contando, porque, aunque el sadza es lo más típico, también aprenderé
y observaré cómo cocinan por esta parte del mundo y con qué productos –la mayoría son importados de
Sudáfrica-.PD: el otro día, en casa de unos vecinos que nos invitaron a una barbacoa, descubrí una salsa de chocolate -chocolate de cobertura, leche condensada y crema de cachuetes- para el helado de nata, a eso me refiero, a ir adquiriendo sus «mezclas y hábitos».

¡Hasta la vista amigos viajeros y comensales!