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VA DE TAPAS…
El domingo pasado decidí irme de tapas con unos amigos de Badajoz, el sitio elegido: “La Latina”.Con todos los años que llevo ya en Madrid, no son muchas las ocasiones que estuve de “latitapeo”. Estuvimos en varios sitios, pero os hablaré de los aperitivos positivos y alguna que otra cosa que me quedó claro para la próxima vez.
Comenzamos en la Plaza la Cebada, en el mítico bar cafetería Lorena Oss, un bar cutre, a rebosar de gente, pero que para empezar con unas cañitas no está nada mal; eso sí, no acertaréis si os pedís un vinito, lo digo por experiencia. De ahí, hicimos una parada en El Viajero (Plaza de la Cebada, 11), otro veterano, y buena opción para comer carnes a la parrilla, además de ser un sitio muy ambientado con público variado. En ambos, te ponen “tapita” con la caña o vino.
Luego fuímos a parar a la Taberna Tempranillo (Cava Baja, 38); lugar acogedor donde sí puedes tomar un buen vino, pues tienen una carta de referencias basante amplia, y en el tablón siempre ofrecen sugerencias “vinos por copas”. Para acompañar el vinito, unas tostas variadas –setas con queso brie, de hígado y mousse de pato, de codorniz escabechada, de salmón…-.

Estaba todo aceptable, y para tomar algo esta bien, aunque sí quieres ir de tapeo, sale un poco caro. Después, nos entretuvimos la tarde de bar en bar, paseando, hasta que llegó la hora de cenar y nos vimos sentados en el comedor de Corazón Loco (C/ del Almendro, 22).

Corazón Loco es una taberna que auna tradición y modernidad, tanto en su decoración de madera y ladrillo visto, como en su cocina. Aquí sí había estado anteriormente, pero tomando unas cañas en la barra; esta vez nos sentamos para descubrir su oferta gastronómica.

Elegimos un vino blanco para disfrutar de la cena, Martivillí Verdejo 2009, un rueda sin crianza, equilibrado, fresco y que parecía buen acompañante para los platos que en breve empezarían a dar color a la mesa: papas arrugas con mojo -verde y rojo-, salteado de setas con Ibérico y musaka griega.

La verdad, fueron estos latidos del corazón los que más me gustaron; la camarera era atenta y simpática, los platos bien presentados y bastante logrados, buen ambiente y el bolsillo no sufre mucho, pues pagamos 10 € por barba. Así que, el tapeo se despidió con buen sabor de boca, sólo faltaron unos buenos cócteles, que tendrán que esperar, pues el lunes tocaba madrugar.

Pero bueno, las conclusiones a las que llego, y es sólo mi opinión, es que ir de tapas en Madrid no es barato precisamente, y, aunque es un AS internacionalmente conocido, a veces, creo que es mejor disfrutar de una velada en un restaurante. Claro que, todo tiene su momento, su lugar… y es la compañía y el ambiente lo que manda. Por supuesto, también es importante conocer los sitios idóneos para esta actividad gastronómica, pues el éxito de la ruta depende de las paradas establecidas y, como si fuésemos buenos viajeros, lo mejor es indagar y buscar aquello sitios rec omendados de ser vistos y catados, aunque siempre se descubre uno por el camino que te enamora y te hace volver una y otra vez, jejeje…

¡Buen tapeo!

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RESTAURANTE SACHA

“BOTILLERÍA Y FOGÓN SACHA”

El otro día tuve la oportunidad de disfrutar de una comida en uno de los restaurantes clásicos de Madrid “Sacha” (Juan Hurtado de Mendoza, 11. Tel. 91 345 59 52). Había oído hablar mucho de este restaurante y tenía claro que algún día le haría una visita. Inesperadamente el lunes estaba sentada en una de sus mesas –tenía una comida de trabajo, pero cambiaron de sitio el día antes y eligieron Sacha-. Yo encantada.
A diferencia de otras veces, hoy voy a ser más escueta y menos visual “me faltarán las fotos” –no quise ser pesada, era una reunión de trabajo, aunque hice dos fotitos que os mostraré-. Anotar que era lunes y estaba lleno.

Primero, decir que el restaurante Sacha cuenta con años de experiencia, ya que abrió sus puertas en 1972, aunque su nombre original era “Botillería y fogón Sacha”. Un negocio familiar que hoy dirige Sacha Hormaechea (cocinero, fotógrafo y cineasta), sucesor del alma mater de este lugar “Pitila Mosquera”, madre de Sacha y gran cocinera. De hecho en uno de los muebles de la sala había un diploma “Mención gastronómica a Pitila”.

La decoración es clásica, recuerda a los bistrot franceses, y se viste de tonos azules y blancos, con abundancia de cuadros que cubren las paredes. Las mesas están bien distribuidas, a pesar de ser un local pequeño.

Platos sencillos, de producto y de buen gusto

La cocina que nos ofrece Sacha es tradicional, basada en el producto de temporada, con influencias basadas en sus propias experiencias – sobre todo vascas, gallegas, castellanas y catalanas-, que por sus raíces, vivió desde niño. La carta no es demasiado extensa, pero acertada y con recetas de primera. Optamos por el siguiente menú “varios entrantes al medio y un plato principal”

Para ir abriendo boca “Unas almendras tostadas” que junto a un Gran Feudo Rosado –que nos acompañaría hasta el final- marcaban un buen ritmo para empezar.

Entrantes

Almejas en salsa verde
Ostras en conserva ahumadas*
Anchoas del Cantábrico con pan tumaca
Ensalada del peregrino*
Butifarra con trigueros, endivias, cebolleta y tomate

Todos los platos sin pega alguna, sencillos, sin extravagancias, con productos de primera calidad que están buenos por sí solos sin adornos ni condimentos. Me gustaron mucho las ostras –que guardan una curiosidad que ahora os comentaré- y el queso de la ensalada “una torta (80% de leche de cabra-20% de oveja) tostada y caramelizada, de suave sabor y densa untuosidad”.

Las ostras: fue elección de Sacha, él mismo nos las trajo y las dejó en el centro de la mesa, con su propia lata y todo. Dijo “aquí os dejo unas ostras que hace un conocido para que las probéis”. Nos contó que el creador de estas ostras las registró hace mucho con el nombre de “Ostras del Tío Obama”, curiosa coincidencia en estos tiempos, jejeje… creo que éstas pueden hacerse famosas con un apellido tan de moda. Pero aparte de esto, tengo que decir que me maravillaron: textura de hígado de rape –como paté- y sabor concentrado con cierto toque ahumado. Exquisitas.

Las rayas las reinas de la mesa

A excepción de uno de nosotros, todos pedimos raya, unos a la manteca negra y, otros, templada. Al parecer es uno de los platos estrella de la casa y lo afirmo “es una muy buena elección”. Yo, aunque probé las dos, elegí la raya templada. Ambas bien presentadas, pero con un aspecto bien distinto.

Raya templada a la vinagreta con aguacates, cebolleta y tomate

En su punto de cocción, suave, blanca y delicada estaban dos piezas de raya sobre el colorido conjunto en “brunoise” de aguacates, tomates y cebolla. Buena receta para este pescado, no le hacía falta nada más, muy rica.

Raya a la manteca negra (mantequilla, alcaparras y un toque de estragón)

De sabor más pronunciado que la anterior, esta receta de origen francés es un bocado de los que se recuerdan y Sacha la borda, consiguiendo un punto ahumado que es de agradecer.

Nunca había probado la raya como plato único, siempre la comí en guisos o sopas de marisco, y creo que repetiré. La verdad es que es un pescado olvidado en nuestra gastronomía y que deberíamos retomar con fuerza, además es uno de los pescados menos grasos de la mar -1 gr. de grasa por 100 de este pescado-. Su carne es blanca, fina y muy ligera. Un aplauso para Sacha que apuesta por “la raya” y nos lo brinda con dos versiones deliciosas.

De postre tarta de manzana templada. Qué decir, otra obra culinaria. Por lo visto, las filloas estñan tremendas.

En cuanto al servicio, correcto, aunque no excelente, una atención distante.

Restaurante Sacha
Dirección: Juan Hurtado de Mendoza, 11
Tel. 91 345 59 52
Precio medio: 50-60 €
Parking: sí (aparcacoches)
Horario: De 13 a 16 y de 21 a 23.45 h.
(Cerrado Domingos y Festivos)
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Café & Restaurante El Olvido

Buena parada para tapear y disfrutar en un cálido ambiente

Hace tiempo que mi amiga Dolly – una chica encantadora, de Uruguay, y que estudió Restauración conmigo- me había hablado de El Olvido (C/ Juan Hurtado De Mendoza, 13). La semana pasada me llamó para tomar unas cervecitas y estaba claro el destino.

Lo primero que llamó mi atención fue la decoración, pues por su luz tenue y tonos naranjas invitan a sentarse y disfrutar de un ambiente tan cálido y acogedor. En verano tienen una amplia terraza, pero estaba a rebosar, así que pasamos directamente al interior. No teníamos reserva, pero encontramos mesa sin tener que esperar. Dolly y su hermana – a la que acababa de conocer- eran clientas habituales del restaurante, conocían a los camareros, la carta… por lo que cuando nos tomaron la comanda, Dolly dictó “ensalada de espinacas, aguacates y gambas rebozadas con vinagreta de mostaza, Carpaccio de solomillo con mostaza a la antigua y láminas de Parmesano y huevos rotos con patata y picadillo de Ibérico”. Y yo dije “pero… Dolly ni ojeé la carta, jejeje”; a lo que me respondió “chica, esto te va a gustar, ya probé todo”. Bueno, bueno.

Para beber todas coincidimos en tomar un vino blanco bien fresquito; nos pusieron un blanco semidulce –de los que me gustan-, pero no sé deciros qué vino era (lo tomamos por copas), sólo que muy parecido al Bach Chardonnay del Penedés.

Un picoteo variado y acertado

Ensalada de espinacas, aguacate y gambas rebozadas con vinagreta de mostaza

Buena combinación, escaso aguacate y, a mi parecer, falta de vinagreta. Pero estaba aceptable, aunque no increíble.

Carpaccio de solomillo con mostaza a la antigua y láminas de Parmesano

En su punto, se deshacía en la boca, y la mostaza de Dijón junto con el parmesano hacían de este plato un bocado exquisito

Huevos rotos con patatas y picadillo de Ibérico

Era lo que menos me apetecía tomar –por el calor- pero tengo que decir que fue lo que más me gustó. Estaba realmente bueno, el picadillo era adobo de cerdo con un aliño “similar al mojo canario”. ¡¡Os los recomiendo!!

Además te ponen un pan “mini bollos” calentitos que se come solo, jeje…De postre tomamos –para compartir- tarta de chocolate y coulis de frutos rojos; cuando quise hacerle la foto alguien ya le había metido mano, así que sin foto me quedé. Muy rica, pero si la pedís mejor para compartir; es puro chocolate, de sabor intenso y muy contundente. Para brindar por el encuentro nos pedimos unos licores –Dolly y su hermana, de hierbas; yo, como siempre, Limoncello-.

Sinceramente, volveré. Es un sitio agradable, con buen servicio, donde puedes charlar tranquilamente, comer bien y sin que sufran los bolsillos. Pagamos 37 euros entre las tres -12 € por cabeza- por 3 raciones, bebida -2 copas de vino cada una-, postre y licores. Lugar recomendable para tapear con los amigos, cenar o tomar un café.

Restaurante El Olvido
Juan Hurtado de Mendoza, 13.
Teléfono: 91 703 00 56. No cierra.
Precio medio Tapas: de 2 a 5 euros
Precio medio Restaurantes: De 20 a 25 euros
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Auténtica hamburguesa neoyorkina

El “bocadillo” más polémico y consumido: la hamburguesa

Las palabras de hoy vestirán con una buena crítica a New York Burguer, restaurante que visité el pasado domingo y al que volveré en más de una ocasión. Pero no quiero empezar a comentaros mi experiencia culinaria, sin antes anotar una pequeña reflexión sobre las tantas veces compañero de la hamburguesa: el apelativo “comida basura”.

>> Hamburguesa de hongos. Si queréis ver la receta hacer click en la imagen

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La Broche

Excelente puesta en escena: “el lujo de un buen servicio”

Ángel Palacios y Jesús Cobo recrean cada día una obra donde el comensal es el principal protagonista

El pasado jueves tuve el placer de ir al prestigioso restaurante La Broche (C/ Miguel Ángel, 29. Tel. 91 399 34 37. Madrid). Desde que llegué a Madrid, visitar este restaurante era uno de mis sueños, ya que Sergi Arola (director de la obra durante toda una década) era uno de mis cocineros favoritos. El tiempo pasa, todo se renueva y La Broche también ha evolucionado. Mis sentidos estaban entusiasmados, inquietos y maravillados por descubrir las sensaciones que esta renovada obra ofrecía.

Eran las 21.20 h. cuando Carmen y yo nos adentrábamos en el restaurante. La elegancia y luminosidad nos dejó perplejas; el sol ya se había puesto, había caído la noche, pero el escenario irradiaba luz por doquier, el blanco estaba presente en todas partes. Nos recibió Jesús Cobo, maestro de la sala, y nos acomodó en nuestros asientos; una mesa al fondo y frente a la ventana, buena elección. Antes de abrirse el telón pasamos a saludar a Ángel Palacios, chef del restaurante, sencillo, amable, encantador. Le dijimos que nos fiábamos de él, que nos preparara un menú, pero nos aconsejó que viésemos la carta por si había algo que no quisiéramos dejar de probar.

Regresamos a la mesa y nos dejamos llevar. Mientras leíamos la carta todo se ponía a punto, nos presentaron las sales y un exquisito aceite de Toledo, los aperitivos –canutillos de cerdo adobado, esponja verde de queso, crujiente de pistacho y chips de tortilla-, sin olvidarnos de la selección de panes que ponen a tu disposición. Pasados unos minutos, Jesús nos tomó la comanda: “lo que nos ponga Ángel”, dijimos, incluyendo el taquito de atún que nos recomendó Jesús. Y en función del menú la bebida, nos hicieron un perfecto maridaje; cava de cosecha familiar para comenzar.



Enseguida empezamos con los entrantes, “efecto sorpresa” como si de un huevo kinder se tratara. Iniciamos el menú con un carpaccio de atún con sorbete de pepino; curiosa combinación y confusa para mí “el intenso sabor a pepino quitaba demasiado protagonismo al carpaccio”. A continuación, habitas verdes en texturas “exquisita presentación, increíble textura, sabor con falta de gracia”. Cerramos los entrantes con una escalibada -podíamos decir que “desconstruída”- donde predominaba la suavidad de los flanes en diversas formas y colores, de berenjena, pimiento y el toque de bolitas de nieve “tapioca” con sabor a cebolla.

Pasamos al primer acto y comenzamos con un gazpacho de fresas y langostinos; elegante plato, un tanto aburrido, que debía haber estado más frío. Hasta aquí la introducción y un aplauso al equipo.



Vista, oído, tacto, gusto y olfato estaban ya entrenados cuando dábamos paso al segundo acto “el taquito de atún nos saludó”; elegimos bien, estaba en su punto, jugoso, sabroso y la guarnición de hortalizas la hacían buena compañía, además, el jugo de atún potenciaba aún más su sabor. En el tercer acto hizo la reverencia el “Foie con remolacha en texturas”; perfectamente cocinado estaba este hígado de pato, pero un toque de flor de sal no le hubiera venido nada mal. Os aconsejo que probéis el Foie con reducción de oporto o Pedro Ximénex, glorioso bocado. Sabor que suplió el estupendo vino que nos sirvieron, un blanco dulce de uva pasa.



El tercer acto estaba reservado para el dulce. En este caso con marcado sabor a chocolate, puesto que se componía de una combinación de cacao: variantes texturas, sabores y colores de este placentero producto. Buena presentación: esfera de manteca de cobertura sobre migas de bizcocho de chocolate, que nos sorprendía con un interior de crema de trufa. Un postre para los amantes del chocolate.

Contentas, comentando la obra y con la panza llena estábamos las dos espectadoras, cuando entraron los “petit fours” y a todo dar: nos presentaron un carrito lleno de tentaciones dulces y nos dieron a elegir Probamos peta zetas de chocolate, trufas de jengibre –las más ricas- y choco kikos. Ahora sí, un aplauso por favor.

Y así fue mi experiencia en La Broche, una combinación de elementos bien dirigida, donde instrumentos, iluminación, sonido, personajes, diálogo y contenido recrean una experiencia única para sentarse, acomodarse y disfrutar de tan satisfactorio espectáculo.

¡Gracias Carmen por brindarme esta oportunidad y disfrutar de tu compañía!

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VA DE MOJITOS

MOJITOS CON UN TOQUE DIFERENTE, NUEVAS SENSACIONES

Los descubrí ya hace años y desde entonces soy fiel seguidora de este combinado, siempre estoy dispuesta a tomarme un mojito. Ahora bien, me acostumbré mal, mi primer mojito lo tomé en casa, preparado por Mario (del cual aprendí) y estaba realmente bueno. No era el mojito clásico, sino que llevaba ron miel y azúcar moreno, el resto de ingredientes los básicos de siempre “hierbabuena, lima, limón, hielo pilé y soda”. He de decir que mis cenas en casa suelen acabar con uno de éstos, buena opción para cargar las pilas y salir de fiesta.

Y como soy de mojitos, pues he catado ya unos cuántos, algunos mejor que otros –inclinándome siempre por los elaborados con ron de caña-. En Madrid hay multitud de sitios para tomarse un mojito u otros cócteles, desde coctelerías glamourosas, bares sofisticados, pubs y garitos varios… hasta restaurantes con encanto o de nuevo concepto. Eso sí, también varia la oferta de precios, desde 5 € hasta 15 € por un combinado. Todo depende del lugar dónde te encuentres, el ambiente, tipo de clientes… En mi opinión, 7 € es un buen precio para disfrutar de esta bebida en la capital madrileña, y más aún en los tiempos que corren.

Dónde probarlos y disfrutarlos

Bar & Cafetería Charlotte Madrid (Ríos Rosas, 28) Ambiente tranquilo y acogedor, buena música y amplia carta de cócteles. El mojito de frutos rojos es una buena opción, conserva el frescor y carisma del clásico, pero se llena de color y sabor; más tropical y sensual. Aceptable.

Restaurante Tempo Club (C/ del Duque de Osuna, 8) Parada única, sitio peculiar: dos plantas y dos ambientes dispares, arriba la cafetería –un lugar tranquilo, cómodo, acogedor y con buena música-. Abajo se encuentra el pub con pista de baile, luz tenue y música en vivo; conciertos de Acid Jazz, Funk, Soul R&B, Jazz Latino… Los mojitos aquí son “cubanos” –se le añaden unas gotitas de angostura- muy aceptables y bien presentados; puedes disfrutar de este rico coctel sentada en cómodos sillones en la cafetería o disfrutando de un ambiente más distendido en la zona pub. Muy recomendable.

Sushiwakka (C/ Infanta Mercedes, 62)

Restaurante recién inaugurado en la capital con una oferta muy atractiva y singular, una experiencia única. La diversión está asegurada; disfrutar de un rico coctel y adentrarte en la gastronomía japonesa, gracias a la cadena mecánica de la barra donde circulan platos de sushi (2,90 y 4,90 € en función de la forma y color de los platos). La carta de cócteles (con más de 50 referencias) cuenta con atrevidas creaciones donde el sake cobra protagonismo. Además, el barman puede elaborarte un coctel según tus preferencias y gustos.. Hay variedad de mojitos; tradicional, de frutos rojos, de caramelo… Esencia de mojito y nuevas sensaciones gustativas y aromáticas. Muy recomendable.

Delic Madrid (C/ Costanilla de San Andrés, 14)

En pleno corazón del castizo barrio de La Latina, en la plaza de la paja, se encuentra este pequeño bar “el Delic”. Cuenta con una amplia carta de bebidas, pero el mojito es el AS de copas, auténtico, refrescante y con personalidad propia –con los ingredientes de siempre, pero con “un algo” diferente-. Recomendable.





El mojito más barato y diferente “sin salir de casa”

El cóctel más conocido internacionalmente es también uno de los más sencillos de elaborar; no tiene secretos y, sin embargo, todos son diferentes, cada barman le da su toque, su estilo. Y, por eso mismo, os animo a que los hagáis en casa, la receta es muy simple: en vaso, añadir jugo de lima o limón, 1 rodaja de lima, hierbabuena, azúcar y machacar éstos; cubrir con hielo, 2/3 de ron y finalmente añadir soda o agua con gas. Como dije al principio, el ron miel le aporta un sabor más suave y dulce, muy rico, pero es para tomarte uno, varios empalagan; más refrescantes y ligeros son los mojitos con ron blanco, pero eso ya es a gusto del consumidor. Si tenéis invitados a cenar o queréis sorprender a vuestros amigos, el mojito es una apuesta segura, lo digo por experiencia, así que manos a la obra.

Salon

Restaurante El Secreto

“Un secreto por descubrir”

¡Qué bueno seguir la pista a “los cucharetes”! Siempre es una buena elección pasarse por su blog para disfrutar de una buena comida. Y en los tiempos que corren, donde todos miramos más por nuestro bolsillo, las rebajas también llegan a la mesa; desde el 22 de enero hasta el 22 de febrero el Restaurante El Secreto (C/ Ramos Carrión, 6) bajaba los precios hasta un 40%, eso sí, si vas de parte de Cucharete www.cucharete.com. No dudé ni un instante, no me lo quería perder, así que hice la reserva para el viernes 20 de febrero.

¡Y ahora amplian las rebajas hasta 31 de marzo!

No es tarea fácil encontrarlo, en el tranquilo barrio de Prosperidad tras el Parque del Banco, localizamos la calle Ramos Carrión, pero lo curioso es que El Secreto aparece indicado en un cartelillo, lo sigues y ahí, en un pequeño callejón te topas con el Restaurante. Claro que nosotros llegamos estupendamente gracias a nuestro guía “el GPS”, qué gran invento. Y ahí estaba la huella de cucharete “carteles de Rebajas inundaban las ventanas del establecimiento. Entramos y, tras un grato recibimiento, nos acomodaron en una zona muy acogedora; en una mesita a la izquierda en la esquina del fondo. En principio íbamos a ser cuatro, pero nuestros acompañantes no pudieron venir, así que cenamos Mario y yo. Tras confirmar al Maître que sólo seríamos dos, nos trajeron la carta – mientras esperábamos, Mario se tomo una cerveza y nos pusieron unas ricas aceitunas-.

Pinceladas sensoriales

La primera impresión al observar el interior de este escondite es que estamos en un sitio amplio (capacidad para 85 comensales), con buena organización de la mesas, separadas lo suficiente como para disfrutar de una relajada velada. La decoración es sobria, a la vez que peculiar, rayas negras y blancas marcan el ritmo de las paredes que se llenan de calidez con los tonos rojizos de las lámparas que elegantemente saltan del techo. Un estilo propio con aires cubistas. La iluminación es tenue y cálida (por los faroles rojos y las velas que se muestran en cada mesa).

En cuanto a la oferta gastronómica, estamos ante un restaurante de cocina tradicional creativa, con una carta equilibrada que cuenta con atractivos platos. Diversidad en las entradas, croquetas de boletus, Anchoas de Santoña, Carpaccio de Buey con rúcula y parmesano, son algunas de las propuestas. Originales ensaladas, como la de calamarcitos, jamón de pato y langostinos al balsámico o la de perdiz escabechada con queso de cabra. Más escuetos en los pescados, podemos degustar merluza, corvina a la brasa, chipirones a la parrilla, o el ragut de rape. Honor se llevan las carnes, una gran selección con la mejor guarnición, lechona confitada con puré de manzana, secreto ibérico con salsa de higo y frutos rojos, carrilleras glaseadas al vino tinto, son algunos de los ejemplos. Y acertados y suculentos postres, desde el secreto de chocolate y helado de naranja sanguina hasta la pasta filo de manzana con helado de Baileys. También destacar la carta de vinos, tienen referencias nacionales y europeas con precios para todos los bolsillo.

Nosotros configuramos el siguiente menú:

Ensalada de jamón de pato, calamarcitos y langostinos al balsámico Vieiras albardadas con jamón de bellota y salmorejo Merluza rellena de gambas Lechona confitada con puré de reinetas, escarola y chip de ajo Pasta filo de manzana al aroma de almendra y helado de Baileys

Mientras esperábamos a la degustación del menú, fuimos catando el vino, CYAN 2003, no conocíamos este caldo y nos encantó. Tinto monovarietal 100% tinta de toro envejecimiento en barricas de roble americano y francés durante 14 meses, un bonito color negro picota y equilibrado en boca con retrogusto a balsámico. Qué suerte tuvimos, una comida con un buen vino siempre sabe mejor, y a un buen precio, 14 € la botella (se comercializa a 10 €, así que el precio en carta es un regalo). Se me olvidó decir que como aperitivo nos pusieron unos cubitos de tortilla de patata. Y llegó el momento de empezar a disfrutar. Para compartir, empezamos con las vieiras, perfecta combinación de sabores y elegante presentación; las vieiras estaban buenísimas, en su punto, el salmorejo suave y sabroso. Seguimos con la ensalada de calamarcitos que se queda a la sombra tras las vieiras, estaba buena pero los calamares y langostinos se perdían entre las hojas de escarola y lechuga.





Llegamos al plato principal, Mario tomó la merluza, y hay que decir que es un plato susceptible de mejora, presentación aburrida, tan sólo un pimiento del piquillo ponía color al plato, de sabor estaba sosa “cosa que podíamos haber arreglado si hubiéramos pedido un salero”, pese a ello, la merluza era de calidad y estaba jugosa. Por mi parte, yo pedí lal y me gustó mucho; crujiente, jugosa y sabrosa. El puré de manzanas exquisito.

Para terminar coronamos la cena con la pasta filo de manzana; delicioso postre, mezcla de texturas “el crujiente de la pasta filo, la jugosidad de la reineta interior y la frescura y sabor del helado de Baileys”, muy recomendable. Nos salió por 87, 50 €, me parece un precio razonable, eso sí, si no hubiera sido por las rebajas de cucharete quizás lo hubiera visto un poco caro. Han mantenido la calidad a precios más económicos y eso es de agradecer. Pero tras lo mencionado destacar la atención en sala, es de esos sitios donde a uno lo atienden en el momento preciso, están pendientes de las necesidades de la mesa con una atención muy correcta.

Al finalizar la comida pudimos conversar con Nacho, propietario y maître del restaurante, sobre las posibles mejoras de los platos, sus recomendaciones de la carta (siempre es mejor dejarse asesorar para una elección acertada), y demás ideas culinarias, coincidiendo en lo acertado del servicio, “la sala y la cocina deben estar compenetradas, es mitad y mitad” para el éxito del restaurante mencionó Nacho. Es cierto que aunque a uno le agraden más o menos los platos, cuando a uno le atienden bien, pagamos a gusto.

Ah, nos convidaron a un chupito de piruleta, lo hacen ellos mismos y está buenísimo, es como si estuvieras comiéndote una piruleta de corazones. Sin duda, algo que no debéis dejar de probar cuando visitéis este restaurante.

Información básica: C/ Ramos Carrión 6 Telf. 91 413 71 55 Horario: Abierto todo el año excepto festivos y agosto de 13.30 a 16.00 y de 21.00 a 24.00 horas. 2 horas Parking gratuito concertado con el Hotel Confortel -a 150 metros del restaurante- en la C/ López de Hoyos, 143. http://www.elsecretodegea.com