LAmucca, Barrio de las letras, días de verano

LaMucca de Pez, vaivén de sabores con acierto

La lluvia y el frío inundaron de golpe Madrid, cálidos hogares, paraguas transeúntes, ganas de salir, pereza ante la tempestad que atrapa, conversaciones al teléfono de planes por venir. Esto es una parte de la vida, tiene que haber días de sol y días de lluvia, también grises y nublados; como también es parte de los estados de ánimo de nosotros los seres humanos. Otra coincidencia de la naturaleza, siempre tan sabía. De ello, lo mejor, es que cada día es único e irrepetible; por ello, hay que comérselos con una sonrisa, con sol, viento o chaparrón.

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Experiencias Foodiciosas con Chispa en Madrid

Ya se siente el otoño, ya tocaba, aunque el cambio ha sido muy brusco y a mí me ha pillado sin suministros de ropaje adecuado –qué frío, jeje-. Frente a la ventana, veo la gente pasar, las hojas que caen, el ruido de coches al fondo, respiro y siento plenitud ¿No es genial?

En estos días, empiezo a tener ganas de tomar una buena taza de chocolate caliente –llegarán, pues siempre le hago caso a las premisas de mi cuerpo- y espero descubrir nuevos sitios en Madrid para su disfrute. Mientras, he seguido con mis andanzas y he de decir que algunas han sido muy gratificantes, esas son las que quiero hoy compartir contigo.

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GASTRO-CONSEJOS POR UNA FOODIE INQUIETA

¿Qué pasa cuando las expectativas al visitar un restaurante no se cumplen?

Comenzaré diciendo que mi pasión por la gastronomía me lleva a estar al día en las redes sociales en este aspecto foodie, disfruto chequeando instagram e interactuando con imágenes que captan mi atención. Suelo registrar en mi mente –y cuando tengo tiempo en la libreta- estos sitios que me gustan o me parecen interesantes, para cuando se tercie, pasar a probarlos.

Ayer, tenía ganas de Guao Baos “bocadillos chinos que están a la última”; los probé en Barcelona en un FoodTruck Market y me encantaron –ligero, sabroso y diferente-. Tras leer varias recomendaciones, opté por ir a Buns & Bones, aprovechando que quería ir por el Barrio de las Letras. Uhm dije “un sitio que incluye la palabra “Buns” en su marca y que es especialista en este tipo de bocados “debe ser un acierto”. Para mi sorpresa, NO. La presentación estaba bien, pero cuando di el primer bocado, mi cara era un poema: insípido, sin personalidad, falta de todo y tristeza, pues estaba entusiasmada con la idea de cenar unos ricos baos. La atención y el ambiente, sin embargo, merecieron la pena.

Antes de ir al local, nos paramos en la Rosa Negra, pues nos llamó la atención el colorido del sitio y que había un letrero que decía “mojitos y margaritas 3´50 €”. Entramos para tomar un margarita como aperitivo y zas ¡Vaya margarita! ¿Llevaría tequila? Era como un granizado con algo de alcohol, pero claro, qué íbamos a esperar por 3´50 € en pleno centro de Madrid ¿NO?

Dijimos “esto no puede ser”, hay que terminar la noche con mejor sensación, jaja… Seguimos caminando y nos topamos con una Pizzería argentina El Trebol, donde el señor que promocionaba el local nos cameló para entrar y tomar ahí el postre. Muy bueno el café; la tarta de zanahoria decente, pero ni por asomo de las mejores que he probado (ración 4´90 €). Sin embargo, mi amiga sí que había comido aquí y dice que las empanadillas/pizzas son para repetir “excepcionales”. Volveré a probarlas pues.

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Por tanto, he aquí algunos gastro-consejos para evitar estas experiencias que no entusiasman:

  • Prueba por ti mismo, investiga un poco antes, pero no te crees expectativas muy altas si no te lo recomienda alguien cercano.
  • Las imágenes muchas veces engañan, dicen “uhm rico rico”, pero cuando pruebas “Uhm dios mío, fiasco fiasco”.
  • Ojo con los letreros que incitan a entrar con precios bajos; a veces son un gancho que sale caro.
  • No fiarse mucho de las recomendaciones, a veces son sitios de moda que están invirtiendo mucho en comunicación y ese buen marketing logra captar clientes que irán una vez y cuando prueben, dirán “una y no más”. Honestidad en la oferta por favor, si no eres el mejor en carnes no te vendas como tal; si tienes la mejor tarta de limón, comunícalo a los cuatro vientos.
  • Sigue a prescriptores con buen paladar; sus recomendaciones suelen ser aciertos y un éxito.
  • Si descubres un buen sitio, anótalo y guárdatelo en tu lista: hay mucha oferta pero ojo que también hay mucha paja.
  • No elegir lo barato, a veces sale caro: mejor pagar más y disfrutar de un menú de calidad que comer barato y salir descontento, con sensación de “si lo sé me preparo algo en casa”.
  • Por último, asegúrate de ir en buena compañía, será la mejor forma para que una buena elección sea excelente y, una mala, no sea un fracaso.

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Por tanto, si tus expectativas no se cumplen, no te vas contento, al contrario “sales desilusionado” y además no volverás al sitio ni recomendarás la experiencia. Un restaurante debe procurar que sus clientes comensales salgan contentos, con sus expectativas al menos cubiertas, porque, si no, no solo estará perdiendo un cliente, estará perdiendo un prescriptor que dejará de generar un “Boca a Boca óptimo para su negocio”.

Espero que mis pautas te sirvan en tu próxima elección. Y tú ¿Qué piensas?

Un abrazo 🙂

LenguadeCerdo

La Tasquería, apta para no casqueros

Una experiencia para vivir sin
peros, arriesgada, pero acertada

 

Hace unos días, estuve en Madrid y,
esta vez, pude disfrutar sin prisas y bien agustito cada día en la capital. El
motivo de mi visita dio un matiz especial al viaje, que partió con un sabor
dulce y entrañable, pues prioritariamente mi objetivo era visitar viejas
amistades, para “charlar, comer y beber” como solíamos hacer antes de emprender
vuelo. 
Lógicamente, la semana dio para
mucho, pero en esta ocasión te contaré mi experiencia más inesperada y
sorprendente; además, por partida doble y, cómo no, al compás de la buena mesa. 
Dos partícipes protagonistas y desconocidos claves en el encuentro: Jorge Ruíz,
fundador de Recetags y la Taquería de Javi Estévez. 
Quién NO arriesga  no GANA

Tras 2 años entablando conversaciones
con Jorge y, finalmente, colaborando con él en Recetags desde el pasado
noviembre, por fin, llegó el día de estar frente a frente. Le comenté que iba a
Madrid y, de repente, un almuerzo en el aire ¿Dónde? Sugerencias me dio, pero
qué le vamos a hacer, me encantan las sorpresas, así que, le dije ¡Sorpréndeme!
Nos encontramos en la plaza de
Felipe II y, de ahí, fuimos caminando al restaurante, no sin antes preguntarme
si me gustaba la casquería; uhm… puse cara rara y fui sincera, no es mi mayor
debilidad y me da un poco de repelús comenté, pero siempre prefiero probar lo
desconocido antes de juzgar. Jorge compartía mis sensaciones y llevaba tiempo
queriendo probar la Tasquería, por lo que allí nos dirigimos, para descubrir si éramos casqueros. 
Desde que uno pone un pie en la
Tasquería, siente el buen rollo que se respira, un ambiente cálido, desenfadado
y un equipo que te recibe con una generosa sonrisa. Clara Villalón, ex
Masterchef, dirige la sala, con naturalidad y ese toque cercano y justo que te
hace sentir como en casa. Por supuesto, nos dejamos aconsejar por ella y
dejamos a su elección el menú
degustación:
5 platos con nivel casquero intermedio. Puedes optar entre
comer sabiendo qué es o probar a ciegas. Nosotros preferimos probar sin saber,
para estar libre de prejuicios e intentar descubrir cada plato según fuéramos probando.
Menú Casquero
Intermedio
#Perdiz #Manzana #Oloroso
#Morro #Encurtidos #Anchoa
#Carrillera
#Sándwich# Portobello
#Cuello  #Patata
 #Ensalada fresca
#Callos
 #Pata  #Morro
Empezamos con un brindis de
vino blanco, Navaherreros –D.O Madrid- que nos acompañó durante todo el menú;
de aperitivo, embutido de lengua de cerdo (en apariencia, lomo ibérico). A
continuación, un tarrito de paté,
cremoso, intenso y perfecto con la gelée de manzana y las tostaditas crujientes
que dio paso a los tacos de morros,
sabrosos, de textura gelatinosa y algo picantitos; un bocado contundente y fresco
a la vez, me encantó. 
Mientras la conversación se hacía interesante, el menú
más emocionante, pues el sándwich de carrilleras con champiñones fue delicioso,
la carne se deshacía y el bocado resultó muy jugoso. Sorprendente el cuello de
cordero
, sobre finísima crema de patatas, de aspecto brillante con un glaseado
perfecto y un ligero sabor a guisante por los tirabeques, que aportaban
frescura al plato. Así, fuimos llegando al final y lo coronó un plato tradicional,
los callos
, melositos, picantitos y sabrosísimos.
No quiero dejar de mencionar,
la variedad y buen gusto en el menaje, pues cada receta se presenta en un
plato. Sin duda, en la Tasca+Casquería se parte desde el conocimiento y el buen
hacer, que unidos a la creatividad, una impecable elaboración y una acertada
presentación, logran una experiencia 100% recomendable seas casquero o no; si
lo eres, te sorprenderá, si no, te convertirás.
Sin duda, visitar la Tasquería
fue todo un acierto, es de esos sitios donde se respira el amor por las cosas
bien hechas, la pasión por la profesión, el ambiente lleno de entusiasmo que,
al final, es un plus primordial en el recuerdo que te llevas. Así que, este
día fue una prueba más para seguir abriéndome a lo desconocido, sin juicios previos,
dando paso a las nuevas aventuras, aprendiendo, disfrutando, conociendo nueva
gente y buscando nuevos horizontes. Gracias Jorge, fue un lujo compartir la
experiencia contigo y, por supuesto, gracias a todo el equipo de la Taquería “pa
quitarme el sombrero amigos”. 
Precio medio: 25-30 € Sí,
es casquería, pero muy elaborada y valorando la experiencia, el precio es justo
y razonable. Échale un vistacillo a la carta y anímate a probarla. 

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RESTAURANTE LÚA

DÓNDE LA PASIÓN SE
BIFURCA EN MIL Y UNA EMOCIONES 
Han pasado ya unos meses desde mi
visita al restaurante Lúa (Paseo de Eduardo Dato, 5. Madrid), donde estuve
disfrutando, junto a otros duendecillos gastronómicos, del TapasBlogs que
tuvo lugar el pasado 28 de marzo. Todos y cada uno de estos encuentros tienen
un condimento especial que convierten estas “quedadas” en verdaderas “fiestas”,
con un entorno único y recomendable, para cualquier apasionado de la Buena
Mesa. Si bien es cierto, que tenía muchas ganas de asistir a este evento y
descubrir Lúa, pues había oído muy buenas referencias de su cocina, siendo
Carlos Noceda
–de ¡a ver qué cocinamos hoy! el primero que me habló de este sitio,
en uno de los primos Tapas&Blogs, aunque, por aquel entonces, Lúa se
encontraba en el nº 85 de la calle Zurbano. Ahora, regenta un local más amplio,
dividido en dos plantas, luminoso, sobrio en la decoración, a la par que
elegante, conservando el estilo de su antecesor, Zaranda, el restaurante que
dirigió Fernando Pérez Arellanos. 
“El placer de la buena mesa se disfruta con los cinco sentidos”
Esta frase es la esencia que, día
a día, hace que, en Lúa, las ideas se conviertan en experiencias, gracias al
equipo que dirige el joven chef Manuel Domínguez. Una de las mayores verdades
en la vida es que “lo que haces con cariño da buenos resultados” y, en cocina, es
una actitud imprescindible, pues “si cocinas con amor, todo sabe mejor”. Esto es
lo que sentí en Lúa, donde cada plato trasmite delicadeza, pasión, entusiasmo y
encanto, algo que se dibuja a primera vista, en su presentación y aroma, se disfruta en boca, dónde el sabor de cada plato era justo el equilibrio
de todas esas sensaciones, a las que se les suma una materia prima de calidad. 
La magia y el encanto de la
cocina de Lúa van tornándose semana tras semana, pues he de deciros que no
dispone de una carta convencional, sino que la oferta se basa en un menú
degustación que cambia semanalmente
y se presenta a través de un aperitivo y
cinco platos, siendo el último el que pone el toque dulce. La armonía
gastronómica se completa con una acertada bodega, que ofrece más de 30
referencias a precio de coste (con un precio de descorche por persona de 5´5 €)
y que es asesorada por David Villalón, del Restaurante el Padre. Hago un
paréntesis, para felicitar a David por su bien hacer en El Padre, ya que tuve la
suerte de conocerlo, gracias a las “catas a ciegas” que organiza Raquel Pardo,
periodista especializada en el mundo líquido (os recominedo entrar en su su blog “Raquel Líquida”) en el restaurante, donde David
nos da su opinión acerca de las referencias catadas. El Padre es, sin duda, una
buena opción para almorzar, tapear o cenar cualquier día de la semana, algo más
cotidiano que Lúa, pues es un concepto diferente, pero, con el mismo espíritu
que caracteriza a las cosas bien hechas, con estusiasmo. Volviendo al eje central de este post,
no puedo dejar de mencionar el servicio, pues es otro de los ingredientes sin
los cuales sería imposible esta armonía; una atención cuidada, cercana en su
punto justo y, sobre todo profesional, y con buen gusto. 
El deleite para cualquiera que se preste a su “juego”: El MENÚ
Cómo no, no podía dejar de comentaros
el menú con el que, Manuel Domínguez, nos sorprendió en este encuentro, al que dio paso nuestro amigo Carlos Noceda, con unas palabras de bienvenida que, aunque
breves, fueron merecedoras de un gran aplauso.
El punto de partida vino de la mano de Estrella
de Galicia Selección 2012
, una cerveza tostada que, según Manuel, éramos
los primeros en probar. Le siguió un sugerente aperitivo: Irlandés de lentejas y
boletus,
precedido de un vino blanco de Rueda “Bianca” (verdejo 2010). A
continuación, un tartar de atún con guacamole de wasabi y lima, polvo de nachos
y vinagreta de frambuesa (no tengo palabras, fue uno de los platos más aplaudidos,
así que, sólo una cosa ¡tenéis que probarlo!)
El toque tradicional se dejó ver
en la Sopa de ajo “a lo Lúa”, presentada con huevo escalfado, palomitas de
arroz rojo y carpaccio de trufa negra. La calidad mostraba su baza en la
Merluza al vapor sobre sopa de maíz, crudité de verduras y praliné de cacahuete,
un pescado blanco y con frescura, acompañado de un contraste dulce y salado
protagonizado por las verduras y los frutos secos. En este punto, abrimos paso
al tinto “Tres Matas”, de la Ribera del Duero. 
El plato de carne se presentó en
forma de Mini albóndigas de venado en reducción de teriyaki sobre un puré de
yuca, nabo y falsa guindilla con rabanitos
. Para su disfrute, nos sirvieron un
Rioja, Ontañón (crianza 2008). 
Hasta este momento, todo fue sobre
ruedas, pues cada plato era una obra singular, de tamaño justo y con un sabor
equilibrado, donde cada aroma se hacía sentir, pasando a ser un componente más
del “cuadro” final. El buen hacer continuó hasta el final, concluyendo
con una Crema de queso San Simón sobre sopa de violetas y cristal de miel que, personalmente,
me sorprendió, me encantó; textura “densa, casi como una esponjita-nube”, intenso sabor “queso
de vaca ahumado de la zona de Lugo”, que encontraba en las violetas el toque
justo y exótico de frescor y dulzura.
Hasta aquí os puedo contar, pues
Lúa se presta a dar experiencias y lograr emocionar a su espectadores “comensales
de aventuras bien contadas” día tras día y visita tras visita, así que, sin
duda, os recomiendo que no dejéis de pasar por el nº 5 del Paseo de Eduardo
Dato. 
Finalmente, darle las gracias al
equipo de Lúa (por su atención y dedicación), a TapasBlogs (quienes
convierten los eventos y la buena mesa en un “juego” que engancha y mucho) y a
Cristina Lancha, de Acción y Comunicación, quien hizo posible esta velada. 
PD: Este día comuniqué a mis
compañeros de TapasBlogs mi marcha, no sé por cuánto, de Madrid, pues me
marcho a otro continente, a otra cultura, pero no quiero dejar de agradecer
tantos buenos momentos, brindis y risas compartidas con todos ellos. Os seguiré
la pista desde el Sur de África. Un fuerte abrazo compinches del tapeo, los
fogones y la Buena Mesa.
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SAGARDI EUSKAL ETXEA MADRID

El Grupo de restauración Sagardi, fundado en 1996 y especializado
en gastronomía vasca tradicional, ha inaugurado recientemente un nuevo local en
pleno centro de Madrid, concretamente en el nº 3 de la calle Jovellanos, en la sede del Centro Cultural Madrilgo Euskal Etxea-Hogar Vasco. Ésta entidad cultural, sin ánimo de lucro,
fue creada en 1979 con el fin de convertirse “en la casa” de los vascos
residentes en la capital, con un ambiente genuinamente vasco y dotado de
espacios donde poder participar en actividades socioculturales acordes
con las costumbres del país. Está claro que, entre el sinfín de planes que se
pueden organizar en el centro, no podían faltar las reuniones en torno a la
buena mesa, algo que, sin duda, es de gran arraigo entre sus costumbres, ya que
la gastronomía es su mayor seña de identidad. Pues bien, desde el pasado 16 de
marzo, Sagardi Cocineros Vascos es el restaurante que trasmitirá los sabores de
la auténtica cocina vasca, que antaño se servía en los asadores y caseríos de
los pueblos.
Tuve el
placer de asistir a la inauguración de este nuevo restaurante y sentir la
sabrosa y castiza calidez que ofrecen en Sagardi, tal y como mencionó Iñaki Lz
de Viñaspre,
presidente y fundador del Grupo SAGARDI: “haremos que el
comensal se sienta como en casa, disfrutando del ambiente jovial de las
antiguas tabernas vascas y del sabor y riqueza de nuestros platos más
auténticos”.
Dicho y hecho, pues
cualquier comensal que se siente en una de sus mesas, podrá disfrutar de esta
sensación y disfrutar de una gastronomía tradicional y auténtica vasca, centrada
en producto de temporada, para asegurar su máxima calidad y frescura, cocinados
de forma sencilla, ofertando unos platos al estilo casero, sin vanguardismo
alguno. En la carta, destacan las carnes y pescados a la parrilla –de carbón de
encina-, así el txuletón de buey, el bacalao, los pimientos del piquillo
o los cogollos de Tudela, siempre acompañados de los mejores vinos y sidras del
País Vasco. En el almuerzo, presentaron
la mesa unos canapés de tartar de atún rojo, unas Txistorritas y, cómo no, un Txacolí Talai Beeri, 11.
A
continuación, nos agasajaron con unas alubias de Tolosa y sus sacramentos, o
como dicen en Asturias, con su compango –morcilla, guindillas, lechuga y
panceta-; suaves, melosas, sabrosas. 
Como primer plato, tomamos unas kokotxas de bacalao con alcachofas
de Tudela
al pil- pil, un plato sensacional, fresco, tierno, con mezcla de
texturas, donde las alcachofas hicieron salivar a más de uno, siendo las reinas
del plato, por su perfecto cocinado -tersas y tiernas-. 
Y, para culminar este
homenaje, el Txuletón de buey al estilo Irati, en su punto, churrasco por fuera
rojizo por dentro, pero sin gota de sangre, perfecta su textura y sabor,
acompañado por unos pimientos del Piquillo asados y confitados en aceite de
oliva, junto con unas ensalada de lechuga y cebolleta de la huerta de Hernani,
que me trasladaron a mis domingos en el campo, pues eran parejas a las de mi
abuela, con lechuga del ritual “del campo a la mesa”. 
El vino elegido para acompañar  el menú fue un tinto Rioja D.O.C. El de
Debajo de la Escalera Magnum, 09. 
Hasta el último momento, elogiaron a la
materia prima de la tierra, pues el postre consistió en fresas con almíbar de
txacolí y helado de yogur de oveja:
afirmo que el aroma de las fresas llegó a
la mesa mucho antes de que éstas pudieran ser vistas, frescura que se armonizó
con su vivo color, siendo un final elegante, casero y entrañable, que puso fin
a un almuerzo para quitarse el sombrero y guardar en el recuerdo. 
Antes de despedir este post, me gustaría echar un ligero
vistacillo al renovado comedor de 230 m2, pues
goza de una iluminación radiante, con mesas holgadas que son centro de
admiración de las obras de Juan Gorriti, artista contemporáneo vasco, que con
tonos azulones y con materiales de la tierra vasca forman parte de la
decoración de la sala. Además, tuvimos la suerte de contar con su presencia y
ser oyentes de su discurso, emotivo aperitivo de la reunión.  
Por último,
mencionar que la atención brindada fue muy correcta, atenta y con su toque  de cercanía personal. Tuve el placer de disfrutar
de esta velada en compañía de mi amiga Aida, de Mis Maridajes, y compartir
charla con Concha Quirós de Comunicación Ucero, Enrique Sancho y
Sra. de Open Comunicación, Adolfo
Coma de Lugares y más, Joaquín
Moreno de Ampretur y Juan Carlos
Arriaga Director Comercial del Grupo
Sagardi.
Sin más, darle la más sincera enhorabuena
al Grupo Sagardi, por su buen hacer y por la invitación, complaciente y por
brindarme la oportunidad de compartir mesa en su primeros pasos en la calle Jovellanos.
Sin duda, os recomiendo que os acerquéis a vivir esta experiencia, donde por
encima de todo, sobresale la tradición de una tierra y el sabor amable de su
gente.
 

Calle de Jovellanos, 3. 915 312 564
www.sagardi.com

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“COCINA” y “SALA” by COQUE

Una pareja sabrosa, sigilosa y elegante

En este domingo tan primaveral, quiero hablaros de mi última experiencia en el Restaurante de la Familia Sandoval, COQUE (Humanes, a unos 25 Km. al sur de Madrid), donde estuve el pasado 25 de febrero. Había estado anteriormente, en un evento celebrado por Tapas & Blogs, hace ya casi dos años –madre mía, cómo pasa el tiempo- y realmente fue una experiencia más que satisfactoria, por la cocina, la sala y el cariño con que nos acogieron. El pasado verano terminó la reforma del local y, por fin, tuve la oportunidad de volver. ¡Allá vamos!
Un recorrido de sensaciones “sorprendente, tradicional, emotivo y de vanguardia”
En la Bodega: aperitivo de Bienvenida
Nada más entrar, Rafael Sandoval, quien dirige la bodega, te recibe y te guía hacia la bodega, que se encuentra en la parte baja, un espacio singular con suelos de cristal y vitrinas que muestran algunas de “las excelencias” de la carta; donde te agasajan con una copa de vinos-según preferencias-. Nosotros optamos por un cava, en concreto, Casa Sala, uno de los Cuveés de Prestige de freixenet. Y, para su disfrute, te presentan una campana de cristal con una especie de árbol metálico con “frutos” delicados que resultan ser el tentempié inicial: teja de pipas y sésamo, uva moscatel con crema de queso y pistacho, buñuelo de bacalao –suave y delicioso- y un bombón de foie –un salado goloso que sorprende-.
Verdaderamente, es un placer tal recibimiento, por lo que el aperitivo resulta galante y seductor, creando grandes expectativas.
En la Cocina: el sabor de la huerta
A continuación, te redirigen hasta el ascensor que lleva a la planta de arriba, y de ahí, se pasa a la cocina, segundo escenario del tour, donde Mario Sandoval y su equipo reciben al cliente para darle la bienvenida y desearle un feliz almuerzo. Esta vez, no estaba Mario, pues se encontraba dirigiendo un evento en la Finca Romanée –espacio donde acogen diferentes celebraciones-. Pero, su equipo nos atendió estupendamente y, en honor a su huerta, te brindan unos aperitivos, en maceta, con su tierra y con la gracia de que tú mismo tienes que recolectar el “fruto” para disfrutarlo: encurtido de zanahoria, rábano en tierra de remolacha y puerro en tierra de cebolla tostada. Crujientes, naturales y originales… las sensaciones van en aumento, mientras nos vamos acercando a la trama central.
En la Sala: un “pasodoble” cercano y agradecido
Tras este cordial y agradecido recibimiento, nos adentramos en la sala, donde nos espera Diego Sandoval, que con una sonrisa y gratas palabras nos acomoda en la mesa y nos presenta la carta: cuatro menús, cuatro experiencias “clásico, de mercado, degustación y gastronómico”. Optamos por el menú clásico. Antes de comenzar, cómo no, Rafa nos consultó si queríamos tomar vino en el almuerzo y, claro está, sí y, por supuesto, nos dejamos aconsejar. Disfrutamos de Coto de Hayas 2008 (tinto crianza de la D.O Campo de Borja) que acompañó perfecto a la selección de platos del menú.
Un Menú clásico y contemporáneo
Antes de comenzar, la tercera secuencia de aperitivos llegaba a la mesa: comenzamos con un árbol con unas galletitas crujientes de semillas; seguimos con un soufflé de queso –textura suave, sabor intenso- y continuamos con los esféricos de frutos secos (pistacho, piñones y nueces), ligeros y fugaces, pero no emotivos, siendo el de pistacho el que más se dejó notar.
Como primer plato, cromatismo de verduras a la parrilla con hojas verdes orgánicas, acompañados por una copita con su caldo: todas al dente, en su justo punto de cocción, respetando su color y formando un colorido mosaico, sobre crujiente de su “tierra”. Un bocado natural, limpio y crujiente.
Tras la huerta, nos introducimos en el monte, con unas setas con foie y puré de castañas; un bocado meloso y salvaje, pero de sabor delicado y agradable.
Y, cómo no, el plato principal, y que no se puede dejar de probar en Coque, fue cochinillo, de su propia granja y cocinado en la parrilla de horno, en su jugo, con su piel crujiente… un deleite.
El postre de chocolate, con diferentes texturas, impecable, cremoso, justo punto dulce y amargo. Me encantó la presentación: sutil, lineal y cromática. Además, con el café, no faltó a creatividad en los petit fours –me quedo con la pastita de maracuyá, de textura cremosa, casi como la de un helado-.
Esta experiencia se la debo a mi amiga Carmen Calvo -Directora de Comunicación y Relaciones Públicas de la Escuela de Hostelería Fuenllana, donde tuve el placer de estudiar Restauración hace ya algunos años- quien me hizo este regalo para los sentidos: un almuerzo con grata e interesante charla, que se vio engrandecida con cada bocado. Me hubiera gustado saludar a Ruth Vila Conejo, alumna que está realizando sus prácticas en Coque y que, por casualidades de la vida, conocí hace poquito en unas cata dirigida por Alejandro Rodríguez (Segundo Sumiller de Santceloni y amigo), donde me comentó que estaba encantada de estar realizando aquí sus prácticas.
Sin duda, quienes aún no hayáis visitado Coque, os recomiendo que hagas una escapadita, para un día especial, será un acierto y, si no, su visita hará el día especial.
Desde que llegue, hasta la salida, hasta hoy mismo en que estoy escribiendo, tuve la sensación de sentir el lujo del detalle, con una atención correcta, educada, a la vez que cercana y cálida; donde la cocina encuentra en la sala la fusión perfecta, no sobresale una sobre otra, van al compás, paso a paso, logrando un balada para el disfrute de quienes se presten a su goce.
Un aplauso para los hermanos Sandoval, por hacer del hecho gastronómico un homenaje y una experiencia.
Muchas gracias a todo el equipo, por ofrecer una melodía llena de sensaciones para presenciar y recordar.
Burgerlab

LAS HAMBURGUESAS SE PONEN LA MOCHILA

Las hamburguesas están de moda, llevan siendo populares desde finales del siglo XIX, cuando la cadena White Castle las dio a conocer, tal y como las conocemos hoy. Ahora bien, si antes eran consideradas las reinas de la comida rápida o, por muchos, comida basura “más bien por el tipo de establecimientos que las vendían”, ahora pasan a desfilar en las mesas de los mejores restaurantes, siendo plato estrella de muchas cartas y de los más demandados.
Es además, uno de los platos más internacionales, pues en cualquier parte del mundo puedes comerte una hamburguesa; son un claro ejemplo de la globalización del hecho gastronómico. Digamos, pues, que las hamburguesas son viajeras y, además, bien recibidas donde quiera que vayan –salvo excepciones por motivos culturales-.
En Madrid, cómo no, la oferta es variada y hay muchos sitios donde disfrutar de una rica hamburguesa (New York Burguer, Home Burguer, Nimú, Mad Café, Cilantro Gastrobar, San Wich, Alfredo´s Barbacoa, Taberna Agrado). A mí, personalmente, me gusta mucho la Chrysler Tower del New York burguer (original, cocinada al carbón, con queso azul y salsa de arándanos). Las últimas que he probado son las de The Burger Lab, un sitio de reciente apertura y que pasaré a presentaros.
En cualquier parte del mundo te puedes comer una hamburguesa y, en Burger Lab, podrás comerte un hamburguesa de cualquier parte del mundo
La hamburguesa es viajera y turista, y esta última faceta ha querido instalarse en Madrid y mostrarnos sus viajes a través del local ubicado en la calle San Joaquín, 5, donde se encuentra The Burger Lab o, literalmente, el laboratorio de la hamburguesa.
Tras las investigaciones y viajes, se encuentra Edmundo González, chef y director The Burger Lab, de origen chileno y afincado en Madrid hace 10 años. Brevemente, comento la trayectoria de Edmundo en la capital, pues ha sido asesor de varios restaurantes –Summa, Sukothay, Circus y The kitchen stories-. Ahora, emprende camino en un proyecto propio, con el objetivo de ofrecer una hamburguesa, para todos los gustos en su taller gastronómico en el céntrico barrio de Malasaña “TheBurger Lab”.
El local es sencillo, con capacidad para 45 personas, de corte minimalista, pues salvo unas líneas coloridas y las rojas lámparas, el color predominante es el blanco. Las mesas, algunas altas con taburetes, otras, con bancos corridos. Es una hamburguesería más “chic”, más moderna. En este sentido, se asemeja a la sobriedad de los laboratorios, pero, eso sí, la creatividad llega a la mesa, nada más poner los posa manteles, que resultan ser la carta, colorida y digna de ser vista.
Al observar el posa mantel “carta”, verás que todo son Hamburguesas, está claro, pero, al mismo tiempo, te costará decidir, pues cuenta con hamburguesas de distintas nacionalidades, razas, países, aromas, colores y sabores. Desde la Marrakech, la tailandesa, la exótica, la tradicional, la vegetal o la de Hamburgo, con distintas carnes (de avestruz, ciervo, caballo, canguro, zebra, pollo, impala…) o pescado (salmón, merluza…). Pero, no sólo eso, sino que, además, cada especialidad está personalizada, con diferentes complementos e ingredientes, acordes al país que evoca cada bocado. Como nos comentó el chef, se trata de hacer disfrutar a los clientes de los aromas y sabores del mundo, rescatando lo sensorial en cada hamburguesa, además de mostrar carnes diferentes como el canguro, que es un éxito en la carta, ya que es muy poco conocida. Estamos en un laboratorio y, como tal, el equipo The Burger Lab sigue en la búsqueda de nuevas especies, aromas y texturas para ofrecer unas hamburguesas con raza, cultura e historia, ofreciendo no sólo un almuerzo sino una experiencia. Incluso tienen hamburguesas para celíacos, algo que me gustó saber y que comunicaré a mis amigos Ana y Víctor, de Caminar sin Gluten, pues me acordé de ellos cuando me lo comentó Edmundo. Por cierto, justo la semana que fui yo, inauguraron la parrilla de carbón, por lo que las hamburguesas han ganado en sabor y apariencia, respecto a sus inicios.
En mi visita –el 14F-, opté por la Marrakech (6´4 €), de carne de buey, condimentada con ras al hanut, especias y hierbas marroquíes, jengibre y cilantro; acompañada con hummus –muy bueno- y patatas. Mientras disfrutaba de ella, pensaba en que un queso tipo feta y una salsa agria –similar al que ponen con los kebab, le hubieran dado un toque con buen ritmo. También probé la de ciervo (8´1 €) -mejorable, pues la carne estaba un tanto seca- y la de avestruz (7´2 €), sin duda, la más jugosa.
Los entrantes también están lejos de los que puedes encontrar en los burguers, así las croquetas de cerdo e higos (3´2 €) –recomendables- con dos salsas, de setas y la thailandesa ; rollito de buey y vegetales (3´9 €) o Kani Kama en panko (3´4 €)–empanado japonés-.
Como postres tomamos el flan de turrón y la tarta cheescake; confieso que no soy muy de flanes y éste me encandiló, es puro turrón, cremoso, pero delicado y suave, con frutos rojos. La cheesecake no tiene la típica base de galletas, sino una fina base de avellanas, lo que aporta un recuerdo tostado que resulta bastante interesante. Son postres caseros y eso se nota.
Y, sin más, aquí termina mi visita a este casi recién llegado al barrio de Malasaña y que os invito a conocer; eso sí, a The Burger Lab, no hay que ir pensando en que vas a tomar la mejor hamburguesa de Madrid, si no a conocer una hamburguesa personificada y creativa que cuenta sus experiencias viajeras. Y, cómo no, a probar y conocer distintos tipos de carnes, que pueden gustar o no, pero, si eres de los que le gusta salir de la rutina y abierto a descubrir nuevos sabores, pues The Burger Lab es una opción “asequible y apetecible”.
Con este proyecto, el chef Edmundo González deja claro que en la cocina no hay fórmulas establecidas y que con técnica, invención, conocimientos y mucho cariño, se pueden crear unas obras sabrosas y salerosas.
The Burger Lab- C/ San Joaquín 5. Tel 91 522 26 61
Horario: de lunes a sábados de 12.00 a 24 hs. Cierra domingo noche
Para más información, podéis echar un vistazo a su página:
BudaMaiiaThai

Maiia Thai, un tailandés a la “contemporánea”

El curry, la lima, el cilantro, los ajíes, la leche de coco, los cacahuetes y, cómo no, el arroz son la base de la cocina thai, una cocina distante y ajena al gusto occidental, extraña para nuestro paladar, pero, que, sin embargo, es una de las más experimentadas por los europeos en el marco de la cocina internacional.


Está claro que por “más rara” que pueda resultar una receta “a lo thai”, su fusión funciona; digamos que podríamos decir que es carnavalesca, por su color, su diversidad… La experiencia de una cena siamesa es toda una gala, multitud de platitos para compartir, potentes sabores, aromas exóticos, bocados agridulces y picantes… todo cabe, pero, siempre, tiene que haber una bella armonía ante los sentidos. Lo diferente puede resultar extraño, de ahí su atractivo, pero, sí gusta, será un éxito. Sin duda, esta cocina lo es, por más variada e indescriptible que pueda ser, gusta y mucho.

Hasta visitar Maiia Thai (C/ Princesa, 13. Tel. 91 540 04 47) había probado algunos platos tailandeses en algún asiático, pero, realmente, fue aquí, donde disfruté “un poco” de esta cocina –como siempre digo, nada como viajar al destino, para sentir y apreciar su tradición-. Si mal no recuerdo, me dejé ver por allí el pasado 26 de noviembre, en compañía de mi amigo Gonzalo, que, aun siendo más de gustos tradicionales, se fio de mí y, excepto el picante, le gustó la experiencia.

Antes de contaros cómo fue la noche, tengo que deciros que la reserva la hice por réstalo –hacía tiempo que no utilizaba este servicio-, pero fue buena elección.

La primera impresión fue positiva, pues Maiia Thai luce un “look” oriental muy apropiado, con luz tenue y cálida en la noche, perfecta para una cena romántica, lámparas de madera y un colorido divertido, aportado por un mural de sombrillas multicolor. Sin olvidar, el enorme Buda –situado en la ventana de la planta de arriba- que da la bienvenida a todos, ya desde la calle.

Y, sin más, os cuento el menú que tomamos, acordado para la oferta de réstalo:

Para irnos poniendo a tono, nos trajeron una sopa thai (Tom yum gung): muy buena, eso sí, “picantita” –con tamarindo, langostinos, hierba limón, aji, verduras y cilantro-. Era demasiada cantidad, no pudimos terminarla.

Seguimos con las codornices crujientes con soya dulce -un bocado agridulce y exquisito-; el pollo satay (a la parrilla, con dos salsas, una de cacahuete y, otra, de pepino y chile) fue otra maravilla y, no fue menos, la ensalada thai, muy refrescante, con mango, pepino, endivias y brotes de soja.Como platos principales, optamos por el pollo Bangkok barbacoa; tiritas de pollo braseadas, condimentadas especialmente “al estilo thai” y con un sabor agridulce. Un plato que gustará a todos, estoy casi segura.


Langostinos en coco, chile y hierbas thailandesas; esta especialidad me recordó al ceviche ecuatoriano –Karina, una amiga de mis compis de piso, lo prepara de lujo-, pero a diferencia de éste, el tailandés es más picante y goza de su particular controversia de sabores –dulzura del coco, leve acidez de la lima y el picante que no falte-. Un plato diferente que puede gustar o no, a mí me conquistó. Además, el arroz le acompaña sí o sí, pues, en esta cultura es “el pan y la patata” de cada día.

Aunque confieso que, a estas alturas de la cena, tanto mi amigo como yo estábamos ya repletos, pues las cantidades fueron más que suficientes, le pusimos buena cara al postre: un flan de coco para él, la tarta de chocolate para ella. Caseros y correctos, pusieron fin a este menú (22´50 €) que Réstalo y Maiia Thai han ideado, para que nuestros bolsillos no se inmuten, nuestros paladares disfruten y nuestros estomaguitos se vayan contentitos.

No quiero concluir este menú, sin agradecer la atención que se nos brindó, pues estuvimos encantados con el trato recibido; la chica que nos atendió -no recuerdo su nombre- muy agradable y atenta, nos explicó “con detalle” cada plato. Así que, muchas gracias “equipo de Maiia Thai”.

En cualquier caso, Maiia Thai ofrece una carta amplia y es un restaurante donde la calidad-precio está equilibrada. Precio medio; 30 €

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VA DE GASTROMAQUIA

Tras un jugoso 2011, comienza a “rodar” el 2012 ¡Vamos allá!

Domingo 8 de enero, segundo del nuevo año, para muchos punto y aparte al festín navideño, para otros, la cuenta atrás de sus vacaciones -nuestro amigos de la Hostelería no han parado de currar en todas las fiestas-, pero, seguro que todos y cada uno de nosotros nos ponemos en marcha, buscando cumplir nuestros propósitos y objetivos en este nuevo rodaje.

Personalmente, pues acabo de incorporarme tras unas fiestas en las que desconecté de todo –me di cuenta que internet es ya como un microondas, estamos tan acostumbrados a estar conectados, que uno se siente fuera de cobertura del todo cuando le falta la red; en breve tendré un nuevo teléfono “un android” y, en parte, quiero, pero en parte no –jeje- porque, sí o sí estaré conectada donde quiera que vaya, y la desconexión de la que hablo es muy saludable.

Como veis “sinestesia” empieza el año con una introducción atípica en sus posts, pero estamos de regreso y no quiero despegar sin antes desearos a todos un buen año, en el que vuestra receta se impregne de aromas saludables, amistosos y placenteros, eso sí, ya sabéis cuando se cocina con amor todo sabe mejor, así que, no os olvidéis de añadir una pizca de cariño en vuestros actos y acciones.

Tras estas palabras, y aunque tengo muchos sitios en el tintero para recomendaros, voy a comentaros brevemente GASTROMAQUIA (Pelayo, 8. Tel. 91 522 64 13).

“Un tapeo con salero”

Ayer quedé con mi prima Cris –guía turística en la Ciudad Condal y que comenzó el año visitando Madrid; hoy le esperaba un gran tour por la ciudad- a eso de las 11 pm por la Gran Vía. Nuestra idea tomarnos algo y sobre todo charlar, así que, nos dirigimos al Barrio de Chueca, que siempre tiene buenos “platos” a la vista… Pero, nos desviamos a la calle Pelayo y en el nº 8 nos topamos con un pequeño bar, en su Cartel se leía “Espacio Gastronómico”; nos animamos a entrar. Estaba a rebosar y eso ya era buena señal; pero, en nada, tuvimos 2 asientos en la barra, la carta y una buena atención del camarero. Para beber, optamos por una copa de vino de las referencias que podían verse en la pizarra “el blanco K-naia 2010”, de D.O Rueda (verdejo y cabernet sauvignon) y producido por Bodegas Naia, resulta un buen joven, para estos tiempos.

Y para “picar” nos pedimos Guacamole con chips de plátano macho (4´75 €) y Queso de cabra a la plancha con miel y albahaca (3´95 €). El guacamole perfecto, cremoso, y, los chips de plátano, todo un acierto –nos encantaron-, sin duda, es una de las tapas preferidas de los “gastromaniacos”.

Y qué decir de la tapita de queso, la miel caramelizada y el aceite de albahaca, junto con la untuosidad y sabor del queso, eran el velo perfecto para pintar las tostas de pan que le acompañaban. Sin duda, volveré, pues viendo la presentación de las tapas –creativas y ricas- no me queda otra que añadir Gastromaquia a mis sitios de tapeo. Además, nos fuimos sin probar las croquetas de boletus –agotadas; otra de las preferencias de la clientela-, las papas con mojo y el pulpo –nos lo recomendaron-. Además, entre semana, ofrecen un menú del día por 11 €, que no pinta mal, pues si es en la línea de lo que probé, seguro que merece la pena.

Por último, sólo comentar que fui a parar a Gastromaquia por casualidad –cómo me gustan las casualidades y más si son tan bien avenidas-, pero recordé que era uno de los sitios que tenía archivados como “pendiente”, pues el año pasado me lo recomendó mi amiga Mariana Cotlear de Epicuriosa, afirmándome que me iba a gustar, y que los chicos que lo han abierto se han formado junto a grandes chefs (Ferrán Adriá, José Andrés…). Efectivamente, Hugo Escolies y Ramón Figuls son los propietarios de este antiguo local, convertido en una joven, dinámica y entretenida taberna, donde el “picoteo” y una amena charla, pueden regalarte un grato y pleno momento, despidiéndote con un “hasta luego”. Por cierto, salimos a 8 € por barba (2 tapas, 4 copas de vino), para un tapeo de esta categoría es un precio más que aceptable; para cenar, el precio medio rondaría los 18-20 €.