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“COCINA PARA UNO”: reflexiones constructivas

Si vives solo o frecuentemente tienes que cocinar solo para ti, este post te vendrá de rechupete 🙂

Hoy en día y desde hace ya bastante tiempo, el tupper es el gran aliado de quienes hacen el almuerzo en la oficina; en nuestro país, lo es de la gran mayoría. Comer en casa a diario es un lujo minoritario, sobre todo en las grandes ciudades, así que, siéntase afortunado quien pueda disfrutar de este hábito en su rutina. He de decir que en Extremadura es lo habitual, pues en 10 minutos estás en casa, te da tiempo a comer, tener una mini siesta y volver a la oficina si es que tienes jornada partida. Es una de las cosas por las que vivir en Badajoz mola; una ciudad pequeña que no deja de crecer, cada vez con más oferta turística/gastronómica, buena gente y buena mesa.
Bueno, te toque comer en casa o en la oficina, si vives solo/a entenderás el mensaje a la primera. Aspectos que alimentan la cocina para uno:
  • Cocina rápida en casa o take away
  • Poca dedicación
  • Comida elaborada o preelaborada
  • Aburrida
  • Falta de motivación y atención
Todos estos aspectos pueden derivar en una dieta poco saludable; son más que lógicos, pues comer en familia es uno de las mejores prácticas para una alimentación adecuada. Pero, las circunstancias son las que son y hay que adaptarse al estilo de vida, como nos adaptamos a todo al fin y al cabo. Mi objetivo de hoy es dejarte mis reflexiones sobre el tema y darte unas pequeñas pautas para comer bien aunque estés solo. Toma nota y ya me contarás:
Compra alimentos frescos y de fácil elaboración, además de variados: es el inicio para comer bien y hacer unos platos saludables.
  • Pon un poco de interés y creatividad para hacer platos atractivos: la presentación importa y mucho “comemos por los ojos”, incluso si lo que te vas a comer es un yogurt con cereales y otras cosas para cenar -es uno de mis vicios-, hazlo que diga “cómeme”. Cuando compartía piso, mis compañeras, me decían “¿no te ibas a por un yogurt?” y yo decía sí, sí… estoy en ello: le dedico unos 5 minutos y el yogurt deja de ser simple para ser “mi yogurt del día, en base a mis apetencias y mi despensa, jeje”.
  • Ten siempre recursos de despensa, yo los llamo comodines, porque te sacan de más de un apuro y caen bien con casi todo. Ej: cuscús, arroz, lechuga, huevos, tortillitas de maíz y conservas.
  • Si comes en casa, prepara el plato como lo prepararías para un invitado, así, harás algo presentable y, aunque solo, disfrutarás más del almuerzo; te llevará el mismo tiempo, solo tienes que prestar atención y cuidar la presentación.
  • Si no te queda más remedio que comer de tupper, las ensaladas variadas son una opción perfecta, con la vinagreta por separado y algunos picatostes o frutos secos. Otra opción es cocinar platos más elaborados “guisos” y congelar los tuppers: por ejemplo, lentejas, de un golpe puedes hacer 8 tuppers, es decir, para comer lentejas una vez por semana durante dos meses. Comer de tuppers es sin duda algo muy saludable, es comida casera y, además, siempre comerás la cantidad justa, no se puede repetir, jeje… Evidentemente, también más económico.
  • Practica la cocina de aprovechamiento o de reciclaje; creo que yo me hice una experta en este tipo de cocina hace ya mucho tiempo, pues en casa siempre hay sobras y yo siempre ando reinventando con lo que hay en la nevera.
  • Cuando hagas pasta, arroz, cuscús, haz siempre de más; una parte la preparas de una forma y, la otra, la guardas en un tupper con un chorrito de AVOE.
  • Ten siempre botes de legumbres ya cocidas en la despensa; en un pispás, harás un plato rápido y nutritivo, tanto un guiso como un salteado o una ensalada. Así, unos garbanzos tipo cocido exprés, un salteado de garbanzos con gambas o mismamente con unos tomatitos y queso feta en versión ensalada.
  • Cocina de lata: me refiero a las conservas. Hoy, la oferta de conservas es enorme, además de calidad. Puedes disfrutarlas solas como aperitivo o hacerlas protagonistas de tus platos. Cuando no hay tiempo para cocinar, en 10 minutos puedes tener una receta saludable y deliciosa gracias a los productos en conserva. Uno de mis preferidos son los mejillones en escabeche o en salsa de vieiras. Recientemente, hice un guiso de guisantes con ellos y quedaron exquisitos (son los de la foto). También, los uso en ensaladas, para revueltos tipo Bacalao a bràs, para hacer una fideuá o un arroz e incluso me sirvieron para inventar la crujillonesa “torta de papas con mahonesa de mejillones”.
Por experiencia propia, sé que comer solo a veces no es lo más adecuado, la compañía es fundamental, pero no por eso debemos descuidar nuestra alimentación. En mi caso, aplico muchos de los consejos aquí mencionados, aunque tengo que mejorar,  porque me gusta cocinar para los demás, para sorprenderles y que disfruten con los sabores de mis creaciones. Eso sí, he de decir que también he aprendido a disfrutar de mi almuerzo en solitario, con mi copa de vino, reflexionando… Eso hice hoy y he aquí el resultado, un reflejo de un momento personal que estoy segura muchos compartís conmigo.
No lo olvides, comer solo no solo puede sino que debe ser atractivo, hay que buscarle su lado positivo y disfrutarlo. Sin más, espero que te haya gustado mi reflexión y, sobre todo que, si reúnes los requisitos, te sea práctica en tu buen vivir.

 

¿Qué te parece mi propuesta? No dejes de contarme, me encantará oírte.

COCINANDO INTUICIONES, RETOS E ILUSIONES

La Constancia es la Virtud por la que todas las cosas dan su fruto 
(Arturo Graf)

Hacía tiempo que no dedicaba un post a los vaivenes de la vida, algo que solía hacer algún que otro domingo; buen día para reflexionar y empezar la semana al 100%. Hoy, tras unas buenas tostadas y con vistas al cielo que nos saluda, voy a darme el gustazo de cocinar intuiciones y, además, te invito a reflexionar conmigo ¿Te apuntas?

Voy a empezar con una frase que recientemente me ha dicho una persona a quien admiro y eso que aún no tengo el placer de conocerle en persona.  “Nunca se sabe cuál es la mejor decisión, pero una u otra tenemos que tomar; quién sabe si al final la primera opción es un primer paso antes de dar el gran salto, la vida es así de irónica”. Justo mi intuición me dijo lo mismo. Sí, sí, está claro que últimamente he estado tomando decisiones, algo que todos hacemos en este espacio compartido.  Por eso y porque son la chispa de la vida quiero brindarles un homenaje, unas palabras y una sonrisa. Además del desayuno con el que empecé el día “tostadas a mi manera”.

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¿Obsequios comestibles?

Los detalles, condimentos de alegría y dulzura
Desde hace días, me ronda en la
cabeza el hablarte de algunos regalitos que me han hecho recientemente,
casualmente comestibles o casi casi, hehehe…
Como sabes, y supongo que alguna
que otra vez has gozado de su carisma, el detalle no tiene precio; da igual lo
que sea, pero el caso es que alguien te sorprenda cuando menos te los esperas,
aunque sea con un melocotón. Eso es lo que me ha regalado hoy  mi nueva compañera de piso, Jerusa, cuando
llegué a casa hoy. Literalmente, me dijo “Raquel, estaba en el mercado y me
acordé que te gustaban los melocotones, así que, te compré uno bien hermoso”. Seguro
que incluso me sabrá mejor, es igual que cuando una cocina con cariño y alegre,
se refleja en el sabor; si no, recuerda alguna vez en que hayas cocinado de
mala leche… En mi caso, se nota horrores. ¡Cuando estoy malhumorada, directamente
no cocino!
Regalos del huerto, fuentes de vida con el más puro sabor

Una de las cosas que más me
gustan de estar viviendo en Extremadura, cerquita de casa, es el poder
disfrutar de los productos de temporada; tengo la suerte de tener un padre, Adelardo se llama, con
una huerta más que apetecible. Ir al campo un domingo y comer todo 100% ecológico
es un verdadero lujo, es salud y eso es nuestro mejor tesoro, aunque a veces
parece que se nos olvida. Soy feliz con unas papas fritas con huevo,
acompañadas de una ensalada de tomate y buen AVOE. Además, mi padre también es
de los que hace su propio vino –como se hacía antiguamente-, o sea que en la
mesa no falta detalle de su cosecha. Yo encantadita claro; hacer la compra cada
domingo, sin coste alguno y respirando aire fresco es una gozada. Además, con
el super plus de disfrutar de la familia, otro de los valores más preciados.
A destacar, la rica golosina que
me traje el pasado domingo, los BRUÑOS. Es como llamamos aquí a las ciruelas
pasas. Mi padre me comenta que estos son de la variedad Santa Claudia, una de
las mejores. Me gustan tanto al natural –con su color verde y un tanto ácidos-
como pasados. Están deliciosos, solos o con lo que gustes tomarlos, por ejemplo
con yogurt o helado, incluso con queso rulo de cabra. Ahora, me viene a la
mente un pudding de queso y bruños con helado de nueces al ron –se me acaba de
ocurrir, pero creo que la combinación puede quedar divertida-.
Por último, quiero dar las
gracias a Mara Rodríguez, una chica entusiasta que disfruta con los obsequios, sobre todo
si son originales y llaman la atención. Ha tenido un dulce detalle conmigo y,
la verdad, el trampantojo me ha maravillado. Mini pastelitos parecen, porta
lentes resultan.
Cuando los vi, tuve antojo inmediato, porque son
irresistibles, jejeje… Os animo a visitar su tienda, porque si buscáis un
detalle, en Gadget Invasión os sentiréis repletos; eso sí, ve pensando qué
eventos tienes a la vista, porque no podrás evitar abrir la cesta y comprar
regalitos, hay unas cosas monísimas.

Sin más, no olvides la importancia
del detalle, como tampoco olvides que cada día abres un regalo, aprovéchalo,
disfrútalo y compártelo. ¡Sé feliz!
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¿Con o sin Levadura?

Recetas
de Vida 

¿Con o sin Levadura? ¡Sí! Pero… ¿El qué? Podría ser un
bizcocho, un pan, un bollo o unas magdalenas, pero, noooo; vamos a ver otras
cuestiones, desde otra perspectiva, quizás como si de estos microorganismos se  tratara. 
 Caldero de Arroz, receta tradicional
Vamos a partir de una palabra que
a todos se nos presenta el “cambio”, eso que muchas veces llega sin avisar y
que nos monta una buena en nuestras vidas. He elegido este tema para
reflexionar  contigo y, cómo no, para
“cocinar palabras” con y sin las manos en la masa. 
De primeras, los cambios nos
suelen provocar inquietud, cierto pánico, nerviosismo, pero estos son sólo
sensaciones efímeras e irreales provocadas por la incertidumbre que nos atrapa
cuando decidimos salir de nuestro entorno, de nuestra “rutina”. 

Juego de Palabras, nuevos
contrastes
Imagina que las levaduras son “lo
habitual, la costumbre, lo estable”; de hecho sabemos su función cuando la
empleamos en nuestras masas: por ejemplo, en el pan, son las responsables de su
volumen, de su sabor y su aroma. Pero, ¿Qué pasa cuando las ignoramos? Puede ser por olvido o por
decisión propia, pero en ambos caso, está claro que algo cambiará. Pensemos
en los populares Brownis –originados ante el olvido de la levadura en un
bizcocho- y ahora mundialmente conocidos. Otras veces, los cocinillas más
curiosos y atrevidos cambian las recetas para innovar y buscar nuevos sabores; me
identifico con ellos, aunque me defino a mí misma con una “enreilla de los
fogones”, donde la improvisación me caracteriza. 
Una vez más, en este escrito me
encuentro con la similitud entre los ingredientes de la vida y los de cualquier
otra receta
, donde “la creatividad y la felicidad” son dos utensilios  imprescindibles, para vivir con sabrosura.
Todo cambia, los imprevistos se siguen presentando, pero, al final hay resultados, esperados
o no, siempre hay opciones si te muestras abierto a ellas.
Como en todo “para gustos los
colores”, pero si puedo probar un cocido tradicional –me encanta, sobre todo el
extremeño, el de mi madre- y un cocido versionado o deconstruido, mucho mejor y
así en todo. Probar e intentar son dos ingredientes de éxito, acompañados de un
proceso de aprendizaje y éste será lo que, al fin y al cabo, te saciará y te
hará evolucionar.  
Florcaccia, foccacia pero con pan de coliflor
Por supuesto, hay que respetar
todos los gustos, eso siempre, pero lo que no vale es un “NO ME GUSTA”, eso que
tanto decimos cuando somos peques y no nos gustan la mayoría de los platos; entonces nuestras madres solían decir ¿lo has probado? Pues así, ¡Con todo! Si no sales
de las lentejas, los huevos fritos, los macarrones con tomate… no pasa nada. Ahora bien, lo que sí te puedo asegurar que estás dejando de probar muchas cosas ricas,
diferentes, que, aunque sean eventuales, te van a dejar recuerdos más que
satisfactorios y eso alimenta el alma, vaya que si alimenta, jejeje…

Hasta aquí, mi reflexión de hoy;
espero que te animes a probar a hacer las cosas sin levadura 
¡Buen provecho!
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RECETA DE PAN Y ALGO MÁS

Amasar, sentir y disfrutar la Vida 

Una vez más, tengo que aplaudir a esos planes que, un tanto inesperados, llegan sin más y que no pasan desapercibidos. Justamente, ayer, disfruté de uno de ellos, y todo, gracias al PAN.
“Vamos a hacer Pan”, así fue como se inició mi tarde del domingo, tras aceptar la invitación de mi prima María, entusiasmada con aprender a hacer pan y disfrutar de un almuerzo, en casa de una gran anfitriona, Rocío. Tres colores definen la tarde de ayer: el Verde, el Naranja y el Azul. Así que, no sólo voy a dejaros la receta del Pan, voy a contaros cuál es su secreto, ése que hizo que mi desayuno de hoy fuera tan especial.

 

Todo empezó con un almuerzo con D.O “verde que te quiero verde”, ya que, juntas, cocinamos un menú que, además de saludable, fue delicioso: ensalada de col y manzana, con una vinagreta de miel, sésamo, nueces y pasas; tofu a la plancha con soja; humus “Rocío Style” y, de postre, galletitas de arroz y té verde. Tras éste, dimos paso a la esperada Sobremesa, esta vez, activa y productiva, pues llegó el momento de amasar y de tomar nota:

 

Receta de Pan de Centeno:
  • 60% harina integral de trigo (3 partes)
  • 40% harina integral de centeno (2 partes)
  • 25 grs. de levadura fresca
  • ½ taza de aceite de oliva
  • 1 l. de agua tibia
  • 10 grs. de sal (1 Cda.)
En esta ocasión, la harina es de Rincón del Segura, empresa que practica una agricultura  ecológica, totalmente natural, sin abonos químicos ni pesticidas.

 

Elaboración: calentar el agua en un cazo (30º) y añadir la levadura hasta diluir. Añadir el aceite y el agua. Por otro lado, mezclar las harinas en un recipiente e ir añadiendo el agua, poco a poco, mezclando al mismo tiempo, hasta que quede una pasta homogénea sin grumos. Amasar bien y, si es con música mejor -eso nos decía Rocío-; a medida que se va trabajando la masa, va creciendo, señal de que la levadura está haciendo su trabajo –fermentación-.
A continuación, colocar la masa en un molde (previamente engrasado y enharinado), cubrir con un trapo y dejar reposar a Tª ambiente  (25º/30º) hasta que suba su volumen, al menos, durante 1 hora. Finalmente, hornear a 180º hasta que esté listo (30 minutos).

 

Así, se hizo el pan, en un ambiente cálido, con música de fondo e intercambio de opiniones de las allí presentes (Rocío, su hermosa hija, Raíz, mis primas María y Belén y Sinestesia). A todo esto volví esta mañana, cuando me dispuse a desayunar: tostadas con miel de mi tierra “Extremiel“, D.O Villuerca Ibores”, y queso crema, también le añadí un poquito de aceite de Castillo de Canena. Sin duda, un bocado delicioso, esponjoso y gratificante. Sin más, sólo puedo decir, que el secreto está en el Amor que ponemos en nuestras obras; la energía y las buenas vibraciones no se las lleva el viento, forman parte de nosotros. Antes de cerrar este escrito, mencionar también que reunirse para, charlar, almorzar y cocinar es una tradición que deberíamos potenciar e inculcar ¡Nuestra salud nos lo agradecerá! PD: la receta del Pan es de Rocío.

Martín
, terapeuta de Sonido y Doula, quien nos enseñó mucho ayer, no sólo esta receta. Entre otras cosas, comentamos un video de la conferencia de Odile Fernández, sobre alimentación anti cáncer, que es más que recomendable y que os animo a ver. Al igual que la labor de Rocío que, a través de su espacio ayuda a sanar los procesos de la naturaleza femenina. Para más información: http://terapiasonidofemenina.wordpress.com/ ¡A comer sano y hasta la próxima! 🙂
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DULCE REMINISCENCIA

Pestiños Extremeños 

Supongo que todos tenéis, en
vuestro baúl de la infancia, dulces y salados recuerdos, más o menos similares,
según tradición, localidad, época… Así, el típico bocata de nocilla, las
galletas con mantequilla, las rosquillas… Aquellas esperadas meriendas que,  tras la escuela, nos daban energía para no
parar en toda la tarde. Nos olvidamos de muchas cosas, pues son muchas experiencias, que están ahí, forman parte
de nosotros y es fascinante como los sabores pueden trasladarnos a ellas. Así
que, los sabores son buenos compañeros de viaje, desplazándose
en tiempo y espacio. 
Todo esto viene porque, hace unas semanas, volví a comer los
típicos pestiños de mi pueblo ¡me encantan! Cada zona los elabora de una manera
y, como soy golosa, todos me suelen gustar, pero éstos son mis favoritos.
Comerlos me trajo dulces reminiscencias, entrañables tardes en familia, yendo
aquella orza del altillo, para pillar uno más.

Y, he aquí, este escrito, esta
apreciación sobre el poder de los sabores. Afortunada fui, porque, no sólo los
comí, sino que, esta vez, también pude aprender a hacerlos, en familia y a la antigua
usanza, en la casa del campo. Hay muchas recetas en la red, pero todas
distintas y con sus matices, así que, hoy, por si queréis entrar en faena, aquí
os la dejo:

Receta Pestiños Extremeños (Barcarrota, Badajoz)
Ingredientes
3 kg de harina
1l de aceite de oliva y otro de girasol
1 paquete de canela en rama
60 grs. de matalauva (2 botecitos)
60 grs. de clavo
2 vasos de Anís
½ l de miel
200 grs. de azúcar
1 litro de agua
Cáscara de 2 naranjas y un limón
Elaboración

Infusión aromática: en un
cazo, añadir el litro de agua, junto con un bote de clavo y el de matalauva, 2
ramas de canela, y la cáscara de una naranja y medio limón. Llevar a ebullición
y retirar sin dejar que hierva, reservar hasta enfriar. Haremos lo mismo con el
litro de aceite de oliva, es decir, lo pondremos al fuego con las especias (1
bote de matalauva y de clavo, canela en rama) y las cáscara de naranja y limón.
En este caso, no se debe llevar a ebullición, si no que se calienta a una
temperatura media hasta que la cáscara de naranja esté tostada. Retirar y dejar
que atempere un poco.

Jarabe de miel y anís: calentar
el anís junto con la miel hasta que empiece a hervir. Retirar y reservar para
enmelar los pestiños.

Masa de pestiños: en un bol
grande o mejor un baño, incorporar el harina y añadir el aceite infusionado aún
caliente (ya colado), mezclando con cuchara de madera. A continuación, añadir,
poco a poco, el agua aromatizada, para ir trabajando la masa. Hay que amasar
bastante hasta que la masa no se nos quede pegada en las manos, para poder
formar los pestiños fácilmente y evitar que se abran al freírlos. Cuando esté,
nada más queda darle formas y, ya sabéis, según os guste, pero aquí, en mi
pueblo, son como tirabuzones.
Finalmente, freír los pestiños en abundante aceite de girasol. Una vez
fritos, enmelar, escurrir y pasarlos por el azúcar.

Os animo a hacer esta receta y mejor en compañía; pasaréis un buen
rato y los haréis mucho más rápido, porque una vez que os ponéis, es
aconsejable hacerlos con estas cantidades (con los 3kg de harina, salen unas 8
docenas). Los pestiños se conservan muy bien, es más, a los 3 o 4 días estarán
mucho mejor, pues están más rendidos y todo le sabe mejor.
Observación: hay a quienes
les gustan muy hechos y a quienes, como es mi caso, nos gustan un poquito “cruditos”
por dentro. Pues bien, no es cuestión de que estén más o menos fritos, si no
que el truco está en la forma que tengan. Si nos gustan más jugosos, hacerlos más
gorditos; más secos, más aplastados y finos.
Me gustó volver a comer pestiños, volver a recrear en mi mente
aquellas tardes de verano, en el campo, revoloteando con mis primos y yendo con
la sonrisa a pillar uno de aquellos pestiños. Un brindis por las dulces
reminiscencias, siempre tan bienvenidas y apetitosas. 
PD: curiosamente, encontré una receta de pestiños en inglés, en su versión jerezana.
Y nada más, no seais pestiños y sonreír a la vida. 
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COCINAR Y VIVIR, DOS CARAS Y UN DESTINO

Recetas de vida
Días, muchos días han pasado desde mi último post, sintiendo
nostalgia, echando de menos contar mis aventuras, ésas que solían brindarme un
agradable retrogusto y que tanto me gustaba transmitiros. Obviamente, no he
dejado de caminar, pero, con distinta pauta.
Como sabéis, un día decidí dejar Madrid y darme la oportunidad
de vivir una experiencia  distinta,
dejando todo para irme una temporada a Zimbabwe. No sabía por qué, pero, no quise pensármelo mucho y, sin darle más vueltas,
compré el billete, así ya, no habría vuelta atrás. Simplemente, sentí  que tenía que ir y, ahora, sé cuánto bien me
ha hecho. Los aventureros  viajeros
suelen decir que “cuando empiezas, no paras, es como un vicio”, algo así, vino
a decirme mi amigo Paco en una ocasión y, vaya, sí que es cierto.
Después de vivir en África, me fui a Londres y, tras un año
en Inglaterra, decidí pasar una temporada en mi tierra, Extremadura, y,
es aquí donde estoy, en mi pueblecito, Barcarrota. En uno de mis ratos al sol,
me vino a la mente una reflexión “Raquel, será que te gusta vivir como cocinas…”
y acto seguido estas palabras; 
Cocinar y vivir, dos caras y un destino,
sin receta, sin
pausa,
con un mismo fin “disfrutar sin más”
y la indecisión
del toque final, que, 
habrá que probar y comprobar.
Y, he aquí la conexión, vivo y cocino de la misma manera,
sin receta, despejando la mente, para que la creatividad me guíe, dejando
cabida a la espontaneidad y disfrutando del Mágico sabor que ésta nos suele
dejar. Siempre hay unas bases, unas reglas, por supuesto, pero, a veces, es muy
positivo salirse del “camino” y aprender a mirar desde otra perspectiva. 
A lo largo de nuestra vida, se nos presentan muchas
bifurcaciones y, constantemente, estamos tomando decisiones y, la duda, nos
suele chinchar de vez en cuando, pero, ahí es donde me acuerdo de eso de “conectar
puntos”, esa manera de ver que nos mostró 
Steve Jobs, cofundador de Apple, y que como él mismo decía “No puedes
conectar los puntos (las experiencias significativas de tu vida) mirando hacia
delante, tienes que hacerlo mirando siempre hacia detrás”. Confío en esto y,
mientras voy avanzando, voy entendiendo las conexiones. 
Mi próxima aventura está por llegar, aún es un misterio y
estoy entusiasmada con hacerle frente; mientras, disfruto cada día, con mi
gente, mis enredos culinarios y mis sueños.

 

Sin más, dar las gracias a Sinestesia Gastronómica, por las
alegrías y la compañía que me ha dado, por la gente que me ha presentado.
Quiero seguir fusionando los sentidos, perdiéndome entre especias y haciendo
amigos. A ellos, les dedico esta pequeña reflexión, pero, sobre todo, a una  chica entusiasta y soñadora, cuya fortaleza y
alegría, hacen frente, día a día, a un nubarrón que se le ha plantado en el
camino. Admirada y afortunada me siento de ser tu prima. No dejes de soñar, por
muy loco que pueda parecer ¡tu sueño se cumplirá! Porque, otra cosa no, pero,
lo cierto es, que la realidad es consecuencia de nuestros pensamientos. Así que, puede ser, que Tempo Music sea ese primer punto.
PD: las dos primeras fotos son productos Extremeños, preciosa puesta de sol y los dulces de Marabé, la pastelería más antigua de Barcarrota y autora de dar dulzura a nuestra infancia. La última imagen encierra alegría, aventura…todo, es de una de mis últimas noches en Victoria Falls.
Sed felices 
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RECETA DE VIDA

LA VIDA, ¿NOS COCINA O SE COCINA?

Tras un periodo de desconexión total y un verano “a punto de sal”, retomo hoy mis andaduras por estos lares, pero hoy os presento una receta especial de espíritu libre, una reflexión, un momento, una ocasión. Es un texto que escribí hace ya unos meses y me gustaría compartirlo con vosotros mis lectores. ¡Espero que os guste! Bon Appetit!!!

En ocasiones, hay cosas “sabores, olores, texturas, paisajes…” que te atrapan, te cautivan, difíciles de sustituir. Están en el mundo, pero a todos no nos llegan por igual; somos distintos, con variopintas preferencias… y en función de nuestro ser, nuestra forma de sentir, así percibimos lo que acontece a nuestro alrededor.
Mi infancia la recuerdo dulce, cálida, pues siempre estaba riendo y, a eso, hay que unirle que de todos los productos culinarios, los dulces eran mis preferidos y no faltaban en mi dieta diaria “golosa por naturaleza” -sí, sí… tenía que haber comido más fruta, pero qué le vamos a hacer…-. Eso sí, las mandarinas me pesaban en los bolsillos, porque en temporada, no salía de casa sin ellas, eran mi golosina callejera.
A medida que uno crece, empieza a probar cosas, a descubrir que le gustan, por ejemplo, “las coles” -eran mi enemigo en el terreno de las verduras-; así el foie, que probé siendo ya más mayorcita, me repugnaba su textura y, ahora, me encanta-; el carpaccio ¡Uf, algo crudo, no podía con ello!; ahora más de lo mismo -¡carpaccio por favor!-, y así, los vinos, la cerveza… He de decir, que el vino me ha ido seduciendo poco a poco y cada vez me gusta más; siempre que me quiero dar un homenaje gastronómico, tres protagonistas se sientan a la mesa “buena comida, buen vino y buena compañía”.

Y qué decir de la cerveza “esa rubia con corona de espuma”; recuerdo mi viaje a Praga, cuando aún no me gustaba este líquido de cebada, me perdí esas trapistas tan bien presentadas. Ahora me gustan tostadas, rubias, morenitas, negras, con soda, con limón… quién me lo iba a decir. Podría seguir con un sinfín de cosas más, ejemplo de cómo vamos probando la vida, descubriendo sabores -aún se me resiste la tónica, por lo visto el sabor amargo es el que se desarrolla más tardíamente, será por eso que aún los gin tonic “tan de moda” no van conmigo. Y eso que mi amiga Marta está convencida de que esto cambiará cuando me prepare ella un Gin Tonic de su cosecha.

En fin, en mi caso, la gastronomía, la pasión por las sensaciones que de ella despierta, y mi vida, son una misma receta; receta que sigue buscando ingredientes qué añadir, para irse cocinando a fuego lento y lograr equilibrio, firmeza y templanza.

Hace tiempo se cruzó un sabroso y fogoso ingrediente que modificó la receta tradicional, digamos que le dio un aire más fresco “el resultado fue un plato difícil de olvidar”. Ahora está en plena desarrollo; no olvidemos que la cocina evoluciona, los protagonistas cambian; pero, hay que tener presente las raíces, saber respetar la materia prima y saber vestirla adecuadamente. Al igual, las personas tenemos que respetar nuestro ser, conocer nuestro sabor, para poder después encontrar la mejor armonía, que haga de la experiencia, una fusión perfecta.

La duda es si, en la vida, la receta la podemos cambiar o es la vida quien la cocina a su modo.

PD: la imagen es de un amanecer frente al Puerto de Roquetas de Mar -Almería-; siempre quedará en mi memoria este crepúsculo salino, libre y rosado.