A contraluz, historias en taza o cuenco

Domingo, no entran rayos de luz, el atardecer se avecina; el frío, en parte, perfiló mi fin de semana y, satisfecha, lo cierro con un café y una milhoja de dulce de leche y almendras. Hacía un día espléndido, decidí aislarme en la tarde y pasear sin rumbo en la mañana.

Llegó Febrero y quiero que más cafés pendientes se den. En estos tiempos, todos corremos, vamos acelerados, el día a día nos aisla, en muchas ocasiones, de nosotros mismos, de ratos amenos con amigos o incluso llamadas de larga conversación. El whatsapp, un mensaje, no es la solución, eso es lo fácil.

Caramba Raquel ¿Qué haces? ¿Estás rallada? Quizás estés pensando eso, jajaja… Estaba reflexionando en alto, pensando en las últimas experiencias, entre cafés, pizzas surrealistas y ramen de rebote. Dicho esto, comienzo mi narrativa dominguera.

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Madrid, Ciudad Abanico, todo y MÁS

Quién se aburre es definitivamente porque quiere, y ojo, que no tienes que vivir en una gran ciudad para ello. Eso sí, si vives en una ciudad como Madrid, las oportunidades están en plena efervescencia, cada minuto, cada segundo… siempre está pasando algo en algún rincón de la capital.

Hace algunos años no quería perder evento que llegara a mi buzón, ahora, dosifico, selecciono; bien es sabido que todo en exceso satura ¿No? En ocasiones, es inevitable «se te juntan mil cosas y tienes que ir», entonces, mi consejo es que trates de tener “una rutina saludable”; de vez en cuando, bienvenida sea la resaca si la causa fue una píldora de sonrisas y bailoteo.

Dicho esto ¿Me has echado de menos? Seguramente, como todo el mundo está de vacaciones, habrás pensado que yo también lo esté, pero no, aún toca esperar un poco para estar debajo de la sombrilla jaja… Los excesos tequileños del pasado fin de semana, rompieron la rutina dominguera del tecleo; además, Sinestesia, escribe cuando siente ganas de ello, si se ve forzada o sin inspiración, prefiere esperar.

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