El TIEMPO, la sazón justa e inevitable

En el momento que tomas conciencia de que la vida es un libro abierto, con sus más y sus menos, con la incertidumbre de que tal vez “esa página siguiente” no llegue, el respirar se torna de vitalidad, impregnando los días.

El tiempo vuela, es algo que ya sabemos y es ley de vida que la madurez llega cuando tiene que llegar. Tengo 34 años, algunas batallas ganadas, otras perdidas, pero, lo que sí es cierto es que ahora me conozco mucho más a mí misma. Viajar, sentirse sola pero saber que nunca estás sola, tener traspiés… Todo es aprendizaje y para compartir lo mejor de ti, primero hay que saber compartirlo con uno mismo. No son las ciudades, no son las personas, son las percepciones que te llegan incitadas de cómo tú sientes y padeces, son los ojos con los que miras.

No te voy a contar mi vida, aunque, si me lees, poco a poco, vas sabiendo algo de mí… Es cierto que soy algo transparente por no decir demasiado –esto tiene su parte buena y su parte jodida también, jaja-.

Esta semana, estuve trabajando en Galicia; en los viajes, tengo ratos “muertos” en los que reflexiono. De ahí, toda esta parafernalia, porque me sentí feliz al ver que disfruto de la improvisación, de cada instante, gracias a todo lo que a goteo te he contado. Ahora sí, viene el apéndice gastronómico: 3 días y 2 noches en Galicia.  

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