Tapear y Charlar, la armonía que siempre seduce

La Tapería de Lucho, un guiño al buen gusto

Este año, el buen tiempo ha
permitido quitarse el abrigo en Semana Santa y que las procesiones siguieran su
curso bajo un cielo estrellado y sin lluvia de por medio; aquí en Extremadura, días
soleados y con una temperatura casi veraniega. 
Así que, te podrás imaginar quiénes
han sido las coprotagonistas en estos Santos días: las Terrazas. Y es que
amigos cuando inauguramos la época de terrazas a muchos hasta nos cambia la
cara, el verano se aproxima y las charlas con tapas al aire libre comienzan su
temporada. 
Siempre me ha gustado indagar
como un duendecillo y descubrir sitios nuevos para disfrutar de un tapeo
desenfadado, pero estiloso y de calidad. Salvo en ocasiones, mis cenas no son
demasiado copiosas, por eso, el picoteo que nos brindan las tapas me encanta; suelo
ser fiel a mi noche del tapeo semanal y, siempre que puedo, lo práctico descubriendo
nuevos lugares. Cuando vivía en Madrid, disfrutaba probando nuevas cocinas,
otros sabores, otra cultura; solía ir a aquellos sitios más típicos y recomendados
por gente de su país. Desde comida paraguaya en el mítico Vicios Bar, china en
Jin Jin, venezolana en El Güero o disfrutar de la bandera dominicana en El
Colmado.
En ese sentido, se echa de menos la capital. 
Pero, aunque en Badajoz, no es
tan fácil viajar a través de los sabores, la Buena Mesa goza de calidad a un precio
asequible y qué decir si de tapear se trata. Además, en estos últimos años, la
oferta gastronómica ha crecido bastante y el concepto “tapa-creatividad” ha
despuntado. Así que, encantada de ir descubriendo nuevos sitios de tapeo,
mientras observo, aprendo, tomo nota y, por supuesto, con buen paliqueo. Mi
última cita ha sido con la Tapería de Lucho (Av. De Elvas, 6. Tel. 637 464 350) el pasado viernes Santo. Es uno de los
locales que más llama la atención en la Urbanización Guadiana, pues entre
tabernas y bares más tradicionales, destaca por su estilo vanguardista. El
negro y el blanco definen su ambiente, dando elegancia y cierta seriedad, interrumpida
por su gracioso logotipo “un huevo frito” que les caracteriza. 
Sin prisas, pero sin pausa
Contaré a modo de pinceladas mi
experiencia, pues fue un picoteo ligerito, pero suficiente para poder contarte
mi visita. Desde el principio, noté una cercana bienvenida, profesional y que
te predispone a sentarte con una sonrisa. Nos sentamos en la terraza –la noche
invitaba a ello- y comenzamos con un brindis con un vino verdejo – alegre de
que no me ofrecieran Primavera u Orgullo, han creado doctrina en las referencias
de por aquí y está bien, pero un poquito de variedad por favor…-. Mi acompañante,
no muy sibarita en gustos, con apetencias más tradicionales, no es gustoso de
quesos ni de cosas raras, así que, elegí unas tapas sin extravagancias. 
Comenzamos con un hojaldre de ahumados (salmón y bacalao), a modo de bocata,
con cebolleta y pimientos; muy rico el relleno, pero el hojaldre de la parte de
arriba se desmoronaba demasiado. Pese a ello, un bocado recomendable. Seguimos
con un wrap de pato en salsa agridulce sobre ensalada variada; contundente,
pues tenía bastante carne deshilachada, muy tierna y sabrosa. Llevaba jugo de
naranja y de sabor estaba rico, pero si era salsa no estaba ligada, parecía
zumo. Nos gustó, pero quizás en vez de uno tan cargado, pondría dos rollitos marcados
en plancha y con la salsa más reducida. 
Compartimos velada en sintonía con el
servicio, siempre atento y amable; tanto es así, que en vez de cambiar de sitio
para un poquito de copeo, cerramos la noche con un beso de pacharán y
limoncello, allí en la Tapería de Lucho. 
Sin más, un lugar recomendable,
con buen servicio que cuenta con una oferta de calidad a buen precio (10-15 €
por persona); regresaré porque salí contenta, pero, además, porque me quedé con
ganas de probar sus hamburguesas. Hasta pronto.

Información de interés: cierra los lunes. Suelen tener sugerencias fuera de carta.

Restaurante El Crisol, cocina de vanguardia en Badajoz

Un tapeo creativo, de calidad y en un ambiente más que
apetecible

Increíble pero cierto, la
esperada primavera ya se aproxima y prueba de ello son estos días enérgicos y
soleados que nos está regalando. 
Personalmente, soy una persona muy afín al
tiempo y lo que peor llevo son esos días nublados que no saben lo que quieren;
por eso, estoy feliz de que el buen tiempo ya nos esté saludando, jeje… Aunque,
también he de decir, que a todo se acostumbra uno y, en Londres, no me quedó
más remedio que vivir como si hubiera sol cada día durante un año. 
Eso sí, no hay que olvidar que somos nosotros quienes
pintamos nuestros días, así que, siempre podemos disfrutar de un día soleado,
aunque sea un trampantojo emocional. En España, el tapeo nunca está de
vacaciones, pero, lógicamente, al buen tiempo más tapeo y más cerveceo; podríamos decir que es un estilo de vida que nos caracteriza y se agudiza en
primavera y verano. 
En Badajoz, también somos fieles seguidores del tapeo, pero
de una forma más campechana, adaptada a la oferta culinaria que nos rodea, que
está evolucionando plácidamente. Buen ejemplo de ello, lo encontramos en El
Crisol
(Pl. de la Molineta, 4. Tel. 924224120) un restaurante más en la línea de los llamados gastrobares, situado en
el barrio de Valdepasillas y un lugar idóneo para tapear con gusto y
estilo. 
Tras varias recomendaciones, por
fin, pasé por este gran rinconcito. Ofrece un local dinámico con dos plantas, la primera en
la planta baja, perfecta para un picoteo al mediodía, un afterwork o un
amigable tapeo; la segunda, arriba, presenta un salón abierto para comidas y
cenas más serenas, aptas para la Buena Mesa. Me gustó mucho la decoración,
entre rojos, blancos y negros y la atención, profesional y cercana. En cuanto “al
papeo”, decirte que es perfecto para tapear, pues cuenta con una atractiva
carta que puedes disfrutar a modo de tapas o de raciones (medias o enteras). 
Puedes
elegir entre sus platos fríos como sus variadas ensaladas, el tabulé o los
rollitos de salmón, sus crujientes de morcilla y cebolla caramelizada o las
bolsitas de queso y manzana; deleitarte con sus arroces melosos y risottos (de
pulpo, de setas) o probar sus carnes y pescados, cocinados –muy recomendable la
mini hamburguesa de retinto y los canelones de rabo de toro– o marinados como
los distintos carpaccios que oferta. Nosotros tomamos el Teriyaki de atún rojo, acompañado de ensalada con un toque de estragón, cebolla caramelizada y creo recordar que el toque crujiente eran nachos triturados.
En mi tapeo Crisol tuve el placer de estar
acompañada por un buen vino de la tierra (De Bodega Pago de Balancines) y por mi
buen amigo Gonzalo, así que disfruté de un interesante menú pausado y regado de
buena conversación.  Fue una cenita
ligera, por lo que tendré que ir más veces, para conocer mejor su cocina y poder
extraer más gastro-conclusiones. Mis primeras impresiones ante su gastronomía son
buenas, una apuesta por tapas de diseño, con producto de calidad y atractivas. Pero, quizás añoré más personalidad ante la decoración de los platos, un toque
de distinción lejos de las líneas de reducción de vinagre de Módena, que se
pusieron de moda y muchas veces resultan monótonas y aburridas. Otro punto a tener
en cuenta es el precio medio de El Crisol que ronda en torno a los 14 € por
barba, las tapas están entre los 2 y 4 € y, teniendo en cuenta la
calidad-cantidad, está bastante ajustado. 
Mi noche de “entre tapas” acabó con
un Gin Tonic en el Touareg Lonuge Bar (Pl. de la Molineta,10. Tel. 666026700) a tan sólo unos pasos de El Crisol.
Disfruté de un combinado con ginebra Puerto de Indias –de fresas-, en su copa
de balón, decorado como corresponde con fresas y especiado con bolitas de
enebro. Un placer acabar la noche en un ambiente que recuerda a las mil y una
noches. ¡Repetiré!

DON PERRITO “PA TI Y PA MÍ”

De turista, callejeando y volando, a clase
VIP
Hoy os voy a contar una historia muy perra, perrita en todos los
sentidos, partiendo de los tradicionales perritos calientes. En la niñez, solía
tomar los hotdogs básicos como
merienda, con salchicha, tomate o kétchup y el momento “Perrito” me encantaba.
 

Allí los dejé, en aquellas tardes veraniegas, reencontrándome con estos
“turistas”, de vez en cuando, en ferias o en mis compras por Ikea. Y, ahora, ha
vuelto a picarme el síndrome del perrito
; me contagió en África, cuando leyendo
un artículo sobre restaurantes monoproductos, me topé con Bubbledogs. Concepto que, de primeras, me atrapó, por su nombre y
su oferta “Hot dogs y Champagne” y me dije “tengo que ir a este sitio”. Meses
más tardes, me encontraba viviendo en Londres y, cómo no, tenía que vivir mi
experiencia Bubbledogs y así fue.
Bubbledogs (70 Charlotte St, Oxford Circus, London)
Antes que nada, si quieres ir, tienes que reservar con bastante
antelación, pues, incluso así, hay cola  de espera, ya que es un sitio pequeñito
y que está de moda. La creatividad les define desde su base al convertir un
bocado rápido en una experiencia glamurosa y refrescante. La carta cuenta con
18 clases de originales perritos, con distintos ingredientes y salsas.
 Mi amigo
Alberto y yo probamos el BLT (bacon, lechuga carameliza y trufa) y el Fourth of
July
(ensalada de col, bacon y salsa barbacoa), por supuesto, con champagne.
Presentados en cestitas, lucen de etiqueta y adquieren la categoría VIP cuando
desfilan junto al vino espumoso. Tan sólo observé que un poquito de queso tipo
feta hubiera combinado perfecto en las dos opciones elegidas. En cuanto a la
decoración, en sintonía con su concepto y oferta, presenta un estilo
desenfadado a la vez que distinguido, que incita a la conexión y al diálogo entre
los demás “pasajeros” pues hay mesas compartidas, con un ambiente acogedor y
cálido. Destacar las luces, ya que montón de bombillas caen del techo, evocando
–o al menos a mí me lo pareció- a las burbujas del champagne. No puedo dejar de
mencionar que tuve el placer de charlar largo y tendido con el director, James
Snowdon
, todo un profesional y apasionado de la gastronomía.
Perrisabor (José María Alcaraz y
Alenda, 25-E, Badajoz)
Del lujo callejero a los simpáticos y sugerentes perritos que Perrisabor
te prepara casi a todas horas del día. Sin duda, este restaurante colombiano ha
sabido dar en el clavo con sus perriespecialidades.  Cuentan con 20 creativos y sabrosos perritos,
donde tú pones el tamaño e incluso la salsa; los más atrevidos, podéis optar
por el nº7 “hazme lo que quieras”. De momento, os confieso que el Mexicano, el
Extremeño y el Carbonara son fiables 100%; los demás seguro que también, pero
aún no los probé, jeje… 
Están ricos y es un bocado perfecto para tener en más
de una ocasión, además, los chicos son muy majos y esto es un plus a tener en
cuenta. Además, otros “pica pica” como los daditos de queso –igual que los
tequeños venezolanos, aunque aún sin salsa guasacaca-, arepas, nachos y
empanadas, entre otros.
Este post, resultado de un viaje en tiempo y espacio, visto desde
estos ojos sinestesicos me han confesado una vez más lo importante que es
viajar y observar, estar al día, y como en los complementos está la diferencia:
así, un perrito básico puede estar callejeando, aquí o en Pekín, ser turista o
invitado de honor… sólo hay que elegir el traje y el equipaje para cada
función.
Sin más, hasta aquí mi perri-experiencia ajena, que terminó siendo
casera, pues no me pude resistir y probé a crear mi “guacaperrito” que resultó
siendo un éxito y que seguro que me brindará muy buenos momentos, pues ahorita
es un AS en mi “cartelera”.
Hasta la próxima y, ya sabes, pensar “a lo perrito” puede dar mucho
juego, así que
  ¡Anímate a guacaperrear, no te arrepentirás!

Maiia Thai, un tailandés a la “contemporánea”

El curry, la lima, el cilantro, los ajíes, la leche de coco, los cacahuetes y, cómo no, el arroz son la base de la cocina thai, una cocina distante y ajena al gusto occidental, extraña para nuestro paladar, pero, que, sin embargo, es una de las más experimentadas por los europeos en el marco de la cocina internacional.


Está claro que por “más rara” que pueda resultar una receta “a lo thai”, su fusión funciona; digamos que podríamos decir que es carnavalesca, por su color, su diversidad… La experiencia de una cena siamesa es toda una gala, multitud de platitos para compartir, potentes sabores, aromas exóticos, bocados agridulces y picantes… todo cabe, pero, siempre, tiene que haber una bella armonía ante los sentidos. Lo diferente puede resultar extraño, de ahí su atractivo, pero, sí gusta, será un éxito. Sin duda, esta cocina lo es, por más variada e indescriptible que pueda ser, gusta y mucho.

Hasta visitar Maiia Thai (C/ Princesa, 13. Tel. 91 540 04 47) había probado algunos platos tailandeses en algún asiático, pero, realmente, fue aquí, donde disfruté “un poco” de esta cocina –como siempre digo, nada como viajar al destino, para sentir y apreciar su tradición-. Si mal no recuerdo, me dejé ver por allí el pasado 26 de noviembre, en compañía de mi amigo Gonzalo, que, aun siendo más de gustos tradicionales, se fio de mí y, excepto el picante, le gustó la experiencia.

Antes de contaros cómo fue la noche, tengo que deciros que la reserva la hice por réstalo –hacía tiempo que no utilizaba este servicio-, pero fue buena elección.

La primera impresión fue positiva, pues Maiia Thai luce un “look” oriental muy apropiado, con luz tenue y cálida en la noche, perfecta para una cena romántica, lámparas de madera y un colorido divertido, aportado por un mural de sombrillas multicolor. Sin olvidar, el enorme Buda –situado en la ventana de la planta de arriba- que da la bienvenida a todos, ya desde la calle.

Y, sin más, os cuento el menú que tomamos, acordado para la oferta de réstalo:

Para irnos poniendo a tono, nos trajeron una sopa thai (Tom yum gung): muy buena, eso sí, “picantita” –con tamarindo, langostinos, hierba limón, aji, verduras y cilantro-. Era demasiada cantidad, no pudimos terminarla.

Seguimos con las codornices crujientes con soya dulce -un bocado agridulce y exquisito-; el pollo satay (a la parrilla, con dos salsas, una de cacahuete y, otra, de pepino y chile) fue otra maravilla y, no fue menos, la ensalada thai, muy refrescante, con mango, pepino, endivias y brotes de soja.Como platos principales, optamos por el pollo Bangkok barbacoa; tiritas de pollo braseadas, condimentadas especialmente “al estilo thai” y con un sabor agridulce. Un plato que gustará a todos, estoy casi segura.


Langostinos en coco, chile y hierbas thailandesas; esta especialidad me recordó al ceviche ecuatoriano –Karina, una amiga de mis compis de piso, lo prepara de lujo-, pero a diferencia de éste, el tailandés es más picante y goza de su particular controversia de sabores –dulzura del coco, leve acidez de la lima y el picante que no falte-. Un plato diferente que puede gustar o no, a mí me conquistó. Además, el arroz le acompaña sí o sí, pues, en esta cultura es “el pan y la patata” de cada día.

Aunque confieso que, a estas alturas de la cena, tanto mi amigo como yo estábamos ya repletos, pues las cantidades fueron más que suficientes, le pusimos buena cara al postre: un flan de coco para él, la tarta de chocolate para ella. Caseros y correctos, pusieron fin a este menú (22´50 €) que Réstalo y Maiia Thai han ideado, para que nuestros bolsillos no se inmuten, nuestros paladares disfruten y nuestros estomaguitos se vayan contentitos.

No quiero concluir este menú, sin agradecer la atención que se nos brindó, pues estuvimos encantados con el trato recibido; la chica que nos atendió -no recuerdo su nombre- muy agradable y atenta, nos explicó “con detalle” cada plato. Así que, muchas gracias “equipo de Maiia Thai”.

En cualquier caso, Maiia Thai ofrece una carta amplia y es un restaurante donde la calidad-precio está equilibrada. Precio medio; 30 €

Restaurante Chileno: 8 de Mayo

Una parada “a la chilena” en Madrid

Quienes vivimos en la capital, sabemos que Madrid registra una “carta” internacional ofrecida por todos los restaurantes y bares, de distintos ambientes, con un sinfín de especialidades culinarias y, lo mejor, con una gran diversidad de sabores y matices culinarios: asiáticos, tan de moda ahora, peruanos, brasileros, italianos, mexicanos, marroquíes, etíopes… y chilenos, cuya cocina será hoy protagonista de estas líneas. Desconocía que los platos chilenos se incluyeran en la “carta” de Madrid, pero encontré algunas sugerencias: El Regreso del Winnipeg Chile, San Wich y el 8 de mayo. De momento, he probado el 8 de mayo, así que, pasaré a mostraros sus ingredientes y su retrogusto.
¡Aquí no hay minimalismo que valga!
El pasado martes 11 de octubre, víspera del día del Pilar, fui a cenar a este rinconcito de Chile en Madrid, ubicado en el 53 de la calle Fernando El Católico. La fachada pasa casi desapercibida y, en su interior, un ambiente cálido y familiar espera al comensal: una pequeña barra que hace de pasillo al comedor, pequeño con apenas 5 o 6 mesas, con fotos del país andino y su “Estrella Solidaria” -bandera nacional-.

Como siempre digo, la compañía es ya un buen sazonador y, esta vez, tenía toque latino, pues estaba acompañada de 5 estupendas paraguayas. El resto de ingredientes no demoró en llegar, abriendo camino “El Gato Negro” -Vino Blanco Sauvignon Blanc de Bodegas Viñas San Pedro– que nos concedió el brindis inicial. En nada, llegó el pan amasado con salsa pebre, la reina de chile -a base de cilantro, cebolla, ajo, ají verde y un poco de tomate- que nos acompañaría durante toda la cena, pues nos conquistó de inmediato.
A continuación, hicieron una reverencia especial “las empanadas chilenas” que, horneadas o fritas, con distinto relleno (o “pino” como le dicen en Chile), de marisco, carne o queso, son una de las elaboraciones típicas de esta cocina criolla. Aquí, en el 8 de mayo, las de pino de carne, cebolla y huevo duro, son las damas de la mesa y, así, se hicieron sentir ante nosotras.
¡Miradas de asombro y sin reparo!
De la gracia y salero de las empanadas, pasamos a quedarnos boquiabiertas con los platos principales, pues el tamaño de tales elaboraciones nos dejó perplejas. Decidimos poner todo en el centro y compartir, así probaríamos de todo sin saturarnos. Optamos por las siguientes especialidades:
Pastel de choclo: a base de maíz o “choclo”, carne de pollo, cebolla, huevo, pasas y aceitunas. Es como una especie de soufflé de maíz, también parecido al chipa guazú paraguayo, suave y contundente. Estaba un poco dulce, pero lo combinamos con pebre –atrevida mezcla, pero acertada-.
Chorillana: receta originaría de Valparaíso que consiste en un plato a base de patatas fritas con cebolla, carne y huevos fritos. Se suele pedir para compartir, aquí nos dijeron para 2 personas. En realidad, era para cuatro. Sencillo, pero gustoso, eso sí, más patata que otra cosa. Y muy similar, el lomo a lo pobre, plato básico que todos los restaurantes chilenos y peruanos suelen tener y, en realidad, en cualquier lugar, pues es un filete de ternera con patatas, cebolla y huevos fritos, nada en especial “un combinado de siempre”.
Ostiones a la parmesana: ostiones “nuestras finas vieiras” en su concha, con gambas, salsa blanca “bechamel” y queso, acompañado de papas fritas. Una buena opción, suave, cremosa y elegante.
Jardín de mariscos: una de las opciones más acertadas si se quiere probar la mayor cantidad de frutos del mar de Chile y que variará en función del lugar donde se pida. Está claro que si viajo a este país, pediré este jardín con sabor a mar, pero en el 8 de mayo es una de las elaboraciones más acertadas: ostiones “vieiras”, gambas, almejas, machas “navajas”, choritos “mejillones” y un cebiche de corvina al centro. Exquisito y bienvenido.
Hasta aquí llegamos, pues no quedó lugar para las delicias andinas, que eran bastante tentadoras, entre ellas: panqueque de dulce de leche, pie de limón, papayas al jugo con crema, brazo de reina y mote con huesillo, siendo este último uno de los postres más característicos y que se consume sobre todo en verano (“huesillos”, lo que nosotros conocemos como melocotones). Sin duda, tengo que volver a disfrutar de los sabores de chile, pues es toda una aventura para los sentidos, una gastronomía poco ensalzada y conocida, pero que tiene todas las cartas para conquistar a quien se preste a intimar con ella.
Cómo no podía ser de otra manera, terminamos con un chupito de Pisco que nos sentó de maravilla; por cierto, lo desconocía, pero el 15 de mayo es el Día Nacional del Pisco Chileno. Además también tienen cócteles, otra asignatura que nos quedamos pendientes.
No quiero cerrar este escrito sin antes, dar las gracias al personal del 8 de mayo; no recuerdo el nombre de la chica que nos atendió, pero nos hizo sentir como en casa, amable y atenta en todo momento. Aparte que el lugar, pequeñito, pero cálido y coqueto invitaba a ello.
PD: si queréis acercaros a la “Buena Mesa” chilena, anotaros el número 53 de la calle Fernando El Católico; eso sí, tener en cuenta que, a la hora de pedir, las platos son para más de una persona, por lo que os recomiendo pedir varias cositas y disfrutar de los sabores a modo de tapeo, así podéis probar más variedad. Salimos a 18 € por persona, lo que quiere decir que en el 8 de mayo puedes comer por la mitad. No podéis iros sin probar su empanadas, apuesta segura y con gancho. (Bar 8 de Mayo. Tel. 91 543 74 52)

CULLERA, ESCAPADA ARROCERA Y PLAYERA

Hoy domingo, al fin con cielo soleado, me dispuse a escribir nuevas notas en este rincón sinestésico; varias cosas tengo pendientes, pero llevaba varios días con antojo de algo, hasta que el sábado pasado -pues ayer estuve en la Romería, festejando San Isidro, de mi pueblo “Barcarrota, Badajoz”, en plena dehesa, debajo de una encina , con cervecitas fresquitas y un tapeo casero-, me puse el delantal y lo cociné. Ahora, quiero recomendaros un sitio donde lo hacen muy bien. Por cierto, estoy hablando de la “paella de arroz negro”.

La paella es uno de los platos más conocidos de la gastronomía española, un verdadero plato insignia de nuestro país que, junto con la tradicional tortilla de patatas, nos identifica “culinariamente hablando” en cualquier parte del mundo. Si me permitís un inciso, soy fan del ingrediente principal de esta elaboración, el arroz, ya se rodeé con amigos del mar, de la tierra o del cielo; vaya suelto, ligado o navegando, con color o sin color, de largo, corto o medio cuerpo. En definitiva, el arroz es uno de los ingredientes más versátiles de la cocina – aparte de ser el 2º alimento más utilizado del mundo después del trigo- con mil y una posibilidades en la cocina y que cada país cocina a su gusto y a su modo -cocido, caliente o frio, en preparaciones dulces o saladas-.

Casa Borrasca, un recuerdo de Cullera

Como os decía, ayer me preparé “arroz negro”, con sus calamares y su tinta. Mientras disfrutaba de esto plato, no pude evitar acordarme de Casa Borrasca (C/ Sicania 1, Cullera, Valencia.Tel. 961 74 60 32) y, si váis por la zona, os animo a que os paséis. Yo lo hice un día 27 de junio del año pasado, en una escapada de improvisto a Valencia y, desde luego, si vuelvo por la zona, será parada obligatoria.

Además, está al ladito de la playa del faro, una cala de arena fina y dorada con el único tramo de costa brava de la provincia de Valencia. Y si sóis aficionados al buceo es un buen lugar para ponerse a ello. Después de una buena jornada de sol, de calma y relax, la escapada a Casa Borrasca, para seguir animando el día y alegrar también al paladar. Casa Borrasca es un negocio familiar, que abrió sus puertas allá por el año 1914 y es muy conocido por sus paellas cocinadas a leña y sus carnes a la brasa. En cuanto al ambiente que se respira en esta casa, “cercanía y sencillez” son dos de las notas características del lugar, pues te sientes realmente como si estuvieras comiendo en casa de algún familiar: a mí me recordaba a cuando tengo alguna comida en el campo de mi abuela, no sé por qué, pero se me vino ese flashback. Desde luego, el trato del personal de sala tuvo mucho que ver, una atención correcta y muy agradable. Hay veces que no hace falta tenern sobrados conocimientos, sino que con una sonrisa y un buen trato se consigue la satisfacción del cliente.

Si la labor en la sala es un factor clave, para que una experiencia gastronómica, se recuerde como positiva; la cocina es la media naranja que logrará un resultado sabroso y dichoso. Y, en Borrasca, se han ganado este mérito con creces. Distintos arroces son los que puedes degustar en sus mesas, con pescado, con pollo y conejo, con setas… “tipo caldoso o la típica paella valenciana”, pero, eso sí, con el sabor de las brasas que los hace más aromáticos y dispuestos. Yo opté por un arroz negro, que me encanta, y he de decir, que el de aquí es de los mejores que he comido. Además, nos lo sirvieron con un alioli casero, que saludaba al arroz divinamente. No menos interesantes, fueron las Clochinas, mejillones típicos que se crían en aguas valencianas, de menor tamaño que los gallegos, pero más tiernos y gustosos.

Como no, para disfrutar verdaderamente de una buena mesa, optamos por un vino para hacernos compañía, y tomamos un vino blanco verdejo de la D.O Rueda, “Fray Germán” (2008); su frescura frutal y buena acidez, supieron marcar el ritmo en esta comida. Por cierto, es un vino que resulta fácil de beber y que podemos conseguirlo en tienda por 4´5 €, sin duda, una buena referencia.

Como casi siempre, el final suele ser dulce “si es que queda hueco, claro está”, y para finalizar este almuerzo, nos decantamos por unos crepes de avellana, que no bordaron el menú, pues se mostraron sin gracia, presentándose tímidos y cabizbajos.

Si no recuerdo mal, pagamos unos 37 € (2 personas) y, en mi opinión, un precio más que aceptable, pues Casa Borrasca es una casa donde puedes comer bien, a gusto y con un precio justo.

RESTAURANTE LA RAYA

PEQUEÑOS PLACERES, GRANDES SATISFACCIONES
A lo largo de nuestro caminar, son muchas las experiencias y sensaciones que vamos viviendo, sintiendo, disfrutando y buscando. Unas veces se presentan de forma inespereda, otras las deseamos y las buscamos. Todas van quedando en el baúl de los recuerdos, formando bonitas historias que constituyen uno de los mayores legados de la persona. En ellos, “el detalle” es un buen marcapasos.

En la gastronomía pasa exactamente lo mismo, muchas veces nos llevamos sorpresas, negativas o positivas, y claro está, siempre inesperadas y para recordar. Hoy, voy a hablaros de LA RAYA (Avda. Ronda del Pilar, 3. Badajoz. Tel. 924 245 523), un restaurante que me sorprendió gratamente a través de sus pequeños placeres.

La Raya “aromas y sabores” abrió sus puertas hace pocos meses y, pasito a pasito, se está forjando para ser un referente gastronómico en la ciudad pacense. De ambiente relajado, con look moderno y juvenil, un mobiliario contemporáneo y con radiante luminosidad, viste día a día este restaurante, que ofrece, amablemente y con simpatía, una tapas dignas de cualquier paladar que se preste a su cata.

Aunque soy extremeña -de Barcarrota, para ser más exactos- y visito Badajoz frecuentemente, no conocía este lugar. Un sábado al mediodía, hace aproximadamente un mes, quedé con un amigo para tomar algo y me recomendó La Raya; dio por sentado que me iba a gustar, y no se equivocó.

Un tapeo con salero y para quitarse el sombrero
Más que tapas, vamos a hablar de cocina en miniatura, pues Manuel García -capitán de los fogones de La Raya- ofrece en la carta del Gastrobar unas tapas que podrían desfilar como entrantes en sofisticados restaurantes. Así, bocados como el salmón marinado con emulsión de boletus, el mousse de pato con reducción de PX y frutos rojos, el bacalao con crujiente de patatas, el carpaccio

Sin duda, estaba todo exquisito, textura, sabor, presentación y, el añadido del buen servicio fue un plus más, pues las camareras son majísimas y muy atentas. Además, todos los viernes se puede tomar una tapa irrepetible y exclusiva del día. La carta de tapas del Gastrobar se renueva cada 6 meses (cambiando el 50% de la oferta), por lo que la Buena Mesa no deja de renovarse.
Y, cómo no, no puedo dejar de mencionar que La Raya cuenta con una buena bodega, ya que su carta de vinos es variada, ofreciendo acertadas referencias, desde vinos clásicos y conocidos a vinos actuales y, sobre todo, de la Tierra Extremeña. En esta ocasión, los acompañantes fueron dos tintos; Edulis Crianza (D.O Rioja) y Basangus Crianza (D.O Ribera del Guadiana).

La comida terminó con dulzura y encanto, pues el puding de huevo con confitura de naranja amarga fue un broche perfecto para poner fin a esta velada. Realmente, es el mejor puding que he probado; la jugosidad del flan, el sabor a bollería, a ensaimada, brioche y el contrapunto del cítrico hacen, de ésta, una combinación que conquista, y que, me provocó decir “volveremos a vernos”.

Esta nueva apuesta culinaria cuenta con un amplio salón, donde se puede comer a la carta o, si lo prefieres, un menú degustación. De esto, no puedo hablaros aún, espero poder hacerlo. Mi intención es volver, para seguir probando otras cositas, y, como suelo ir a mi pueblo de vez en cuando, en una de esas, haré una paradita en La Raya.

¡Buen equipo! Enhorabuena por vuestro aporte a una mejor restauración.
Mencionar también que el artífice de este joven espacio, Manuel García, a pesar de su juventud, tiene una amplia experiencia profesional, pues pudo aprender el buenhacer de chefs como Pedro Subijana -Akelarre-, Juan Pablo Felipe -Chaflán-, José Polo y Toño Pérez -Atrio- en sus estancias como “Stage”. Hasta el 2008, estuvo como Chef y Director del Restaurante El Claustro (Badajoz), recomendado en diferente Guías Gastronómicas.
Asimismo, cada vez que se le presenta la ocasión, participa en concursos y eventos; en el 2010, fue semifinalista en el Concurso Cocinero del año y, recientemente, ha tenido el tercer puesto en el Campeonato de Chef de Extremadura. Por último, agradecer a Manuel, cuya ciudad natal es Tarragona, su pasión por la Tierra Extremeña y por sus productos. Me comentó que está pendiente de confirmar nuevas acciones “catas mensuales”, no sólo de vinos -que ya están en marcha-, sino de aceites, cafés, whiskies, quesos, jamón…

Finalmente, sólo deciros que si váis por Badajoz, no dejéis de pasar por La Raya, descubriendo sus aromas y sus sabores y, por supuesto, no dejéis de visitar la Dehesa, ver bodegas, comer buen jamón Ibérico de Bellota, sentir la frescura y pureza de esta tierra de conquistadores.

Y, ya sabéis, calquier cosa, sólo tenéis que preguntarme.

PD: Lamentablemente, La Raya ha cerrado (actualizado 2014)

La Gastronomía, una partida que da mucho juego

Sabores, recuerdos, sensaciones, momentos, magia…
Cuando me decidí a hacer este blog, lo primero fue elegir el nombre, y, para ello, pensé en lo que para mí era la cocina y el disfrute de los alimentos, así llegué a Sinestesia – mezcla de los sentidos “saborear colores, ver aromas…”-
Porque, una experiencia entorno a la Buena Mesa puede ser mucho más que una comida -un momento único, un viaje a la infancia, una melodía de aromas, una mezcla de colores…-.
Es algo mágico, es placer.

Hablando de magia… el otro día tuve la oportunidad de probar tapas cuyo elemento común era “la sopa”, a través de las creaciones del Josean Merino, chef del restaurante Marmitaco en Vitoria-Gasteiz. La verdad es que me sorprendió gratamente, sobre todo me hizo pensar en la creatividad, el juego y en la posibilidades que ofrece el mundo de los fogones “el disfrute que verdaderamente alimenta”.

Una pizca de magia y voilá “una tapa-una sorpresa”
Josean Merino sabe dar ese toque que “sin perderse por las ramas” hace que el comensal sienta intriga y sorpresa ante un plato, o mejor, ante sus pequeñas degustaciones, pues es especialista en tapas . Con creatividad y de manera sencilla te hace partícipe de un espéctaculo culinario, viajero y sabroso. Él pone las directrices, tú haces posible el efecto mágico. Así, en su “Floración” -elegida mejor tapa vanguardista del Concurso Nacional de Valladolid 2009-; una maceta de tierra -en apariencia- que al regarla te regala verduritas, listas para ser comidas. Un efecto visual impactante. Ver video

No he probado esta flor comestible, pero, sí probé otros de sus trucos en una presentación de Sopas Mágicas, que organizó Gallina Blanca el pasado 30 de noviembe en Kitchen Club (C/Ballesta, 8). Recuerdo el cóctel de aperitivo (consomé con espuma de albariño), el capuccino de sopa (consomé con espuma de Idiazábal), las verduritas que brotaban al verter el caldo y que te trasladaban al campo, al momento de la recolecta.
En definitiva, realmente la cocina “a parte de ser la única cosa bella que realmente alimenta”, posee las fichas para comenzar la partida que uno desee jugar, las opciones son varias, sólo hay que querer crear y sorprender; sólo hay que tener buen gusto y aderezar con un toque de cariño. Habrá que pasarse por Vitoria y sentirse parte de juego que nos propone Josean . Si no vean, por ejemplo, su pastel de morcilla de Beasain con bizcocho de calabaza y huevas de naranja, ¿A qué parece un pastel de Chocolate con bizcocho de yema?Sin embargo, la vanguardia y los efectos impactantes son sólo unos condimentos dentro del mundo mágico de la cocina, porque las posibilidades son infinitas y lo que importa es el detalle, es éste el verdadero ingrediente que hace que la pocima funcione. Así, un Té de Navidad y unos bastones de canela – como los que tienen en Tea Shop– ponen fin a una comida con buenas vibraciones, con olor a Navidad… Así que, si en un momento dado añoras la Navidad, puedes recrear el momento con una sobremesa acompañada de éstos dos invitados.

Con los aromas podemos viajar, sentir, recordar, disfrutar, son algo fantástico, son un mundo para saborear y descubrir.

Nota: os invito a visitar el blog del chef mago joseanmerino.blogspot.com
Curiosidad: hay un blog que se llama magia en mi cocina que os puede abrir el apetito www.blogseitb.com/recetasdecocina/

Descubriendo Barcelona

Un viaje con buen sabor de boca, nunca mejor dicho…

Hace ya unos días, concretamente en el “puente” de la Constitución, decidí visitar de nuevo la Ciudad Condal, y quedé encantada. La verdad, juego con ventaja, pues mi prima, Cris ,es guía turística y disfruté en todo momento de su compañía. Además, su chico, Uriol, volvió a llevarme a esos rincones gastronómicos llenos de encanto e historia y, que por mi misma, sólo me hubiera topado con ellos de casualidad.
Haré un breve resumen de mi breve e intensa visita, centrándome en aquello que más me llamó la atención y que, sin duda, os recomendaré.
El sábado 5 de diciembre, primer día después de 8 horas de autobús, y a las 9 de la mañana empezamos el tour. Fuimos al barrio gótico y de tiendas, cómo no. Y lo mejor estaba por llegar, a la 13.30 horas parada en la COVA FUMADA, desde ya, os digo que si vais a Barcelona no dejéis de ir a este sitio, me encantó.
¡La Cova Fumada, un tapeo con gancho!
Ya en el mes de Julio, sólo estuve un día en la ciudad, Uriol me dijo que tenía que volver para ir a comer a este mágico lugar, así que por eso nos plantamos allí el primer día. Uriol conoce un montón de sitios peculiares y es un gran apasionado del buen comer, un modesto sibarita gastronómico. La Cova Fumada (C/ Baluard, 56. Tel. 93 221 40 61) está en la Barceloneta, en la Plaza Poeta Boscà, y cuenta con 70 años de historia a sus espaldas. Se trata de una antigua bodega que aún conserva sus barriles y sillas de mármol, hogareña, con una pequeña y discreta entrada que pasa totalmente desapercibida. Entramos y estaba lleno, sólo disponen de 7 mesas, sin posibilidad de reservas, pero con suerte nos dijeron que en breve podríamos sentarnos, así que nos tomamos unas cañitas para ir haciendo honor a esos platos que pronto estarían con nosotros. Enfrente de la barra, la cocina vista, donde ves como cocinan todo, es genial.
Yo había estado ojeando los platos que pedía la gente y tenía todo una pinta de escándalo, pero a la hora de pedir, ya no disponíamos de muchos platos. Una de las razones por las que es conveniente ir bien temprano –desde la 9 la mañana está en marcha la cocina- y todo es del día, así que ya sabéis.
Comenzamos el pica-pica con las famosas bombas, según me contaron las mejores de Barcelona, y de verás que están buenas; yo la pedí mitad y mitad, es decir, con alioli y salsa picante.
Continuamos con calamar a la plancha y unas gambas de Barcelona
(máxima calidad y en su punto, qué rico todo).
Y no me puedo olvidar de la “cap i pota”, literalmente cabeza y pata, un guiso típico de la gastronomía de Cataluña y que me hizo disfrutar gratamente: contundente, sabroso, meloso, espectacular.
Por último, recordar el pan de ajo, presente todo el tiempo y fiel compañía en nuestro almuerzo, un guiño más al buen gusto.
La Cova Fumada, parada obligada, buenas tapas y a buen precio (15 € por barba).
Horario: de lunes a viernes de 9-15:30 h. Sábado de 9-13:30 h. Jueves y viernes de 18-20:30 h.
El primer día en Barcelona terminó con una cenita que preparé yo misma con ayuda de mi prima Cris y con unas cervecitas por su barrio “Horta”.
El domingo, 6 de diciembre, fue más tranquilito, comida en casa y, por la tarde, concierto de Alba Carmona en Horta –allí empezamos con unas cañitas que continuamos por El Borne, donde tapeamos, y terminamos la noche en El Copetín (Paseo del Born, 19). Bar con buen ambiente y que se caracteriza por 3 cosas: tanto en la barra como en las mesas hay velas, palomitas y unos pequeños sobres –yo no los vi, pero un amigo me contó que este bar era conocido, por esta mensajería entre mesas, si querías decirle algo a alguien de otras mesas, sólo tenías que entregar la notita a la camarera y decir el destinatario, jeje… hubiera sido divertido, pero nosotros disfrutamos de nuestros mojitos entre risas, aunque éstos no estaban muy buenos. La próxima vez que visite Barcelona iré a tomarme un mojitos en condiciones, ¿me aconsejáis algún sitio?
Llegó el lunes y pasé la mañana en el Parque Güell de Antoni Gaudi. Me gustó mucho, aunque ese día había muchísima gente. Me traslado a la noche el lunes, mi último día, os hablaré del Guixot (Carrer de la Riereta, 8), un bar que nos encontramos después de mucho caminar en el barrio del Raval y vaya si acertamos. Al entrar pensé, vamos a comer bien, un sitio de bocatas y crepes, discreto, sencillo, lleno de españoles, tenía que comerse bien, sí o sí. Nos pedimos crepes (el mío era de roquefort), bocatas, 2 rondas de bebidas y un postre a compartir. La cuenta 32 euros, barato, servicio rápido, buen ambiente y los camareros muy atentos y simpáticos. Horario: comida -de lunes a viernes: 13.30 a 15.30 h-/ cena: de lunes a jueves de 19.00 a 1.00 h.- /Viernes y sábados: de 19.00 a 1:45 h.
Para finalizar mi despedida, un Absenta que casi me deja del otro lado, pero había que probarlo, mejor dicho terminarlo, porque tarde 2 horas en darle fin. El lugar, Bar Marsella (C/ Sant Pau, 65), situado muy cerca de la parte baja de la Rambla del Raval y abierto desde 1820 “famoso por ser el más veterano de la ciudad”, motivo ya de visita. Sin duda alguna, el aspecto de este lugar da fe de sus años de vida, aspecto descuidado, puertas de madera, techos altos con lámparas de araña, mesas de mármol y grandes espejos vestidos de polvo. Es un lugar único, bohemio, entrañable, con gran personalidad, frente a cuidados y glamourosos bares que cada vez son más comunes.
Como he mencionado, me tomé un Absenta y es que el Marsella es muy conocido por ser uno de los pocos bares donde se sirve esta bebida, de alta graduación alcohólica (puede tener hasta 89 grados) y se suele tomar rebajada con agua y un terrón de azúcar, su sabor es parecido al anís. Aquí, te lo sirven en copa acompañado del azúcar y un botellín de agua–pinchado en boca-: Uri me lo preparó, quemó el azúcar y le quitó un poco de grados al absenta “lo flambeó un pelín” y listo.
Sinceramente, volveré al Bar Marsella, pero no para tomarme un absenta, sino unas cervecitas, me costó tomármelo y me dejó un poco tocadilla; y al día siguiente, menudo dolor de cabeza, si es que…

Horario: Lunes a Jueves de 21h a 2:30h /Viernes y Sábado 21h a 3h. Los domingos cierra.

Bueno, por fin conté mi visita a Barcelona, ya tenía ganas, pero me faltaba tiempo –estos días navideños…-. Me lo pasé genial. Una vez más, gracias Cristina y Uriol, siempre hacéis que me venga de vuestra ciudad con una sonrisa y deseando volver. Hasta pronto.

DESPENSA DE LA SEMANA

Productos y curiosidades, un picoteo gustoso
Hace días que no os cuento nada por aquí, pero por más que lo intenté no encontraba el momento, así que fui archivando cada anotación y sensación en mi cabecita –por supuesto, también en mi fiel libretilla-. Hoy, domingo y con el sol entrando por mi ventana, encontré el hueco para ser de nuevo sinestesia.
Café y té La Mexicana


El jueves tenía que comprar un regalo y entré en una tienda que hay en mi barrio, La Mexica (Bravo Murillo, 123). Olía a café recién molido ¡qué aroma tan rico! Compré un detallito, pero también piqué algo para mí; café Etiopía Mocca Limu. La dependienta, muy amable, me preguntó qué cómo solía tomar el café –“con leche, pero también sólo”- y me recomendó el café de Etiopía (café Arábica). Es genial, eliges el café, indicas en qué cafetera lo vas a hacer y te lo muelen “in situ”. Además, me llevé un té Herbal de Noche, una infusión relax de rooibos, alcaravea, hinojo, menta, anís y pétalos de girasol.
Esta noche me voy a tomar una tacita, a ver qué tal.
Del 12 al 15 de noviembre: chocolate y más chocolate
Estos días se celebró el VI Salón del Chocolate en el Centro Moda Shopping de Madrid (Avenida General Perón, 40). Allí estuve el sábado pasado, cotilleando en el mundo del chocolate –he de decir que soy muy golosa y que el chocolate me encanta, es un gran placer para disfrutar en cualquier momento-. Os hago un breve resumen:
Nada más entrar, “el misterio de la caja roja”: Nestlé te daba la oportunidad de ganar 50 cajas de bombones si acertabas la combinación ganadora. Participé, pero no tuve suerte. El número ganador fue 11192, así que enhorabuena al afortunado, ¿qué hará con las 50 cajas? Creo que yo hubiera quedado genial estas Navidades, porque allí donde fuera me acompañaría una caja bajo el brazo. También me alegré la vista con las monas de chocolates, realmente espectaculares; esculturas coloridas y perfectamente definidas. Os muestro la botella de Tío Pepe chocolateada, una de mis preferidas.
Si queréis ver todas las obras, podéis hacerlo aquí.
Me recorrí cada stand, tenía que comprar alguna cosita, así que hice el tour completo. Al final, me alegré la vista con todos los detalles de chocolate que había, ideales para regalar. Me paré en el comercio justo y compré dos refrescos típicos de Sudamérica,Tererito y Guaranito.
El primero es una bebida gaseosa de yerba mate, infusión a partir de hojas de mate con cítricos exprimidos; se sirve bien fresquito. Me gustó, un refresco diferente a los que solemos tomar en España. El Guaranito –aún no lo probé- está hecho a base de guaraná y es elaborado en Brasil; el guaraná es un arbusto originario del Amazonas, cuyas semillas son muy ricas en cafeína y otras sustancias estimulantes. Este producto puede encontrarse en España en las tiendas de Intermón: http://www.intermonoxfam.org/tienda/
Lógicamente, también compré chocolate, en MON chocolate (C/ Lucio Del Valle 12. Vallhermoso, 97, Madrid. Tel. 91 534 26 73). Me llevé dos tabletas de chocolate negro, 85% Cacao Ghana –sabor intenso y amargo, ligeramente ácido- y 85 % Cacao Ecuador –más suave y perfumado, exquisito-, ambos de Amatller (chocolotes desde 1797).

Del 7 al 11 de noviembre, lo Mejor de la Gastronomía en Alicante

Sí, por primera vez tuve la oportunidad de asistir al Congreso Lo Mejor de la Gastronomía, en su XI edición y en Alicante, y lo aproveché al máximo.
El tiempo nos acompañó durante todo el fin de semana, hacía una temperatura primaveral, aunque el viento era notable. Fui acompañada por Lola Ferrer y Mª Jesús de la Escuela de Hostelería Fuenllana, además Mª Jesús nos brindó su casa de La Manga, donde nos alojamos estos días. Llegamos el sábado al mediodía, nos fuimos directas al Mosqui (Sbda. El Faro, 50. Cabo de Palos. Tel 968 564 563), bajo recomendación de Mª Jesús. No me quiero extender demasiado, así que de momento os digo, que “de la mar, el mero; del Mosqui el caldero”, es su lema y bien certero. Otro día os hablaré del arroz que nos comimos, sin duda, fue un acierto pasarnos por este restaurante.
El domingo y el lunes nos introducimos de lleno en IFA, el recinto ferial alicantino donde se celebró el Congreso. El domingo asistimos a la fiesta del Arroz, cuatro chefs nos revelaron sus trucos para hacer un buen arroz; y de verdad, que una cosa me quedó clara “El arroz no tiene pautas, lo importante es que el resultado sea el esperado”. Yo tenía entendido que el arroz primero se llevaba a ebullición y después se cocinaba a fuego lento; me llamó la atención que en la región murciana, el arroz se cocina a fuego vivo en muchas casas (por ejemplo, Pepa Navarro de Casa Paco –Gandia-, con su arroz de conejo y caracoles, donde el protagonista son los sarmientos que san un sabor especial al arroz). Por la tarde, el turno del Bacalao; Bacalao Giraldo abrió las puertas introduciéndonos al mundo de este maestro de la mar. A continuación Eneko Atxa (restaurante Azurmendi, Bizkaia) y Aitor Elizegi ( restaurante Gaminiz, Bizkaia). Ambos hicieron una receta con bacalao, pero lo que más me gustó es la defensa que hizo Aitor por el “Slow Food”, dijo “Hay que apostar por los matices y sabores locales, no podemos comer un mismo producto en Tenerife que en Badajoz”.
Después llegó directamente desde Aranjuez, Rodrigo de la Calle junto al biólogo Santiago Orts. Una “charla” entretenida, interesante y amena. El tema, el bacalao y las hierbas del desierto. Con esto y un aplauso cerramos la sabrosa jornada. Ampliar información aquí.


El lunes día 10 fue más relajado –menos gente-, nos paseamos por todos los stands y descubrimos algunos productos interesantes (vinagre de moscatel, mermeladas “de cerveza, jazmín” y turrodelia, adquisiciones que se vinieron conmigo a Madrid). Bueno, el frasquito de Turrodelia no llegó a casa, bajé del coche y plof, crema de turrón al suelo y un ay ay de tristeza.
También compré Panallets y sinceramente los he probado mejores.
Ay, se me olvidaba, probé la Sechuan Button, flor de Sudamérica y África con sabor eléctrico y adormecedor ¡qué sensación tan extraña, la boca se te queda anestesiada!
Pero también hubo ponencias ese día en nuestro diario, Albert Raurich (Dos Palillos, Barcelona) nos hizo una exposición activa de sunomono, las ensaladas japonesas. Hizo sunomono de wakame, pepino y algas con su caldo –dashi de bonito, yuzu y vinagre de arroz-. “El sunomono no es un plato, es un concepto; es el concepto de ensalada para los japoneses, pero no lleva aceite de oliva, como una sopa de verduras crudas, 0% grasas”, afirmó el conocido chef.
Observación: lo pasamos en grande, unos días entre reconocidos chefs, interesantes charlas, productos curiosos; pero, a diferencia de otras veces, en los stands no podías probar nada, a excepción de los turrones de Jijona que eran muy generosos; todo a un euro, vamos, como la feria de la tapa.

Y hasta aquí, mi compendió de cúmulos culinarios. Un brindis por los sabores, por los aromas y por los sentidos que nos dan el placer de apreciar todas estas maravillas.