Restaurante Chileno: 8 de Mayo

Una parada “a la chilena” en Madrid

Quienes vivimos en la capital, sabemos que Madrid registra una “carta” internacional ofrecida por todos los restaurantes y bares, de distintos ambientes, con un sinfín de especialidades culinarias y, lo mejor, con una gran diversidad de sabores y matices culinarios: asiáticos, tan de moda ahora, peruanos, brasileros, italianos, mexicanos, marroquíes, etíopes… y chilenos, cuya cocina será hoy protagonista de estas líneas. Desconocía que los platos chilenos se incluyeran en la «carta» de Madrid, pero encontré algunas sugerencias: El Regreso del Winnipeg Chile, San Wich y el 8 de mayo. De momento, he probado el 8 de mayo, así que, pasaré a mostraros sus ingredientes y su retrogusto.
¡Aquí no hay minimalismo que valga!
El pasado martes 11 de octubre, víspera del día del Pilar, fui a cenar a este rinconcito de Chile en Madrid, ubicado en el 53 de la calle Fernando El Católico. La fachada pasa casi desapercibida y, en su interior, un ambiente cálido y familiar espera al comensal: una pequeña barra que hace de pasillo al comedor, pequeño con apenas 5 o 6 mesas, con fotos del país andino y su “Estrella Solidaria” -bandera nacional-.

Como siempre digo, la compañía es ya un buen sazonador y, esta vez, tenía toque latino, pues estaba acompañada de 5 estupendas paraguayas. El resto de ingredientes no demoró en llegar, abriendo camino “El Gato Negro” -Vino Blanco Sauvignon Blanc de Bodegas Viñas San Pedro– que nos concedió el brindis inicial. En nada, llegó el pan amasado con salsa pebre, la reina de chile -a base de cilantro, cebolla, ajo, ají verde y un poco de tomate- que nos acompañaría durante toda la cena, pues nos conquistó de inmediato.
A continuación, hicieron una reverencia especial “las empanadas chilenas” que, horneadas o fritas, con distinto relleno (o “pino” como le dicen en Chile), de marisco, carne o queso, son una de las elaboraciones típicas de esta cocina criolla. Aquí, en el 8 de mayo, las de pino de carne, cebolla y huevo duro, son las damas de la mesa y, así, se hicieron sentir ante nosotras.
¡Miradas de asombro y sin reparo!
De la gracia y salero de las empanadas, pasamos a quedarnos boquiabiertas con los platos principales, pues el tamaño de tales elaboraciones nos dejó perplejas. Decidimos poner todo en el centro y compartir, así probaríamos de todo sin saturarnos. Optamos por las siguientes especialidades:
Pastel de choclo: a base de maíz o “choclo”, carne de pollo, cebolla, huevo, pasas y aceitunas. Es como una especie de soufflé de maíz, también parecido al chipa guazú paraguayo, suave y contundente. Estaba un poco dulce, pero lo combinamos con pebre –atrevida mezcla, pero acertada-.
Chorillana: receta originaría de Valparaíso que consiste en un plato a base de patatas fritas con cebolla, carne y huevos fritos. Se suele pedir para compartir, aquí nos dijeron para 2 personas. En realidad, era para cuatro. Sencillo, pero gustoso, eso sí, más patata que otra cosa. Y muy similar, el lomo a lo pobre, plato básico que todos los restaurantes chilenos y peruanos suelen tener y, en realidad, en cualquier lugar, pues es un filete de ternera con patatas, cebolla y huevos fritos, nada en especial “un combinado de siempre”.
Ostiones a la parmesana: ostiones “nuestras finas vieiras” en su concha, con gambas, salsa blanca “bechamel” y queso, acompañado de papas fritas. Una buena opción, suave, cremosa y elegante.
Jardín de mariscos: una de las opciones más acertadas si se quiere probar la mayor cantidad de frutos del mar de Chile y que variará en función del lugar donde se pida. Está claro que si viajo a este país, pediré este jardín con sabor a mar, pero en el 8 de mayo es una de las elaboraciones más acertadas: ostiones “vieiras”, gambas, almejas, machas “navajas”, choritos “mejillones” y un cebiche de corvina al centro. Exquisito y bienvenido.
Hasta aquí llegamos, pues no quedó lugar para las delicias andinas, que eran bastante tentadoras, entre ellas: panqueque de dulce de leche, pie de limón, papayas al jugo con crema, brazo de reina y mote con huesillo, siendo este último uno de los postres más característicos y que se consume sobre todo en verano (“huesillos”, lo que nosotros conocemos como melocotones). Sin duda, tengo que volver a disfrutar de los sabores de chile, pues es toda una aventura para los sentidos, una gastronomía poco ensalzada y conocida, pero que tiene todas las cartas para conquistar a quien se preste a intimar con ella.
Cómo no podía ser de otra manera, terminamos con un chupito de Pisco que nos sentó de maravilla; por cierto, lo desconocía, pero el 15 de mayo es el Día Nacional del Pisco Chileno. Además también tienen cócteles, otra asignatura que nos quedamos pendientes.
No quiero cerrar este escrito sin antes, dar las gracias al personal del 8 de mayo; no recuerdo el nombre de la chica que nos atendió, pero nos hizo sentir como en casa, amable y atenta en todo momento. Aparte que el lugar, pequeñito, pero cálido y coqueto invitaba a ello.
PD: si queréis acercaros a la “Buena Mesa” chilena, anotaros el número 53 de la calle Fernando El Católico; eso sí, tener en cuenta que, a la hora de pedir, las platos son para más de una persona, por lo que os recomiendo pedir varias cositas y disfrutar de los sabores a modo de tapeo, así podéis probar más variedad. Salimos a 18 € por persona, lo que quiere decir que en el 8 de mayo puedes comer por la mitad. No podéis iros sin probar su empanadas, apuesta segura y con gancho. (Bar 8 de Mayo. Tel. 91 543 74 52)