TERRAZA DEL HOTEL HOSPES

«MÁS QUE TAPAS» FRENTE A LA PUERTA DE ALCALÁ


En plena Plaza de la Independencia y frente a la Puerta de Alcalá y el Retiro, el Hotel Hospes de Madrid muestra su oferta gastronómica en su terraza a pie de calle, gozando de un ambiente único, relajado y distendido. En línea con el entorno, los aromas, los sabores y la personalidad de los platos, recrean una velada placentera para aquel traseúnte que se preste a su disfrute.

Esta gustosa sintonía es el resultado de la ilusión y buenhacer de Andrew Bryson, chef ejecutivo del hotel, y de su joven equipo de cocina. Andy, de origen escocés, se ha incorporado recientemente al hotel, para hacerse cargo de los fogones, antes en manos de Iván Saez -quién conquistó paladares en las mesas de Zorzal -recuerdo su arroz cremoso de chipirones, su brioche-torrija empapado y caramelizado…-. El joven británico se ha formado en las cocinas de los principales restaurantes de alta cocina en Reino Unido y, en España, cuenta con una trayectoria “seductora”, alimentada a su paso por varios restaurantes y que se ha dejado ver con éxito en La Volvoreta, restaurante panorámico del Eurostars Madrid Tower Hotel, donde mostró su “carta” hasta el año pasado.

Sin más, os paso a contar mi experiencia, que se fundó el pasado sábado, con una cena “ a todo dar”, pues al bello paisaje se sumaron unos sugerentes y apetitosos bocados, acompañados de una grata conversación y más de una sonrisa.

Un “tapeo” variado y distinguido, con frescura y soltura

Para empezar, la cena ya contaba con un ingrediente fundamental, la compañía, que pondría simpática a cada plato. Allá vamos:

Comenzamos con un guiño al verano, al calorcito, con un gazpacho con helado de pepino: refrescante, ligero, cremoso… Un plato tradicional con vestido contemporáneo. A su paso, un carpaccio de atún rojo que se deshacía en la boca, nos encantó. Llegaron después unos crujientes de huerta y mar, endivias con crema de roquefort y anchoa. Plato sencillo y sabroso.

A continuación, las croquetas, redondas, cremosas, de jamón y los espárragos blancos en tempura, que se dejaban acompañar de una “salsa” de mousse de cítricos; ésta se evaporaba en la boca y, a la vez, limpiaba el paladar, contrastando con el crujiente que envolvía a los blancos de la tierra.

Como “plato” principal, rissoto de Bogavante, en su punto y con la textura que le caracteriza; no pasó desapercibido.

Para finalizar, mini hamburguesa de foie con pan de sésamo, bacon y confitura de cebolla; “bocadito” con gracia y bien visto; contraste de texturas y sabores, pues al crujiente del pan y al bacon, se unía la dulzura de la cebolla y la cremosidad del queso.

Tan sólo faltó un poco de jugosidad en la carne, que tal vez no se percibió, porque estaban demasiado hecha. Claro que esto depende del comensal, yo prefiero la carne en su punto, pero a mis compañeras les gustó tal y como estaba. Así que, chapó!

La guinda final la puso el “sorbete de frambuesa decorado con láminas de mango”, que estuvo en línea y sintonía con la dinámica del menú, pues apareció en vasito de chupito de cristal, que dejaba ver su intenso color, al que acompañó su éxotico aroma y su refrescante sabor. Como habéis podido ver, estuvimos “tapeando”, pues el menú constó de diferentes platos que «a modo de tapas y raciones», es perfecto para compartir y sentir en la terracita. Además, en esta línea, también ofrecen el menú senzone y, entre otros platos -pues la carta es variada y extensa-, os recomiendo las berenjenas con humus: no las probé, pero pienso regresar a por ellas, pues he oído hablar “gratamente” de su éxito.

En definitiva y, de momento, el Hotel Hospes apuesta por una cocina creativa, pero sencilla, tradicional y actualizada, elegante y sugerente. A partir de septiembre, el Restaurante Senzone volverá a entrar en escena, con nuevas propuestas y sabores; mientras tanto, sigamos brindando a pie de calle y con “un guiño” frente a la Puerta de Alcalá.

Gracias a todo el equipo de cocina y de sala!!!!

…y «a mis compañeras y amigas» -Dolly, Marisa y mi prima Cristina-, que me hicieron disfrutar de una cena encantadora e inolvidable!!!!

RESTAURANTE HYLOGUI

UNA CITA CON SABOR CASERO Y ENTRAÑABLE

Actualmente, se busca sorprender con cosas nuevas, atrevidos diseños, platos creativos, ambientes “chic”… y nosotros, en parte, tendemos a esa búsqueda, intentando vivir nuevas experiencias. Está claro, que la demanda y la oferta se complementan y, hoy en día, hallamos lugares y rincones variopintos, para todos los gustos y bolsillos.

Pero, la cuestión es que algo tradicional y sencillo siempre gusta y no cansa, te puede gustar más o menos, pero llega a todo el mundo y es bienvenido. Además, las cosas novedosas son para ciertas ocasiones, para una celebración, un aniversario, una cena especial y “algo más estándar” es más ponible, digamos que es algo básico en nuestro fondo de armario y que podemos repetir y combinar más abiertamente.

En fin, dejo las conjeturas de moda, pues no es el tema de hoy; aunque supongo que ya habéis detectado por donde voy -jejeje-; y sí, hoy me centraré en el sabor de siempre, de la comida casera y el sabor tradicional. Oportunidad que brinda el Restaurante Hylogui (C/ Ventura de la Vega, 3. Tel. 914 29 73 57), donde estuve cenando el viernes.

“Platos de siempre, sin pretensiones ni exaltaciones”

De entrada, nada más entrar percibes “simpatía”, pues el recibimiento es cercano y acogedor, de primeras te sientes bien “a gusto”. Aunque, el local no ofrece un ambiente cálido, pues líneas clásicas marcan su decoración: una sala sobria, sencilla, clásica y básica, eso sí, amplio, cómodo y luminoso.

En la pasarela, toma protagonismo la carta, con una amplia colección de platos basados en la comida tradicional castellana. En esta ocasión, ante la extensa oferta, optamos por aconsejarnos y nos hicieron un menú degustación, que paso a detallar:
Aperitivo: boquerones fritosEntrantes: croquetas de boletús y jamón ibérico, berenjenas rebozadas y menestra de verduras. Todos, sin excepción, de muy buen ver, pero destaco las croquetas y la menestra, que os aconsejo pediros si pasáis por esta casa. A las berenjenas, les haría un buen homenaje un alioli de miel.

Primer plato: merluza “a la romana”, rebozado y fritura perfecto por fuera, blanca y suave por dentro, lo que delata la calidad y frescura del pescado. En mi opinión, este plato podría acompañarse de una mahonesa ligera.

Segundo plato: cabrito y cochinillo frito, con patatas fritas y acompañado de una salsa de perejil “tipo vinagreta”. Crujientes y sabrosos, que no aceitosos. A continuación, nos sirvieron un sorbete de limón, bienvenido fue, pues la cena fue contundente. Postre: Volcán de chocolate con helado de turrón y crema de natillas. Buenísimo el helado; el volcán, bien de sabor, pero le faltaba textura, ya que estaba pasado de cocción y el chocolate líquido “típico en su interior» no se presenció.

Finalizamos con un licor de madroño, que conocí este día y, la verdad, es que lo añadiré a mi lista de licores. De aspecto es parecido al pacharán, con olor a piruleta de cereza “a chicle” y, en boca, recuerda a frutos secos, a almendra con cierto toque amargo.

Grata y recomendable experiencia
Como habéis podido detectar, Hylogui nos gustó y es que, en esta casa saben lo que son y saben cómo hacerlo, pues su trayectoria les avala, ya que llevan abiertos desde el año 1930. Ahora son tres socios al mando, descendientes de los creadores, y aunque han cambiado el “look” inicial, su filosofía y cocina siguen siendo las mismas. Mencionar que es uno de los pocos sitios de Madrid que cuentan con cocina de carbón, que le da un sabor y “un modo de hacer” característicos. La carta es amplia, con buenas carnes rojas, pescados y verduras, y como nos dijo Héctor Abellan -Maestresala-, buenos productos y del país, pues trabajan con producto nacional, tanto es así, que el carbón que emplean es asturiano. Los platos más solicitados: las judías blancas con almejas, los callos a la madrileña, platos de casquería, la menestra y la sopa castellana. Por cierto, se me olvidaba, al mando de los fogones está una mujer “Chelo”, desde siempre fue así. La mayoría del equipo son de Ávila, algo que se nota tanto en la sala -trato agradable y entrañable-, como en la mesa -platos de calidad y cantidad-.

En definitiva, lo que probé me recordaba a la cocina de mi abuela y eso siempre es un buen síntoma. Sólo deciros, que de Hylogui nadie sale con hambre, os lo aseguro. Así que, si queréis comer bien, buen producto y a buen precio, Hylogui es una opción a tener en cuenta. El precio medio es de 30 euros, también disponen de menús diarios. Y desde marzo, forman parte de la Calle Sabor, proyecto en el que 9 restaurantes de la calle Ventura de la Vega han unido fuerzas para ofrecer una oferta única, gastronomía internacional en una sola calle, con descuentos, promociones y jornadas especiales. Para más información: http://www.callesabor.es/

Muchas gracias a Calle Sabor y, en esta ocasión, al equipo de Hylogui que nos hizo sentir como en casa. Por supuesto, gracias también a mi compañera de mesa, Dolly, excelente cocinera y amiga. ¡¡Esperamos volver pronto!!

LAS MAÑANITAS

SABROSO COLORIDO Y BONITA SONRISA

Hoy, en este segundo sábado de abril, parece que estamos saludando al veranito, pues las sandalias y las bernudas ya lucen en las calles madrileñas, debido al buen tiempo, al calor que nos acompaña… Mientras, yo sigo aquí, viajando «bocado tras bocado» por las mesas de Madrid; así que, ¿Qué os parece si nos escapamos al país de los mariachis, los tacos y el tequila?
«Fiesta sin comida, no es fiesta cumplida»
Aunque aún no me dispuse a “cruzar el charco”, y no por falta de ganas, la alegría y la fiesta son vocablos que los mexicanos siempre llevan en la mochila. Y es que, como buenos latinoamericanos, sienten gran pasión por la música y el baile, por la bebida y la comida; sin olvidar, que es el país donde el chile ha encontrado su sitio. Si me permitís, voy a hacer un inciso, para daros un consejo en caso de que os topeís con un chile atrevido; como me dijo mi amiga Aida del blog Mis Maridajes -mejicana de nacimiento, asturiana de corazón-, cuando el picante nos sorprende, tendemos a abrir la boca y es justo lo contrario a lo que se debe hacer, porque al entrar el aire el picor aumenta. Por otro lado, hace unos días, Antonio -marido de Helen, otra compañera y amiga blogera, me dijo que lo mejor, ante estos abrasadores del paladar, es tomar sal, se quita rápidamente.

El jueves 31 de marzo estuve visitando Las Mañanitas (C/ Fuencarral, 82) y, la verdad, un gusto estar en esta casa. Estuve hace ya unos años, creo que celebrando mis 22 patitos, y la verdad salí contenta, con la comida, el ambiente, los mariachis -con sus rancheras los fines de semana- y con la atención. Pero, inesperadamente volví, con un grupo de compañeros “blogueros” y gracias a la cortesía de réstalo; esta vez, aún me fuí más sonriente y encantada. Como suele ser habitual, esta cantina méxica estaba llena, tan sólo aparecían sillas libres en la mesa que nos esperaba. Alegres colores, sombreros, pañuelos mexicanos y gente amable envuelven esta casa, que consigue acercarte al país de las rancheras y los boleros, a su espíritu festivo.

Con Margaritas comenzamos y con Tequilitas acabamos

Todo comenzó con la sonrisa de Nélida, la chica que nos recibió muy amablemente y por quien nos dejamos aconsejar en todo momento. Cómo no, unos margaritas de aperitivo (de tamarindo, de Jamaica …); yo opté por el de tamarindo, sensacional, ni dulce ni ácido, si no un combinado perfecto y fresquito, ideal para los platillos “parlanchines” que en breve empezarían a llegar.
Sin más, os comento los “mejicanitos” que, a modo de picoteo, conocimos:
Taquitos parados, llamados así porque vienen de pie; son tacos fritos de maíz, con gamba, tomate y salsa chipotle, junto con guacamole. Son más dados en la costa de México. Huaraches, que toman este apelativo porque recuerdan a las típicas sandalias “huaraches”; tortas de maíz vestidas con frijol, cilantro, cebolleta, arrachera -ternera-. Queso de los Chinclan; queso brie rebozado de chicharron, con salsa de tamarindo y mole. Te lo ponen entero acompañado de tortillas, para que te formes taquitos. Panuchos: antojito popular del Yucatán, que consiste en una tortilla de maíz azul con cochinita pibil, chile abanero y cebollita morada. Terminamos con helado de captus, refrescante, y unas crepas de cajeta -dulce de leche-, cremosas e intensas.
Para dormir bien, y brindar por el viaje, no faltó un tequila de despedida, en concreto “Tequila Cabrito”. Sin más, os animo a visitar las Mañanitas, y reitero, dejaros aconsejar por las chicas, son “muy buena onda”,y eso, es de agradecer, porque una vez allí, una está tan cómoda y tan bien, que cuesta abandonar la silla. Según nos comentó Nélida, los platos más solicitados son los Nachos, los tacos Pastor y la cochinita pibil. El precio medio es de 25/30 €. Por último, mencionar que aparte de Las Mañanitas (cocina tradicional mexicana), forman parte de familia, El Chilango “taquería moderna callejera”, Ernie´s Station “hamburguesería” y Las Carboneras “restaurante con tablao flamenco”.
Gracias a Nélida, a Helen, a Restalo.es y, por supuesto, al resto de viajeros que disfrutamos de esta aventura – Alejandra de Cocina con Encanto, Paco de Futuro Bloguero y José Luis de Guías-viajar.
Os animo a seguir el blog de Réstalo: pincha aquí.
¡Buenos antojitos, buen tequila, buena compañía y el picante justo y bienvenido!

COMIDA PARAGUAYA, SABOR ALEGRE Y CÁLIDO


Como todos sabéis los productos latinos y su comida son ya inquilinos habituales en Madrid, restaurantes méxicanos, peruanos, argentinos, dominicanos… aportan sus aromas y su sabor en el día a día de la capital madrileña “una ciudad gastronomicamente internacional”.


Pero… ¿Conocéis la cocina del Paraguay?

Hasta hace poco, prácticamente, no conocía la cocina guaraní, ni tampoco hice por saber, pues no es de las cocinas latentes “de moda” en España. Pero, por cercanía a personas de este país suramericano, fui descubriendo sus costumbres culinarias, sus platos típicos y su carácter latino.

Para empezar, decir que la cocina paraguaya tuvo su origen precolombino con la raza guaraní y la herencia española durante la colonización. Si hubiera que decir un producto básico en su dieta alimentaria, hablaríamos del maíz, pues (molido, cocido o fermentado) es base de muchos de sus platos y elaboraciones; en su mesa, no puede faltar la mandioca “yuca” hervida, pues sustituye al pan tanto en las comidas como en las cenas.

¡Cocina rural, fuente de energía!
Avanzo, haciendo hincapié en que las elaboraciones que he ido probando, pertenecen a la cocina más tradicional de Paraguay, los platos más típicos y característicos, la cocina diaria de muchos hogares. Como dicen mis amigas Cintia y Dolly “nuestras recetas son contundentes, enérgicas, para hacer frente a la dura jornada laboral”, ya que la mayoría de la población se dedica a la producción agrícola.

Entre las especialidades autóctonas están; el chipa Guazú (soufle de maíz), la chipa (pan o torta de maíz), el Bori Bori (especie de sopa con “ñoquis de maiz”), payagua mascada (torta de carne molida), caburé (tortas de yuca), soyo (sopa de carne majada), empanadas de carne, croquetas de yuca, mbeyú (torta frita de almidón de yuca); pero, sin duda, el plato más popular es la Sopa Paraguaya” como plato principal, el ka´i ladrillo -dulce de maní- en los postres y el “cocido” en la merienda.

De momento, puedo decir que es una comida sabrosa, contundente y sorprendente; a modo de anécdota, os contaré que me llevé algunas “sorpresitas” un tanto curiosas, a más de uno le habrá pasado o le pasará. La primera fue con el cocido, que es un té que elaboran a base de yerba mate con azúcar quemado. Y yo “ilusa de mí” pensando en que el domingo -cada domingo disfruto de la comida paraguaya con mis amigas latinas- iba a comer cocidito de los nuestros -ay, ay,,, que el cocidito eran un té verde acompañado de chipas o galletas-. Más gracioso fue cuando me enfrenté a la sopa paraguaya “de esperarte un caldo con fideos u otra pasta” a saludar una especie de bizcocho suflado que resulta de mezclar y hervir harina de maíz con huevos, queso fresco, cebolla picada y leche cuajada. También advertir que sus “guisos” son estofados de carne con pasta o arroz -un tanto caldosos-, no los “potajes” a los que estamos acostumbrados en España.

Ayer, la degustación guaraní “dominguera” me cautivó, y es que, tuve la suerte de conocer al auténtico “borí borí” y fue un verdadero placer. Se trata de un caldo de gallina consistente en el que se encuentra pequeñas bolitas de maíz, de ahí que se llame “borí borí” (derivado guaraní de bolita bolita).

Realmente, es un plato diferente en textura y sabor que no dejará indiferente al paladar que se le presente. Se suele aderezar con albahaca fresca u orégano. Cómo no, se disfruta con mandioca hervida y, en esta ocasión, Santa Helena fue el acompañante “galante tinto 100% cabernet sauvignon”; aunque, un rosado hubiera hecho mejor compañía y equilibrio.

Sin más, tan sólo invitaros a que descubráis la cocina del Paraguay, sus recetas de raíces indígenas y su gente, su cultura. ¡Sabor a positivismo, vida sabrosa guaraní!

Así que, si os animáis y queréis probar a qué sabe Paraguay, aquí os dejo algunos sitios, para que os vayáis familiarizando con sus aromas:

El Vicios Bar (c/ Rosa de Silva 2). Su especialidad son las empanadas de yuca, las croquetas y los picaditos de carne.
La Paraguayita (Bretón de los Herreros, 24). Genial para tapear, lo mejor sus empanadas de carne.
La Estampa (C/ Carretas, 14. 3º piso). La Barbacoa es el plato más cotizado en este bar.
La Tranquera (C/ Rosa de Silva, 2). Fusión de cocina paraguaya y ecuatoriana.
El Amigo (C/ Muller, 49). Un buen lugar para reunirse y tomar una rica milanesa.
El Rincón Guaraní (Reina Victoria, 15). Muy buenos los asados. Asequible, pero el más encarecido de los citados.

Los sitios más conocidos son El Rincón Guaraní y La Paraguayita; sin embargo, es en el Vicios Bar donde encontraréis la cocina más tradicional guaraní, más casera como quien dice, además de ser el más económico. Estas apreciaciones son dichas por chicas del Paraguay, con lo cual, puedo decir que son muy certeras. Mis amigas Cintia y Dolly Saenger afirman “El Vicio Bar es nuestra casa de reuniones en Madrid, sus platos son los que más se parecen a lo que nosotros comemos en nuestra tierra, a los de nuestra mamá”.

Para los más cocinitas, podéis encontrar todos los ingredientes, para elaborar estas comidas típicas en el supermercado paraguayo “OKEY” (C/ Lérida, 78) y si queréis descubrir su ritmo al son de la Cachaca Pirú y la Polca, no dejéis de visitar Gran Caimán (Galileo, 26), La Cubana (C/ Orense, 18) y La Mega (C/ Galileo, 7).

¡¡¡¡Che aguije!!!! -Hasta pronto en guaraní-

ASIA GALLERY

EL SABOR DE UN VIAJE, BUEN RECUERDO ASIÁTICO



Conocer, descubrir, sentir, disfrutar… son aspectos que buscamos en un viaje y, para quienes somos seguidores de la buena mesa, son connotaciones que tenemos presentes en una comida. Uno de mis destinos pendientes es, sin duda, Asia. Pero, mientras llega ese momento, la oferta gastronómica asiática afincada en Madrid, permite acercar al comensal “viajero” a sus sabores y tradiciones.

Cuando hablamos de cocina asiática, nos referimos a la cocina china, japonesa, india y tailandesa. Todas con sus matices y su personalidad, pero caracterizadas por ser una dieta saludable, pues los vegetales y legumbres son protagonistas en muchos de sus platos. Y, cómo no, el colorido de sus productos, así como sus inconfundibles aromas.

Precisamente, el otro día tuve la oportunidad de aproximarme a China a través de “Saborea Asia”, la última propuesta de Roger Chen que, en Asia Gallery, nos plantea tres “rutas” diferentes con cuatro posibilidades de combinación cada uno:

“Tú eliges el sabor del destino”

Lo más Ligero, para disfrutar saludablemente, con platos como los Wraps de lechuga con langostino o el Bacalao negro maridado en miso.
Lo más Gourmet, para los más atrevidos, con opciones como la ensalada de pato crujiente o el solomillo en salsa de ostras.
Lo más Gallery, para los fieles a los sabores más orientales, con platos como Dinsum de verduras al vapor o el Pollo en salsa cremosade curry.

Sin duda, en un viaje es importante la compañía y, el viernes pasado, estuve con amigos y compañeros bloggeros saboreando los sabores de Oriente; en mi caso, opté por los Dum pin de vierira en salsa XO -especie de salsa de marisco-, de primero, y los noodles de marisco al estilo cantonés, como plato principal. Ambos platos correctos, pero no sorprendentes; pude probar otras cosas, y os aconsejaría optar por platos como la ensalada de pato crujiente o el solomillo en salsa de ostras, ambos de sabor intenso y característico, por la mezcla de especias y de texturas. De postre, tomamos helado de vainilla con plátano y piña en tempura; elaboración que no despierta mucho interés, lo que sí hicieron las nueces caramelizadas con sésamo, petit fours que acompañaron la sobremesa.

Sin duda, Asia Gallery (Hotel Westin Palace. Plaza de las Cortes, 7. Madrid. 91 360 00 49) ofrece alta cocina asiática basada en recetas cantonesas y pekinesas, elaborada con materias primas de calidad. Además, nos son platos minimalistas, al contrario, la cantidad es justa e, incluso, abundante.

Y, cómo no, un aplauso al “paisaje”, ya que la decoración del salón, mediante sedas, pinturas y muebles de la China del siglo XIX, te trasladan misterisamente a la cultura china, en un ambiente sofisticado y colorido, a la vez que cálido. Decir, también, que la sala cuenta con dos altillos -para 8 personas- que son perfectos para celebrar un almuerzo o cena de trabajo. Así que, estamos ante un espacio único, ubicado en uno de los hoteles más emblemáticos de la capital; ya no hay elección para no “pisar” el Palace”.

Ahora bien, cuánto lujos de golpe, ¿no? Pues, aún más, esta exclusividad se incrementa si os digo que el precio del menú es de 28´50 € (incluye bebida, postre, té o café); eso sí, siempre que vayas al mediodía (de lunes a viernes), excepto festivos. No obstante, en las noches, puedes disfrutar del menú degustación por 45 €, que seguro, que es de esos viajes que no quieres que terminen y que siempre recordarás con buen sabor.

No quiero dejar de mencionar que Asia Gallery cuenta con casi 350 referencias entre vinos y champagnes procedentes de todos los rincones del mundo. Dispone también de cócteles entre los que destacan los exóticos como el Saketini o el Shanghai cooler.

Mi último consejo es que os dejéis llevar por Antonio Carballo y Miguel Gil, guías de la sala y expertos en la ruta que habéis elegido. ¡Buen viaje!

MALDONADO 14, TRADICIÓN CON NUEVO ROSTRO

El restaurante Maldonado 14, ubicado exactamente en el punto de referencia que designa su nombre, es la apuesta de Francisco Vicente y Julián Barbolla, los que fueran los capitanes de la cocina del desaparecido restaurante de cinco tendores Las Cuatro Estaciones.

Las Cuatro Estaciones fue durante casi tres décadas centro de reunión de ejecutivos, cargos públicos ,empresarios y políticos; un clásico respetado por su buenhacer, su materia prima de calidad y su excelente servicio. Y, aunque no tuve la suerte de conocerlo, a mís oídos había llegado que era uno de los sitios clave para tomar steak tartar, así como su excelente foie caliente a las uvas, sus patatas soufflé o su mítica tarta de manzana en los postres. Además, Las Cuatro Estaciones fueron durante mucho tiempo el escenario de «La cena de los 11 vinos», dirigida y coordinada por el gastrónomo Gonzalo Sol y que en el año 2000 fue distinguida con el Premio Nacional de Gastronomía. Actualmente, esta cena de alta costura se realiza en el Restaurante Teatro Real (Pl. de Oriente, 2) y ha pasado a ser «La Cena de los 7 vinos», conservando toda la esencia y espíritu del ayer «ser fuente de profundo placer y de entrañable amistad entre los comensales».

Pero, como en todo, cuando menos te lo esperas aparecen las oportunidades, y a mí se me presentó la ocasión, recientemente, de probar algunas de las especialidades que he comentado, en otro lugar, en otro ambiente, pero de los mismos artífices. Maldonado 14 recibe a sus clientes con la experiencia del ayer y la ilusión renovada, así se presenta en un entorno acogedor, con tonalidades suaves “color salmón” y muy luminoso.

Una cocina de producto, mimada y delicada
Ya está la “mise en place”, así que ya me dispongo a reflejar el sabor de los fogones y su puesta en escena. En esta ocasión, disfrutamos de un menú degustación, que os detallo a continuación.

Bienvenida sin más; tras el cordial recibimiento, en la mesa nos saludaron unas patatas fritas y unas aceitunas, razón por la cual digo “aperitivo sin más”, porque en un restaurante con esta trascendencia quizás una se espera unos snacks más sorprendentes. A ello, se sumaron unas mini croquetas de jamón que ya eran otro cantar.

Una tapa de sardina con historia nos empezó a marcar el ritmo; se trata de una tosta con pulpa de tomate y aceite, sobre la que descansa el maridado de sardina. Este crujiente fue la tapa ganadora en el concurso de la última edición de las Noches Freixenet.
A continuación, gazpacho con bogavante, estaba bueno, pero, desde mi punto de vista, sobraba el bogavante. Seguimos con un arroz con setas y trufas, le faltó un punto de cocción (a otros comensales, les pareció correcto), pero es un plato recomendable, porque el sabor era de agradecer.

De la mar, probamos la merluza “maldonado”, jugoso lomo de merluza con salsa de tomate y salsa de espinacas; creíamos que estaba marcado con mantequilla, incluso le preguntamos al chef, pero nos dijo que no, sin embargo, en boca parecía que sí, «algo extraño». Le siguió el Foie caliente a las uvas y al Pedro Ximénez, sin duda, el mejor embajador de la mesa. Realmente, disfruté con este plato “mítico en Las Cuatro Estaciones”, el foie se deshacía en la boca, suave textura acompañada de una acertada salsa de uvas y px, era todo un placer para el paladar.
Como postre, un degustación de tres delicias de la casa; su conocida y solicitada tarta de manzana, pudín y brownie. He de decir que a los postres les hice una reverencia, estaban exquisitos. Los petits fours, en este caso tejas y trufas, pusieron el broche a esta comida.

Cómo no, para disfrutar de las elaboraciones, elegimos un blanco y un tinto como acompañantes; el blanco Creu de Lavit 2007, afrutado con buena acidez, y el tinto Remírez de Ganuza Reserva de 2004 (D.O. Rioja), un vino excelente, complejo y con personalidad.

Mencionar y destacar la atención y el excelente servicio en la sala, muestra de la profesionalidad de un buen equipo, con años de experiencia.

Además, los días de diario de lunes a viernes, en Maldonado 14, puedes disfrutar de sus platos de cuchara, así sus patatitas con chipirones y almejas, sus judías pochas con almejas, sopa de pescado… Y, si lo prefieres, también puedes optar por el menú degustación, dejándote sorprender por su cocina al precio de 37 €.

Sin más, espero que hayan tenido una buena mesa y os recomiendo ir a probar el foie y otros de sus platos estrella a Maldonado 14.

VA DE VINOS

Vinos y tapas con acierto
Hace unos días, justo el martes 21 de diciembre, mi amiga Carmen me invitó a la cena de Navidad de unos amigos del gremio de la restauración. La acompañé encantada, aparte de la grata compañía, me sorprendió el sitio elegido “Vadebaco” (C/ Campomanes, 6). Y es que, VadeBaco es un sitio para conocer, para descubrir. Es un restaurante de estilo contemporáneo, con una decoración secilla y rompedora de tonos rojos y negros, amplio, dinámico y con música agradable de fondo que permite tener conversaciones sin tener que alzar la voz. Llaman la atención, las grandes pizarras que lucen sus paredes, que son reflejo de su oferta gastronómica, y un atractivo más del lugar.

Pero, centrémonos en los placeres que ofrece este templo, pues hace bien honor al Dios del Vino, ya que aquí el vino es el verdadero anfitrión. Cuenta con más de 350 referencias nacionales e internacionales y, además, ofrecen una estupenda selección de vinos por copas, que van renovando cada 15 días. Si quieres comer bien y con buenos vinos, éste es el sitio. Víctor Díaz, socio y sumiller de VadeBaco, lidera la sala; si tenéis alguna inquietud sobre algún vino, no hay que dudar en preguntarle, es todo un profesional.

Tapas, platos de cuchara y cocina creativa
El vino, la gastronomía y la buena compañía son los pilares que forman la Buena Mesa, así que os aconsejo que vayáis bien acompañados para tapear o cenar en VadeBaco, porque la cocina también merece mención. El joven chef Daniel Larios es el capitán de los fogones y, realmente, está haciendo un buen trabajo, ofrece una cocina tradicional renovada, con producto de calidad y a un precio asequible.

Como comenté al principio, me ví en VadeBaco gracias a que me invitaron a una cena de navidad organizada por unos amigos restauradores. Como suele ser en estos casos, el menú estaba establecido. Un desfile de platos, que tomamos al estilo tapa, fueron llegando a la mesa. Los entrantes fueron: ensaladilla rusa -en serio, me recordaba a la de mi abuela, no es fácil encontrar una ensaladilla en condiciones, así que la cosa ya pintaba bien-, cecina ahumada con vinagreta de tomate -rica, rica-, croquetas de jamón -sin más, aceptables-, ensalada de arenques, aguacate y mango -para mí gusto, muy dulce, le hubiera sentado bien un toque más agresivo de vinagre- y callos a la madrileña, éstos estaban exquisitos, no se le podía pedir nada.

La verdad es que con estas tapitas ya estábamos medio llenos, pero aún quedaban los Soldaditos de Pavía -exquisitos, crujientes de bacalao con toquecito de limón.

Las carrilleras ibéricas con puré de calabaza -muy tiernas y jugosas, pero algo insípidas-.

Durante la velada, los vinos que nos acompañaron, y que nos recomendó Víctor, fueron: un blanco muy apetitoso, Viña Méin 2009, y un tinto reserva de la Tierra de Zamora, pero que no logro recordar, lástima porque era un vino digno de mención.

El final fue dulce y refrescante, un brownie de chocolate con helado de violetas -intenso sabor a chocolate, tierno y crujiente, adornado con frutos rojo.

Seguidamente, y para terminar, hizo reverencias ante todos los comensales, un sorbete de mojito, y, que aunque estaba bueno, prefiero el mojito tradicional o el daiquiri de hierbabuena que alguna vez os he recomendado.

Vadebaco es coqueto y atractivo, seguro que os gustará. Y, además, camaleónico, pues su oferta gastronómica es muy variada, ya que, hay menús “creativos” para dos personas (por 20 €), “platos de cuchara” (más vino y pan, 8 €) a mediodía y de lunes a viernes, tapeo, cenas grupales, catas…


En fin, que si queréis descubrir algo diferente, pero cercano, pasar por el número 6 de la calle campomanes. Y ya me contaréis si coincidimos….
VA DE TAPAS…
El domingo pasado decidí irme de tapas con unos amigos de Badajoz, el sitio elegido: “La Latina”.Con todos los años que llevo ya en Madrid, no son muchas las ocasiones que estuve de “latitapeo”. Estuvimos en varios sitios, pero os hablaré de los aperitivos positivos y alguna que otra cosa que me quedó claro para la próxima vez.
Comenzamos en la Plaza la Cebada, en el mítico bar cafetería Lorena Oss, un bar cutre, a rebosar de gente, pero que para empezar con unas cañitas no está nada mal; eso sí, no acertaréis si os pedís un vinito, lo digo por experiencia. De ahí, hicimos una parada en El Viajero (Plaza de la Cebada, 11), otro veterano, y buena opción para comer carnes a la parrilla, además de ser un sitio muy ambientado con público variado. En ambos, te ponen “tapita” con la caña o vino.
Luego fuímos a parar a la Taberna Tempranillo (Cava Baja, 38); lugar acogedor donde sí puedes tomar un buen vino, pues tienen una carta de referencias basante amplia, y en el tablón siempre ofrecen sugerencias «vinos por copas». Para acompañar el vinito, unas tostas variadas –setas con queso brie, de hígado y mousse de pato, de codorniz escabechada, de salmón…-.

Estaba todo aceptable, y para tomar algo esta bien, aunque sí quieres ir de tapeo, sale un poco caro. Después, nos entretuvimos la tarde de bar en bar, paseando, hasta que llegó la hora de cenar y nos vimos sentados en el comedor de Corazón Loco (C/ del Almendro, 22).

Corazón Loco es una taberna que auna tradición y modernidad, tanto en su decoración de madera y ladrillo visto, como en su cocina. Aquí sí había estado anteriormente, pero tomando unas cañas en la barra; esta vez nos sentamos para descubrir su oferta gastronómica.

Elegimos un vino blanco para disfrutar de la cena, Martivillí Verdejo 2009, un rueda sin crianza, equilibrado, fresco y que parecía buen acompañante para los platos que en breve empezarían a dar color a la mesa: papas arrugas con mojo -verde y rojo-, salteado de setas con Ibérico y musaka griega.

La verdad, fueron estos latidos del corazón los que más me gustaron; la camarera era atenta y simpática, los platos bien presentados y bastante logrados, buen ambiente y el bolsillo no sufre mucho, pues pagamos 10 € por barba. Así que, el tapeo se despidió con buen sabor de boca, sólo faltaron unos buenos cócteles, que tendrán que esperar, pues el lunes tocaba madrugar.

Pero bueno, las conclusiones a las que llego, y es sólo mi opinión, es que ir de tapas en Madrid no es barato precisamente, y, aunque es un AS internacionalmente conocido, a veces, creo que es mejor disfrutar de una velada en un restaurante. Claro que, todo tiene su momento, su lugar… y es la compañía y el ambiente lo que manda. Por supuesto, también es importante conocer los sitios idóneos para esta actividad gastronómica, pues el éxito de la ruta depende de las paradas establecidas y, como si fuésemos buenos viajeros, lo mejor es indagar y buscar aquello sitios rec omendados de ser vistos y catados, aunque siempre se descubre uno por el camino que te enamora y te hace volver una y otra vez, jejeje…

¡Buen tapeo!

PRÓXIMO DESTINO: REPÚBLICA DOMINICANA

Una cocina sabrosa, colorida y con ritmo…
¿Bailamos? Siéntate y deja que la música te guíe;

Me encantaría volar y dejarme seducir por la cocina criolla antillana de Dominicana, bailar bachata y disfrutar del sol, la brisa, los paisajes… Pero, mientras tanto, por qué no invitar al paladar a un sabroso baile en Madrid, la cita, en la calle Juan de Urbieta, 4, donde se encuentra El Colmado.

Antes de dar los primeros pasos, os diré que la cocina dominicana tiene influencias taínas, españolas y africanas, y ello se muestra en sus elaboraciones. Os contaré mi experiencia, prácticamente inicial con este tipo de cocina, pues hasta entonces sólo había probado los patacones “fritos de plátano verde” en un bar dominicano. Le damos al play, comienza el baile:

Los primeros pasos, “los entrantes o la picadera“-que es como nos los presentaron: quipe, bolitas de queso, bolitas de gallina y picapollo. De esta selección, el quipe es un plato típico y popular en la Isla, de origen libanés, es una especie de croqueta de trigo con carne de res a la hierbabuena, un tanto picante.

Comenzamos con un paso cordobés, un salmorejo “en cazuelita” con huevo picado y jamón, suave y logrado en sabor. Seguimos con la “bandera”, el plato más representativo de los dominicanos y que consiste en arroz blanco, carne y habichuelas. Un plato combinado muy nutritivo y que está presente en su dieta diaria, además de ser buen bocado.

El estribillo comenzó con un pastel de berenjenas, carne y queso fundido. Aceptable, agradable sabor ahumado de las berenjenas asadas, pero no estaba muy equilibrado.

Para cambiar de ritmo, el ceviche de gambas, con tomate seco, mango, aguacate y yuca frita. Una canción que suena amablemente y gusta oírla. Y para mover bien las caderas, el Mofongo: otro de los ritmos más marcados y solicitados, que se compone de migas de plátano macho asado, conchicharrón crujiente, carne de res y cilantro. Muy bueno, volvería a pedirlo, pero como plato principal, para poder disfrutarlo como merece.

Tras el sabroso y mixto bailoteo, algo de dulce para el cierre, así el dulce de leche cortada -con limón- es delicioso, pero para tomarlo de poco en poco, puesto que es muy dulce. En este caso, el acompañante fue un cremoso y refrescante helado de mango, que puso el contrapunto perfecto.

Al inicio de la comida disfrutamos de la cerveza nacional dominicana, Presidente, y a continución, tomamos un verdejo “blanco Nieva Pie Franco 2009”, un atractivo y refrescante vino de Rueda. Hay que decir que la carta de vinos del Colmado es breve, pero cuenta con una interesante selección de vinos nacionales internacionales, con un precio moderado.

Para terminar, os daré un consejo, si la comida resultó pesada, pediros una copita de Mamajuana, una bebida típica de República Dominicana, especial para la digestión y que, además, es afrodisiaco.

¡Os animo a disfrutar del merengue y la bachata!

Nota: es un restaurante que merece la pena visitar, te muestra el sabor dominicano a través de sus recetas, sus productos y sus elaboraciones. Pero, en cuanto a la decoración es un local sin encanto, un tanto frío, pero que no pasa desapercibido, pues llama la atención los detalles taurinos que le visten, y es que, es el centro de reuniones de una peña taurina que celebra en el Colmado sus tertulias. Si este local se llenara de color y se mostrara más acogedor, más renovado, estoy segura que la música sería más bailable.

Restaurante El ColmadoC/Juan de Urbieta, 4. 28007. Madrid
Tel. 91 433 64 99
info@elcolmado.info

Restaurante WAKATHAI

¡Una aventura cosmopolita; de Asia a Perú con un buen Pisco!
El miércoles 20 de octubre, volví a reunirme con los bloggers de Madrid, en lo que fue el IX Tapas&Blogs en Wakathai (Conde Duque, 13). Tenía pendiente visitar este restaurante desde su apertura, pues por causalidades varias sabía de éste antes de su inauguración, a la que asistí. Así que, para mi fue una cena doblemente halagadora. Voy a contaros este viaje, ¡Espero no dejarme nada en el camino!

Para ir preparando la maleta, un Pisco Sour de bienvenida. Creo que todos caímos en la tentación. No he probado muchos Piscos, más bien pocos, pero estaba de vicio y mi amiga Aida de “mis Maridajes”, que sí ha catado bastantes, incidió en que era de los mejores que había probado. Así que, el viaje prometía.


Comenzamos con el aperitivo de la casa, chupito de melón con hierba limón, refrescante y oportuno, al que acompañó muy bien el tiradito nikkei -lámina de arroz rellena de pescado, salsa de ají y huacatay- con el que indagamos en la fusión japonesa peruana.

A continuación seguimos con una cucharitas -ensaladas varias- de parte del Chef, pero me voy directamente al Ceviche con leche de tigre; en este caso de corvina, acompañada de batata o boniato, patata y maíz. Seguramente, lo que más os llame la atención es “la leche de tigre”, pues es un gusto y un placer probar este jugo de pescado, resultante de la maceración de éste con zumo de lima, guindilla y cilantro, y que, para su mejor disfrute, eché en falta una cucharita para tomar este rico y exótico caldo.
De esta delicia peruana, fuimos a Vietnam, donde los simpáticos Nems nos esperaban, mientras reposaban sobre una cama de hojas verdes; crujientes rollitos de pasta de arroz, rellenos de carne de cerdo, langostinos, veduritas y setas, con salsa de pescado. Luego nos presentaron a las empanadillas, unas vistosas, crujientes, de cerdo; otras más elegantes, delicadas, de corvina y con una salsa agridulce de soja y sésamo. Del sabor de Asía, volvimos de nuevo a la calidez peruana, con un pincho de anticucho con salsa huancaína, es decir, finas láminas de corazón de ternera marinadas.
Y tras estas visitas, y ya va acercándose el final del trayecto, nos topamos con Don Mi Xao, cerdo salteado al wok sobre fideos fritos, y con Don Curry Tailandés -esta vez de cordero- acompañado por la salsa de cacahuete. Sin duda, fue un grato placer conocerles.
La ante penúltima parada llegó con el postre, donde hicimos reverencia a un picadillo de frutas de temporada, armonizada con sorbete de huacatay y helado de gengibre. Y de aquí a la India, donde nos saludó Lassi, un batido de yogur con plátano y lichis.

Así fue nuestro viaje, un ir y venir, lleno de sabores, de tradición, de cultura, y que, cómo no podía ser de otra manera, se despidió con un Pisco Sour, pero esta vez cambió de vestido, apareció más anaranjado, porque el maracuyá se sumó a la despedida.

Para mí fue una experiencia, sentir nuevas sensaciones a través de las gastronomía -uno de los mayores placeres-, descubrir nuevos sabores e incluso pensar que me salía humo de las orejas a causa de comerme un chile entero.
En definitiva, os invito a elegir Wakathai como punto de partida para una aventura viajera, eso sí, si os lanzáis, os aconsejaría un Pisco en la partida y el regreso, pero, un cava durante el trayecto, el paladar lo agradecerá y vosotros también. No puedo dejar de deciros que os recomiendo esta experiencia, lo que es mi primer encuentro con la cocina peruana, pues no había tenido oportunidad hasta ahora de sentirla, pero por lo que veo, me voy a animar a seguir descubriendo sus secretos. ¡Hasta la vista viajeros!
Agradacer a Walter Brandan, chef de Wakathai, y a todo su equipo el trato que nos brindaron; su simpatía, tiempo y atención constante. Gracias también a Loreto López, quien nos llevó a este viaje con un muy buen equipaje.
Nota: decir que esta aventura fue un «regalo» que pudimos degustar gracias a Tapas&Blogs, pues disfrutamos de un menú degustación, con Pisco -todo el que quisimos- y una cata de aceites – de manos de Fernando Ortega de I love Aceite– por tan sólo 30 €. Muchas gracias a todos, como siempre volví a salir con una sonrisa.
Para más información sobre este evento: tapas&blogs

Actualmente ha cambiado de concepto y ahora es Tiradito Pisco Bar

C/Conde Duque, 13. 28015 Madrid
Tel. 91 541 78 76