Serendipia ¿Azar de la vida o juego provocado?

Lentitud, rapidez… Dos  palabras antagónicas y compenetradas que forman parte de las reglas del juego más preciado y donde todos participamos: El Tiempo.

Desde mi regreso de los Andes, el tiempo se ha esfumado, parece increíble que ya haya pasado esta aventura chilena… El tic tac para la Navidad ya empieza a sonar. Cuando llegan los viernes sonrío, me contento, pero no solo porque llega el finde (ocio, relax o lo que a una se le antoje) sino por ser afortunada de estar ocupada en algo con lo que disfruto, de poder gozar del tiempo con todas mis capacidades, de disfrutarlo. Estas dos mismas semanas (un kit kat para mí) pueden ser un horror a ritmo de caracol para muchas otras personas o, para nosotros mismos, cuando no estamos (o estemos) bien. Este finde me limité a no hacer planes, el tiempo se alarga y echo de menos el frenesí de las burbujillas del trajín habitual; consciente de que mal no me sentará, jajaja…

El caso es que, obviando la gastronomía por hoy, me doy licencia para reflexionar, para agradecer  sobre otras cuestiones del tiempo. Aquí la Serendipia puede tener algo que ver, sí, pero también: la aptitud-actitud y las personas que se cruzan “a tiempo”.

Por un lado, la aptitud y la actitud tendrán mucho que decir ante el tiempo que invertimos en las cosas. Alguien con habilidad y capacidad en algo, evidentemente, hará la labor en menos tiempo; la actitud hará que, aunque más lento, la tarea dé sus frutos. Es decir, la subjetividad del tiempo es infinita y, en muchas ocasiones, somos nosotros el grosor de su medida. Justo el viernes me cabreé un poco conmigo misma… Estaba muy concentrada en una tarea que tenía que enviar  y me pidieron dos minutos para contarme algo; dije “ahora no puedo, estoy en algo urgente, luego te busco”. Acto seguido me dije a mí misma “Raquel, realmente, ¿No podías parar y charlar un poco con esa persona? Me fui así para casa, pensando en que, la próxima vez, sí pararé.

Por otro, las personas, esas que van y vienen; con algunas la conexión es memorable.

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Año Nuevo, Vida Nueva ¿En serio?

Venga venga, Sinestesia ¡Espabila que la cuesta de enero está aquí y cuando te des cuenta, llega San Valentín, el Carnaval y tú sin escribir! Soy de esas que si empieza algo nunca lo deja a medias, o avanza o se finiquita, aunque a veces haya pecado de alargar cosas que no tenían sentido alguno, por la costumbre, por la inseguridad o la esperanza en ese «quizás funcione». Anyway, lo que sí es cierto, es que con sus más y sus menos, he disfrutado/ aprendido del proceso. No te voy a mentir, tengo una torrija encima considerable después de Navidades, no por lo laboral que me subí al Ferrari de momento ¡Prueba superada! Sino por otras cosas de la vida, daños colaterales e iniciativas que te nublan por momentos. Fuera de envergaduras, mi frase es ¡Año Nuevo, Casa Nueva! Quienes me seguís ya lo sabéis, jejeje…

Antes de comenzar, te diré que no vas a encontrar en este primer post ninguna recomendación de sitios, no por nada, sino porque sencillamente mis últimas andanzas del 2017 son ya parte un flashback un tanto lejano. Voy a reflexionar y punto: si quieres, reflexionas conmigo, si no, ya nos vemos en los bares o en los próximos escritos ¡Tú decides!

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