Expectativas, ingrediente fantasma y decisivo

Soy inquieta, lo reconozco,  más si hablamos de hechos con sabor o notas con aroma. Normalmente, no puedo evitar indagar, estar al día de los sitios de moda, consultar opiniones y hacer un muestreo de sitios antes de decidirme y marcarme una gastro-experiencia. Me gustan los sitios míticos, auténticos, las pequeñas tascas, los bares de la esquina, las pastelerías con historia, los obradores que huelen a “pan pan”, los ultramarinos de barrio, el bullicio de los mercados “con el canto de pescaderos, carniceros y fruteros”. También me gusta lo nuevo, lo que marca tendencia de buena manera; me rechinan las imitaciones y las réplicas de lugares sin alma, todos cortados por el mismo patrón y que se limitan a seguir la moda.

Por otra parte, me fascinan las sorpresas, descubrir «puntos de interés» a pie de calle y salir sin plan alguno. Me dejo llevar por las apetencias para optar por la vía de búsqueda anticipada o in situ, al ritmo del callejeo y la espontaneidad.

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