Maiia Thai, un tailandés a la “contemporánea”

El curry, la lima, el cilantro, los ajíes, la leche de coco, los cacahuetes y, cómo no, el arroz son la base de la cocina thai, una cocina distante y ajena al gusto occidental, extraña para nuestro paladar, pero, que, sin embargo, es una de las más experimentadas por los europeos en el marco de la cocina internacional.


Está claro que por “más rara” que pueda resultar una receta “a lo thai”, su fusión funciona; digamos que podríamos decir que es carnavalesca, por su color, su diversidad… La experiencia de una cena siamesa es toda una gala, multitud de platitos para compartir, potentes sabores, aromas exóticos, bocados agridulces y picantes… todo cabe, pero, siempre, tiene que haber una bella armonía ante los sentidos. Lo diferente puede resultar extraño, de ahí su atractivo, pero, sí gusta, será un éxito. Sin duda, esta cocina lo es, por más variada e indescriptible que pueda ser, gusta y mucho.

Hasta visitar Maiia Thai (C/ Princesa, 13. Tel. 91 540 04 47) había probado algunos platos tailandeses en algún asiático, pero, realmente, fue aquí, donde disfruté “un poco” de esta cocina –como siempre digo, nada como viajar al destino, para sentir y apreciar su tradición-. Si mal no recuerdo, me dejé ver por allí el pasado 26 de noviembre, en compañía de mi amigo Gonzalo, que, aun siendo más de gustos tradicionales, se fio de mí y, excepto el picante, le gustó la experiencia.

Antes de contaros cómo fue la noche, tengo que deciros que la reserva la hice por réstalo –hacía tiempo que no utilizaba este servicio-, pero fue buena elección.

La primera impresión fue positiva, pues Maiia Thai luce un “look” oriental muy apropiado, con luz tenue y cálida en la noche, perfecta para una cena romántica, lámparas de madera y un colorido divertido, aportado por un mural de sombrillas multicolor. Sin olvidar, el enorme Buda –situado en la ventana de la planta de arriba- que da la bienvenida a todos, ya desde la calle.

Y, sin más, os cuento el menú que tomamos, acordado para la oferta de réstalo:

Para irnos poniendo a tono, nos trajeron una sopa thai (Tom yum gung): muy buena, eso sí, “picantita” –con tamarindo, langostinos, hierba limón, aji, verduras y cilantro-. Era demasiada cantidad, no pudimos terminarla.

Seguimos con las codornices crujientes con soya dulce -un bocado agridulce y exquisito-; el pollo satay (a la parrilla, con dos salsas, una de cacahuete y, otra, de pepino y chile) fue otra maravilla y, no fue menos, la ensalada thai, muy refrescante, con mango, pepino, endivias y brotes de soja.Como platos principales, optamos por el pollo Bangkok barbacoa; tiritas de pollo braseadas, condimentadas especialmente “al estilo thai” y con un sabor agridulce. Un plato que gustará a todos, estoy casi segura.


Langostinos en coco, chile y hierbas thailandesas; esta especialidad me recordó al ceviche ecuatoriano –Karina, una amiga de mis compis de piso, lo prepara de lujo-, pero a diferencia de éste, el tailandés es más picante y goza de su particular controversia de sabores –dulzura del coco, leve acidez de la lima y el picante que no falte-. Un plato diferente que puede gustar o no, a mí me conquistó. Además, el arroz le acompaña sí o sí, pues, en esta cultura es “el pan y la patata” de cada día.

Aunque confieso que, a estas alturas de la cena, tanto mi amigo como yo estábamos ya repletos, pues las cantidades fueron más que suficientes, le pusimos buena cara al postre: un flan de coco para él, la tarta de chocolate para ella. Caseros y correctos, pusieron fin a este menú (22´50 €) que Réstalo y Maiia Thai han ideado, para que nuestros bolsillos no se inmuten, nuestros paladares disfruten y nuestros estomaguitos se vayan contentitos.

No quiero concluir este menú, sin agradecer la atención que se nos brindó, pues estuvimos encantados con el trato recibido; la chica que nos atendió -no recuerdo su nombre- muy agradable y atenta, nos explicó “con detalle” cada plato. Así que, muchas gracias “equipo de Maiia Thai”.

En cualquier caso, Maiia Thai ofrece una carta amplia y es un restaurante donde la calidad-precio está equilibrada. Precio medio; 30 €

VA DE GASTROMAQUIA

Tras un jugoso 2011, comienza a “rodar” el 2012 ¡Vamos allá!

Domingo 8 de enero, segundo del nuevo año, para muchos punto y aparte al festín navideño, para otros, la cuenta atrás de sus vacaciones -nuestro amigos de la Hostelería no han parado de currar en todas las fiestas-, pero, seguro que todos y cada uno de nosotros nos ponemos en marcha, buscando cumplir nuestros propósitos y objetivos en este nuevo rodaje.

Personalmente, pues acabo de incorporarme tras unas fiestas en las que desconecté de todo –me di cuenta que internet es ya como un microondas, estamos tan acostumbrados a estar conectados, que uno se siente fuera de cobertura del todo cuando le falta la red; en breve tendré un nuevo teléfono “un android” y, en parte, quiero, pero en parte no –jeje- porque, sí o sí estaré conectada donde quiera que vaya, y la desconexión de la que hablo es muy saludable.

Como veis “sinestesia” empieza el año con una introducción atípica en sus posts, pero estamos de regreso y no quiero despegar sin antes desearos a todos un buen año, en el que vuestra receta se impregne de aromas saludables, amistosos y placenteros, eso sí, ya sabéis cuando se cocina con amor todo sabe mejor, así que, no os olvidéis de añadir una pizca de cariño en vuestros actos y acciones.

Tras estas palabras, y aunque tengo muchos sitios en el tintero para recomendaros, voy a comentaros brevemente GASTROMAQUIA (Pelayo, 8. Tel. 91 522 64 13).

“Un tapeo con salero”

Ayer quedé con mi prima Cris –guía turística en la Ciudad Condal y que comenzó el año visitando Madrid; hoy le esperaba un gran tour por la ciudad- a eso de las 11 pm por la Gran Vía. Nuestra idea tomarnos algo y sobre todo charlar, así que, nos dirigimos al Barrio de Chueca, que siempre tiene buenos “platos” a la vista… Pero, nos desviamos a la calle Pelayo y en el nº 8 nos topamos con un pequeño bar, en su Cartel se leía “Espacio Gastronómico”; nos animamos a entrar. Estaba a rebosar y eso ya era buena señal; pero, en nada, tuvimos 2 asientos en la barra, la carta y una buena atención del camarero. Para beber, optamos por una copa de vino de las referencias que podían verse en la pizarra “el blanco K-naia 2010”, de D.O Rueda (verdejo y cabernet sauvignon) y producido por Bodegas Naia, resulta un buen joven, para estos tiempos.

Y para “picar” nos pedimos Guacamole con chips de plátano macho (4´75 €) y Queso de cabra a la plancha con miel y albahaca (3´95 €). El guacamole perfecto, cremoso, y, los chips de plátano, todo un acierto –nos encantaron-, sin duda, es una de las tapas preferidas de los “gastromaniacos”.

Y qué decir de la tapita de queso, la miel caramelizada y el aceite de albahaca, junto con la untuosidad y sabor del queso, eran el velo perfecto para pintar las tostas de pan que le acompañaban. Sin duda, volveré, pues viendo la presentación de las tapas –creativas y ricas- no me queda otra que añadir Gastromaquia a mis sitios de tapeo. Además, nos fuimos sin probar las croquetas de boletus –agotadas; otra de las preferencias de la clientela-, las papas con mojo y el pulpo –nos lo recomendaron-. Además, entre semana, ofrecen un menú del día por 11 €, que no pinta mal, pues si es en la línea de lo que probé, seguro que merece la pena.

Por último, sólo comentar que fui a parar a Gastromaquia por casualidad –cómo me gustan las casualidades y más si son tan bien avenidas-, pero recordé que era uno de los sitios que tenía archivados como “pendiente”, pues el año pasado me lo recomendó mi amiga Mariana Cotlear de Epicuriosa, afirmándome que me iba a gustar, y que los chicos que lo han abierto se han formado junto a grandes chefs (Ferrán Adriá, José Andrés…). Efectivamente, Hugo Escolies y Ramón Figuls son los propietarios de este antiguo local, convertido en una joven, dinámica y entretenida taberna, donde el “picoteo” y una amena charla, pueden regalarte un grato y pleno momento, despidiéndote con un “hasta luego”. Por cierto, salimos a 8 € por barba (2 tapas, 4 copas de vino), para un tapeo de esta categoría es un precio más que aceptable; para cenar, el precio medio rondaría los 18-20 €.

ACEITES CASTILLO DE CANENA

“EL BUEN HACER SE HACE SENTIR”

TAPAS&BLOGS volvió a dejar huella en su último encuentro, celebrado en el Restaurante “El Almirez”

Como he mencionado en alguna ocasión, hay sabores que aunque uno quisiera no se pueden olvidar, y que pasan a formar parte de nuestro recuerdo, estando presentes en nuestra memoria y reconociéndolos donde quiera que estén. Es curioso como los aromas, los sabores y las sensaciones van formando un abanico colorido, gustoso y placentero en cada uno de nosotros, moviéndose según las preferencias y los gustos de cada uno.
De momento, hay platos que me han sorprendido gratamente, he disfrutado con ellos y sigo haciéndolo cada vez que puedo; y, me pasa lo mismo con algunos productos de nuestra alimentación, como por ejemplo, el aceite de oliva “ese oro líquido, fuente de salud y bienestar”.
Como veréis, empiezo este escrito recordando buenos momentos, como lo fue, el que os vengo a narrar hoy, día de la Inmaculada Concepción. Para ello, me trasladaré al pasado 24 de noviembre, día en que se celebró el último Tapas&Blogs 2011 y, como no podía ser de otra manera, lo hizo con un sabor especial potenciado por sus protagonistas: Restaurante El Almirez (C/ Maldonado, 5), Aceites Castillo de Canena, Bodegas Señorío de Villarrica, Champagne Lallier y una veintena de Bloggers que estaban encantados de compartir la experiencia.
Camino junto a Tapas&Blogs cada vez que tengo ocasión y es que gusta salir con una sonrisa tras un almuerzo, una cena o un tapeo y, es esto, lo que me suelo llevar, entre otras cosas, de estos encuentros. Cada uno de ellos se viste y complementa según requiera la jornada, entre espumosos brindis, frente al estadio Bernabéu o formando makis, todo cabe en tapas&blogs. Y, esta vez, eligió un modelo tradicional, mediterráneo y fresco, donde relucieron las “joyas” de Castillo de Canena.
Castillo de Canena es aroma, historia, presente, buena mesa, sabiduría y naturaleza
Comenzamos la velada con bienvenidas palabras de José de la Cruz –chef y director de “El Almirez”-, de Rosa Vañó –Directora Comercial y de Marketing de Castillo de Canena-, de Bruno Jeanroy -representante de Lallier en España y, finalmente, de Jesús, Delegado Comercial de las Bodegas Señorío de Villarica.
A continuación, iniciamos el menú con una “cata” de aceites guiada por Rosa; probamos las variedades Aberquina, Picual y Royal, así como su serie especial, Primer Día de Cosecha, una serie limitada que cada año viste de etiqueta, diseñada por una figura representativa del mundo de la cultura: Sara Navarro, Enrique Ponce, Ainhoa Arteta… esta vez, firmada por Pau Gasol. El pan no podía ser cualquiera, así que, contamos con la calidad de Triticum. Y, previo brindis con los champagne Grande Reserve y Rosé, nos adentramos en el menú:
Salmorejo con ventresca con “Arberquina, primer día de cosecha” (bueno, sí, pero mejor con calorcito)
Matrimonio de verdel en vinagre y lomito de sardina ahumada “Picual, primer día de cosecha” (espectacular este armonioso y sutil bocado)
Alcachofa confitada y frita “Royal, primer día de cosecha” (suave, delicada y más que apetecible)
Le siguieron los platos principales: Rape Ondarroa con langostinos y Capón en pepitoria, dos platos de la casa, especialidades del chef, que disfrutamos junto a un Rioja Señorío de Villarica reserva 2007.
Cerramos con un postre ligero, Frutos rojos con salsa de chocolate blanco y helado de vainilla fundido. Sin duda, un encuentro de Buena Cosecha, donde no faltaron los Gin Tonics, que ya son un clásico en los Tapas&Blogs y que siempre terminan diciendo “nos vemos en la próxima”.
Sin más, os recomiendo que descubráis Castillo de Canena, yo tuve la suerte de hacerlo a través de Clara García (Export manager y marketing de la firma) y junto a mis compañeros de CPC y mi amiga Helen Vásquez del Blog Círculos de Fuego; desde entonces, he de reconocer que soy fan de este Aceite, pues os confieso que cada mañana mi tostada gana en sabor y aroma gracias a este oro líquido tan preciado y cotizado ¡Es un verdadero Placer!
No quiero cerrar este post, sin dar las gracias a todos los compañeros bloggers “amantes de los fogones y las tentaciones gastronómicas” por hacer posibles estos momentos, así que, brindo porque juntos sigamos cosechando sonados brindis y espumosos aplausos. Continuará…
PD: nos obsequiaron con dos botellas de Aceite de Oliva Virgen Extra “Reserva Familiar, Cosecha Temprana”, en su variedad Aberquino (ideal para acompañar con pescados blancos, frutas como la piña, ensaladas…) y Picual (recuerda al olor del tomate cortado, a la hierba fresca..): todo un detalle para para hacer “grandes” los pequeños placeres.

¡¡BOGGO, “COMODIN” A LA CARTA, CON LA PARTIDA GANADA!!!

Ante la duda y, con el objetivo de sorprender y quedar bien, con tus amigos; ¡No lo dudes, Boggo es el sitio!

Tras días de “marcha” continua, por fin, encuentro el momento que estaba buscando para hablaros de un encuentro que me sorprendió gratamente. Espero que os guste y brindaros una agradable lectura que recomiendo qué disfrutéis en vivo y en directo.
A primeros de noviembre, recibí una nota “Jornadas Gastronómicas de las Setas en Boggo” y, tras ésta, una invitación para asistir a un punto de encuentros de medios on line especializados en gastronomía. No conocía el sitio, a pesar de ser conocido en Madrid; así, que como me pareció interesante, dije “allá vamos”. Eso sí, los asiduos de Boggo se abran dado cuenta de que el local ha renovado su imagen por completo, convirtiéndose ahora en un espacio inspirado en las coctelerías neoyorkinas de los años 50.
Me traslado a la noche del jueves 17 de noviembre, en la que junto a compañeros bloggers disfrutamos de un menú especial y que “llenó” en todos los sentidos. Para empezar, el ambiente y la actitud de los presentes ya estaban entrando apetito; una decoración protagonizada por los tonos crudos, negros y grises que recrean un aspecto elegante, aunque un tanto frío, obra del interiorista Miguel Domingo, pero, tiene una razón, y es que se complementa con la ánimo de su público, divertido y enérgico, recreando un ambiente idóneo para disfrutar de una cena, un afterwork o marcarse un baile entre amigos. Como veis, en Boggo todo es posible, es restaurante, es bar de tapas o de copas, las horas van marcando el ritmo.
Como veis, una de las ventajas de Boggo (C/ Velázquez, 102. 91 781 10 38) es la funcionalidad del espacio, algo que cada vez es más habitual. Pero, no se queda atrás su oferta culinaria, también actualizada y digna de mención, una cocina tradicional renovada con una apuesta por el encuentro entre “lo dulce y lo picante”. Algunas sugerencias: carpaccio de buey con idiazábal y vinagreta de albahaca, crujiente de pollo de corral con brotes de rábano y rúcula, tataki de atún rojo, algas y vinagreta de coral y, entre otros, platos “triunfitos” como los raviolis de boletus con salvia, los gnocceti con punta de trigueros y salmón con crema de azafrán o el tartar de buey con patatas fritas y chutney de chiles. Al mando de los fogones, Cyril Gracia, cocinero francés nacido en Biarritz, claro representante de la simbiosis entre la cocina clásica francesa y la vasca.
Pero, en mi visita, la cosa iba de setas, en honor a la jornada que estrenaban esa semana (del 14 al 20 de noviembre) y qué cesta tan entusiasta recogí, llena de sensaciones derivadas del siguiente menú:
Foie Micuit con Pan de Especias y Miel de Trufa con crujiente de Miel
Original apuesta, pero, se echó de menos el mencionado crujiente, más bien “bizcocho de miel”, pues era un esponjoso bocado. A su vera, Jarel (Moscatel, D.O Málaga); dulce con final cítrico, ideal para su “pareja” de gala.
Tartar de Atún Rojo y Mango con espuma de Wasabi y Brotes de Rábano
Acertada combinación, exótico bocado; el tartar marinado con vinagre de arroz y azúcar de maracuyá, dulce, pero en el wasabi y los brotes, encontraba el contrapunto perfecto. A éste, se unió Lalasca Blanco (Chardonnay, Sauvignon Blanc- D.O Alicante)
Boletus Salteados al Estragón con Trufa y Huevo Escalfado
Los Boletus siempre son bienvenidos y, aquí, se mostraron tal y como son, a la plancha con sal maldon y aceite de oliva y con a untuosidad del huevo, no hacía falta nada más. Para su disfrute, Luna de Beberide (Mencía, D.O Bierzo).
Solomillo de Buey con Chantarellas a la salsa de Whisky
Exquisita la carne, ella solita se bastaba -las chantarellas estaban intimidadas-. Aquí, un vino con personalidad como lo es Prima 2009 (Tinta de Toro con un 10% de garnacha)
A continuación, y previo al postre, un sorbete de maracuyá -digestivo y refrescante- que dejaba paso al Tiramisú de Galletas -si pasas por la calle 102, otra cosa no, pero esto no puedes dejar de probarlo-: estaba ya en mi tope, pero, no pude resistirme al encanto de esta sutileza y le di fin. Una vez que lo pruebas, no paras, es adictivo, jeje… Es ligero, esponjoso, elegante y evocador –te traslada a la infancia, a la hora de las galletas con cola cao, pues recrea este sabor, sin más, un recuerdo dulce y conquistador.
Con este postre, tan cercano a todos, pusimos fin al sabroso y agradecido momento que disfrutamos en Boggo, pues el menú realmente fue delicioso y me sorprendió gratamente; además, a esto, hay que sumarle un aderezo importante “la atención”, que fue más que correcta. José Domingo, responsable de comunicación de Boggo y de la remodelación gastronómica (carta, bodega, cócteles…) que se acaba de realizar en el Restaurante, nos acompañó durante la cena, pero, no sólo eso, sino que nos fue comentando cada plato, cada vino, explicándonos el porqué de su elección y aconsejándonos la mejor forma de disfrutar de las armonías elegidas. Además, mencionó que todos los vinos elegidos para el menú, valían menos de 20 €, para quedar claro que “un buen vino no tiene porque ser caro”.
La cena terminó, pero, Boggo estaba listo para empezar la noche y es que el Restaurante, teniendo en cuenta la hora que era, ya daba paso al Bar y, el ambiente, así lo reflejaba. Así que, era el momento oportuno para dejarse recomendar por Hoverman Estrada, el barman, que ofrece una coctelería con influencias de su Colombia natal con algún ritmo caribeño como sus famosos “Frozen Daiquiri frutas” y el “Hover”. Yo opté un Gin Tonic, que me sentó de maravilla.
Y esto es todo; tras la velada, me fue sonriente a casa, pues fue una cena entre amigos, con buen gusto y donde nos trataron con mucho cariño ¡Qué más se puede pedir! -El precio medio de Boggo ronda los 25-30 €-
PD: Marcos García, de Cucharete, captó el momento y salimos en “Tú Ruedas”, nueva sección en el programa Cámara Abierta 2.0, que se emite en el canal “24h” de TVE los sábados (14:45h -23:45h) y domingos (16:45h) y en “La 2″ los lunes (20:45h). Si queréis verlo, a partir del min. 3:35”, hacer clic aquí.

JORNADA MADRILEÑA EN FUENLLANA

El miércoles 9 de noviembre, día de la Almudena, festivo en Madrid capital, no en los alrededores, disfruté de un “esperado” almuerzo en el Restaurante de la Escuela de Hostelería Fuenllana, en Alcorcón.
Empezaré diciendo que ir a Fuenllana, para mí, es una visita con un valor añadido; siempre voy con “buen apetito”, pues me trae gratos recuerdos, ya que mi formación como cocinera la hice en sus fogones; el retrogusto que me quedó fue dulce, sabroso y gustoso. En esta ocasión, además, un nuevo ingrediente entró en juego “algo esperado”, y es que, hacía meses que quería enseñarles el buen hacer de la escuela a mis amigos Ana y Víctor, del Blog Caminar Sin Gluten. Sin duda, una vez más, la compañía iba a ser un condimento extra del menú.
Detalles “al dente” y con “don de gente”
Nada más entrar en el comedor, con un agradable recibimiento, fuimos acomodados en una de las mesas del centro del salón, que, por cierto, estaba lleno. Y, para sorpresa de mis amigos, Diana Cabrera –profesora de Fuenllana- ejercía de Maestresala; digo “sorpresa”, porque Diana es una de las cocineras que nos deleita con sus recetas en Canal Cocina, concretamente en el programa 4×20. Ana y Víctor son seguidores de su programa, así que, les encantó poder intercambiar opiniones con ella.
Pero, dejando a un lado las curiosidades, paso a detallar el menú, que nos conquistó de principio a fin, y que también se mostró en su versión sin gluten, precedido por un centro de mesa de sales especiadas y aceite de oliva con tostaditas de pan.
Tapitas Madrileñas: croqueta de queso, patatas bravas con ali oli y soldaditos de pavía. Una fritura sana, crujiente, sin estar aceitosa y sabrosa.
Degustación de Cocido: digamos que nos comimos un cocido en cuatro vuelcos, presentados como tapas en un sólo plato rectangular. Así, la sopa con fideos en vaso de cristal, los garbanzos sobre puré de patatas, las verduritas en tempura; la carne y embutido en una brocheta. Una forma ligera de comer cocido madrileño.
Callo con Lubina: atrevida fusión “mar y monte”, pero deliciosa. Los callos, elaborados por Mª Jesús Botas (profesora de Fuenllana), estaban en su punto, melosos, sabrosos, tiernos, picantitos, y, la lubina a la plancha fue una compañera acertada y bien presentada. Además, el plato venía decorado con una galleta rizada que recordaba al sabor del Ketchup.
La verdad, un menú acertado, diferente y aunque no lo parezca “nada pesado” y menos mal, pues aún faltaba la sutileza y delicadeza del postre, una morena y una rubia con madroños: la morena, mousse de chocolate negro, y la rubia, mousse de chocolate blanco, ambas se deshacían en la boca, pero a la vez, eran cremosas, esponjosas y, junto al sipore de frutos rojos y los madroños –que me recordaron a las nectarinas cuando aún no están maduras del todo-, nos dieron el guiño perfecto a esta jornada al estilo madrileño. Junto con el café e infusiones, pusieron mini churritos y mini pestiños.
Por supuesto, en esta Buena Mesa no faltó la compostura y saber estar del vino, que nos fue recomendado por Diana. Tomamos un tinto “Enate Crianza de 2008”.
Como habréis observado, realmente fue un menú “pa quitarse el sombrero” a la altura de restaurantes de renombre y por tan sólo 15 € -sin duda, una gozada-; no hay que olvidar que tanto la cocina como la sala están llevadas por las alumnas de restauración, cocina y restaurante y bar. Todo un mérito y un aplauso para ellas ¡Enhorabuena!
Y, por último, quiero agradecer su dedicación y tiempo a Carmen Calvo, directora de Comunicación de Fuenllana, quien nos brindó este gustoso y amistoso almuerzo. Por supuesto, cómo no, felicitar también a Lora Ferrer de Cabo, profesora de cocina, que cada día lidera estos fogones de futuras profesionales y de la que yo misma fui alumna.
PD: Seguramente, más adelante, os hablaré de un almuerzo o unas jornadas sin gluten en la Escuela de Hostelería Fuenllana, pues esperamos que Ana y Víctor regresen, para trasmitir su Caminar Sin Gluten a las alumnas del Centro, para así, favorecer la buena práctica de la restauración, sin excepciones.
Ah, se me olvidaba, para este día tan especial, las alumnas hicieron pastitas de té y la Catedral de la Almudena en Chocolate, que vendían a quienes quisieran colaborar: se agotaron, pues el último paquete de pastitas me lo llevé yo y la última catedral fue para Carmen. ¡Todo un éxito!

LA CESTA DE RECOLETOS

“UNA COMPRA FRESCA, VARIADA Y GUSTOSA”

Cuando hablamos de “la cesta”, instintivamente nos trasladamos al supermercado, pues todos –unos más que otros- no vemos con la cestita en más de una ocasión: ir al súper es un hábito necesario, claro que, siempre hay quien por falta de tiempo o entusiasmo realiza la compra al modo contemporáneo “utilizando la cesta o carrito on line”. En mi caso, sigo siendo de las que prefiere hacer la ruta tradicional e introducir, en la cesta, alguna que otra cosa “rara”, novedosa, para curiosear y probar suerte.
Otra cosa, es la cesta de Recoletos y, ésta, sólo puede llenarse si uno se acerca al número 10 de la mencionada calle pasando a descubrir a qué saben sus productos y qué tal llevaderos son. Estuve por allí el pasado 19 de octubre y quiero comentaros qué tal fue la “compra”.
Como siempre, hago hincapié en la “compañía”, sin la cual, un almuerzo o una cena o lo que el momento ofrezca, no sería lo mismo. Esta vez, sin duda, me sentí afortunada, pues disfruté de una entrañable “charla”, interesante y simpática, junto a Gonzalo Sol, periodista especializado en gastronomía y director del programa Comer, Charlar y Beber (sábados de 13.00 a 14.00 hs en radio intereconomía) y nuestro amigo Jaime Noain, quien nos brindó la posibilidad de conocer La Cesta. -Gracias-
Tras esta parodia de presentación, me centraré en La Cesta, un restaurante que abrió sus puertas hace casi un año, pues comenzó su aventura en noviembre de 2010. Así que, primero, darle la enhorabuena y bienvenida, pues es todo un propósito, iniciar un nuevo proyecto en estos tiempos que corren. Dicho esto, vamos a ver qué hay en La Cesta.
Fresca, divertida y juguetona se ve de primeras y, ello, es debido a los ingredientes aportados por Pascua Ortega, conocido interiorista español, a quien se debe el estilo y decorado del local. Éste permite la posibilidad de disfrutar de la “oferta” en función del tiempo que se disponga. Un primer espacio, la entrada, propuesto para tomar algo rápido o un aperitivo, así como para participar en su take away, pues también ofrecen comida para llevar. En la zona central, el restaurante propiamente dicho, para comer o cenar tranquilamente, sin prisas; y, finalmente, al fondo, unas barras altas con taburetes frente a la cocina vista: un ambiente idóneo para “tapear” o tomarse una copa.
El picoteo y la temporada, en cocina y en la mesa
La carta de la Cesta, al igual que su decoración, es versátil y abierta al gusto de los comensales que se dejen ver por allí. Desde la cocina, Adolfo Santos marca el ritmo, basándose en una cocina tradicional con diseños contemporáneos y algún toque de autor, siempre teniendo en cuenta los productos de temporada, con los que se estrenan platos en carta. Por otra parte, sigue el concepto del tapeo, en el sentido de que los platos están pensados para compartir, aunque, si lo que se desea es pedir platos individuales, se puede optar por las medias raciones.
Nosotros optamos por el picoteo, a modo de menú degustación, y consistió en:
Tapita de boquerones en vinagre con aceitunas aberquinas, aperitivo, y Tartar de Ternera Blanca, entrante. A continuación, crema de coliflor, vieras salteadas y croquetas de jamón.
Después llegaron los chipirones con cebolla confitada y mostaza, para concluir con un guiso de garbanzos con migas de bacalao. Todo aceptable, en línea de una cocina sencilla, destacando las croquetas, la crema de coliflor y el guiso.

El postre no podía faltar en la cesta, así que, disfrutamos de una mousse de chocolate –mejor sin avellanas decorativas, tarta de queso –suave, cremosa y gustosa- y sorbete de fresa.

Los vinos que tomé con este menú fueron Casal Novo Godello (D.O Valdeorras) -2.80 la copa- y Domaine Rémi Jobard Bourgogne Blanc 2007, 100% Chardonnay (AOC Meursault). La carta de vinos es otro de los ases de La Cesta, pues muestra una selección de añadas bajo la elección del sumiller de Sant Celoni, David Robledo. Para los amantes del Gin tonic, cuentan con ginebras de 5 destilaciones, sin olvidar los maltas, para quienes prefieran tomar whisky.
Sin duda, La Cesta muestra su espíritu joven en todas sus facetas, siendo un honor que el equipo que llena de satisfacciones el día a día, cuente con el apoyo de Óscar Velasco, en cocina, Abel Valverde, en sala, y David Robledo en vinos, quienes dirigen el restaurante Sant Celoni, uno de los referentes de la capital, que cuenta con 2 Estrellas Michelín. No me olvido de Antonio Lima, maestresala de La Cesta y todo un profesional, con un trato atento y agradable.

Os animo a intentar llenar vuestra propia cesta con los productos de la calle Recoletos nº 10, cada uno según sus gustos, pero, eso sí, espero que la disfrutéis con gusto y os quede un grato recuerdo. (Precio Medio: 35 €)

La cesta: C/ Recoletos, 10. Tel. 91 140 06 96

EL RESTAURANTE LÁGRIMAS NEGRAS PRESENTA SU MENÚ MÁS INTERACTIVO

Hoy en día, la distancia ya no es un problema. Podemos comprar sin salir de casa, hablar con nuestros amigos frente a frente “aunque sea a través de una pantalla”, asistir a conferencias celebradas en la otra punta del mundo, conocer gente de otros países o de la misma ciudad sin necesidad de tropezarse con ella y un sinfín de cosas más. Todo ello, gracias al medio que hoy nos mantiene interrelacionados las 24 horas del día: Internet, siendo las “redes sociales” su plato más comunicativo y consumido.
Centrándonos en el sector de la restauración, cada vez son más los restaurantes que tienen su perfil en Facebook, Twitter, Tuenti… Sin duda, una forma de estar más cerca de los clientes y amigos, una forma de promocionarse “gratuita” y con respuesta inmediata. Y, no nos olvidemos de los Blogs, una herramienta al alcance de todos y a la que se le puede sacer mucho jugo.
Curiosidades, anécdotas, experiencias… “TRES en UNO”
Es lo que nos propone el nuevo plato que recientemente ha estrenado el Restaurante Lágrimas Negras, ubicado en el Hotel Silken Puerta América (Avda. América, 41). Tuve la suerte de asistir a la presentación, que tuvo lugar el pasado jueves 22 de septiembre, donde coincidí con otros compañeros y amigos.
La nueva obra fue presentada, como no podía ser de otra manera, por sus creadores que serán los ingredientes principales de la receta: un chef, un maestresala y un sumiller. Habrá que ir viendo la evolución; pero, de momento, parece que estamos ante un plato equilibrado, con una armonía más que acertada, garantizado por la experiencia, profesionalidad e ilusión del magnífico equipo de Lágrimas Negras.
He terminado con la “Mise en Place”, ahora os invito a que descubráis el menú, sólo tenéis que hacer Clik aquí, para comenzar y disfrutar de “la Buena Mesa”.
De los Aplausos a la Mesa
Tras la presentación del Blog Restaurante Lágrimas Negras, la cocina, el vino y el buen servicio se dieron cita en el almuerzo posterior, donde pudimos disfrutar “en directo” de un menú “ahora sí” con textura, sabor, olor… acompañado de una grata conversación y compañía.
Eso sí, durante el acto, los aperitivos de bienvenida nos tuvieron bastante entretenidos: piruletas de Parma, jamón con pan tumaca, steak tartar elaborado in situ, changurro con espuma de patata, y una brandada de bacalao que se hizo notar de forma especial –estaba en su punto, suave, sabrosa y ligera-.
IVÁN SÁEZ, Jefe de Cocina, junto a JUAN ANTONIO HERRERO, Sumiller, agradecieron su presencia a los invitados, con un menú diseñado para la ocasión; y, cómo no, de la mano de RAFAEL LOMAS, Maestresala del Restaurante, quien se encargó de que en la puesta en escena no faltara detalle.
El menú consistió en un primero un “sandwich” de Foie Gras, anguila y manzana con crema de cebolleta (armonizado con el vino “Ariyanas 2007, DO Málaga). Atrevida mezcla, contundente, pero que a mí personalmente no me convenció, quizás porque “el foie y la anguila” son dos sabores con mucha personalidad que juntos no se llevan del todo bien, quizás porque a mí la anguila no me cae muy simpática que digamos.
El segundo en llegar fue un plato de mar y montaña, representado con unos lomos de salmonetes con cristales de escama y rabo de toro glaseado con espuma de chocolate blanco. La verdad, el bocado de mar “crujiente, sabroso y jugoso” ganaba en majestuosidad, pero el estofado de rabo supo mantener el tipo y jugó bien su papel, tierno, meloso y untuoso. En esta ocasión, le acompañó cordialmente un Reserva de Gassac 2010, Languedoc Francia.
El último plato “un guiño a la estación otoñal”, con un Pichón de Bresse asado acompañado de un rulo de pasta de setas y crema de trufada. Un acierto que tuvo como aliado a un vino de la Ribera Sacra “Algueira barrica 2007”.
Es tradición acabar con algo dulce y yo soy de las que prefiero dejar hueco para el postre, así que disfruté la guinda final: milhoja de texturas crujientes de chocolate “base de galleta tipo cookie abajo, lámina fina de cobertura en la parte superior”, unidas por la cremosa crema de avellanas y la suave mousse trufada. Para refrescar y poner y realzar el sabor, quenelle de helado -chocolate blanco con aroma de café- sobre granizado de whisky de malta. El PX 2007 de DO Montilla Moriles supo guiar plácidamente esta delicia.
Sin más, agradecer tanto al equipo de comunicación del Hotel como a los nuevos blogueros –Iván, J. Antonio, Rafael y todo el equipo de Sala y Cocina- el compartir este momento con nosotros y hacernos sentir especiales con su dedicación y tiempo. A vosotros “Lectores y Comensales” os animo a “catar” su menú, tanto en la mesa como en la pantalla.
PD: No puedo ni quiero cerrar este post sin mencionar que, personalmente, me hizo mucha ilusión asistir a la presentación del Blog de Lágrimas Negras, pues hacía tiempo que no veía a Iván, quien fue mi tutor de prácticas en Zorzal, donde estuve 3 meses en cocina, junto a Ernesto y Sergio; ambos también en los fogones de Lágrimas Negras. De hecho, le pregunté por 3 platos -que era delito no pedir si ibas a Zorzal- “el arroz cremoso de chipirón, el rabo de toro y la torrija”. ¡Tenéis suerte! lo tienen en carta, así que, si no tuvisteis la oportunidad por aquel entonces, aún estáis a tiempo.

EL QÜENCO DE PEPA

DE la HUERTA al QÜENCO: BM²₌ 2FC

La primera vez que visité el Qüenco de Pepa fue en el 2008, justo antes de terminar restauración, restaurante que me recomendó Aurora Pimentel, ex profesora mía –aún recuerdo sus exámenes continuos en 4º de carrera, donde me dio Relaciones Públicas- y sus excelentes clases, donde una no podía ni parpadear- ahora amiga y anfitriona de aquel almuerzo, que disfrutamos en compañía de Carmen Calvo, directora de comunicación de La Escuela de Hostelería Fuenllana, donde estudiaba en aquellos momentos.
Aurora solía ir por el Qüenco, digamos que era cliente habitual, así que conocía también a la maestra de los fogones “Pepa”; y es que era una de las casas de comidas de su barrio, ya que vivía a dos pasos de este restaurante de la calle Henri Dunant nº 21-23. Más de una vez me comentó que tenía que conocer el sitio, así que allí nos plantamos. Al entrar, me llamó la atención el bodegón natural que decoraba el salón y es que, en función de la temporada, así es la imagen; esta vez fueron berenjenas, calabacines y cebolletas los protagonistas que ponían un toque de color y frescura a la sala. El local es amplio, cómodo, luminoso con amplios ventanales y mesas espaciadas; de sobria decoración, con tonos claros, blanco en las paredes y gris en el mobiliario, que se contrarrestan con el color parquet pardo oscuro del suelo.
En aquella ocasión, la velada fue casi perfecta, exquisita conversación, platos con buen producto y agradable sabor, pero el servicio no estuvo a la altura. Por supuesto, me dejé aconsejar por Aurora y tomé arroz cremoso con foie y gurumelos; desde aquel día, he mencionado en más de una ocasión que este plato me quedó prendada, con carácter, suavidad y contundencia deja un notable recuerdo difícil de olvidar.
BM²₌ 2FC
Buena Materia y Buena Mesa conllevan a una doble fidelidad, tanto por parte del cliente como por parte del cocinero, ya que el buen producto hace habitual a un cliente, al mismo tiempo que el cocinero que respeta la materia prima de calidad es fiel a una cocina de producto, manteniendo las recetas, porque sus clientes las quieren y las esperan.

Esto es lo que he observado en el Qüenco, tras encontrarme con él después de cuatro años sin vernos.

Y es que el jueves pasado, 28 de julio, volví a por el arroz con gurumelos, pero esta vez fue con mis compañeros de trabajo, para empezar las vacaciones de Buena Manera. El local sigue tal y como entonces, con un bodegón más atractivo, pues inmensos tomates de la huerta de Pepa –en Ávila- lucían en varias partes del salón, así como unas hermosas sandías que reposaban en el descansillo de los ventanales. Digamos que el Qüenco basa su decoración en productos de temporada.
Era jueves, al mediodía, finales de julio y no había sillas vacías –menos mal que habíamos reservado-. Casualmente, nos habían reservado la misma mesa en que estuve sentada la vez anterior, así que, la cosa prometía. Nos atendió una chica muy maja, pero un tanto despistada, pues a lo largo de la comida, más de una cosa se le olvidó. Nos recomendó, amablemente, algunos platos fuera de carta, como la tortilla marinera con almejas, la ensaladilla rusa con ensalada de pimientos asados, las chuletitas de cordero… Nos decantamos por la ensalada de tomate con cebolleta y ventresca y la tortilla marinera como entrantes.
La ensalada viene a lo campero, en un cuenco que me recuerda a los que tiene mi abuela en el campo, rústico; al igual la presentación, sin florituras. Nos gustó, pero los tomates, aunque estaban buenos, no tenían demasiado sabor ni eran de color intenso. El aliño en su justa medida, buen aceite y buen vinagre del Mediterráneo. La tortilla, poco hecha como a mí me gusta, pero le faltaba más toque marinero, un poco más de simpatía, más sabor.
Como plato principal, mis compañeros optaron por platos de la huerta: Pisto con huevo empanado –no hizo mucha gracia a su contrincante- y Huevos de campo estrellados con papa, padrón y jabugo –que sí complació a quien lo disfrutó; aquí la que escribe, volvió a encontrarse con los gurumelos y el foie del cremoso arroz de Pepa.
Todos los platos son tradicionales con algún factor que les distingue y les actualiza, se muestran sencillos y sin ser escuetos. El arroz estaba igual que lo recordaba, pero diría que un poco más dulce; le puse un poquito de sal y quedó perfecto “a mí gusto”. Sin duda, es uno de los platos estrella de la casa. Pero, he de decir que me choca un poco que este arroz esté todo el año, pues los gurumelos nos abandonan en marzo. Sería buen aporte que la misma base de arroz cremoso fuera cambiando el ingrediente en función de la temporada. Las carnes y pescados son otra apuesta segura en el Qüenco. Como postre, tomamos un helado artesano de café con leche, muy logrado en sabor y cremosidad. Unas tejas crujientes y tostadas pusieron el toque dulce al momento.
En la mesa no faltó Mantel Blanco de Bodegas Álvarez Díez, un blanco de variedad verdejo –D.O Rueda- que con su fruta, su frescura y su acidez justa, nos hizo oportuna armonía en este almuerzo. Respecto a la carta de vinos, sí que nos sorprendió que nos entregaran unas fotocopias con grapa, parecían unos apuntes en vez de una carta, más cuando cuentan con vinos de hasta 1.200 €; la oferta no es muy extensa, pero ofrece una buena selección con vinos nacionales y extranjeros y con variedad de precio, ya que hay vinos a partir de 12 €. También cuentan con vinos por copas.
En esta segunda visita, el servicio ya no está tan lejos de lo que se busca, sólo tienen que cuidar un poquito más la atención y así ganarse al comensal.
En general, nos gustó, es un sitio recomendable, aunque no es precisamente barato, pues aunque salimos a 35 € por barba, hay que tener en cuenta que no tomamos café ni infusiones y sólo pedimos un postre para compartir. Suele rondar entre los 40-50 € por persona.
¡Qué sigan teniendo buena cosecha y coloridos bodegones! El arroz cremoso seguirá en mi recuerdo. Hasta la vista amigos/as.
Qüenco de Pepa
C/ Henri Dunant, 23
28036 Madrid.

Tel. 913 451 084

“GASTROPIZZADA”

El Secreto está en la Compañía

El almuerzo de ayer, sábado 16 de julio, fue especial. Tuvo lugar en Pizza Sana (C/ del Clavel, 7. Tel. 91 129 12 02). Para empezar, la base la puso el encuentro, y es que a las 14.00 hs, cinco bloggers –apasionados de la gastronomía- se pusieron cara, tras su amistad cibernética. Tuve la oportunidad de asistir, gracias a la amabilidad de Ana y Víctor, de Caminar sin Gluten, quienes me comentaron que habían quedado con unos amigos con quienes tenían relación desde hace mucho, pero que aún no habían tenido la oportunidad de conocerse en persona. Así que, de primeras, muchas gracias, por hacerme partícipe de este encuentro, al que también se sumaron “de imprevisto” Helen y Antonio, de Círculos de Fuego.
La base, de calidad y con mucho que contar
Ya teníamos la base que, tras la presentación, se pudo ver que prometía –sonrisas y predisposición avisaban una apetitosa velada-. A ello hay que añadir, que en Pizza Sana, puedes optar por una masa especial (con harina de trigo, integral, sin gluten y sin lactosa).
Ahora, había que condimentar el momento y nada menos que 28 sensaciones distintas para hacerlo: con toque internacional (thai, marroquí, nórdica, veneto, Piamonte, toscana…), regionales, como la segoviana o la cantábrica, vegetales, divertidas, sanas y enérgicas, o a tu elección “al gusto”. Me apetecía viajar, como siempre, así que opté por la Marroquí (pollo con miel, pimiento rojo, cebolla caramelizada y comino); de paso, compartí viaje con Carmen, de la Buena Mesa con Carmen Ybarra, con el sabor de la nórdica (Salmón, anchoas y cebolla). La base muy fina y crujiente, ligeras de equipaje con oportunas y acertadas combinaciones. En la marroquí, invitaría a un queso tipo feta o rulo de cabra, contrastaría muy bien con su dulzura.
Las pizzas tienen un aspecto curioso y distinto, ya que vienen sobre bandejitas de mimbre que le dan otro aire; eso sí, mejor comerla con la mano –ya sé que esto es cuestión de gustos-, porque al no ser lisa la base, es más complicado con cubiertos. Pero, aparte de la especialidad, tienen ensaladas, nachos “especiales” (puedes elegir los ingredientes), o platos como el Lomo de Buey (gratinado con patata y queso) o los daditos de pollo (con ensalada de frutos secos, salsa de mostaza y miel).
En Pizza Sana les gusta comer contigo, ése es su lema y su experiencia; realmente, disfrutamos comiendo Pizza, no sólo por lo ricas que estaban, si no por el ambiente y el trato recibido. El local es amplio, luminoso, joven, fresco, colorido, con un verde intenso y un rosa fucsia que dan un toque divertido y alegre a la sala. Nos atendió Raka, una chica encantadora y que estuvo pendiente de que no nos faltara de nada en la mesa.
Pizza Sana para todos, con independencia de la dieta que debas seguir
Sin duda, un nuevo concepto, sano y nutritivo es el que ofrece este restaurante. A todos nos gusta comer pizza, pero lo bueno es que todos podamos ir a comer pizza. Ana y Víctor están encantados con pizza sana y gracias a ellos hemos estado aquí, tal y como nos dijeron, para ellos es un placer poder salir a tomar una pizza con total seguridad de que es 100% sin gluten, más si están tan ricas como las de Pizza Sana. Además, tienen cerveza Ámbar para celíacos, así como postres sin gluten (flan de café, de chocolate) y helados 0 gluten.
Además de ser un apoyo para los celíacos, Pizzasana se caracteriza por su compromiso social, así, aparte de la colaboración con la Asociación Madrileña de Celiacos, colaboran con Intermon Oxfam, la Fundación de Esclerosis Múltiple y la Fundación Síndrome 5p.
La compañía, la sal de la vida
Está claro que disfrutamos de un momento redondo, gracias a:
Elena, de Cuatro Especias
Helen y Antonio, de Círculos de Fuego
Ana y Víctor, de Caminar sin Gluten
Raka y equipo de Pizza Sana
Sin más, espero seguir disfrutando de momentos como el de ayer: a través de Sinestesia Gastronómica, mi rinconcito on line, estoy conociendo gente estupenda, de distintas partes del mundo, diferentes, pero con un punto en común “la afición por la cocinan y la Buena Mesa”. Y lo mejor de todo, es que no sólo se queda en la red, si no que en muchas ocasiones se vive con mucho sabor: por eso, ser blogger, entre muchas otras cosas, es una puerta abierta a un mundo de sensaciones. La gastronomía sabe mejor si se comparte; el brindis está asegurado.

CILANTRO, HIERBA, ESPECIA Y GASTROBAR

El cilantro, coriandro, perejil chino, coriandro o como ustedes quieran llamarlo, es una hierba con personalidad y carácter y, a mí, particularmente me gusta bastante; digamos que suele estar por mi cocina. Con el calorcito, su aroma y su sabor suele estar en platos de temporada, fresquitos y coloridos, como el conocido guacamole o en las ensaladitas de verano. Es viajero y aventurero: lo recuerdo por Venezuela -salsa guasacaca-, por Portugal -en los arroces de marisco-, en Ecuador y Perú -marcando el ritmo en los cebiches-, en Canarias -ese mojo verde que tan bien acompaña a las papas arrugas-, en la cocina hindú -pues sus semillas son parte del conquistador don Curry-… y así podíamos seguir. Pero, hoy, el Cilantro se queda en el barrio madrileño de Chamberí, donde en la esquinita de la calle Feijoo con General Álvarez de Castro nº 7, ha dado nombre a un gastrobar que, como el propio Cilantro, no pasa desapercibido. El cultivo y la floración de Cilantro Gastrobar está bajo la supervisión de Pepe Gorines, chef del restaurante.

Un tapeo con guiño conquistador
Tras días y días pasando por la puerta del Cilantro, pues trabajo muy cerquita de ahí, y habiéndo leído varias críticas del lugar en la prensa, pues últimamente se ha dejado notar, por fin, lo visité el pasado miércoles. Pero, no era un miércoles cualquiera, era el 15 de junio, fecha en la que mi amiga y compañera Patricia cumplió años, así que, decidimos celebrarlo en el gastrobar; como tiene terracita, pues elegimos comer al aire libre. En la mesa de al lado, un conocido crítico del Diario abc, acababa de terminar su experiencia cilantrera; nosotros recién estábamos revisando la carta.

Empezamos compartiendo Totopos de Oxaca en Nachos (8 €); tortillas de maiz crujientes con guacamole -muy rico- en la base y cubiertos con queso. Primer guiño con gusto!

A continuación, nos decantamos por platos fresquitos como La ensalada de tomate Raf, aceite de albahaca y queso de Parma (8 €) -elección de Sonia-, La granja y el mar – mozzarella de Búfala, anchoas de Santoña con rúcula, reducción de vinagre módena y gotitas de salsa de pimientos del piquillo (8´50 €)-, éste fue mi elegido, “apuesto” aunque unas rodajitas de tomate hubieran aportado más frescura y color, pero, eso ya es cuestión de gustos. Patricia optó por el pincho de Foie Gras micuit, pasión balsámica y calabacín grillé (5´50 €), que compartimos. Buena combinación, donde me pareció notar la presencia del aroma y el sabor de la trufa “supongo que será eso la pasión balsámica”; hubiera sido más halagador si,, en vez de sobre una rebanada de pan tostado, el foie se mostrara como una tapa, acompañado con tostaditas para untarlo a gusto, pues al ser abundante resulta demasiado untuoso en la boca.

El chico de la mesa, Javier, optó por la Gastrohamburguesa D.O (9 €) y vaya que sí; acaparó nuestras miradas en cuanto se presentó en la mesa, majestuosa, con sus patatas gajos, una estupenda carne de buey hecha al carbón con queso Taleggio… que recibió varios guiños por su excelencia con Mayúscula, que le perdonaron la tardanza, pues llegó casí cuando los demás comensales ya habíamos terminado, tal vez quería hacerse notar, más todavía. En cuanto a los postres, probamos la tarta fina de manzana con helado de leche merengada y la textura de mango con queso fresco y polvo de galleta; nos dejaron con una dulce sonrisa, cada uno es su estilo, la tartita extrafina, crujiente y suave; el sabor natural del mango con la crema de queso se deshacía en un bocado sútil y caribeño.

En cuanto a la carta de vinos, buena selección de referencias nacionales e internacionales y con buenos precios, pues el vino más caro suele estar en 50 €. En esta ocasión, no tomamos vino, acompañamos los platos con cervecita y tinto de verano.

Así que, este gastrobar muestra una cocina tradicional, elaborada y creativa, con cuidada presentación en los platos y sin ser minimalista. Se puede decir que estamos ante un lugar donde se come bien, ofrecen calidad con gusto, variedad y a precios asequibles. Buen sitio, tanto para tomarse unas tapitas y unos pinchos, como para disfrutar de un almuerzo a vista de calle o para tener una cena íntima y entrañable en el comedor.

Nos faltó terminar con un cóctel, pero la oficina nos esperaba; alguna tarde nos pasaremos, para acabar la jornada laboral, pues la oferta de cócteles es más que apetecible (mojito, margarita passion, negroni, manhattan… y doce versiones de gin tonic.

Tal y como se refleja en su carta, el restaurante no pierde el espíritu viajero y de fácil adaptación, como la hierba a la que debe su nombre; muestra sabores del mundo en cada plato “pequeños detalles” y, desde luego, se nota que “hay pasión por los sentidos”.

Sin más, una obervación amiga: deberían mejorar el servicio, la atención del personal es agradable, pero falta formación o prestar más atención, pues no olvidemos que la sala es tan importante como la cocina. No puede ser que el plato para compartir llegue más tarde -pasados unos minutos- que los primeros. O que la hamburguesa se demore tanto; y si pasa, educadamente se dice al comensal “por xxx motivos va a tardar un poco y se le pregunta si desea que van trayendo los demás platos o prefiere esperar a que esté a punto la burguer. Algo que sí comunicaron a la hora de pedir el postre “pues la tarta de manzana “ tarda 8 minutos más que el resto. Salvo esto, en general, el cilantro, también en formato “restauración” me ha dejado buenos aromas y un buen recuerdo.

Si queréis ver la oferta gastronómica y la carta de vinos: pincha aquí.
Gracias a todo el equipo “cilantrero” y a mis amigos Sonia, Patricia y Javier, con los que siempre es buena ocasión para quedar, “charlar, comer y beber”.

Informaros además, que Cilantro está en Degusta Madrid, portal de reservas de restaurantes, que te lleva a una a la Buena Mesa por tan sólo 25 €, incluyendo -con Bodega e IVA incluido-. Una buena apuesta por la buena gastronomía a tan sólo un click!!