¿Con o sin Levadura?

Recetas
de Vida 

¿Con o sin Levadura? ¡Sí! Pero… ¿El qué? Podría ser un
bizcocho, un pan, un bollo o unas magdalenas, pero, noooo; vamos a ver otras
cuestiones, desde otra perspectiva, quizás como si de estos microorganismos se  tratara. 
 Caldero de Arroz, receta tradicional
Vamos a partir de una palabra que
a todos se nos presenta el “cambio”, eso que muchas veces llega sin avisar y
que nos monta una buena en nuestras vidas. He elegido este tema para
reflexionar  contigo y, cómo no, para
“cocinar palabras” con y sin las manos en la masa. 
De primeras, los cambios nos
suelen provocar inquietud, cierto pánico, nerviosismo, pero estos son sólo
sensaciones efímeras e irreales provocadas por la incertidumbre que nos atrapa
cuando decidimos salir de nuestro entorno, de nuestra “rutina”. 

Juego de Palabras, nuevos
contrastes
Imagina que las levaduras son “lo
habitual, la costumbre, lo estable”; de hecho sabemos su función cuando la
empleamos en nuestras masas: por ejemplo, en el pan, son las responsables de su
volumen, de su sabor y su aroma. Pero, ¿Qué pasa cuando las ignoramos? Puede ser por olvido o por
decisión propia, pero en ambos caso, está claro que algo cambiará. Pensemos
en los populares Brownis –originados ante el olvido de la levadura en un
bizcocho- y ahora mundialmente conocidos. Otras veces, los cocinillas más
curiosos y atrevidos cambian las recetas para innovar y buscar nuevos sabores; me
identifico con ellos, aunque me defino a mí misma con una “enreilla de los
fogones», donde la improvisación me caracteriza. 
Una vez más, en este escrito me
encuentro con la similitud entre los ingredientes de la vida y los de cualquier
otra receta
, donde “la creatividad y la felicidad” son dos utensilios  imprescindibles, para vivir con sabrosura.
Todo cambia, los imprevistos se siguen presentando, pero, al final hay resultados, esperados
o no, siempre hay opciones si te muestras abierto a ellas.
Como en todo “para gustos los
colores”, pero si puedo probar un cocido tradicional –me encanta, sobre todo el
extremeño, el de mi madre- y un cocido versionado o deconstruido, mucho mejor y
así en todo. Probar e intentar son dos ingredientes de éxito, acompañados de un
proceso de aprendizaje y éste será lo que, al fin y al cabo, te saciará y te
hará evolucionar.  
Florcaccia, foccacia pero con pan de coliflor
Por supuesto, hay que respetar
todos los gustos, eso siempre, pero lo que no vale es un “NO ME GUSTA”, eso que
tanto decimos cuando somos peques y no nos gustan la mayoría de los platos; entonces nuestras madres solían decir ¿lo has probado? Pues así, ¡Con todo! Si no sales
de las lentejas, los huevos fritos, los macarrones con tomate… no pasa nada. Ahora bien, lo que sí te puedo asegurar que estás dejando de probar muchas cosas ricas,
diferentes, que, aunque sean eventuales, te van a dejar recuerdos más que
satisfactorios y eso alimenta el alma, vaya que si alimenta, jejeje…

Hasta aquí, mi reflexión de hoy;
espero que te animes a probar a hacer las cosas sin levadura 
¡Buen provecho!

Receta Especial Navidad

Crujientes y Apetitosas Sonrisitas 

El espíritu navideño se siente
casi desde primeros de diciembre, pues las luces y la decoración típicas nos
anuncian que las Fiestas se aproximan. Pero, ahora, sí que podemos decir que
queda poquito para estar celebrando la Nochebuena con nuestros seres queridos. Así
que, supongo que ya tienes pensado los platitos que formarán parte de tu menú. 
Mi propósito de hoy es darte una
receta fácil, que va con todo y que es más que bienvenida siempre, tengas
apetito o no lo tengas y, además, es apta para todos los comensales.

La Sonrisa “la anfitriona perfecta que no puede faltar en tu mesa”
Todos pasamos momentos buenos y
otros no tan buenos, pero siempre podemos sonreír y de hecho debemos hacerlo.
La sonrisa es ligera, deliciosa, barata y va con todo, entonces ¿por qué no
cocinarla más a menudo?
Escribiendo estas líneas es inevitable no acordarme de
mi viaje a Zimbabwe; allí la gente le sonríe a la vida día a día y aunque las
cosas no son fáciles, ellos simplemente viven y disfrutan el momento al detalle.
Aprendí muchas cosas, pero sobre todo, a levantarme cada día y vivirlo
como un regalo, exprimirlo y saborearlo con gusto. 
No voy a enrollarme mucho con este
escrito, pues tan solo quería dedicarte unas palabras antes de que el 2014 nos
abandone. Además, tú mejor que nadie sabes tu “receta”, así que no te olvides
de que tú eres quien la cocinas.
 ¡Hazlo como quieras, pero no te olvides de Ser
Feliz!
Gracias por estar ahí, Felices
Fiestas y nos vemos en el 2015 😉

Ah, y ya sabes, ¡Contagia tu Sonrisa!

EL SABOR DE LAS PALABRAS

“El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información” – Albert Einstein-

Hoy 20 de noviembre, mientras un claro día otoñal, con más viento de lo que es habitual, se siente por estas tierras extremeñas, cumple años una personal que admiro y a la que quiero dedicarle elpost de hoy, mi querido amigo Gonzalo Sol.

Escritor y periodista especializado en el Hecho Gastronómico
Muchos ya le conocéis y seguro que, en más de una ocasión, habéis tomado el aperitivo con él, mientras le escuchabais en su programa de radio “Comer, Charlar y Beber”. Para los que no, os dejaré unas pinceladas sobre parte de la obra de Gonzalo Sol Lemoniez.

Es uno de los artífices de la Crítica Gastronómica que empezó a forjarse por los años 70, mientras la nueva cocina despegaba en España, prueba de ello son Las Guías Gastronómicas Sol, pioneras en el sector, de las que fue autor y editor. Además de las Guías, ha “cocinado” libros con muy buenos “ingredientes” y que forman parte de nuestra biblioteca culinaria: Madrid en 50 Menús, Caza y Cocina y El Buen Gusto de España – Premio Gourmand Cook Book 2011 al mejor libro «Estilo de vida gastronómico»- son algunos de los ejemplos de su cosecha literaria.

Por otra parte, con su dedicación y constancia ha defendido siempre la formación para promover una hostelería rica desde la base. En este sentido, ha colaborado en un sinfín de actividades en torno a su mejora, entre otras,  fue el fundador y director de los Cursos de Sumilleres y Maestresalas de la Cámara de Comercio de Madrid. 

Por su puesto, su labor ha sido reconocida en más de una ocasión, así ha sido Premio Nacional de Periodismo Gastronómico en dos ocasiones (1978 y 1988), Premio Alimentos de España (2002) y Premio Profesional Cinco Estrellas 2008. Por poner ejemplo, porque seguro que me dejo alguno en el tintero.

Suerte, Orgullo y Aprendizaje
Uno de mis lemas en esta vida es que todas aquellas personas que nos cruzamos en nuestro camino nos aportan algo, no se cruzan porque sí. Yo tuve la suerte de toparme con Gonzalo Sol y, no solo eso, sino que, además, tuve el placer de trabajar con él durante 3 años. No quiero alargarme mucho, pues podría hablar horas y horas de todo lo vivido junto a esta persona tan especial; así que, trataré de condensar en un menú corto y ligero el sabor que me ha aportado.

Menú para disfrutar y avanzar en el Hecho Gastronómico
Con este menú, resumo toda la sabiduría que me ha transmitido este gran hombre. Nunca olvidaré aquellas reuniones en la Terraza de la Oficina, junto a mi amigo Javier Fernández Piera, que Gonzalo moderaba como solía hacer en sus programas de radio, jejeje…  En más de una ocasión, cómo no, disfrutábamos de las burbujas del Cava y los aromas del Jamón Ibérico, en otras, de un correcto café.
Resumiendo, Gonzalo Sol es todo un referente para mí y sus palabras me han alimentado y servido de mucho en mi trayectoria. Aún sigo saboreando muchas de sus prácticas y espero que algún día pueda volver a disfrutar de una comida en su compañía ¡Aquello era siempre mucho más que un simple almuerzo! O, mejor dicho, ir a comer con Gonzalo es realmente, “Comer, Charlar y Beber” y te aseguro que la experiencia suele acabar con un ¡Supo tan bien que volveré!

Por último, os aconsejo que echéis un vistazo al Blog de Gonzalo Sol; donde espero que siga deleitándonos con sus gastrohistorias por mucho tiempo. Y, por si no lo he dicho claro, ¡Felicidades Gonzalo y que cumplas muchos más!

 

COCINAR Y VIVIR, DOS CARAS Y UN DESTINO

Recetas de vida
Días, muchos días han pasado desde mi último post, sintiendo
nostalgia, echando de menos contar mis aventuras, ésas que solían brindarme un
agradable retrogusto y que tanto me gustaba transmitiros. Obviamente, no he
dejado de caminar, pero, con distinta pauta.
Como sabéis, un día decidí dejar Madrid y darme la oportunidad
de vivir una experiencia  distinta,
dejando todo para irme una temporada a Zimbabwe. No sabía por qué, pero, no quise pensármelo mucho y, sin darle más vueltas,
compré el billete, así ya, no habría vuelta atrás. Simplemente, sentí  que tenía que ir y, ahora, sé cuánto bien me
ha hecho. Los aventureros  viajeros
suelen decir que “cuando empiezas, no paras, es como un vicio”, algo así, vino
a decirme mi amigo Paco en una ocasión y, vaya, sí que es cierto.
Después de vivir en África, me fui a Londres y, tras un año
en Inglaterra, decidí pasar una temporada en mi tierra, Extremadura, y,
es aquí donde estoy, en mi pueblecito, Barcarrota. En uno de mis ratos al sol,
me vino a la mente una reflexión “Raquel, será que te gusta vivir como cocinas…”
y acto seguido estas palabras; 
Cocinar y vivir, dos caras y un destino,
sin receta, sin
pausa,
con un mismo fin “disfrutar sin más”
y la indecisión
del toque final, que, 
habrá que probar y comprobar.
Y, he aquí la conexión, vivo y cocino de la misma manera,
sin receta, despejando la mente, para que la creatividad me guíe, dejando
cabida a la espontaneidad y disfrutando del Mágico sabor que ésta nos suele
dejar. Siempre hay unas bases, unas reglas, por supuesto, pero, a veces, es muy
positivo salirse del “camino” y aprender a mirar desde otra perspectiva. 
A lo largo de nuestra vida, se nos presentan muchas
bifurcaciones y, constantemente, estamos tomando decisiones y, la duda, nos
suele chinchar de vez en cuando, pero, ahí es donde me acuerdo de eso de “conectar
puntos”, esa manera de ver que nos mostró 
Steve Jobs, cofundador de Apple, y que como él mismo decía “No puedes
conectar los puntos (las experiencias significativas de tu vida) mirando hacia
delante, tienes que hacerlo mirando siempre hacia detrás”. Confío en esto y,
mientras voy avanzando, voy entendiendo las conexiones. 
Mi próxima aventura está por llegar, aún es un misterio y
estoy entusiasmada con hacerle frente; mientras, disfruto cada día, con mi
gente, mis enredos culinarios y mis sueños.

 

Sin más, dar las gracias a Sinestesia Gastronómica, por las
alegrías y la compañía que me ha dado, por la gente que me ha presentado.
Quiero seguir fusionando los sentidos, perdiéndome entre especias y haciendo
amigos. A ellos, les dedico esta pequeña reflexión, pero, sobre todo, a una  chica entusiasta y soñadora, cuya fortaleza y
alegría, hacen frente, día a día, a un nubarrón que se le ha plantado en el
camino. Admirada y afortunada me siento de ser tu prima. No dejes de soñar, por
muy loco que pueda parecer ¡tu sueño se cumplirá! Porque, otra cosa no, pero,
lo cierto es, que la realidad es consecuencia de nuestros pensamientos. Así que, puede ser, que Tempo Music sea ese primer punto.
PD: las dos primeras fotos son productos Extremeños, preciosa puesta de sol y los dulces de Marabé, la pastelería más antigua de Barcarrota y autora de dar dulzura a nuestra infancia. La última imagen encierra alegría, aventura…todo, es de una de mis últimas noches en Victoria Falls.
Sed felices 

RECETA DE VIDA

LA VIDA, ¿NOS COCINA O SE COCINA?

Tras un periodo de desconexión total y un verano «a punto de sal», retomo hoy mis andaduras por estos lares, pero hoy os presento una receta especial de espíritu libre, una reflexión, un momento, una ocasión. Es un texto que escribí hace ya unos meses y me gustaría compartirlo con vosotros mis lectores. ¡Espero que os guste! Bon Appetit!!!

En ocasiones, hay cosas «sabores, olores, texturas, paisajes…» que te atrapan, te cautivan, difíciles de sustituir. Están en el mundo, pero a todos no nos llegan por igual; somos distintos, con variopintas preferencias… y en función de nuestro ser, nuestra forma de sentir, así percibimos lo que acontece a nuestro alrededor.
Mi infancia la recuerdo dulce, cálida, pues siempre estaba riendo y, a eso, hay que unirle que de todos los productos culinarios, los dulces eran mis preferidos y no faltaban en mi dieta diaria “golosa por naturaleza” -sí, sí… tenía que haber comido más fruta, pero qué le vamos a hacer…-. Eso sí, las mandarinas me pesaban en los bolsillos, porque en temporada, no salía de casa sin ellas, eran mi golosina callejera.
A medida que uno crece, empieza a probar cosas, a descubrir que le gustan, por ejemplo, «las coles» -eran mi enemigo en el terreno de las verduras-; así el foie, que probé siendo ya más mayorcita, me repugnaba su textura y, ahora, me encanta-; el carpaccio ¡Uf, algo crudo, no podía con ello!; ahora más de lo mismo -¡carpaccio por favor!-, y así, los vinos, la cerveza… He de decir, que el vino me ha ido seduciendo poco a poco y cada vez me gusta más; siempre que me quiero dar un homenaje gastronómico, tres protagonistas se sientan a la mesa «buena comida, buen vino y buena compañía».

Y qué decir de la cerveza “esa rubia con corona de espuma”; recuerdo mi viaje a Praga, cuando aún no me gustaba este líquido de cebada, me perdí esas trapistas tan bien presentadas. Ahora me gustan tostadas, rubias, morenitas, negras, con soda, con limón… quién me lo iba a decir. Podría seguir con un sinfín de cosas más, ejemplo de cómo vamos probando la vida, descubriendo sabores -aún se me resiste la tónica, por lo visto el sabor amargo es el que se desarrolla más tardíamente, será por eso que aún los gin tonic «tan de moda» no van conmigo. Y eso que mi amiga Marta está convencida de que esto cambiará cuando me prepare ella un Gin Tonic de su cosecha.

En fin, en mi caso, la gastronomía, la pasión por las sensaciones que de ella despierta, y mi vida, son una misma receta; receta que sigue buscando ingredientes qué añadir, para irse cocinando a fuego lento y lograr equilibrio, firmeza y templanza.

Hace tiempo se cruzó un sabroso y fogoso ingrediente que modificó la receta tradicional, digamos que le dio un aire más fresco “el resultado fue un plato difícil de olvidar”. Ahora está en plena desarrollo; no olvidemos que la cocina evoluciona, los protagonistas cambian; pero, hay que tener presente las raíces, saber respetar la materia prima y saber vestirla adecuadamente. Al igual, las personas tenemos que respetar nuestro ser, conocer nuestro sabor, para poder después encontrar la mejor armonía, que haga de la experiencia, una fusión perfecta.

La duda es si, en la vida, la receta la podemos cambiar o es la vida quien la cocina a su modo.

PD: la imagen es de un amanecer frente al Puerto de Roquetas de Mar -Almería-; siempre quedará en mi memoria este crepúsculo salino, libre y rosado.

¿CONOCÉIS LA PALMERA DE VERANO?

ÁCIDA, DULCE, FRESCA Y BIENVENIDA

Por fin, estamos en verano, una de las estaciones más esperadas del año, nos encantan las cañitas, pasar las tardes en la terracitas, la playa, las vacaciones y, mientras llegan, la jornada intensiva, que en mi caso empecé en julio.


En Madrid, a falta de playa, piscina; escenario más visitado en estos días en la capital. Y, en las mesas, las ensaladitas, las sopas frías, las verduras, las frutas… son los protagonistas indiscutibles. En todos los sentidos ¡Apetece lo fresquito!

Más sed, más mezcla, más color

Cómo no, en esta época del año se bebe más agua -es el quita sed por excelencia y lo más saludable. Pero, las cervecitas bien fresquitas son las reinas, las claritas -con limón o soda-, el tinto de verano, los cócteles tipo mojitos, caipiriñas, piña colada, daiquiris, margaritas… Y, cómo no, los granizados, los helados, la horchata y un sinfin de variedades y combinaciones. Hoy os voy a presentar a la “palmera de verano”, una mezcla curiosa y acertada:

Sí, sí… sé que estaréis pensando en el caribe, en el agua cristalina, el ritmo latino al son de la cumbia y la bachata, las palmeras tan caraterísticas… Pero, hoy, nos quedamos en España, con la palmera fresquita y veraniega. La conocí el año pasado, aunque fue hace unos días cuando descubrí cómo la llamaban. El caso es que me indigna pedir un granizado de limón -o de cualquier otra cosa- y que dé dos sorbos y se quedé sólo hielo, es como pagar por agua congelada, y lo peor “te quedas con más sed”. Son pocos los lugares donde te puedes tomar un granizado de verdad, sin que se quede enseguida sin limonada. De pequeña, pensaba que era así, pero un día “hace ya bastantes años” en mis vacaciones en Barcelona – en Villafranca del Pénedes- tomé mi primer granizado de verdad, sin que tuviera que esperar a que se derritiera y dije «uauuuu».

Así que, siempre que quiero un granizado, primero pregunto ¿es un granizado para esperar o para disfrutar? Eso es lo que hice el año pasado en el Café&Té (Avda. General Perón, 10): la camarera respondió «pues no lo sé, pero si te apetece, puedo ponerte “mitad horchata, mitad granizado de limón”. Y a mí que me encanta probar cosas distintas, dije: “vale”. Desde entonces, suele ser mi elección favorita. La chica me comentó que ella lo había probado en Valencia, donde se suele tomar así.

Pues bien, palmera es como llaman a esta mezcla “granizado de limón con horchata”, en Cataluña y Valencia, de donde es característico. También, se conoce como “canario”. La verdad, os recomiendo que la probéis, refrescante y muy rica -un contrapunto ácido y dulce perfecto-. Eso sí, hay que mezclarlo bien, porque, si no la mezclas, puede parecer que se ha cortado, sobre todo cuando la horchata es casera. Otra opción rápida, y para estar a punto en casa, es tener en el congelador granizado o sorbete de limón y horchata, y cuando os apetezca “en un pis pas” lo tienes listo.

Sin más, era una curiosidad que me apetecía contaros, así podéis probarlo y darme vuestras opiniones.

Por cierto, os recomiendo también los helados de la Romana (Santa Engracia, 155. Tel. 915 331 495), o los yogures helados y los smoöthies de Ö!mygood (C/Sagasta, 32. Tel. 91 594 28 01).

¡BUEN VERANO!