Serendipia ¿Azar de la vida o juego provocado?

Lentitud, rapidez… Dos  palabras antagónicas y compenetradas que forman parte de las reglas del juego más preciado y donde todos participamos: El Tiempo.

Desde mi regreso de los Andes, el tiempo se ha esfumado, parece increíble que ya haya pasado esta aventura chilena… El tic tac para la Navidad ya empieza a sonar. Cuando llegan los viernes sonrío, me contento, pero no solo porque llega el finde (ocio, relax o lo que a una se le antoje) sino por ser afortunada de estar ocupada en algo con lo que disfruto, de poder gozar del tiempo con todas mis capacidades, de disfrutarlo. Estas dos mismas semanas (un kit kat para mí) pueden ser un horror a ritmo de caracol para muchas otras personas o, para nosotros mismos, cuando no estamos (o estemos) bien. Este finde me limité a no hacer planes, el tiempo se alarga y echo de menos el frenesí de las burbujillas del trajín habitual; consciente de que mal no me sentará, jajaja…

El caso es que, obviando la gastronomía por hoy, me doy licencia para reflexionar, para agradecer  sobre otras cuestiones del tiempo. Aquí la Serendipia puede tener algo que ver, sí, pero también: la aptitud-actitud y las personas que se cruzan “a tiempo”.

Por un lado, la aptitud y la actitud tendrán mucho que decir ante el tiempo que invertimos en las cosas. Alguien con habilidad y capacidad en algo, evidentemente, hará la labor en menos tiempo; la actitud hará que, aunque más lento, la tarea dé sus frutos. Es decir, la subjetividad del tiempo es infinita y, en muchas ocasiones, somos nosotros el grosor de su medida. Justo el viernes me cabreé un poco conmigo misma… Estaba muy concentrada en una tarea que tenía que enviar  y me pidieron dos minutos para contarme algo; dije “ahora no puedo, estoy en algo urgente, luego te busco”. Acto seguido me dije a mí misma “Raquel, realmente, ¿No podías parar y charlar un poco con esa persona? Me fui así para casa, pensando en que, la próxima vez, sí pararé.

Por otro, las personas, esas que van y vienen; con algunas la conexión es memorable.

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TICKETS BAR, experiencia vital y recíproca

Intriga, Euforia, Placer… ACCIÓN 
Estas sensaciones son sólo parte de
lo que una siente cuando pasa una noche en Tickets Bar, algo que se convierte
en “un cóctel de sensaciones” que te pega un buen subidón.
Tickets Bar abrió sus puertas
hace aproximadamente dos años de la mano de Albert y Ferrán Adriá, junto a los
hermanos Iglesias, propietarios del Restaurante Rías de Galicia. Un nuevo
proyecto gastronómico donde estos Grandes de la Cocina y la Sala, nos muestran
su visión de la vida “bocado a bocado”, y, como ellos mismos dicen, “La vida
tapa es una forma de entender la vida”.
Es admirable, ya que, realmente, han
conseguido llevar esta filosofía a la mesa, donde los comensales
“protagonistas” de un gran estreno, se adentran en su papel,  sumergidos en el ambiente, e interactúan con
el equipo del Tickets, creándose una puesta de escena donde la complicidad y el
“Buen rollo” se siente y se disfruta. 
Hacia el teatro…
La emoción es el primer
ingrediente que aparece cuando una sabe que tiene entrada para el tickets y
ésta te acompaña hasta el día en que el telón se abre. Altas expectativas,
ilusión y muchas ganas inundan a los comensales que se disponen a jugar esta
partida. La emoción va en aumento, cuando te sientas en la mesa y ves que las
fichas y el tablero están dispuestos. Y ahora ¿quién tira primero?  Pues, para nosotras, Guillermo fue quien puso
las cartas sobre la mesa y quien nos acompañó durante toda la velada. Ante las
diversas opciones “apetitosas todas” decidimos dejarnos llevar por nuestro
moderador, así que, damos paso al siguiente ingrediente, “la sorpresa”; ésta
estuvo reflejada en nuestros rostros hasta el final de la obra. Sin más, veamos que nos
contaron nuestros compinches, las “TAPAS”:
Tostas de anchoa  y tomate “natural y sabrosa, calidad servida”,
seguido de las esferas de olivas, en su variedad gordal y verdial, explosión
delicada y muy aromática. 
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Tempura de alga codium; este
chanquete vegetal de mar, pues su aspecto es muy similar a los chanquetitos, te
trasporta al mar, con su sabor y el crujiente, nos encandiló. Miniherbal; espuma de queso
manchego con aceite de tomillo limonero. Yo las llamé “pastillitas de jabón de
la Mancha”, por su forma, jeje…

Ensalada de naranja con jugo de
oliva
gordal con ras el hanout (mezcla de especies marroquí); frescura inevitable, original y conquistadora. Los Molletes de mozzarella, provolone
y trufa negra;
su aspecto recuerda a las arepas venezolanas, pero,  el bocado es como si mordieras el aire, sabrosa
esponjosidad.

Cornetos de tartar de ventresca; alga nori, daditos de manzana y huevas de pez volador con su justo toque picante. Sin
duda, uno de mis preferidos.
Canelón de aguacate con buey de
mar,
perifollo, yogurt y romescu. Por lo visto, es un gran Don Juan, a todas
enamora, jeje… A mí, me gustó mucho su presentación, pero, no logró enamorarme.
Ostras con jugo de pollo y trufa
negra
con esferificación de alga wakame y toque ahumado; son bellas al natural,
frescura del mar con su toquecito de limón, pero resultan extraordinarias y
sublimes en esta increíble combinación. Jugoso y sabroso placer.
Guisantes del Maresme en
papillote
con su morcilla, su jamón y su tocino en su jugo con menta, que le
retiran in situ, para que no amargue. Tersos, verdes, sabrosos… vamos que son como
las pipas, un vicio. 

Sepionets a la brasa, con sésamo
blanco, cristal de soja y vinagreta de tinta. Qué decir, una delicia de la mar. Corvina empanada con mojo rojo;
un contraste perfecto entre el exterior crujiente y la suavidad del interior,
que nos dejaron con otra gran sonrisa. A ésta, le siguieron unas patatas con
jamón ibérico al pimentón
. Y, como colofón, antes de los platillos dulces, un
taco de cochinillo, que resultó un guiño con mucho jugo (sensacional).

 
Para anunciar los postres, entró
en escena, el ravioli de queso payoyo con mermelada de limón. Una delicada
esfera que te permite disfrutar de todo el sabor de este queso gaditano, de una
forma ligera y muy aromática. Y, así, fueron llegando el buñuelo de chocolate
frio-caliente
(curioso, pero no brillante) y el cupcake de helado de queso
sobre papel de grosellas
(me recordó a la tarta cheesecake). 
Finalmente, el telón se cerró con
un chupito de pacharán de la casa con el que nos convidaron; claro, cómo no, no
podía tratarse del licor convencional, sino de una combinación de grosellas y
endrinas con anís, que puso fin a esta mágica noche, dejando un entusiasmado “hasta
pronto” en nuestras miradas y en nuestras mentes. 
Sinopsis: una cena en Tickets Bar
resulta una experiencia que no se puede describir, hay que vivirla en directo,
para meterse en el papel. El ambiente circense, la música variopinta –mix de
todas las épocas y momentos-, la puesta en escena, la esencia y la calidad,
recrean un espectáculo único y, a la vez, versátil, pues, cada día, los
comensales juegan su particular función. Sin olvidar, el show cooking
permanente que ofrecen los cocineros, elaborando los platos vista al cliente.
Decir, a modo informativo, que el
precio del menú degustación son 75 € y consta de 20 tapitas; nosotras optamos
por ajustar un poco el precio y disfrutamos de un menú de 15 platillos por 54 €,
acompañados de un par de cervezas cada una. Realmente, es un lujo a un
excelente precio y, he de decir, que salí bastante satisfecha, sin gotita de
hambre. 
Agradecimientos: sinceramente,
dar la enhorabuena al magnífico equipo del Tickets, que hace posible
que experiencias vitales como ésta se convierten en grandes recuerdos. Y, en
especial, a Guillermo, que nos contó la tapa en todo momento, con alegría y de
una forma muy cercana, con una energía positiva que nos contagió. Cómo
no, agradecer a Xavier Alba, director de Tickets, su atención y acogida. Nos fuimos
encantadas no, encantadísimas.

Asimismo, dar las gracias a mis acompañantes, pues, sin ellas, no hubiera movido ni tan sólo una ficha: Cris, Giulia, Ivana (de quien tomé prestadas algunas fotos) y Lila. Faltó Margot Serrano, ya que, en esta ocasión, no pudo estar y a quién eché de menos, pero espero que nos podamos reunir nuevamente. Podeís ver más sobre esta experiencia desde Comer con Lila y/o My little Things. Y, si queréis conocer más platillos con detalle, os aconsejo pasar por Cocina Creativa, un blog que acabo de conocer y que me ha encantado.

Continuará… 😉

Pimientos Rellenos desde otra Perspectiva

Bacalao en verde Espinaca y Ratatouille de gambas con Pasta de piquillos


Me encanta cocinar, improvisando recetas a través de
divertidas y, a veces, atrevidas combinaciones. Aunque, como bien sabéis, no suelo
publicar mis recetas, pues, hasta ahora, os he ido contando mis experiencias
gastronómicas en restaurantes, eventos o viajes.

 Hoy quiero hacer una excepción y dedicársela a Margot deCosas de la Vida, sintiéndome afortunada por conocer a esta fabulosa artista de
la cocina, la vida y el buen gusto.  Así que, sin más, aquí os dejo mi invención:

Ingredientes (4 personas)
Para el Bacalao:
½ kg de lomo de bacalao desalado
150 gr. de espinacas
½ cebolla
1 diente de ajo
150 ml de aceite de oliva 0´4
1 huevo
Sal, pimienta
Una cucharada de jugo de limón
150 gr. de gambas peladas marinadas (salsa de soja, vinagre
de Módena, pimentón de la Vera y aceite de oliva)
2 cucharadas soperas de tomate frito o natural
Para la pasta:
150 gr de pimientos del piquillo asados
250 gr de espaguetis –preferiblemente, pasta fresca-
Aceite de oliva y sal
Elaboración: 
  1. Primero, cortar en trozos de 2 cm el bacalao y
    marcarlo en la sartén con un poco de aceite de oliva. Colocar en una fuente de
    horno y reservar. Rehogar la cebolla en brunoise y añadir las
    espinacas. Cocinar 10 minutos y salpimentar. 
  2. Emulsión de espinacas: realizar una mahonesa con
    ajo, incorporando en el vaso de la túrmix, 1 huevo, unas gotitas de limón, sal,
    ajo sin el germen y el aceite. Emulsionar sin mover el brazo hasta que empiece
    a estar consistente. Añadir las espinacas y triturar.  Napar el bacalo con esta salsa y cocinar en el
    horno durante 8 min. a 180º.
  3. Ratatouille de gambas: trocear las gambas y
    poner en un bol junto a una cucharada sopera de soja, una cucharada pequeña de
    vinagre de Módena, un poco de pimienta , un poquito de pimentón de la Vera, una
    cucharada de tomate frito y un chorrito de aceite de oliva. En una sartén,
    cocinar las gambas marinadas y reservar para añadir al bacalao una vez esté
    listo.  
  4.  Pasta al Piquillo: cocer la pasta al dente y
    reservar. Triturar los pimientos con un poco de aceite de oliva y sal a gusto;
    colocar en una cacerola, añadir la pasta y cocinar a fuego lento durante un par
    de minutos.
Presentación y esencia:
os aconsejo colocar la pasta de piquillos en forma de nido en el centro del
plato y, a un lado, el bacalao con la ratatouille de gambas por encima.  En cuanto a la esencia, deciros que ideé esta
receta pensando en los pimientos piquillos rellenos de bacalao y gambas –soy fan
de ellos desde que tengo memoria culinaria, jeje…-. Así que, quise versionarlos
un poquito, en forma, textura y colorido, presentando esta combinación que, al
final, consigue “en boca” recordar a estos tradicionales pimientos. 
Base de la receta: he
ideado este plato con el fin de participar en el concurso de recetas sanas de
Margot Serrano
de Cosas de la Vida, con la colaboración de Nutrim, CookandWorld Health y Hoy del Día.Deciros que es un plato ligero y
fácil, aunque pueda parecer complejo en la elaboración. Así que, os animo a
hacerlo y, también, por qué no, a que participéis en el
concurso. Podéis informaros aquí.
Por último dar las gracias a Mireia Anglada y a Margot, por organizar y divulgar esta forma sana y creativa de cocinar.   

Un saludo saludable y sabroso. ¡Bon appetit!