La Broche

Excelente puesta en escena: “el lujo de un buen servicio”

Ángel Palacios y Jesús Cobo recrean cada día una obra donde el comensal es el principal protagonista

El pasado jueves tuve el placer de ir al prestigioso restaurante La Broche (C/ Miguel Ángel, 29. Tel. 91 399 34 37. Madrid). Desde que llegué a Madrid, visitar este restaurante era uno de mis sueños, ya que Sergi Arola (director de la obra durante toda una década) era uno de mis cocineros favoritos. El tiempo pasa, todo se renueva y La Broche también ha evolucionado. Mis sentidos estaban entusiasmados, inquietos y maravillados por descubrir las sensaciones que esta renovada obra ofrecía.

Eran las 21.20 h. cuando Carmen y yo nos adentrábamos en el restaurante. La elegancia y luminosidad nos dejó perplejas; el sol ya se había puesto, había caído la noche, pero el escenario irradiaba luz por doquier, el blanco estaba presente en todas partes. Nos recibió Jesús Cobo, maestro de la sala, y nos acomodó en nuestros asientos; una mesa al fondo y frente a la ventana, buena elección. Antes de abrirse el telón pasamos a saludar a Ángel Palacios, chef del restaurante, sencillo, amable, encantador. Le dijimos que nos fiábamos de él, que nos preparara un menú, pero nos aconsejó que viésemos la carta por si había algo que no quisiéramos dejar de probar.

Regresamos a la mesa y nos dejamos llevar. Mientras leíamos la carta todo se ponía a punto, nos presentaron las sales y un exquisito aceite de Toledo, los aperitivos –canutillos de cerdo adobado, esponja verde de queso, crujiente de pistacho y chips de tortilla-, sin olvidarnos de la selección de panes que ponen a tu disposición. Pasados unos minutos, Jesús nos tomó la comanda: “lo que nos ponga Ángel”, dijimos, incluyendo el taquito de atún que nos recomendó Jesús. Y en función del menú la bebida, nos hicieron un perfecto maridaje; cava de cosecha familiar para comenzar.



Enseguida empezamos con los entrantes, “efecto sorpresa” como si de un huevo kinder se tratara. Iniciamos el menú con un carpaccio de atún con sorbete de pepino; curiosa combinación y confusa para mí “el intenso sabor a pepino quitaba demasiado protagonismo al carpaccio”. A continuación, habitas verdes en texturas “exquisita presentación, increíble textura, sabor con falta de gracia”. Cerramos los entrantes con una escalibada -podíamos decir que «desconstruída»- donde predominaba la suavidad de los flanes en diversas formas y colores, de berenjena, pimiento y el toque de bolitas de nieve «tapioca» con sabor a cebolla.

Pasamos al primer acto y comenzamos con un gazpacho de fresas y langostinos; elegante plato, un tanto aburrido, que debía haber estado más frío. Hasta aquí la introducción y un aplauso al equipo.



Vista, oído, tacto, gusto y olfato estaban ya entrenados cuando dábamos paso al segundo acto “el taquito de atún nos saludó”; elegimos bien, estaba en su punto, jugoso, sabroso y la guarnición de hortalizas la hacían buena compañía, además, el jugo de atún potenciaba aún más su sabor. En el tercer acto hizo la reverencia el “Foie con remolacha en texturas”; perfectamente cocinado estaba este hígado de pato, pero un toque de flor de sal no le hubiera venido nada mal. Os aconsejo que probéis el Foie con reducción de oporto o Pedro Ximénex, glorioso bocado. Sabor que suplió el estupendo vino que nos sirvieron, un blanco dulce de uva pasa.



El tercer acto estaba reservado para el dulce. En este caso con marcado sabor a chocolate, puesto que se componía de una combinación de cacao: variantes texturas, sabores y colores de este placentero producto. Buena presentación: esfera de manteca de cobertura sobre migas de bizcocho de chocolate, que nos sorprendía con un interior de crema de trufa. Un postre para los amantes del chocolate.

Contentas, comentando la obra y con la panza llena estábamos las dos espectadoras, cuando entraron los “petit fours” y a todo dar: nos presentaron un carrito lleno de tentaciones dulces y nos dieron a elegir Probamos peta zetas de chocolate, trufas de jengibre –las más ricas- y choco kikos. Ahora sí, un aplauso por favor.

Y así fue mi experiencia en La Broche, una combinación de elementos bien dirigida, donde instrumentos, iluminación, sonido, personajes, diálogo y contenido recrean una experiencia única para sentarse, acomodarse y disfrutar de tan satisfactorio espectáculo.

¡Gracias Carmen por brindarme esta oportunidad y disfrutar de tu compañía!